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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-06-2019

Educar en la resiliencia

Juan Garca Ballesteros
Rebelin


Uno de los imprescindibles objetivos de una escuela pblica debe ser, adems de la adquisicin por el alumnado de conocimientos necesarios para futuro, desarrollar valores sociales (respeto, responsabilidad, igualdad. empata, colaboracin, solidaridad y resiliencia) que le formen como ciudadano democrtico, crtico y comprometido con los problemas de su tiempo.

Lgicamente, no slo en la escuela, sino tambin (y quizs mucho ms) en el mbito familiar y social se deben potenciar estos valores ciudadanos que contribuyan a conseguir una sociedad ms democrtica, libre, fraternal e igualitaria.

La resiliencia es la capacidad que tiene una persona o un grupo para sobreponerse a traumas vitales (sean personales o sociales), recuperarse frente a la adversidad para proyectarse fortalecido al futuro. Segn los especialistas, la resiliencia est muy unida a la autoestima, de tal manera que un nio o nia con una alta autoestima desarrollar una buena capacidad de resiliencia y, por tanto, estar mejor preparado para superar los obstculos que encuentre en su vida.

Adquirir esta capacidad, la resiliencia, supone por una parte conocer la realidad, las circunstancias difciles o los traumas que nos afectan, analizarla y tomar partido para sobreponerse y luchar para superar estas situaciones. Esta superacin, como una resistencia vencedora de los problemas, en muchas ocasiones, permite desarrollar recursos latentes que la persona no siquiera saba que los tena.

Este valor social, la resiliencia, ha tenido una importancia fundamental a lo largo de la historia. Han sido muchas las personas, los pueblos y naciones oprimidos que se han levantado, tomando conciencia de su situacin, en contra del opresor o invasor. Algunos han triunfado y logrado liberarse, otros han sido abatidos.

En cuanto a Espaa, no podemos olvidar lo ocurrido en Amrica Latina (la Conquista), dnde millones de personas (casi sin posibilidades de respuesta) fueron aniquiladas (pueblos enteros desaparecidos) y que con la excusa de la cristianizacin, acabaron con culturas milenarias con el nico objetivo de expoliarlos de sus riquezas.

Despus de la Guerra Civil, segn recoge el escritor y periodista Carlos Hernndez de Miguel ( Los campos de concentracin de Franco. Sometimiento, torturas y muerte tras las alambradas Penguin Randon House -) haba que sembrar el miedo con una feroz represin para evitar cualquier tipo de respuesta. Las posibilidades de los vencidos dentro de nuestro pas para oponer una resistencia, resiliencia, qued anulada (slo lo hicieron los huidos, los maquis). Los fusilamientos estaban a la orden del da y aquellos republicanos significados por cargos institucionales (polticos o sindicales) eran fusilados en un consejo de guerra sumarsimo. Para los dems se instalaron en nuestro Pas 296 campos de concentracin, repartidos por toda la .geografa. Por ellos pasaron entre 700000 y 1000000 de espaolas y espaoles, autnticos esclavos, cuyo delito fue defender la legalidad republicana, pertenecer a un partido o sindicato o simplemente ser familia o amigo de. Las condiciones de vida eran inhumanas; poca y mala comida, sin posibilidad de curacin de enfermedades que las inclemencias del tiempo (el fro, el calor) y las malas condiciones higinicas desarrollaban. La barbarie, la crueldad y el terror era la forma salvaje de condenarlos, humillarlos y convertirlos en objetos sin ningn tipo de derechos. Muchas y muchos se quedaron en el camino.

La posibilidad de redimirse y hacerse afecto al rgimen, por lavado de cerebro o para sobrevivir, contribuy a la salvacin negacin de su identidad- de bastantes personas (esto me recuerda lo ocurrido con miles de moriscos y judos que se quedaron en su pas, Espaa, despus de las sucesivas expulsiones en los siglos XVI y XVII y se convirtieron al cristianismo para salvar su vida y hacienda).

Estamos atravesando una etapa poltica, social y econmica muy difcil. La ltima dcada ha supuesto un enorme retroceso en derechos sociales y laborales. Millones de personas se encuentran en situacin de exclusin social (8,6 millones moderada y 4 millones severa), con 15 % de paro (con cerca del 40 % en los jvenes), con la tasa de empleo temporal ms alta de UE (26,9 % y 71 % en los jvenes), una falta de inversin necesaria en servicios pblicos en sanidad (deterioro de la pblica, falta de personal sanitario, cierre de camas, demora de intervenciones y especialidades.), en educacin (falta de profesorado, cierre de centros pblicos, ampliacin de los concertados,), congelacin de pensiones, falta de viviendas pblicas,Estas ltimas elecciones han supuesto un fuerte retroceso en representacin poltica de los partidos de izquierdas que son los que realmente quieren transformar esta sociedad.

Cmo es posible que con esta realidad tan difcil, tan dura para la inmensa mayora de la poblacin siga el poder poltico en manos de los que defienden y apoyan este sistema? Cmo se entiende que haya sacado en las ltimas elecciones generales la derecha extrema (trifachito) el 43 % de los votos y el PSOE, que no cuestiona esta sociedad casi el 29 %?

