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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-06-2019

Araas y visigodos, un acercamiento al racismo de Federico Krutwig

Joaqun Rodrguez Burgos
Rebelin


Si hay algo positivo en el llamado proceso independentista cataln que se desarroll hace unos meses ha sido un cierto estmulo para volver los ojos a los tericos del nacionalismo, no slo cataln, y hallar en ellos algunas tesis que podran explicar ciertas coordenadas de esta explosin nacionalista, sobre todo en lo que se refiere a la actitud frente al otro, al excluido de la nacin de referencia. Y ciertamente, a veces ocurre que se realizan descubrimientos sorprendentes sobre algunos postulados que han permanecido ocultos, entre otras cosas quiz, debido a la vergenza que podran suscitar entre los aclitos de estas doctrinas, siempre dispuestos a exhibir ante sus enemigos expedientes democrticos intachables.

Uno de los pensadores del moderno nacionalismo vasco fue Federico Krutwig. Nacido en Guecho en 1921, es el autor de Vasconia. Estudio dialctico de una nacionalidad, ensayo que supuso en su momento (fue publicado en 1963) en una gran medida el replanteamiento terico del nacionalismo vasco, en un intento por alejarse de la ptica reaccionaria del PNV, encontrando un eco importante en cierta militancia de ETA. Tanto es as que Krutwig, acabara siendo, al menos segn su propia versin, el redactor de las tesis polticas y organizativas de la V Asamblea de ETA (diciembre de 1966-marzo de 1967), tan slo retocadas superficialmente (seguimos la versin del propio Krutwig1) por Julen Madariaga. Fedrico Krutwig participara en la segunda fase de esa V Asamblea en la que ETA adopt el esquema organizativo de los cuatro frentes que Krutwig-Maradiaga propusieron y en la que la organizacin armada profundizara en su nacionalismo, alejndose de las tesis ms obreristas y marxistas que se haban impuesto en la IV asamblea, llevada a cabo en 1965.

Pues bien, aparte de ser el principal inspirador de la V Asamblea y autor de Vasconia, por lo cual ya merece un espacio propio en la Historia del nacionalismo vasco, Krutwig escribi otras obras. Una de las ltimas, al menos la ltima publicada (pstumamente, por otra parte) fue Aos de peregrinaje y lucha dada a la luz por la editorial Txalaparta en 2014, pero escrita aproximadamente hacia 1987, segn se deduce de su lectura.

Que Krutwig apost por el puro nacionalismo frente al marxismo (a pesar de que en los documentos de ETA que l asumi se defendiera retricamente un vago socialismo utpico) no ha sido nunca ningn secreto. Lo que revela esta ltima obra suya es no obstante (adems de una fobia casi enfermiza hacia el marxismo, al que califica a veces de virus, de enfermedad,2 utilizando una terminologa mdica desgraciadamente bien conocida en el mbito poltico) su xenofobia atroz, algo que comparte no por casualidad con el padre del nacionalismo vasco, Sabino Arana, y con tericos conspicuos del nacionalismo cataln. No obstante, el racismo de Krutwig (entendido no slo como odio o desprecio a otras etnias y/o culturas o a grupos humanos diferentes, sino como una jerarquizacin de las mismas en cuanto a virtudes o defectos) es bastante sui generis respecto al catlogo de pueblos superiores e inferiores que todo racista suele esgrimir. Por un lado identifica a los pueblos chino, alemn e italiano como virtuosos y a otro lado, como dignos de desdn, al espaol3, el ruso, el argelino y algn otro cuya existencia el lector incluso quiz desconozca. Pero la singularidad de las fobias racistas de Krutwig se acenta, ya que en el momento en que l escribe no incluye a su en teora propio pueblo, el vasco, entre los virtuosos.

En la elaboracin de su geografa particular de la excelencia colectiva, Krutwig tiene en cuenta como criterio rector sobre todo a la cultura; segn l es la cultura la que define la virtud de un pueblo o su adecuacin al mundo actual. Hay pueblos cultos e incultos; aunque tambin hay pueblos de una gran cultura (como el espaol), la cual no obstante resulta inadecuada para el mundo moderno.

