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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-05-2019

Estrategias de explotacin & Cuidados
Liberar a las mujeres vulnerables para encadenarlas al sector de los cuidados

Nuria Alabao / Marisa Prez Colina
https://ctxt.es

Una triple discriminacin: mujer, pobre e inmigrante


Una de las lecturas ms interesantes en relacin con el avance de los nuevos nacionalismos de extrema derecha es In the name of womens rigths. The rise of femonationalism, de Sara R. Farris. En una obra brillante y rigurosa, la autora demuestra cmo en los contextos italiano, francs y neerlands existe una convergencia entre los discursos islamfobos de extrema derecha, las manifestaciones antivelo de algunas feministas y ciertas polticas neoliberales. Unas polticas econmicas que en nombre de la integracin y la defensa de los derechos de las mujeres atan a las inmigrantes de origen no occidental al sector mal remunerado, infravalorado y sexualmente determinado del trabajo domstico y de cuidados.

Farris analiza cmo la extrema derecha y algunas feministas coinciden en lecturas y propuestas que racializan el sexismo y sexualizan el racismo. Racializan el sexismo al considerar que la igualdad de gnero sera un avance propio de la cultura occidental una muestra, incluso, de su superioridad cultural, difcil o imposible de alcanzar por las culturas no occidentales.

En este sentido, los estereotipos de los inmigrantes no occidentales, y en especial los de los musulmanes, estn sexualmente diferenciados: los hombres son representados como amenazas a la integridad de las mujeres occidentales liberadas, mientras que las mujeres no occidentales lo seran nicamente como vctimas sometidas al patriarcado de su cultura. Siempre existira claro est, la posibilidad de ser redimidas o emancipadas.

Cmo? En primer lugar desvelndolas, esto es, liberndolas del smbolo visible de sumisin femenina que sera el hijab, para despus integrarlas va ingreso en el sector laboral a su alcance: el trabajo domstico y de cuidados. De forma ms o menos inconsciente, el resultado de estos discursos es su traduccin en polticas econmicas neoliberales impulsadas y subvencionadas desde la UE que inciden en el mantenimiento de la divisin sexual del trabajo en versin racializada. Es decir, las inmigrantes no occidentales en nombre de su propia liberacin estaran destinadas a solucionar la crisis de cuidados no resuelta en las sociedades occidentales ocupndose de los trabajos que las mujeres de clase media ya no pueden o quieren realizar.

Este esquema trazado por Farris nos sirve para pensar el funcionamiento de un cierto tipo de abolicionismo fundamentalista que se est movilizando con fuerza en este ciclo electoral que incluso ha llegado a pedir la penalizacin de las mismas prostitutas. Existe un paralelismo entre la defensa de los derechos de las mujeres llevada a cabo por el femonacionalismo y la abanderada por este tipo de abolicionismo. Nos detendremos solo en tres de ellas: la victimizacin de determinadas mujeres, el sesgo racista y clasista latente en estas posturas extremistas y por ltimo, la instrumentalizacin de la defensa de la igualdad.

Victimizadas y victimizantes

Cuando hablamos de victimizacin nos referimos al incumplimiento de lo que es la regla fundamental de todo feminismo: el reconocimiento de la capacidad de agencia de todas las mujeres, de todas las personas. El respeto fundamental al derecho a tener voz propia, a la capacidad de autodefinicin de los malestares sufridos para entender de dnde proceden y tratar de buscar, individual y colectivamente, salidas a los mismos. Negar la capacidad de agencia a otras es situarse en un lugar de superioridad moral, cultural y poltica que solo pone en evidencia la posicin ilegtima de representacin de quien pretende hablar en nombre de un grupo oprimido.

En esta puesta en escena hay victimizadas y victimizantes. Las victimizadas, tanto en el caso de las mujeres con hijab como en el de las putas, desempean el papel de las subordinadas. Unas mujeres hasta tal punto sometidas al mandato o violencia masculina que se encontraran incapacitadas para pensar o decidir por s mismas y sin margen de accin para tomar decisiones dentro de su marco de posibilidades. En consecuencia, otras mujeres las victimizantes, presumiblemente liberadas y con total capacidad de agencia, se autoarrogaran el rol de salvadoras para indicarles el camino de su emancipacin. Pero emanciparse es una accin en primera persona. Un movimiento no factible en nombre de otras. Nadie libera a nadie.

El desafo antirracista de los feminismos

El guin que ordena la funcin diaria de las relaciones sociales ha sido escrito dentro de las relaciones de poder que atraviesan cualquier sociedad. En este de las victimizantes y las victimizadas, la relacin de dominio es a la vez de clase y de raza. No hay ms que observar los cuerpos que hay detrs de unas y otras. Las salvadoras de las musulmanas son como muestra Farris mujeres de todo el espectro poltico, desde la extrema derecha a posiciones comunistas. En su mayora son mujeres blancas, pero tambin mujeres racializadas como Fadela Amara, Souad Sbai o Ayaan Hirsi Ali.

El denominador comn es su acceso a rentas medias y altas. Progresistas o neofascistas, las redentoras de las putas son tambin mujeres, por lo general, de clase media y media alta, autctonas (no migrantes) y fundamentalmente no racializadas. Solo una miopa supremacista, consciente o inconsciente, permite que queden fuera del debate una realidad que salta a la vista: el 80% de las mujeres que ejercen como prostitutas en Espaa son de origen extranjero, segn Critas.

