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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-05-2019

La Europa que no quieres

Juan Francisco Martn Seco
TopoExpress

N ota edicin TP: Sirven para algo las elecciones al Parlamento europeo? En la Europa actual, la dispersin entre los pases es tan grande que es imposible hablar de Unin o de establecer una poltica econmica comn. Y mucho menos soar con una Europa federal.


En 2014, en las ltimas elecciones al Parlamento europeo, la participacin global en toda Europa fue tan solo del 42,6%, dato bastante expresivo del inters que suscitan estos comicios en la sociedad. De hecho, tal porcentaje no ha dejado de descender desde 1979, fecha en la que se situ en el 63%. En 2014 solo dos pases mantienen una participacin superior al 60%, Blgica (89,64) y Luxemburgo (85,55), lo que obedece, tal vez, a que ambos viven -y viven bien- de la Unin. Espaa ha seguido un proceso similar al total de Europa. La participacin en las ltimas elecciones fue del 43,81%. Solo ha habido dos excepciones, en 1994 y en 1999, aos en los que la cifras estn distorsionadas por coincidir el primero de los procesos con las andaluzas y el segundo, con las municipales y autonmicas. Ocurrir lo mismo el prximo domingo, la participacin no ser significativa. Habr que preguntarse cul sera el porcentaje de abstencin si no coincidiesen con las municipales y con las autonmicas. Y es que es bastante evidente que el Parlamento europeo sirve para poco, aun cuando se pretenda rellenar la ausencia real de competencias con discursos grandilocuentes y toda una serie de ritualismos y teatralidades que, a base de agitacin, parece que tienen contenido. Pero el poder est en otra parte: en el Consejo, en la Comisin y en el Banco Central Europeo.

Los jefes de Estado y de gobierno se reunieron ya el jueves da 9 en Rumana con la intencin de comenzar un proceso complicado, el de repartirse el pastel, o ms bien iniciar la lucha por el reparto. Han quedado de nuevo para el da 28, dos das despus de las elecciones, para continuar con el mercadeo de cargos. No es que el resultado electoral vaya a servir para algo, pero hay que guardar las apariencias. Cada presidente de gobierno (importa poco a qu partido pertenezca) luchar por colocar en los puestos ms relevantes a sus compatriotas, porque el juego es en clave nacional y no ideolgica. Por mucho que se diga lo contrario y que el discurso oficial denigre al nacionalismo, en materia ideolgica apenas existe diferencia (en realidad el diseo no lo permite) y todo se debate en el mbito territorial.

Hay un mito acerca de la Unin Europea, que viene desde muy antiguo, y es el de situar su origen y razn en el deseo de construir una Unin Poltica que hiciera imposible la repeticin de las contiendas que arrasaron Europa. Paradjicamente, ahora que Gran Bretaa abandona la Unin, se piensa que fue Winston Churchill quien el 19 de septiembre de 1946 en un discurso en la Universidad de Zrich, basndose en estos motivos, lanz la idea de construir los Estados Unidos de Europa.

El guante fue recogido por Robert Schumann, quien propuso administrar en comn la produccin franco-alemana del carbn y del acero. Sobre esta base, en 1951 se creaba entre Francia, Alemania, Italia, Blgica, Pases Bajos y Luxemburgo la Comunidad Europea del Carbn y del Acero (CECA). El acuerdo ms que econmica tena una finalidad poltica. El Tratado haca imposible que ninguno de los firmantes pudiera fabricar individualmente armas de guerra para utilizarlas contra los otros.

Pero ah termin todo. El fracaso en 1954 de la Comunidad Europea de Defensa (CED) propuesta por Francia hizo patentes ya las dificultades y la casi inviabilidad de cualquier avance en la unidad poltica. A partir de ese momento, el proyecto se encaminara nicamente por la integracin de ciertos aspectos de la realidad econmica, ms concretamente de la comercial. En 1958 los mismos pases que haban firmado el CECA constituyeron el Mercado Comn. En el fondo, lo que se creaba era exclusivamente una unin aduanera, con un periodo transitorio de doce aos. El modelo haba cambiado radicalmente. Los principios que lo informaran de ah en adelante seran los del neoliberalismo econmico, y los intereses, los del poder econmico. Hubo quien justific el giro producido acudiendo a la gradualidad, alegando que se comenzaba por los temas econmicos, pero que detrs de estos vendran los polticos. Lo que nunca ha ocurrido ni ocurrir.

El proceso al principio fue muy lento y transcurrieron ms de treinta aos sin consecuencias notables. Al fin al cabo se trataba nicamente de una integracin comercial y entre pases bastante similares. Las contradicciones comenzaron a surgir a partir de 1989 con la implantacin del Acta nica y ms an con la introduccin a principios de siglo de la moneda nica. Todo ello acompaado de un proceso de ampliacin que converta a la Unin en un conglomerado totalmente heterogneo de 28 pases.

La libre circulacin de capitales se adopt sin armonizacin fiscal, laboral ni social, lo que ha generado una competencia desleal entre los Estados a base de reduccin de impuestos, deterioro de las condiciones laborales y recortes de los gastos sociales. La consecuencia era inevitable: incrementar la desigualdad entre los grupos sociales dentro de cada pas. A su vez, la moneda nica se constituy sin integracin fiscal ni presupuestaria, lo que ha agrandado brecha entre los distintos Estados. La Eurozona no cumple casi ninguna de las caractersticas de lo que la teora econmica seala como criterios necesarios de las zonas monetarias ptimas.