Y empezando con el listado de pueblos inferiores una de las dianas de las invectivas del gechotarra es el pueblo ruso. Su primera aparicin en la obra es de la mano del pueblo chino (y de mongoles y manches, que tampoco salen bien parados). El autor compara a ambos: () not una vez ms lo que es ser un pueblo culto, con muchos siglos de cultura, y lo que es un conjunto de salvajes, que han eliminado a su propia aristocracia (de mrito), lo que llamara para no confundir con lo que solo sera la nobleza, quiz con una palabra sinnima como sera beltistocracia (gobierno de los mejores). Una rosticidad4, grosera que ha caracterizado a la plebe rusa, sigue latiendo en todos los burcratas rusos. La diferencia quiz estribe en que en China el pueblo en su conjunto era la masa culta, que tuvo la desgracia de sufrir invasiones y conquistas de mongoles y manches, que no eran cultos, mientras que en Rusia el pueblo eslavo era una masa inculta, y la beltistocracia haba sido siempre extranjera, de origen griego o alemn5.

Esta comparacin entre chinos y rusos la vuelve a hacer en la pgina 217. En ella de China dice que es un lugar donde habita un pueblo con una vieja cultura, mientras que los rusos son unos salvajes, ni an hoy en da bien educados. () stos son eslavos, que desde antiguo no han sido otra cosa que esclavos o siervos, a quienes an no se les ha cado la coraza de su vil vulgaridad. Con el pretexto pues de que el Pisuerga pasa por Valladolid aprovecha el bueno de don Federico para caer de un burro a todos los pueblos eslavos, no slo a los rusos. No explica por qu el pueblo chino es culto y los pueblos eslavos no. Pero ah queda eso.

Otro de los blancos favoritos de Krutwig son los pueblos norteafricanos y rabes. El vizcano pas una temporada en Argelia como delegado de ETA. De nuevo, ponderando al pueblo chino, no se le ocurre mejor mtodo de alabarlo que compararlo con otro, segn este terico, de peor condicin. Las pullas en este caso las sufran (demostrando con ello ser un husped poco agradecido) sus anfitriones, los argelinos. Krutwig, admirado de las obras de tradas de agua que se llevaron a cabo en el pueblo de Tha Tchai, expresa su opinin de que tan inmensa tarea habra sido imposible de realizar en Argelia. Veamos por qu: En este pas, en tal situacin, lo primero que hara un argelino seria levantar una empalizada, especialmente para guardar en el interior a las mujeres. Luego, si fuera muy de maana, se pondra a tomar el t con menta, y quiz, si hubiera un grupo de ellos con una taza de t, sacaran claro est- un juego de domin, que no puede faltar, y se pondran a colocar ficha tras ficha. Al medioda, como hace mucho calor, se hubieran quedado a la sombra, y a la tarde Para qu empezar si ya no hay tiempo para hacer nada? La diferencia estaba ah. En Tha Tchai haba chinos y no argelinos. Ya de paso, sin venir a cuento, tira contra los andaluces, que sern blanco tambin de su ojeriza, recogiendo la tampoco original idea de que Andaluca es una especie de apndice africano: el milagro chino () no podr ser el milagro andaluz, porque estos estn ms cerca de los argelinos que de los chinos6.

Como bien demuestra la experiencia cotidiana, las saetas de un racista pueden dirigirse hacia cualquier lado hasta alcanzar objetivos insospechados. Krutwig nos da ejemplo de ello. Objeto de su implacable animosidad racial son los aostanos, es decir, los habitantes del valle de Aosta, una regin del noroeste de Italia, una excepcin dentro de la excelsa colectividad italiana. Nos dice don Federico con su fino bistur cientifista: Entre ellos hay un 35% de la poblacin con un bajsimo coeficiente intelectual, y que al mirarles se cree tener delante de uno a un autntico neardental, al menos tal y como los representan en las reconstrucciones (). () el aspecto de infrahumano o humanoide de esta gente no ha variado (). () como son unos cretinos, unos autnticos humanoides, cohabitan con el ganado, y esto todo ello porque no se corresponden cien por ciento con el gnero del homo sapiens.7

Pero el tamao de las dianas racistas de Krutwig no es pequeo y llega a cubrir subcontinentes enteros: Los sudamericanos me parecieron en su inmensa mayora unos pueblos compuestos de hombres infantiles, poco maduros segn nuestro punto de vista8. Luego aclara que ese nosotros se refiere a la gente cultivada, con lo cual nos viene a certificar que los sudamericanos no lo son. Y esto no slo lo expresa de forma aislada. En otro pasaje, en la pgina 171, criticando al Che Guevara y su aventura boliviana, nos aclara que es norma general en todos los sudamericanos la falta de cultura, no acabando ah la serie de invectivas contra el colectivo.

