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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-05-2019

Carta a Cristina Fernndez de Kirchner
Cuidate mucho

Marta Dillon
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Querida Cristina:

Permitime presentarme ya que voy a tomarme el atrevimiento de escribir no sobre vos, si no a vos. Sobre el tuteo no pido permiso, hace horas que estoy viendo videos en los que me habls de vos, como a cada une del otro lado del canal de YouTube, en singular y en plural, desde aquella vez que volviste de la sombra de una operacin en la capocha Ay, Cris, cmo enamora ese lunfardo a mitad de camino entre el conventillo y la sala de maestras!, hasta el recorrido por tu casa allanada de El Calafate a la que entr con ansia de voyeur. Cuando inauguraste la era de los videos, Florencia sostena la cmara y vos, por primera vez en tres aos, rasgabas el negro del luto con una camisa blanca y tu pelo se sacuda como siempre, largo y frondoso, as como me tanto te gusta, como crines de yegua, en la acepcin ms orgullosa del trmino que pretendi denostarte.

Deca que me quera presentar y lo voy a hacer en plural, porque soy lesbiana y feminista y esa es de por s una identidad colectiva. Y lo voy a hacer copindome a m misma las palabras que escrib cuando terminaba 2015 y tambin terminaba el encantamiento de tus cadenas nacionales, las aperturas de las sesiones en el Congreso en las que nos llevabas de paseo por los nmeros encriptados para la mayora de la macroeconoma y por el pequeo detalle de esa computadora que se encenda por primera vez en un cuarto compartido de una villa conurbana. Inolvidable la ltima apertura de sesiones, inolvidable esa maana de lluvia en que mi hijo menor pudo darte la mano de pura casualidad mientras pasabas rauda en tu camioneta tirando besos como una reina de la vendimia. Yo tambin estir la mano entonces, lo confieso, yo que no fui nunca lo suficientemente kirchnerista para los kirchneristas y nunca lo suficientemente de izquierda para el resto, yo te hubiera abrazado por tantos das inolvidables de alegra popular en la calle, por haber hecho bajar las armas de la represin a la protesta y no es que no hubiera gatillo fcil durante los aos de tu gobierno, pero ahora mismo lo que aniquila el alma, lo que resulta intolerable, es que se vanaglorien desde el Estado de los disparos por la espalda, la masacre de adolescentes, del cuerpo helado de Santiago Maldonado, por la jubilacin otra vez estatal, por la que les toc a las amas de casa y ahora se quita como si fuera un gasto. Te hubiera abrazado como hubiera querido hacerlo el da en que arrastraste detrs tuyo el cortejo entero de tu compaero de vida, caminando al frente bajo la lluvia por la avenida 9 de Julio. Y eso que supiste tirar dardos a mi corazn feminista cada vez que despreciaste al feminismo. Esa vez clavada en la memoria, cuando pediste en discurso pblico justicia por la compaera travesti asesinada Diana Sacayn, dijiste tambin que no eras feminista porque eras femenina y porque desde los 15 te pints como una puerta, para qu? Si estabas haciendo historia, la primera vez que la ms alta autoridad de un pas reclamaba por un travesticidio, para qu seguir con eso de que las lindas tambin sufren discriminacin dejndote llevar por un mito que no voy a explicar ac? Pero eso no quita, no quita, no me quita la emocin de haber logrado inscribir a ese hijo que te admira y ya tiene diez aos, con el apellido de sus dos madres primero y el de su padre despus, una triple filiacin que slo es posible cuando hay decisin para empujar lmites, aun cuando la iglesia catlica nos auguraba la hoguera del infierno. Me voy a presentar, dije, con eso que ya fue escrito: Somos quienes estamos en la calle, somos quienes ya conocimos la intemperie y sabemos de la resistencia, quienes alguna vez aullamos de rabia y dolor cuando un palo policial quebr el brazo de la Madre de Plaza de Mayo Laura Bonaparte durante un escrache a los genocidas impunes todava, somos quienes sabemos de recortes de sueldos y jubilaciones, quienes conocimos el olor de las gomas quemadas en los piquetes y de la sangre derramada mezclada con ese fuego, somos quienes caminamos junto a las compaeras travestis que eran tratadas en masculino, encarceladas, empujadas fuera de las miradas de esos vecinos bien pensantes que no se quejan ahora de los ruidos molestos de los bares de Palermo, somos quienes tuvimos que firmar papeles pensando en lo peor para proteger a nuestros hijos y nuestras hijas porque por lesbianas o por maricas o trans nuestros vnculos no tenan reconocimiento. Somos tambin los que vimos cambiar esas historias, somos quienes supimos que ramos protagonistas el da en que festejamos la vuelta al Estado de YPF, de Aerolneas Argentinas, quienes lloramos de emocin cuando volvieron a circular los trenes an cuando sus trayectos eran lentos y penosos. Somos todas esas personas, amigos y amigas, desconocidos, compaeros y compaeras que me acompaaron un da a enterrar definitivamente los huesos de mi madre desaparecida con el amor y los honores que hubiera merecido ese corazn generoso cuando la metralla de la patota del terrorismo de Estado lo oblig a dejar de latir. Somos quienes sentimos el corazn hinchado y estallando cuando Estela de Carlotto encontr a su nieto y en cada Nieto y cada Nieta que recupera su historia.

