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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-05-2019

El termidor del kirchnerismo?

Miguel Mazzeo
Rebelin


A partir del ejemplo de la Revolucin Francesa, la nocin de termidor, se utiliz para hacer referencia a un tiempo signado por la traicin de los elementos fundantes de procesos o ciclos histricos. Como dicha nocin tiene una carga ms alegrica que conceptual, no necesariamente se ha recurrido a ella para dar cuenta de procesos revolucionarios.

Muchos y muchas anunciaron el fin del kirchnerismo. Pocos y pocas vislumbraron su termidor.

Para una franja del activismo y la militancia kirchnerista, pero tambin para una parte de la sociedad, la figura de Cristina funcionaba como un nexo entre un mito de emancipacin y el poder. Es decir, su figura tena la capacidad de generar la ilusin de que las clases subalternas estaban un poco ms cerca del poder. Que lo rozaban. Que la autoridad poda llegar a ser una fuerza que favoreciera a los y las de abajo. Se trataba de una ilusin sostenida en una experiencia concreta de incorporacin de demandas democrticas por parte del Estado. Por eso, esta ilusin, no dejaba de activar algunos ncleos de buen sentido y algunos contenidos populares perdidos en la nebulosa de las tpicas dicotomas del populismo. Es innegable que la decisin de Cristina de secundar a Alberto Fernndez deteriora esas funciones y esas ilusiones y la presenta alentando abiertamente un mito de dominacin y una solucin que podra denominarse pre-populista.

La demonizacin de Cristina por parte del poder: yegua y montonera, sectaria y altanera, intolerante y grietera, no dejaba de ser para algunos y algunas el abono de una secreta rebelda, la posibilidad de un antagonismo. No resulta extrao, entonces, que la uncin de un candidato deshacedor de entuertos y buen interlocutor del establishment, haya sido decodificada por algunos y algunas prcticamente como una derrota, o, como mnimo, un retroceso.

El giro consensual, los gestos de arrepentimiento, la opcin por el formato ordenado de transicin deseado por el sistema de dominacin, se viven como una claudicacin, ms all de las justificaciones que apelan al realismo y que alertan por lo general con indiscutible lucidez sobre las alternativas espantosas que estn en danza, comenzando por la continuidad del actual gobierno, y hasta salidas ms a la derecha y ms reaccionarias an.

La invocacin al dilogo se interpreta como una llamada al silencio popular. El dilogo, en condiciones de profunda asimetra, es como la igualdad jurdica de las personas: un fetiche, efectivo por cierto. Pero un fetiche al fin. Algunas voces sern ms audibles que otras y el monlogo podr imponerse fcilmente.

La amplitud de un frente electoral puede servir para ganar elecciones, pero conlleva la prdida de profundidad poltica y programtica, un riesgo palpable, si nos atenemos a la catadura de ciertos aliados. El realismo tambin instala una idea potente: no se puede hacer otra cosa. Pues bien, desde una militancia que se supone popular y hasta revolucionaria cmo justificar el entusiasmo desde el posibilismo? Por qu razones abrigar expectativas desde el fatalismo?

A muchos y a muchas les cuesta verla a Cristina casi como pidiendo perdn por las viejas desmesuras, comprometindose con un especialista en suturar los mismos abismos que ella puso en evidencia. Entienden que nestorizar no otra cosa es descristinizar, porque siempre fue as. Les cuesta ver una gran jugada poltica en la uncin de Alberto Fernndez. O si la ven, no pueden reconocer en ella los posibles beneficios de cara a un avance popular. Intuyen un retroceso que los tornar un poco ms invisibles e inaudibles. Como no son burcratas ni aspirantes a cargos pblicos, no entienden demasiado las razones del pragmatismo poltico, o, directamente, no les interesan.

Un termidor siempre se auto-justifica. Ese es uno de sus rasgos ms caractersticos. Para el economista y telogo Franz Hinkelammert el termidor construye su propia ortodoxia y elabora una visin particular de los procesos y los ciclos histricos, dice: El termidor define la perspectiva desde la cual eso que resulta en la lgica del poder aparece como lo verdadero y lo bueno; agrega que la tarea del termidor es inmunizarse de la raz democrtica para que el antiguo poder adquiera una nueva vestimenta.[1] Ya circulan versiones que presentan a la burguesa local como un grupo de benefactores de la patria, a los burcratas sindicales como autnticos hijos del pueblo, al Partido Justicialista (PJ) como una estructura democrtica y a Alberto Fernndez como un luchador popular.

Nota:

[1] Hinkelammert, Franz, Totalitarismo de mercado. El mercado capitalista como ser supremo, Mxico, 2018, p. 100.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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