Por supuesto que su desdn hacia lo hispanoamericano est ntimamente relacionado con el que siente hacia el pueblo espaol (excluido de l a los ciudadanos vascos y navarros, por supuesto, como ya se ha advertido en nota a pie de pgina), algo que no debe sorprendernos en un terico de uno de los nacionalismos perifricos. Y es que su desprecio contra los espaoles lo extiende a todos los pueblos de habla espaola, los cuales estaran contaminados por la lengua y la cultura espaolas9, y tambin por algo mucho ms importante pero de difcil explicacin, lo que me dar el placer de ceder la palabra, una vez ms, a don Federico, el cual nos revelar el basamento fundamental de su pensamiento etnicista. Teorizando sobre la diferencia entra tctica y estrategia en los grupos guerrilleros y sobre la inteligencia en la conduccin de una guerra, la cual suele estar ausente, segn Krutwig, en los movimientos guerrilleros populares, se expone lo siguiente en una nota a pie en las pginas 129 y 130 de la obra que estamos comentando: En el caso de los pueblos de habla castellana, este defecto se ve adems multiplicado por algo que es propio de la cultura espaola y que acta en el mismo sentido. () la cultura castellana, al ser una cultura verista, es una cultura del joankizuna10; es decir, del futuro que se escapa del nosotros, puesto que toda cosa que se ha objetivado y los veristas slo actan sobre realidades objetivas- tiende desde el momento de su objetivacin hacia su autoeliminacin. Mientras que toda accin inteligente acta sobre el ethorkizuna; es decir, sobre lo probable o posible, an sin objetivar. La cultura espaola impide ver a las personas que han sido educadas en ella todo lo que se refiera al ethorkizuna, y esto es debido a una razn anatmica. Hoy sabemos por los estudios realizados sobre el cerebro y las neuronas que todo ser trae al momento de nacer una serie de posibilidades in potentia de las que solamente algunas llegan a realizarse; es decir, llegan a ser in actu. En realidad, el hombre trae en las clulas de su cerebro una cantidad predeterminada de neuronas. Estas tienen en principio, y segn el tipo, diferentes ramificaciones ascendentes de las que la prctica selecciona algunas, y las dems degeneran y desaparecen. Esto hace que, incluso en gemelos monocigticos, la experiencia pueda fijar diferentes ramas trepadoras que conducen hacia las partes superiores de las neuronas, y, en consecuencia, el fenotipo que se desarrolle en ambos gemelos resulta a veces bien diferente. Por esta razn tiene tanta importancia saber qu tipo de educacin se va a dar a los nios. Platn ya lo haba notado, y hablando de la necesidad de que los nios no sean considerados personas libres antes de que se hayan realizado como personas para llegar a saber en el futuro pensar abstractamente, mirando el ethorkizuna. Esta fue justamente la excelsa labor que ha realizado la cultura griega. En la Europa moderna, podramos decir que han sido los pueblos germnicos los que han seguido con el legado de la Grecia clsica. Y de esto tenan consciencia tanto los autores alemanes como los ingleses. Tambin Italia, debido a la cultura renacentista, y a pesar de la labor destructora llevada a cabo por Espaa tras el triunfo del jesuitismo, ha conservado bastante esa fuerza capaz de abrir una ventana hacia el ethorkizuna, mientras que las personas educadas a la espaola son incapaces ni de darse cuenta de esta realidad en el ms mnimo grado, igual que un ciego de nacimiento es incapaz de saber qu son los colores.

Volviendo al arte de la guerra, por esta razn vemos que los espaoles, tanto en el Viejo Mundo como en el Nuevo, y en este ya de una forma ridcula, como es el militar bananero, son incapaces de pensar una estrategia. Hasta los generales no saben pensar ms all del cuartelazo; es decir, del golpe bobo y bruto. Otra cosa bien diferente pas con el Alto Estado Mayor prusiano, cuyos jefes no solo estudiaban Gymnasia, la cultura clsica, sino que hasta lean a Kant.

