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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-05-2019

Por qu es necesaria la autocrtica

Alberto Garzn Espinosa
eldiario.es


Hubo una vez en la que el fantasma de la emancipacin socialista recorri Europa. Durante la segunda mitad del siglo XIX las insurrecciones populares reflejaron la emergencia de la clase obrera como actor organizado y a principios del siglo XX la metfora socialista pareca fielmente encarnada en los grandes partidos de masas de la familia socialdemcrata. En el perodo de entreguerras el partido socialdemcrata alemn, el partido de Marx y Engels, lleg a alcanzar el 37,8% de los votos, el finlands el 37%, el austriaco el 40,8%, el belga el 39,4%, el noruego el 32%, el sueco el 39% y el dans el 46%, entre otros. Espaa era, por entonces, parte de la excepcin. Sencillamente, en un pas esencialmente agrario y muy dbilmente industrializado no haba condiciones para la emergencia de un partido socialdemcrata tan fuerte como en el norte, y el PSOE tuvo que esperar a 1910 para obtener su primer diputado.

Tras la II Guerra Mundial la socialdemocracia concluy el abandono del reformismo, optando en su lugar por la simple gestin keynesiana, y sus escisiones comunistas se organizaron disciplinadamente en torno al poder poltico de Mosc. Con la disolucin de la Unin Sovitica, la irrupcin del neoliberalismo y la globalizacin econmica, la socialdemocracia volvi a dar otro giro para abrazar la "tercera va", un producto bsicamente liberal, mientras que los partidos comunistas entraron en lo que Enzo Traverso llama en su ltimo libro la "melancola de izquierda". Las utopas y la metfora socialista daban paso as a un tiempo sin tiempo, a un futuro ensombrecido por las derrotas polticas pasadas y por los nuevos conocimientos sobre los lmites de nuestra prctica poltica (y los lmites de nuestro planeta!).

Bastante tiempo despus las cosas son muy diferentes. En las ltimas elecciones europeas han ganado las derechas conservadoras y tradicionalistas con casi el 40% de los votos. Frente a ellas, la socialdemocracia ha cado hasta el 19,31% y la izquierda transformadora ha hecho lo mismo hasta al 5,19%, mientras que los partidos liberales han crecido hasta el 14,51% y los verdes hasta el 9,19%. No obstante, el perfil concreto de esta fotografa es mucho ms complejo cuando observamos las singularidades de cada pas. Desde la victoria de la ultraderecha en Francia hasta el "sorpasso" de los verdes a los socialdemcratas en Alemania, pasando por la resistencia de la socialdemocracia tanto en Portugal como en Espaa. Hay vectores tradicionalistas y reaccionarios que tratan de abrirse paso al mismo tiempo que otros vectores progresistas y radicales le disputan el protagonismo. Y todo ello ocurre en un marco dibujado por la disputa por la hegemona internacional. La guerra comercial entre Estados Unidos y China, el papel de las cadenas globales de valor en un mundo globalizado, las luchas de las empresas transnacionales por los recursos no renovables (petrleo, minerales, etc.) en un mundo asolado por el cambio climtico, el tipo de dominio financiero del gran capital alemn sobre el resto de los pases europeos, o el modelo de insercin de las economas perifricas en la distribucin internacional del trabajo son algunos de los aspectos que perfilan estas batallas polticas muchas veces sin que se explicite.

Espaa es de nuevo una excepcin. Aqu y en Portugal la socialdemocracia tradicional resiste, mientras que en Grecia la izquierda transformadora parece jugar el mismo rol, aunque bajo otras etiquetas. No es casualidad que se trate de los pases ms golpeados por la grave crisis econmica iniciada en 2008, que en nuestro pas abri las puertas al convulso ciclo poltico de 2008-2015. Tras ese perodo, los pases ms afectados por los recortes en los servicios pblicos parecemos seguir creyendo en las bondades del Estado Social mientras que los pases del norte optan preferentemente por su disolucin progresiva.

El caso espaol

En el ao 2008 el PSOE consigui obtener once millones de votos, aunque al precio de negar la crisis econmica que estaba ya emergiendo en el pas. Como consecuencia de esta, tres aos ms tarde, en 2011, esa cifra de votantes se haba reducido hasta los siete millones. En efecto, en apenas tres aos el PSOE se haba dejado cuatro millones de votos, de los cuales slo una pequea parte fue recogida por IU y otra por UPyD. La mitad de aquellos votos perdidos, dos millones, seguan en la abstencin. La irrupcin de Podemos en 2014 revolucion el panorama poltico y en las elecciones generales de 2015 obtuvo cinco millones de votos, movilizando a esa abstencin de dos millones y dndole otro bocado de otros dos millones al PSOE (que ya en aquellas elecciones baj a los cinco millones de votos), otro medio milln a IU (que se qued al borde de la desaparicin) y otro medio milln a otros partidos. El bipartidismo haba colapsado por su izquierda y el sistema poltico estaba en redefinicin.

