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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-05-2019

Uruguay
Honor y horror militar

Emilio Cafassi
Rebelin


El pasado lunes, bajo una incmoda y fastidiosa lluvia, el oxmoron anual uruguayo cobro ms potencia aun cuando una multitud march por la principal avenida de Montevideo, provocando que el silencio resulte ms estrepitoso que los truenos que enunciaban la gravedad de la tormenta. La edicin de esta marcha del silencio en particular, estuvo precedida por la negativa del Senado a la aprobacin -por mayora calificada- de las venias del Poder Ejecutivo para disponer el pase a retiro obligatorio de los 4 generales que actuaron en el Tribunal de Honor del Ejrcito. El mismo tribunal que escuch y transcribi confesiones aberrantes de reconocidos genocidas sin ver mancillado honor alguno. Algo que le cost el cargo al excomandante del Ejrcito, hoy poltico, y al Ministro de Defensa y su vice. Ya tuve ocasin de expresarme sobre la concepcin golpista y criminal de las jvenes generaciones de las fuerzas armadas que avalaron los fallos de los tribunales de honor y los crmenes (con ms detalles escabrosos que aquellos a los que accedi la justicia) de 3 monstruos. El flamante nuevo comandante, sostuvo que no repudiara los crmenes cometidos en el Terrorismo de Estado porque desconoca si estaban confirmados. Para permanecer en el cargo, hizo luego viscosas rectificaciones.

La totalidad de las fuerzas opositoras con representacin en el senado impidieron lograr la mayora calificada en complicidad con los criminales y el continuismo de unas FFAA moralmente descompuestas e intiles. Al momento de escribir estas lneas, el Frente Amplio (FA) hace un llamado a acompaar una nueva ley orgnica militar. La iniciativa es encomiable, aunque tarda y difcilmente pueda replantearse con mayor profundidad el problema de la defensa (dentro del cual, la cuestin militar es clave) hasta el inicio de un cuarto gobierno frentista en un debate amplio y profundo con la ciudadana. Sin duda la sucesin de episodios no slo est reflejando un cierto reempoderamiento de la casta militar producto del ascenso de las derechas a nivel regional (en el caso de Brasil con explcita reivindicacin oficialista de la dictadura) e internacional, sino tambin una crisis en la poltica del FA que debe ser escrupulosamente revisada, sin trasladar todas las responsabilidades a las derechas. Hay una proporcin propia de la resultante, que guarda relacin con la poltica de la izquierda y muy particularmente con la fracasada intencin del exministro Fernndez Huidobro de ganarse a las FFAA.

Un primer paso en esta direccin lo est dando el actual ministro Bayardi, fundamentalmente con sus instrucciones de bajar el perfil pblico de los mandos superiores, aunque esto resulte acotadamente analgsico, destinado exclusivamente a tratar el sntoma. Ms profundamente, Bayardi sostuvo en un reportaje del semanario Bsqueda que la causa de la defensa corporativa intergeneracional de los crmenes del horror dictatorial se deban al carcter endogmico de la profesin militar. Es un avance respecto al silencio precedente. Contar con datos empricos que permitan mensurar los lazos familiares, aunque intuitivamente es algo muy probable. Sin embargo, si bien se aproxima ms a las causas, tropieza con la infinidad de contraejemplos de rebelda y diferenciacin juvenil por fuera del mbito militar. Ejemplos ms extendidos que la continuidad ideolgica, esttica y discursiva. Y no siempre necesariamente en una direccin tica o polticamente emancipatoria, sino inclusive en contrario, pero cambios insoslayables al fin. En la entrevista sostiene que es imposible o muy difcil romper con el relato construido sobre los hechos de la dictadura, sin romper a su vez con los vnculos de relacin familiares.

Si efectivamente es as, no creo que sean los lazos familiares los que ms influyan en la cohesin discursiva, ms an cuando sta es criminal. El comportamiento que detentan hasta los jvenes oficiales es mafioso, es decir basado en la omert que era el cdigo de honor siciliano o ley del silencio de prohibicin de informar o denunciar actividades delictivas a riesgo de represalia mortal. Haba lazos familiares all, pero no exclusivamente ni razn del sostenimiento del cdigo de honor. En el cdigo propio se encuentra la razn de la autosegregacin, superando sin desmentir los vnculos de sangre.

La aquiescencia de las izquierdas, no ya con el tribunal de honor, sino con el significante honor militar y las implicancias tcitas sobre su significacin explican mucho ms las paradojales deudas para con los derechos humanos y el elemental principio de igualdad ante la ley que las influencias paternas. Si bien Freud, en el texto sobre Moiss sostiene que el supery es sucesor y subrogado de los progenitores y educadores y que continua las funciones de ellos casi sin alteracin, la propia dinmica de la cultura, la historia y la vida poltica con sus mutaciones, desmiente todo mecanicismo. Uruguay avanza lenta pero slidamente en la expansin de derechos, libertades e institucionalidad pero tropieza recurrentemente con este vergonzoso obstculo.

Un puado de ejemplos honorables durante la dictadura, o en la propia fundacin del FA (v.g. Seregni) han tendido la trampa de aceptar tal honor diferenciado, es decir la autosegregacin social de la casta militar. Aquellos fueron honorables porque se opusieron al crimen, al encubrimiento y actuaron decentemente, adems de sus mritos polticos. Concluyo que debe rechazarse la propia nocin de honor militar, separada de la honorabilidad de cualquier ciudadano honesto, es decir, debe civilizarse e igualarse en digna respetabilidad fundada. De lo contrario, lo que autodesignan honor es tan slo mafiosa podredumbre.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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