Antes no sabamos por qu para don Federico unos pueblos son mejores que otros, ahora hemos avanzado un poco, aunque sea a costa de soportar los ataques a la inteligencia de los espaoles (o mejor dicho, a la falta de inteligencia de los espaoles y de los hispanoamericanos), a los cuales parece haber dedicado un estudio ms profundo que a los rusos o a los argelinos (sern cosas de la proximidad). Estas palabras son importantes porque, como deca antes, nos dan la clave del pensamiento racista de Federico Krutwig, una clave nada original por cierto y, a la fecha en que escriba, completamente trasnochada y absolutamente desprestigiada desde el punto de vista poltico, moral y por supuesto cientfico.

Dichos planteamientos se relacionan con los frustrados intentos de una parte de la ciencia, intentos que arrancan en el siglo XIX, por demostrar que unas personas son psquicamente distintas a otras y que esa diferencia se basaba y se plasmaba en muchas ocasiones, como el propio Krutwig revela en los aostanos o en los espaoles e hispanoamericanos, en conformaciones fisiolgicas determinadas (anatmicas, en palabras de Krutwig), las cuales adems podran ser hereditarias y que habran conformado a los diferentes grupos de manera distinta entre s11. De ah a la jerarquizacin de esos grupos humanos solo haba un paso, paso que por supuesto dieron muchos no slo en el siglo XIX sino durante la primera mitad del siglo XX, paso que tambin da Krutwig, aunque a su particular manera.

En realidad esos postulados no eran ms que intentos de dar marchamo cientfico a unos prejuicios tnicos justificativos de la dominacin que unas sociedades han ejercido sobre otras, dominacin que se ha dado desde el comienzo mismo de la historia, pero que tom una relevancia mayor desde la expansin de los pases occidentales por todo el mundo a partir de fines del siglo XV, y el encuentro con otras sociedades con un nivel de desarrollo tecnolgico menor y una organizacin social completamente distinta; expansin y encuentro que estimularon, en el ambiente intelectual del humanismo y del nacimiento de la ciencia moderna, la reflexin sobre la diversidad y la identidad humanas. De tal manera, el cientifismo racista no sera ms que una manera presuntamente rigurosa de polemizar con la tica de la hermandad humana que arranca precisamente en esta poca con hitos como la bula Sublimis Deus que Pablo III promulg en 1537 o la famosa Controversia de Valladolid12, que se contina con el moderno Derecho de Gentes y que culmina con la Declaracin Universal de los Derechos del Hombre y los movimientos abolicionistas de la esclavitud.

El magma de las ideas de Krutwig lo constituyen diversas corrientes cientficas y mdicas que como decamos nacen en el siglo XIX, corrientes como por ejemplo el higienismo, la psiquiatra social, la llamada medicina social, cuyos fundamentos fueron adoptados por el degeneracionismo13 y la eugenesia. El degeneracionismo defenda que una parte de la poblacin haba degenerado debido a que los adelantos cientficos y mdicos propiciaban la neutralizacin de los mecanismos de seleccin natural, permitiendo as sobrevivir en lugar de desaparecer automticamente a individuos inadaptados (Krutwig de hecho utiliza esta palabra, degeneracin, para referirse al sistema neuronal). Esa degeneracin lgicamente es un proceso que se da a travs de las generaciones y cuyo vehculo es la herencia de esos caracteres que se atrofian. Planteada la cuestin en estos trminos la aparicin de la eugenesia era en cierto modo la consecuencia lgica de esa va cientifista, pues si se aceptaba que ciertos rasgos anatmicos y comportamentales y con ellos ciertos individuos y grupos haban degenerado, lo ms lgico era regenerar bien esos rasgos, bien los individuos o bien los grupos humanos.