Al inicio de 2016, sin embargo, el proceso se estanc primero y se invirti despus. Desde aquellos meses, y probablemente debido a la frustrada constitucin de un Gobierno alternativo al del PP, el espacio de la izquierda en su conjunto se estrech. Las elecciones de junio de 2016 pusieron de relieve que un milln doscientos mil votantes de izquierdas se volvieron a la abstencin, correspondiendo cien mil al PSOE y el resto a Podemos e IU. La unidad poltica entre Podemos e IU, que tanto cost articular, no pudo evitar la cada de votos, aunque s consigui evitar el descalabro en escaos, que se mantuvieron en nmero gracias a la ley electoral.

Durante el resto de 2016 y parte de 2017 todos los indicadores electorales y sociales mostraron sistemticamente la debilidad del espacio electoral de Unidas Podemos. Ello coincida con dos fenmenos paralelos: la irrupcin de la agenda nacionalista en escena, con su clmax en otoo de 2017, y la mejora de la economa y de la percepcin ciudadana al respecto. Sin embargo, hubo dos hitos que aceleraron intensamente aquel desgaste de la base electoral: la victoria de Pedro Snchez en las primarias del PSOE, en primavera de 2017 y, sobre todo, la mocin de censura a Mariano Rajoy en junio de 2018. Ambos hitos impulsaron al PSOE y redujeron casi en la misma proporcin el apoyo de Unidas Podemos. La transferencia de votos pareca haberse invertido y el PSOE comenzaba a recuperar apoyo del espacio poltico de la izquierda transformadora.

Aquella tendencia de desgaste y estrechamiento del espacio poltico de Unidas Podemos, esto es, del espacio poltico a la izquierda del PSOE, fue progresiva y sin pausa. El PSOE iba recuperando el voto perdido desde 2008, y realmente lo consegua ms por golpes de efecto que por polticas concretas. Pero fue en 2019 cuando esa situacin se agudiz en una suerte de traca explosiva. Tiene razn Pablo Iglesias cuando afirma que "las divisiones hacen mucho dao a la izquierda", y bien lo sabemos quienes adems lo hemos sufrido entre bastidores. Desde enero de 2019 se desat una oleada de escisiones que contribuy a crear un imaginario social de "desastre venidero inevitable". Gaspar Llamazares anunci que formaba un partido nuevo, provocando un incendio en IU y en Asturias; igo Errejn le imitaba en Madrid, abriendo en canal a Podemos y, de paso, a sus aliados en la regin; las derivadas de aquello supusieron nuevas dimisiones, como las de Ramn Espinar, un sinfn de acusaciones cruzadas en la plaza pblica y la decisin de Manuela Carmena de no contar con IU ni con Podemos para la candidatura de la alcalda de Madrid; EnMarea decidi escindirse en Galicia, debilitando a los ayuntamientos de Santiago, Corua y Ferrol; Comproms anunci que rompa la coalicin en Valencia; Izquierda Anticapitalista rompi con Podemos en todo el pas; el coordinador de IU en Catalua se march a ERC pero sin dimitir de coordinador para dejar el partido bloqueado Podra continuar, pero supongo que no hace falta.

Todos estos acontecimientos sucedieron en solo unos meses, los inmediatos a las elecciones generales, y fueron acompaados de grandes proclamas cnicas por "la unidad" -mientras se firmaban las escisiones- y por supuesto tuvieron una cobertura meditica apropiada para la ocasin. En algunos casos encontramos incluso candidatas de IU y Podemos que pblicamente anunciaban que no votaran a nuestras organizaciones. En el seno de IU y Podemos fuimos muy pocos los que, a riesgo de perder la familia, la salud, los amigos y probablemente la cabeza, llamamos a la calma y a la unidad. El coste en esos campos, lo reconozco, fue inmenso. Desde mi experiencia personal, han sido los peores meses de toda mi vida poltica. En este tiempo pareca imperar un "slvese quin pueda" de una naturaleza bastante irracional, y suceda tanto entre quienes se escindieron como entre quienes se quedaron agazapados esperando que los resultados de las elecciones generales nos mataran a algunos.