En su imprescindible obra La creacin del patriarcado, la historiadora Gerda Lerner afirma que hace dos milenios la prostitucin era una salida plenamente establecida como fuente de ingresos para las mujeres pobres. Parece evidente que hoy, a pesar de los muchos cambios sociales, lo sigue siendo.

Mujeres pobres, inmigrantes y racializadas explotadas gracias a las estructuras del racismo institucional y econmico. No contar con ellas para construir un proyecto de subversin que debera ser tan comn como diverso, no apostar por un feminismo antirracista en un contexto de neoliberalismo global donde la divisin sexual del trabajo se cruza con su divisin internacional cada vez ms racializada, es situarse fuera de un proyecto feminista realmente emancipador y radicalmente igualitario.

Crisis de los cuidados e instrumentalizacin de la igualdad

Tejer complicidades y alianzas polticas desde un plano realmente horizontal, de t a t, es la nica manera de promover propuestas de transformacin reales. Las representaciones y las redenciones suelen esconder intereses menos democrticos, objetivos perseguidos exclusivamente por quienes se erigen en el papel de representantes y redentoras. En el caso de las mujeres musulmanas en Europa, su posicin subordinada en el mercado laboral sirve para cerrar en falso la crisis de cuidados a la que asistimos desde la dcada de 1980. Las sociedades europeas, por causas demogrficas baja natalidad, envejecimiento de la poblacin pero principalmente polticas insuficiente socializacin del trabajo reproductivo, no reparto del mismo entre los sexos, derrumbe de las instituciones del bienestar tenemos cada vez ms problemas para atender las tareas que sostienen la vida.

Lo que habitualmente denominamos trabajo de reproduccin. El cierre en falso de esta crisis consistira en poner a las mujeres de origen extranjero a ocupar el lugar de las autctonas en el hogar y las tareas feminizadas. Vendra a apuntalar, en vez de a destruir, la divisin sexual del trabajo, ahora en versin racializada.

De esta forma, al igual que la emancipacin de las musulmanas, la rehabilitacin de las prostitutas pasara por encadenarlas al trabajo asalariado dentro del sector hiperexplotado del trabajo domstico y de cuidados. As por ejemplo, muchos programas que proponen sacar a las mujeres de la prostitucin pasan por cursos o contratos hiperprecarios en empresas de trabajo externalizado o temporal de camareras de piso o limpieza. La posicin social que se les ofrece como alternativa al estigma de la prostitucin es la ms baja en empleos con horarios interminables y muchas veces peor remunerados que el trabajo sexual. (Trabajos de cuidados que no estn reconocidos socialmente pero que son absolutamente esenciales.)

Si se quiere que las prostitutas tengan la opcin de dejar la prostitucin, habra que empezar por atacar la Ley de Extranjera. De lo contrario, lo que implica plantear hoy la abolicin de la prostitucin es la aprobacin de medidas represivas y punitivas que acaban afectando a las mujeres que ejercen, independientemente de que en principio estn enfocadas a proxenetas o clientes.

Vivimos en una sociedad sexista, androcntrica y patriarcal que cuenta, por tanto, con diversas instituciones que aseguran el dominio de los hombres sobre las mujeres y la prostitucin es una de esas instituciones, al igual que lo es el amor romntico, el matrimonio, el modelo del trabajador a tiempo completo sin responsabilidades familiares y la jerarqua dentro de las empresas, dicen Magdalena Lpez y Ruth Mestre en su libro Trabajo Sexual. Reconocer derechos. La tarea que tenemos entre manos, pues, es la de transformar esta sociedad desde una perspectiva feminista atacando todas esas instituciones para cambiarlas de raz.

Si ese es el objetivo, las feministas tenemos que respondernos algunas preguntas sobre la estrategias que debemos seguir. La primera es por qu se juega a confundir la prostitucin con la trata, lo que dificulta focalizarse en exigir polticas y recursos que ahora son necesarios para acabar con la prostitucin forzada que debera ser la prioridad. No diferenciarlos es la mejor forma de no combatir realmente la trata cuya lucha queda aplazada al da incierto que se acabe con la prostitucin y extender medidas represivas y punitivas a todas las mujeres que ejercen. Pero tambin es imprescindible preguntarse por qu poner en el centro la abolicin en vez de tratar de combatir las causas de la precariedad vital que conduce a tantas mujeres a dedicarse a la prostitucin.

Causas como la explotacin de las trabajadoras domsticas por qu no trabajar por la ratificacin del Convenio 189 o la abolicin del trabajo de interna? o la propia Ley de Extranjera. Luchar por su modificacin podra mejorar la situacin de extrema vulnerabilidad que sufren las migrantes.

En otro frente, si muchas tienen que lidiar con problemas cotidianos para pagar el alquiler por qu no presionar desde el feminismo para la aprobacin de la ley de vivienda de la PAH? O trabajar contra las leyes que precarizan nuestras condiciones laborales? Por qu no una manifestacin por la jornada de 6 horas?.

Todas estas preguntas sirven para enfocar la lucha que tenemos por delante: que realmente la sociedad deje de articularse en torno a la acumulacin de beneficios y lo haga precisamente alrededor vidas que merezcan la pena ser vividas. Por qu no movilizarnos por la abolicin, s, pero del capitalismo? Todo ello servira para ampliar las opciones de vida de las trabajadoras sexuales y son objetivos imprescindibles a los que apuntar si realmente se quiere abolir la prostitucin.

Fuente:https://ctxt.es/es/20190508/Firmas/26009/Nuria-Alabao-Marisa-Perez-Colina-inmigrantes-musulmanas-prostitutas-cuidados-femonacionalismo.htm#.XNScc8ccRkc.twitter



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