En Espaa, esas corrientes arraigaron en la primera mitad del siglo XX. Luis Huerta, uno de sus cultivadores, cruzaba el lmite desde el territorio en que se consideraba la degeneracin de la morfologa ms externa del individuo a aquel otro en que lo que degenera es la propia inteligencia humana (lmite que Krutwig en su obra tambin cruza). Huerta afirmaba que la clase obrera es inferior en el ejercicio, hbito y habilidad de la inteligencia as como en la cantidad de conocimientos y que esa falta de prctica intelectual produjo una atrofia en la capacidad misma del intelecto, capacidad que por supuesto se transmiti de generacin a generacin14. Con este tipo de anlisis, en palabras de la historiadora Francisca Jurez Gonzlez se pretende justificar una propuesta de actuacin cientfica amparada desde la poltica que neutralice a estas clases sociales, y con un programa de accin consistente en medidas fomentadoras de la natalidad entre los individuos aptos, evitando de paso la reproduccin de los indeseables. La accin eugnica se completara as con la construccin de una nueva moralidad, que apoyada en su indudable carcter cientfico, y en una aparente progresividad, defiende sin embargo unos valores clasistas ()15. Por tanto, como bien expone Francisca Jurez, estos postulados se irn adaptando para clasificar tambin a las clases sociales en superiores e inferiores, aunque eso s, la corriente principal de este movimiento tena como objetivo marcado la ordenacin de los grupos humanos segn otro criterio, potenciando el concepto de raza, basada esta en pilares tan poco slidos como la pertenencia a una supuesta misma cultura, el uso de un mismo idioma, la posesin de un tipo de tono de piel, o cualquier otro que al cientfico degeneracionista de turno le pareciera de lo ms razonable. As por ejemplo, y por limitarnos al caso espaol, y siguiendo a la ya citada profesora Jurez, Nicols Amador, otro eugenista del primer tercio del siglo XX, distingua entre razas superiores e inferiores y desaconsejaba, en bien de la eugenesia, su mezcla. Criterio este que fue seguido por algn que otro gobierno occidental anterior a 1933, ao de la llegada al poder del movimiento poltico que llevar a la prctica el eugenismo de manera ms brutal (el Partido Nacinal Socialista Alemn).

Pues bien, ahora ya parece quedar claro en qu coordenadas ideolgicas se inscribe el racismo de Krutwig, unas coordenadas cercanas a estas referencias degeneracionistas, pues para el gechotarra el ambiente (en este caso cultural) impide a los espaoles e hisponoamericanos (y suponemos que a los rusos y a otros pueblos) desarrollar su organismo de una manera tan perfecta como los alemanes o los chinos, poseedores estos de unos cimientos culturales adecuados para el perfeccionamiento neuronal16. Pero an se puede concretar ms y emparentar las ideas de Kutwig con las del gran eugenista por excelencia del solar patrio, D. Antonio Vallejo Njera. Este mdico militar ha pasado a la historia, entre otras cosas, por ser el jefe del Gabinete de Investigaciones Psicolgicas creado en 1938 en la Espaa nacionalista gobernada por el general Franco, cuyo objetivo fue asentar empricamente la conviccin preestablecida de la naturaleza psicosocial degenerativa e inferior del adversario17, es decir de los republicanos espaoles y sus aliados los brigadistas internacionales. Vallejo-Njera sostena que factores educacionales, o sea meramente ambientales, podan causar la degeneracin de una raza, en este caso, en acuerdo con Krutwig, de la espaola. Para Vallejo-Njera la expresin raza posea un carcter singular. Nada que ver con las tesis biologistas de franceses, britnicos o alemanes. Singular porque la raza no corresponda a un grupo biolgico humano sino a una sociedad -la de la poca de la caballera-, a un grupo social -la aristocracia- y a una forma de gobierno fundamentada en la disciplina militar y depositaria de unas presumibles virtudes patriticas destruidas por el sentido plebeyo de la burguesa y las clases bajas. Destruccin lenta que, segn parece, produjo cambios incluso en la morfologa de los individuos, en su fenotipo: absorbidos los restos de la pequea nobleza por la burguesa engendrada por una democracia aplebeyada, el instinto de adquisitividad (sic) apertrofibase en virtud de las cualidades ancestrales excelsas. El fenotipo amojamado, anguloso, sobrio, casto, austero, transformbase en otro redondeado, ventrudo, sensual, verstil y arribista, hoy predominante18.