Y tengo que decir tambin que somos las que inventamos Ni Una Menos, esa consigna y esa primera marcha que leste como opositora a tu gobierno sin saber que ah en la calle haba miles de las pibas que se sentaban con las titulares del Ellas Hacen para quebrar los crculos de violencia machista, para rerse entre ellas, dolerse entre ellas, reclamar goce y trabajo, as todo junto, porque esas posibilidades se abren cuando las minas se sientan entre s, cuando se piensan, cuando ponen sus cuerpos en primer plano suspendiendo por un rato el eterno mandato de sacrificarse por otros. Todo eso fue durante tus mandatos, antes de que las cooperativas se transformen en esa miseria de pensarse de a una en una, haciendo no s qu futuro si no hay futuro por fuera de lo colectivo. Por eso tambin me pregunto, y en esa pregunta la pasin que desperts se arruga como papel y vuela al cesto de basura, tengo que decirlo, Dnde estn las mujeres que te rodean? con qu otras compaeras se traman polticas de gnero tan potentes como el Ellas Hacen? Las necesitamos ms a la vista, necesitamos que no ests tan sola, que el Ella venga con su s de plural, porque hay una responsabilidad en la forma en que aparece una mujer en el poder y ya estamos cansadas de la excepcin. No alcanza con las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, hacen falta tambin otras maneras de decirse en femenino, hacen falta las desobedientes, hacen falta las feministas, hacen falta esas lesbianas que te siguen pase lo que pase pero las queremos tambin al frente, hacen falta las travas y las villeras y las negras que te frenen como nadie te fren cuando anunciaste una vez, casi al final de tu ltimo mandato, que miles de mujeres haban perdido la Asignacin Universal por Hije (la e me corresponde) porque no haban cumplido con las vacunas o la escolaridad. Y no, no es as, a esas mujeres hay que ir a buscarlas, saber por qu no pudieron, desandar la distancia que las separa de las escuelas o los centros de salud. En tu libro decs que las feministas no te acompaamos cuando los insultos misginos denigraban la decisin contra viento y marea de empujar la 125, y sin embargo estbamos ah, sostenindote, apropindonos todas de esa animalidad con la que pretendan denostar ese animal poltico que sos, esa mujer al frente que ampli la imaginacin de tantas nias que empezaron a soar desde entonces con que tambin podran ser presidentas, o astronautas o lo que quieran.

Es esta una carta de amor? El amor no es sin disputas, el amor no es sin contradicciones, se puede amar a quin no impidi la expansin del monocultivo de soja y el veneno de los agrotxicos? La pasin no reconoce razones pero hay cosas que tambin aprendimos en el feminismo y es que decir no es un poder. Y esta pasin unilateral que me gustara sentir sin fisuras le dice No a tragar el sapo de homologar pauelos celestes con pauelos verdes, porque no es una cuestin de matices, es nuestra libertad la que est en juego y lo que ponen en juego los celestes es la intencin manifiesta de imponer la crueldad, sobre las nias obligadas a ser madres, sobre las personas gestantes que queremos decidir sobre nuestras vidas, sobre los cuerpos desobedientes que desbordan las categoras binarias de varn y mujer. No slo niegan si no que pretenden destruir esa frase que hice remera en 2015 despus de que la enunciaste en tu ltimo discurso en la Ex Esma como deseo a proteger: Libertad de vivir, de amar, de querernos. Libertad para ser quienes queramos ser.

El ltimo volantazo poltico que diste todava nos tiene girando a las indisciplinadas, a las que como yo, que me tomo este atrevimiento porque puedo, no podemos salir a festejar la moderacin porque es la puesta en contraste ntido de que no hay salvacin en un cambio de gobierno, que nuestro destino en el futuro prximo est hipotecado por la deuda, el ajuste y la obediencia que impone. No podemos festejar porque vemos atnitas cmo los v(b)arones imponen las lgicas de gobernabilidad, cmo el odio de gnero s, de gnero vuelve revulsiva tu figura, tu capacidad poltica, discursiva, tu sensualidad, tu decisin. Y nos convierte a nosotres en el demonio de un orden disciplinador que encuentra aliados en los fundamentalistas de la familia natural y la pobreza como un mal necesario para poder impartir piedad. Tiene que renunciar la mujer, aunque haya fisuras en el renunciamiento porque es tu voz la que inviste, pero s, hay una renuncia al plano de lo posible y s, queremos lo imposible, y en esa renuncia a cada rato aparece como lgico que tengamos que renunciar a nuestra agenda el aborto legal, por ejemplo aunque nosotres no renunciemos. Aparece como lgico que una mujer renuncie por sus hijes algo que tambin se deja entrever y entonces es posible aunque sigamos desde las calles alentando rebelda que se reordene que es lo comn que otras mujeres renuncien por sus hijes, por otros, por la generacin que viene, siempre nosotras renunciando cuando ahora mismo no damos ms porque ajuste es igual a aumento de la violencia machista.

Al final del video en que anuncis la frmula nos decs a todes cudense mucho, como las madres en alguna poca decan ponete un saquito. Como hija de una madre desaparecida, la hurfana que soy an en mis cincuenta se conmueve. Pero desde esta ficcin de escribirte cuando tena el mandato de escribir sobre (una mujer), yo te digo a vos que te cuides mucho y lo digo en trminos feministas: cuidados colectivos, recprocos, solidarios. Cuidado es hacer comunidad, cuidado es sostener el deseo. Y el deseo es siempre desobediente.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/196143-cuidate-mucho



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