En los momentos actuales, la dispersin entre los pases es tan grande que es imposible hablar de Unin o de establecer una poltica econmica comn, y mucho menos soar con una Europa federal. La renta per cpita de Luxemburgo es ms de cinco veces la de Bulgaria. Y sin irnos a los extremos, la renta per cpita de Austria, Holanda, Alemania, Suecia, etc., casi duplica a la de Grecia, Hungra, Polonia y Portugal, todos ellos pases de la Eurozona. La misma dispersin se encuentra en los salarios. La media se sita cerca de los 2.000 euros mensuales, pero hay pases que, como Dinamarca y Luxemburgo, exceden ampliamente los 3.000 euros, mientras todos los del Este no llegan a los mil, y otros como Portugal y Grecia que apenas los sobrepasan.

Tales diferencias situadas en un mercado comn con libre circulacin de capitales tienen por fuerza que generar un sinfn de contradicciones, y lanzar a los pases a una carrera orientada a ganar competitividad frente a terceros, a travs de la bajada de impuestos, y el deterioro de las condiciones laborales y sociales. La situacin se complica an ms dentro de la Unin Monetaria. Sin moneda propia, los pases, ante posibles desequilibrios, no pueden acudir a la devaluacin y el ajuste se realiza en el sector real bien mediante paro o bien mediante deflaciones internas que castigan gravemente a las clases bajas. No puede extraarnos por tanto que la desigualdad se haya incrementado en todos los pases. Los sistemas fiscales se han hecho ms regresivos, los costes laborales reales han crecido menos que la productividad, con lo que la distribucin de la renta ha evolucionado en contra de los salarios y a favor del excedente empresarial.

No solo es que la Unin Monetaria haya incrementado la desigualdad dentro de los Estados, sino que se han ampliado todava ms las divergencias entre ellos. La brecha entre los pases del Norte y los del Sur se ha agudizado. Las diferencias en los saldos de la balanza por cuenta corriente crean empleo en unos y lo destruyen en otros, lo que se traduce en tasas de paro muy distintas: Grecia (18%) y Espaa (15%) encabezan el ranking; les siguen Italia (10%), Francia (9%) y Chipre (8%). En el otro extremo se encuentran Alemania (3,5%), Holanda (3,99%) y Austria (4,8%). La misma existencia de la prima de riesgo contradice la homogeneidad precisa en una unin monetaria. Indica la diferencia del tipo de inters de cada pas con el de Alemania, y por lo tanto entre todos ellos. La diversidad en el coste de financiacin crea una situacin de partida dispar entre los miembros, que por fuerza falsea la competencia.

El centro de reflexin Bruegel acaba de publicar un estudio que seala cmo la Unin Monetaria ha incrementado la brecha entre el Norte y el Sur. La tasa media anual de crecimiento de la renta per cpita en el periodo 2003-2017 seala de forma clara la distinta evolucin seguida por los dos bloques de pases. Los pases ms perjudicados han sido Grecia (-0,74%) e Italia (-0,24) con tasas negativas. Otros pases del Sur como Portugal (0,63%), Espaa (0,64%)y Francia (0,75), aunque presentan tasas positivas son muy inferiores a las de la mayora de los Estados del Norte: Finlandia (0,84%), Blgica (0,87%), Austria (1,05%), Holanda (1,08%), Suecia (1,33%) y Alemania (1,39%). Existe en algunos casos tales como los de Espaa e Italia un agravante, el hecho de que se hayan potenciado las divergencias econmicas internas entre las distintas regiones, lo que incentiva movimientos independentistas en las ms pudientes que, dado el ejemplo del modelo europeo, quieren librarse de los mecanismos redistributivos.

Todos esos datos son totalmente lgicos y de alguna manera constituyen el resultado que cabra esperar cuando se ha negado toda viabilidad a una unin fiscal y presupuestaria. El presupuesto comunitario (1,2%) es radicalmente incapaz de compensar los desequilibrios territoriales que surgen de cualquier unin econmica. Es ms, se ha desechado todo procedimiento de mutualizacin de deuda y de compartir riesgos.

Las enormes discrepancias entre los pases miembros exigiran fuertes mecanismos de cohesin y redistribucin, pero paradjicamente la misma importancia de esas diferencias hace imposible una unin fiscal y presupuestaria; jams los pases ricos aceptarn una transferencia a los pases menos desarrollados de recursos tan cuantiosos como los que se produciran. Puede extraarnos que cada vez sean ms los ciudadanos de todos los pases que desconfen de la Unin Europea y que se pregunten (teniendo en cuenta que la unin poltica no es posible,) si no habr que dar marcha atrs en esta integracin que es meramente comercial, financiera y monetaria?

Las oligarquas europeas, con intereses personales en el proyecto, arremeten contra lo que califican de retroceso nacionalista. Pero lo nico que se ha internacionalizado hasta ahora son los mercados, el capital y las monedas, y aparece como imposible internacionalizar la fiscalidad, las condiciones laborales, las prestaciones sociales, las finanzas pblicas, los gobiernos y en general el poder poltico. En estas condiciones y ya que no existen en la Unin Europea mecanismos democrticos para controlar a los mercados y a los poderes econmicos, habr que preguntarse si no sera lgico someterlos de nuevo a los Estados nacionales. En fin, por lo menos parece bastante coherente que los europeos se interroguen con cierto escepticismo acerca de si sirven para algo las elecciones al Parlamento europeo.


Artculo publicado originalmente en el blog del autor Contrapunto

Fuente: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/la-europa-que-no-quieres/



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