Krutwig piensa que se atrofian las neuronas, Vallejo-Njera, el rostro y el abdomen. Vallejo-Njera, a diferencia de Krutwig, precisara ms en otros textos: la raza es adquisicin cultural derivada del ambiente social19. Y si bien don Federico no utiliza el concepto de raza (s el de etnia), parece indiscutible que sostener que un tipo de cultura o un tipo de educacin, (los clebres factores ambientales), influyen sobre el fenotipo neuronal y ello en el desarrollo o degeneracin de ciertas capacidades intelectuales no es ms que avalar toda esa corriente de cientifismo cuasi mstico que qued enterrado en 1945 bajo los escombros de Berln. Y si cierto es que en la historia de la ciencia este tipo de corrientes pueden verse como un camino que en su momento se corrigi, lo que parece asombroso es que un intelectual, o alguien que pretenda serlo, a la altura de los aos ochenta defendiera esos puntos de vista.

No obstante nuestro asombro desciende de grado cuando recordamos una vez ms que Krutwig se mueve en las corrientes ideolgicas nacionalistas (al igual que Vallejo-Njera), las cuales en fechas muy avanzadas han seguido dando perlas apreciables en su versin perifrica, como aquella que el hereu Jordi Pujol, en 1976, despus de todo lo que haba cado no slo en Espaa, sino en toda Europa, se atreva a publicar: El hombre andaluz no es un hombre coherente, es un hombre anrquico. Es un hombre destruido [...], es generalmente un hombre poco hecho, un hombre que hace cientos de aos que pasa hambre y que vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual. Es un hombre desarraigado, incapaz de tener un sentido un poco amplio de comunidad. A menudo da pruebas de una excelente madera humana, pero de entrada constituye la muestra de menor valor social y espiritual de Espaa. Ya lo he dicho antes: es un hombre destruido y anrquico. Si por la fuerza del nmero llegase a dominar, sin haber superado su propia perplejidad, destruira Catalua. Introducira en ella su mentalidad anrquica y pobrsima, es decir su falta de mentalidad20.

Krutwig, al igual que Vallejo-Ngera, como todos los racistas, no deja de ser vctima de un complejo narcisista, tal y como defenda Freud ("En la abierta antipata y aversin que la gente siente hacia los extranjeros con quienes debe tratar, reconocemos la expresin del amor a s mismo, del narcisismo21). A juicio de Gordon Allport, que compartimos, en todos nosotros hay una disposicin a estimar nuestro propio modo de existencia y en consecuencia a subestimar (o atacar de modo activo) lo que nos parece constituir una amenaza para l.22 Algo de eso hay en Krutwig: un narcisismo elevado a una potencia extrema que queda constatado en el hecho de que, no casualmente creemos, dos de los pueblos por l ensalzados, el italiano y el alemn, son aquellos de donde parte de su familia proviene. Su padre, segn l mismo cuenta, es de origen franco-alemn; su madre, de origen italiano. Lgico pues en un narcisista que considere a los pueblos de sus ancestros como superiores.

En cuanto a las elecciones de las distintas dianas de su desprecio es claro que el pueblo espaol, como pueblo opresor (pues otro rasgo reaccionario de Krutwig al que este artculo no ha querido acercarse es que quienes oprimen son los pueblos, no las estructuras de poder), debe ser vapuleado de lo lindo. No obstante, otros objetivos de sus saetas (o de sus alabanzas) habr que referenciarlos a lecturas indigestas o a la tradicin del racismo occidental; o quiz simplemente al capricho o a veleidades personales. Y aqu viene a cuento recordar esa escena de la pelcula La vida es bella, dirigida por Roberto Benigni, en la que se nos revela el absurdo de todo racismo, cuando el protagonista intenta explicar a su hijo la prohibicin a entrar en un comercio a judos y perros. El nio, en su inocente lgica, no comprende tal interdiccin y al padre no le queda ms remedio para tratar de explicarla que internarse en el nico territorio en el que transita el odio racial: el disparate, el desatino, la incongruencia. El padre le dice a su hijo que cada cual tiene sus antipatas personales y que l mismo no permitira nunca entrar a su librera ni a visigodos ni a araas, porque los visigodos le tenan frito al pobre hombre. Pues a Krutwig, como a todos los racistas, le tena frito media humanidad, aunque se muri sin saber por qu.23

Notas:

1 Krutwig, Federico: Aos de peregrinaje y lucha, Tafalla, Txalaparta, 2014, pp. 103-128

2 En ETA, con la entrada del virus marxista, el movimiento vasco degener. En vez de mirar a unos fines ms elevados que hiciesen que la lucha tuviera unas miras ms dignas, se rebajaba todo a la altura de la chusma (). Krutwig, Federico: op.cit., pg 272.