Pero resistimos. La campaa de las elecciones generales fue extraordinaria y la militancia se volc en la tarea de resistir. Pablo Iglesias hizo unos debates estupendos y muy bien acotados y dimos la sorpresa al resistir con un 14,3%. Parecamos haber detenido la hemorragia de votos. Con todo, el PSOE ya haba recuperado dos millones de votos desde 2015.

Las elecciones locales y autonmicas

Y as es como llegamos a estas ltimas elecciones locales, autonmicas y europeas. Hemos tenido, como espacio poltico, unos malos resultados. Y tenemos que hacer autocrtica, pausada y de vista larga, pero no podemos decir que nos sorprenda esta situacin. Hemos pagado las consecuencias de nuestros propios errores, y tambin de los aciertos de los dems. En efecto, estas elecciones han puesto de relieve que la tendencia del estrechamiento del espacio electoral a la izquierda del PSOE ha continuado. En las elecciones europeas hemos perdido 4,24 puntos respecto a las generales de hace un mes, y hemos perdido casi 8 puntos respecto a las elecciones europeas de 2014.

Tal y como vena describiendo, el PSOE ha mejorado sus resultados autonmicos una media de 7,57 puntos, mientras que nosotros hemos cado una media de 8,14 puntos. En efecto, la transferencia de votos es perceptible en un trazo grueso, pero tambin en trazo fino. En particular, el espacio de UP ha bajado ms en aquellos territorios donde el PSOE ha subido ms. Como se puede observar en el siguiente grfico, esto es bastante claro (aunque no perfecto).

Adems, las cadas han sido ms pronunciadas all donde hemos ido separados (todos los territorios con punto rojo en el grfico) y menor all donde hemos ido unidos. De media hemos cado 9,82 puntos en los territorios donde bamos separados y hemos cado un 6,62 en aquellos otros donde hemos ido juntos. Como he dicho estos das: "La unidad poltica no construye socialismo, pero fuera de la unidad slo hay destruccin".

Es llamativo tambin que, en todos los territorios, con la excepcin de Asturias, los resultados de las generales de hace un mes han sido mejores que en estas autonmicas. Pero an ms llamativo es que en las elecciones europeas, que se votaban a la vez, se han tenido mejores resultados en todos los territorios menos en Asturias y Aragn. Las candidaturas de unidad, en general, han resistido mejor.

Por otra parte, el caso de Madrid es paradigmtico. Porque la irrupcin de Ms Madrid se justific por su supuesta "competicin virtuosa", es decir, porque tericamente la divisin no restara. En realidad, el espacio poltico de Ms Madrid, Podemos e IU ha perdido 2,44 puntos respecto a lo que sac Podemos e IU en 2015. Puede decirse que Madrid sufre el mismo proceso de estrechamiento del espacio electoral que el resto del pas, si bien hay que conceder que es el territorio donde menos se pierde y donde menos gana el PSOE. Es decir, es probable que Ms Madrid contribuya mejor a frenar la huida de votos al PSOE aunque no lo consiga.

Por supuesto, ms all de los votos tambin las leyes electorales nos han masacrado en escaos all donde hemos ido por separado. El caso de Castilla y Len es representativo, pues en la provincia de Valladolid ni Podemos ni IU hemos sacado escao aun obteniendo un 4,65% y un 4,07% respectivamente y sin embargo Vox ha obtenido un escao con un 6,85%.

En el terreno municipal hemos aguantado muy bien en las pequeos y medianos municipios, manteniendo e incluso aumentando concejales en muchos territorios. Adems, hemos mantenido alcaldas tambin en ciudades de tamao medio como Cdiz o Zamora. Sin embargo, las elecciones locales estn siempre sujetas a especificidades y no pueden extraerse conclusiones categricas. Detrs de esos excelentes resultados est el gran hacer local de Kichi y Guarido, alcaldes de esas ciudades, y de sus equipos, pero no tanto de sus marcas respectivas. En efecto, Kichi ha revalidado la alcalda con el 43,59% y Guarido con el 48,08%. Sin embargo, en las elecciones europeas Podemos e IU han obtenido un 23,91% en Cdiz capital y en las autonmicas IU ha obtenido un 6,09% en Zamora capital. Este voto dual es propio de alcaldes carismticos, como tambin le sucede al alcalde del PP en Estepona, Urbano, que ha sacado un 69% en las municipales y un 33,56% en las europeas. Los toboganes funcionan.

