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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-05-2019

A defender la enseanza de la historia en las aulas
Por el derecho a un pas con historia y un pueblo con memoria

Pedro Rosas Aravena
Rebelin


Con estupor nos hemos impuesto de la decisin unilateral e inconsulta del gobierno de Sebastin Piera que, con respaldo del CNED, ha determinado eliminar la signatura de historia en dos de los cuatro aos de la enseanza secundaria en Chile. La ministra de Educacin Marcela Cubillos ha sealado por los medios de prensa que la totalidad de los conocimientos y habilidades de Historia estn distribuidos desde primero bsico a segundo medio, acotando que los conocimientos y habilidades requeridos por nuestros estudiantes se abordan entre 1 y 2 medio. Mediante una explicacin vaga y sin fundamento se pretende, primero, eliminar parte importante de la formacin y profundizacin del conocimiento y reflexin histrica de nuestros estudiantes y, en segundo lugar, justificar la enseanza de competencias mal llamadas ciudadanas, de manera aislada y desvinculada de los procesos histricos, econmicos, sociales y culturales mediante los cuales nuestro pueblo ha construido y ejercido histricamente sus procesos de participacin y construccin social e identitaria. Este no es un acto administrativo y constituye una operacin poltica e ideolgica que reitera en su intencin de hegemonizar los usos sociales de la memoria y los saberes histricos de manera arbitraria y autoritaria.

El historiador Arthur Schlessinger expres hace una dcada que la historia es a un pueblo lo que la memoria es a un individuo y que del mismo modo que una persona sin memoria vaga desorientada y perdida, sin saber de dnde viene o hacia dnde va, un grupo humano al que se le niega la posibilidad de acceder a su pasado ser impotente para enfrentar su presente y su futuro. La voz de alarma no ven a ni de un izquierdista ni de un erudito enclaustrado en la academia, sino de un historiador norteamericano asesor del presidente Kennedy. Raphael Samuel, historiador britnico de izquierdas, refirindose a la enseanza de la historia seal que esta tena por objeto ensanchar las mentes, desafiar suposiciones admitidas y no dar por natural aquello que eran construcciones sociales. En el mismo sentido, el historiador cataln Josep Fontana destac su papel en estimular del modo ms amplio y abierto las consciencias de las jvenes generaciones. Estas definiciones, de amplio espectro poltico e ideolgico, podran extenderse casi infinitamente con referencias del campo historiogrfico, filosfico, la didctica disciplinar y la reflexin de maestros y maestras del mundo entero que han visto y registrado el modo en que las vidas ms sencillas y arrinconadas por la explotacin y la dominacin, han encontrado un lugar y un sentido, permitindoles formar una identidad, dar lugar a una memoria y adquirir una experiencia que de otro modo les estara negada para fortalecer sus procesos de lucha y dignificacin.

De este modo, la historia como conocimiento no solo conecta el presente con el pasado, ella da sentido a la vida cotidiana y permite tener cuando no una certidumbre, por lo menos la imaginaria posibilidad de tener un futuro y retomar la herencia, los saberes y las herramientas de las generaciones precedentes para que la historia, como suceder (P. Vilar), no sea pura incertidumbre y tragedia. En ese lugar de cruce entre historia-ciencia e historia-vida, en esa historia vivida (J. Arstegui) se cultiva y crece el nico instrumento que permite comprender articuladamente nuestro paso por el tiempo y el espacio (M. Bloch). En su ltima clase en Barcelona, el maestro Josep Fontana espet que es la clase de historia la instancia en la cual florece la consciencia histrica. En ese lugar cerrado a la vista, pero infinitamente abierto al mundo y nuestra humanidad, es donde aprendemos quines somos, dnde estamos y nos posibilita construir el mapa cultural y social de hacia dnde vamos. Desde la filosofa, Nietzsche sentenci que era precisamente la historia la encargada de matar monstruos y descifrar enigmas, sosteniendo la vigencia de una larga tradicin del pensamiento que reconoca en la historia su condicin de madre y maestra.

La identidad, la memoria y la experiencia no son inmanentes ni inalterables, no dependen del traspaso de informacin y competencias exentas de la vitalidad humana en espacios y contextos sociales y culturales cambiantes. Requieren de la transmisin y la mediacin de los las mujeres y hombres vivos en sus vidas. La defensa de la historia en las aulas de Chile trasciende el trabajo de los historiadores y llama a pensar en el valor de la funcin historiadora de una sociedad. No es un debate puramente abstracto, tiene agentes y sujetos sociales encarnados y concretos. Generaciones de profesores vivientes y hablantes median el dilogo con un pasado vivo que, en nuestro caso, est cargado de experiencias trgicas de las cuales aprender para que la experiencia pueda sostener un horizonte de expectativas que den sentido a la vida (Kosselleck) y que den posibilidades de construir la sociedad futura ms digna desde el presente.

La decisin poltica y administrativa en curso, no es ni ingenua ni ignorante de sus consecuencias y no se toma en un pas de fantasa. Se adopta en un pas fracturado por la historia reciente, quemado hasta la herida incurable de haber vivido la desaparicin y la tortura, la persecucin y la proscripcin de la vida poltica, el ocultamiento de la verdad y la construccin de una memoria oficial que a travs del miedo busc convertirse en una memoria colectiva. Esa negacin de la memoria y como consecuencia de la identidad no fue ni es azarosa: fue y es un acto institucional y poltico deliberado. Un acto macabro y de pasado sangriento. Miserable. La intil y descabellada idea de eliminar la palabra dictadura de los textos escolares hace un par de aos fue un anuncio que, al modo de las leyes raciales de la Alemania nazi, presagian, en este caso, una versin renovada de totalitarismo. El totalitarismo funcional de una educacin sin alma, de unos ciudadanos sin memoria, sin ciudadana, adiestrados en los tecnicismos acrticos de la esttica global de la ignorancia para construir una sociedad inmovilizada y adormecida. Una sociedad criada sin madre, sin maestra.

El profesor o la profesora de historia, el aula de historia, los/as historiadores/as, la palabra historiadora de una sociedad, que se resiste a perder su memoria y a la enfermedad de no saber quin es y qu ha sido, tiene el deber moral de afirmar que su pasado y el conocimiento de su historia no son cosas muertas, ellos son parte del destino de un pueblo (Yerushalmi), por tanto, de la vida que vive y vivir un pueblo.

Rechazamos con fuerza la decisin de convertir a los profesores y las profesoras de historia de este pas en instructores/as y adiestradores/as de una juventud acrtica, intelectualmente precarizada y culturalmente empobrecida. Denunciamos el acto arbitrario y dictatorial de desterrar la formacin histrica integral de nuestras aulas con la clara intencin de exterminar la memoria histrica como soporte de nuestra identidad.

Llamamos a la comunidad, a las profesoras y los profesores de historia, madres, padres y estudiantes, historiadores, historiadoras e intelectuales a levantar nuestra voz y organizar una resistencia cultural, poltica y social por el derecho a la historia y la memoria.

Pedro Rosas Aravena, Doctor en Historia - Profesor de Historia y Geografa. Chile

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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