3 Cuando Krutwig habla del pueblo espaol excluye de l a los vascos y navarros. Como buen nacionalista vasco, para Krutwig el pueblo vasco lo forman los habitantes de las actuales comunidades autnomas vasca y navarra, as como los de la parte occidental del Departamento de Pirineos Atlnticos de la Repblica Francesa donde an hoy un nmero pequeo de habitantes se expresa en vascuence.

4 As, en la obra de Krutwig.

5 d.: pp.34-35.

6 d.: p. 222.

7 Antes de continuar se ha de aclarar que la traslacin de las citas se ha repasado concienzudamente para ofrecer al lector la redaccin exacta de la obra de Federico Krutwig. Con esta observacin se quiere remarcar que las singularidades gramaticales que pueda detectar el lector en ellas tienen su origen en la pluma del seor Krutwig. Por otro lado, el autor de este artculo, debido a la naturaleza de las ideas del seor Krutwig y a su particular concepto del rigor, no acierta a saber si el trmino cretino hace referencia a una enfermedad mental, a un tipo morfolgico concreto o simplemente a un insulto. La desorientacin del autor de este artculo acerca de la formacin cientfica de Federico Krutwig puede quedar disculpada por la afirmacin que ste sostiene de que algunos italianos forman parte de otra especie animal distinta a la del resto de la humanidad. Lstima que el seor Krutwig muriera sin aportarnos la filiacin de esta nueva especie, suponemos que del gnero homo, aunque a estas alturas ya dudamos de todo.

8 d: pg 167.

9 Uno de los puntos dbiles en la teora del nacionalismo vasco, as como del cataln, es que considera que tanto los vascos y navarros como los catalanes no son comunidades hispanoparlantes, cuando hoy da el ciento por ciento de los habitantes de esas regiones hablan espaol, mientras que no todos ellos son, por cierto, hablantes de las respectivas lenguas regionales. Es un detalle que se suele pasar por alto pero que a mi juicio es capital (es decir, que no es precisamente un detalle).

10 Joankizuna es un neologismo creado por el propio Federico Krutwig por analoga de la palabra eusqurica etorkizuna (Krutwig, a pesar de haber sido miembro de la Academia de la Lengua Vasca, prefiere saltarse la norma de la institucin a la que perteneci y escribir ethor y ethorkizuna, con hache intercalada). Esta ltima, como sustantivo significa porvenir, futuro, y utilizado como adjetivo se refiere a lo futuro, a lo venidero, y se forma con el verbo etor, que significa venir. Utilizando pues la misma estructura gramatical Krutwig antecede al sufijo kizuna el verbo joan, que significa ir, irse, dirigirse, salir, partir, marchar, etc., creando as una palabra inexistente en vascuence y cuya traduccin dejo imaginar al lector, si bien Krutwig aclara en su texto qu quiere expresar con ella.

11 Recordemos que el concepto de fenotipo (utilizado por Krutwig en su exposicin) en gentica hace referencia a cmo se expresa el genotipo en funcin de un determinado ambiente. El fenotipo constara de elementos fsicos y comportamentales; el genotipo a su vez no es ms que la informacin gentica de un individuo. Por tanto, fenotipo y genotipo estn ntimamente relacionados, aunque realmente esa relacin no se conoce en profundidad. Por ejemplo, diferentes tipos de gatos pueden tener genes diferentes para la forma de las orejas que hacen que unos las tengan ms curvadas que otros. No obstante, un cambio en el ambiente tambin puede afectar al fenotipo; as aunque podamos pensar que los flamencos son genticamente de color rosa, en realidad ese color viene dado por el tipo de alimentacin. El fenotipo no es siempre visible sino que puede hacer referencia a un rgano del individuo, por ejemplo el funcionamiento de las encimas o el grupo sanguneo. Otra diferencia bsica entre genotipo y fenotipo de un organismo es que el genotipo solamente se puede observar cuando se analiza el ADN, mientras que el fenotipo puede ser observado en la apariencia externa de un ser vivo o de un rgano de este.