Conclusiones

Los resultados son malos para nuestro espacio poltico. Pero frente a quienes creen que esto es la consecuencia de las habilidades y prcticas de seres individuales dotados de gran o escasa inteligencia, yo apuesto, sin restar importancia a lo anterior, por factores de fondo ms vinculados a trayectorias de medio plazo. Necesitamos un debate sereno para preguntarnos el "porqu" de estas dinmicas aqu descritas. En mi opinin, es posible que en este momento no se den las condiciones econmicas que "permitan" la existencia de una izquierda transformadora tan potente como la que hemos visto en los ltimos aos, lo que obliga a reconfigurar el espacio poltico a partir de una nueva y mejor articulacin entre los diversos actores que conformamos el mismo. Nos hemos educado en diferentes culturas polticas, tenemos distintos bagajes y disponemos de distintos recursos organizacionales (por ejemplo, en IU disponemos de una ms amplia implantacin local mientras que Podemos dispone de una ms amplia base electoral), y debemos encontrar las sinergias necesarias para cumplir nuestros objetivos. Ms coordinacin.

En el fondo se trata de un obligado cambio de estrategia que cree las condiciones de un nuevo crecimiento de nuestra base social y electoral, lo que a mi juicio pasa por insistir en la prctica en las instituciones, pero tambin con los actores sociales organizados. Me temo que hay que huir de propuestas maniqueas o simplistas, dado que los problemas complejos siempre requieren soluciones complejas.

Ello implica, a su vez, hablar de personas y relaciones sociales, por lo que nuestras organizaciones deben cuidarse mutuamente y cuidarse ellas mismas tambin. La tendencia cainita no s si ser controlable en la izquierda, pero s debera serlo la forma con la que nos dirigimos a nuestros adversarios polticos dentro de nuestro propio espacio. La beligerancia con la que buscamos culpas en el otro, por ejemplo, es absolutamente ineficaz pero tambin suficientemente lamentable.

Pero, sobre todo, es momento de pensar en profundidad qu tipo de instrumento necesitamos para hacer frente a los retos ecolgicos, econmicos y sociales que tenemos por delante las sociedades europeas. De momento, esa disputa dista de resolverse por la izquierda, como estamos viendo en el norte de Europa, y las amenazas son muy elevadas para las familias trabajadoras. Y replantearse esto significa preguntarse con honestidad por qu no llegamos como nos gustara a la base social que decimos representar, estando dispuesto a dudar de todos nuestros prejuicios ("de omnibus dubitandum" repeta Marx). Somos herederos, o al menos as lo siento yo, de todos los hombres y mujeres a los que haca referencia al principio de este artculo, y les debemos una lucha que exige una adecuada comprensin de la realidad y el contexto. Los instrumentos han de adecuarse a cada contexto. El siglo XXI est construido de nuevas relaciones sociales, tecnolgicas e institucionales que apenas podan vislumbrarse hace doscientos aos y que los actores polticos no pueden ignorar. Las estructuras sociales estn cambiando en direcciones que hubieran sido impensables en la poca en la que se ide la "metfora socialista" y los smbolos han cambiado sus significados en todo este tiempo. Poner en cuestin las conexiones ideolgicas, materiales y prcticas con las que nos relacionamos con nuestros votantes es un paso imprescindible para avanzar. La terquedad y el dogmatismo no ayudarn en absoluto.

Deca Manuel Sacristn que en tiempos de derrota de la izquierda transformadora hay dos pulsiones o tentaciones que deberan evitarse. Una es la entrega a la causa socialdemcrata, que se producira como resultado de la prdida de confianza en los instrumentos que han sido derrotados. Esto es lo que l identifica como la "tradicin de derecha". La otra pulsin es la atrofia poltica que se produce ante la ausencia de perspectivas tras la derrota y que llevara a la "inhibicin de las luchas posibles" o de los "objetivos intermedios", con la fe depositada en la mstica expectativa de que "algo pasar" que cambie nuestras posibilidades reales. Esto es lo que siempre se ha llamado izquierdismo. Esta frmula de desconexin social es muy propia de los momentos como estos y es muy atractiva porque es autocomplaciente.

Me temo que ambas pulsiones surgirn en estos meses y que el elemento en comn que mantienen es su rechazo a la unidad poltica del espacio que se ha estado construyendo hasta ahora. Sin embargo, creo que la mejor herramienta pasa por reforzar esa unidad y por debatir y descubrir cmo somos capaces de aprovechar la potencialidad de este espacio poltico que, aunque disminuido actualmente, representa lo mejor de este pas. Algunos seguiremos dedicando nuestro tiempo y energas a construir esta posibilidad.

Fuente: http://www.eldiario.es/tribunaabierta/necesaria-autocritica_6_904019590.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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