Nuestro pueblo tiene poder en potencia para cambiar este complejo escenario. Pero Qu sucede para que esto no ocurra? Resignacin, incultura, miedo? El marxista italiano, Antonio Gramsci, dio algunas claves para entender este tipo de situaciones. Deca hay que hacer ms y ms poltica, luchar por la hegemona en el complejo mundo de la sociedad civil. Para l la hegemona es un mecanismo invisible por el cual las posiciones de influencia en la sociedad estn siempre controladas por miembros de la clase dominante. Y sigue, la hegemona se da sobre todo en el campo de la ideologa, como la percepcin que cada individuo tiene de la realidad ( valores, ideas, creencias y concepciones sobre lo que los seres humanos y la sociedad son) a propsito del lugar que ocupa cada individuo en esa sociedad. Contina que los principales impulsores de la ideologa dominante en nuestra sociedad son: la TV (controlada por el poder poltico y econmico), el sistema religioso y la cultura. stos mecanismos son la forma fundamental de imponer una ideologa hegemnica (cultura oficial) que somete a las clases subalternas (pueblo) que, sin poder de respuesta, quedan excluidos del sistema hegemnico.

Sigue Gramsci afirmando que para conseguir la dominacin cultural (hegemnica) se valen no slo de los medios aludidos, sino tambin de la coercin (miedo), con la utilizacin de los poderes del estado (fuerzas del orden, judicatura, poder econmico,) que controlan. As una clase (los privilegiados) imponen al resto de la sociedad un sistema de significados propios, acerca de cmo se es y cmo se debe estar en el mundo, imponiendo la clase dominante una hegemona, visin del mundo que les beneficia. Se trata de educar a los dominados para que acepten el sometimiento como algo natural. Esto lleva a una neutralizacin de la capacidad de respuesta de las clases populares, convencidas que las propuestas hegemnicas de los poderosos son las adecuadas para mejorar sus condiciones de vida.

Gramsci afirma que para beneficiar a la inmensa mayora de la poblacin hay que producir un cambio en el modelo de dominacin hegemnica. Y dice que la poltica est para intentar cambiar la situacin existente y tratar de encontrar los elementos que puedan modificar, en una direccin ms favorable, la realidad.

Si estamos de acuerdo con Gramsci hay que ponerse en marcha. Debemos partir de un contexto insoslayable y es que hay que movilizar a una base social colectiva, a la inmensa mayora de la poblacin que est sufriendo los estragos de este sistema y que acepta como natural la hegemona existente. Ser muy difcil pues formar y educar a la ciudadana, al no contar con medios masivos de difusin, pero se deben utilizar los medios alternativos y con la implicacin y el trabajo de muchsimas personas que se encarguen de explicar, si hace falta pueblo por pueblo, barrio por barrio, las propuestas de cambio a la poblacin, se puede lograr. Se deben comprometer los partidos polticos y sindicatos con sus bases movilizadas, tambin los intelectuales, personas a ttulo individual y las asociaciones y colectivos sociales para emprender, desde hoy, mediante un programa elaborado por una amplia mayora social, una gran movilizacin cultural que eduque en la resiliencia y que llegue a todos los rincones.

Indudablemente se debe partir de un anlisis riguroso de la realidad existente (la pobreza y la exclusin social, causas estructurales y legales del desempleo, la inversin y los servicios pblicos, los derechos laborales, la desigualdad y la violencia de gnero, la vivienda, la fiscalidad,) y plantear alternativas serias, crebles y necesarias, capaces de despertar ilusin, fomentar la autoestima y devolver la esperanza a amplias capas de la inmensa mayora de la poblacin para que entiendan que son capaces de sobreponerse a los traumas vitales que sufren y recuperarse frente a la adversidad para proyectarse fortalecidas, como una resistencia vencedora de los problemas, a un futuro en el que puedan ser los protagonistas (un nuevo poder hegemnico)..

Para terminar voy a centrarme en esta acepcin de la palabra esclavitud Sujecin excesiva por la cual se ve sometida una persona a otra o a un trabajo u obligacin, para denunciar la situacin de muchos jvenes, nuevos esclavos, en nuestro pas. El exilio por un empleo en el extranjero de casi dos millones de personas (la mayora jvenes), ha maquillado las cuentas, aunque seguimos siendo el segundo pas de la UE con el mayor porcentaje de paro. Si analizamos uno de los elementos ms sangrantes de la situacin del mundo laboral espaol podemos comprobar que, como he recogido, el drama del empleo temporal marginal y mal pagado afecta a 3 de cada 4 jvenes. Las reformas laborales y los sucesivos gobiernos han permitido que muchos empleos caigan en una nueva forma de esclavitud. Los empleados jvenes se ven sometidos a empresarios sin escrpulos con contratos de horas, das, semanas o meses,en los que no les pagan vacaciones, ni despidos, ni horas extras y con sueldos de miseria, pero que no pueden rechazar porque no tienen ninguna opcin (tienen que comer), ni defensa ante tanto abuso.

Como ya ocurre con otros colectivos jvenes que denuncian el cambio climtico o se han manifestado por una Repblica, creemos necesaria la concienciacin y movilizacin (resiliencia) de estos millones de trabajadores en precario para que sean capaces de luchar por un trabajo digno y unas mejores condiciones de vida.

La izquierda debe ponerse en marcha, tenemos tiempo!

Juan Garca Ballesteros es presidente del Colectivo Prometeo

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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