12 Se conoce as al debate entre Juan Gins de Seplveda y Fray Bartolom de las Casas que tuvo lugar en la capital castellana en 1550-1551, en que se defendi por parte del primero la inferioridad de los indgenas americanos respecto a los europeos y su igualdad por parte del segundo. Para una visin general de la cuestin ver Manero Salvador, Ana: La controversia de Valladolid: Espaa y el anlisis de la legitimidad de la conquista de Amrica en Revista electrnica iberoamericana, Vol. 3, n. 2, Centro de Estudios de Iberoamrica, 2009, pp. 85-114. Consultado en internet: https://www.urjc.es/images/ceib/revista_electronica/vol_3_2009_2/REIB_03_02_A_Manero_Salvador.pdf

13 Ver Jurez Gonzlez, Francisca: La eugenesia en Espaa, entre la ciencia y la doctrina sociopoltica en Asclepio, Vol LI-2-199, pp 117-131.

14 Jurez, op. cit., pg 120.

15 d.: pg 121.

16Si bien es cierto que Krutwig no menciona la herencia de estos rasgos, el resultado de la degeneracin es idntico al producido por la herencia puesto que los hispanos son incapaces de salir del crculo vicioso que les impone su cultura.

17 Vinyes Ribas, Ricard: Construyendo a Can. Diagnosis y terapia del disidente: las investigaciones psiquitricas militares de Antonio Vallejo Ngera con presas y presos polticos, en Ayer, n. 44, 2001, pg 228.

18 Vinyes Ribas. Ricard: op. cit. pg 233.

19 Ibid.

20 Pujol, Jordi: La inmigracin, problema y esperanza de Catalua. Barcelona, Nova Terra, 1976. En ediciones posteriores se eliminara estas frases. Por otro lado, ya hemos mencionado el desprecio que hacia los andaluces Krutwig manifiesta en su obra.

21 La cita de Freud se encuentra en Allport, Gordon: La naturaleza del prejuicio, pero la recojo de Grossi Queipo, Francisco Javier: Racismo, prejuicio y discriminacin: una perspectiva psicosocial, en VV.AA.: Cooperacin al desarrollo y bienestar social. Eikasia ediciones, Oviedo, 2004, p. 445.

22 Ibidem.

23 Una breve nota final para comentar un apunte previo. Se ha dicho en este texto que Krutwig, en uno de sus sorprendentes postulados, considera que a la sazn el pueblo vasco no viva uno de sus mejores momentos. En esto muestra otra asombrosa coincidencia con la opinin que Vallejo-Njera sostena sobre el pueblo espaol. As por ejemplo dice Krutwig en la pgina 304 de su libro: Pero estar hoy en da defendiendo postulados y deducciones marxistas () tan slo es posible que lo efecten retrasados mentales. No es de extraar que esto suceda en Euskalherria, donde el sndrome de Down es tan frecuente. Otra muestra, esta vez en las pginas 307-308: () el nivel cultural que nos ofrecen los diferentes pueblos del Estado Espaol es tan bajo que difcilmente lo podemos considerar europeo, y entre ellos el pueblo euskaldun no ocupa tampoco una posicin dignamente culta (...). Y refirindose concretamente al Pas Vasco aade en la pgina 308: Aqu la realidad es que, con un elemento humano tan poco preparado, con un pueblo compuesto en realidad por una gran cantidad de analfabetos, la democracia degenera en 'okhlokratia'; es decir, en un gobierno de la chusma . Ms en la pgina 314: (...) a los vascos habra que darles la mxima condecoracin en rechazar todo lo que significa progreso. Y en la pgina 315: Pocos pases habr en el mundo con un porcentaje tan alto de imbciles. Para concluir, la situacin vasca, a consecuencia de su decadencia cultural a la altura de los aos ochenta era tal para el seor Krutwig que, de pasada, en las pginas 312 y 313 llega a diagnosticar al pueblo vasco un mal anatmico parecido al que sufren los espaoles: As pues, es consecuencia lgica el que existan en Euskalherria tantos drogadictos, porque, siendo personas sin contenido cultural en el cerebro [se refiere a los vascos], no tienen un cuadro de referencias con el que interpretar la naturaleza. No poseen nada que sea superior, sino tan solo la parte ms nfima del cerebro animal, aquello que el hombre tiene en comn con los animales, hasta los inferiores. Son justamente las clulas del neocrtex las que realizan por medio de una seleccin cultural que ellos ya ni lograrn efectuar.

Joaqun Rodrguez Burgos. Licenciado en Historia Contempornea por la Universidad Complutense de Madrid.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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