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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-06-2019

Educacin poltica en el pensamiento de Gramsci

Marlon Javier Lpez
Rebelin


En virtud del deterioro actual de la democracia, la elaboracin de un lenguaje crtico y de posibilidad se vuelve una necesidad imperiosa. Se trata de reconstruir nuevas formas discursivas que no solamente fijen su mirada en los aspectos antihumanistas y antidemocrticos del capitalismo actualmente existente, sino que, al mismo tiempo, irradien alternativas esperanzadoras. La obra de Gramsci cobra especial importancia en este sentido, en la medida en que nos permite entender a las escuelas como parte de un conjunto mayor de relaciones de poder. De este modo, la lucha por la escolaridad implica no olvidar ni alejarse de la lucha en favor del cambio social (Giroux, 2000, p. 124). Antonio Gramsci, gracias a conceptos como el de Hegemona cultural y su idea de Intelectuales orgnicos, redefini completamente el modo de entender la poltica, centrando la atencin en los aspectos que la vinculan con las prcticas culturales, relaciones y discursos educativos.

Cultura y poltica

An en la actualidad la izquierda no ha sido capaz de vislumbrar correctamente la relacin entre la cultura, la poltica y la produccin de identidades. La obra de Gramsci, apunta en esa direccin, constituyendo uno de los ms profundos y vigorosos esfuerzos por poner de manifiesto el papel de la educacin en las configuraciones polticas, mediante el anlisis del contexto emergente de inicios del siglo XX. No se trata simplemente de comprender la nueva funcin de la cultura y sus consecuencias polticas, se trata, ante todo, de esclarecer cmo transformar las distintas esferas culturales en espacios de lucha y resistencia, animados por un nuevo tipo de intelectuales capaces de romper con la polarizacin caracterstica de la sociedad contempornea, entre una intelectualidad, que sabe pero no comprende, y el elemento popular que siente, pero no sabe. Es un error creer que se puede saber sin comprender, no se hace historia-poltica sin pasin, esto es, sin estar sentimentalmente unidos al pueblo, esto es, sin sentir las pasiones elementales del pueblo, comprendindolo, o sea explicndolo. (Gramsci, 1981, p. 164)

Al igual que el resto de esferas culturales, las escuelas son el resultado de luchas de significado, sometidas a mecanismos permanentes, que involucran al conjunto total de los actores sociales. En este punto cobra relevancia lo que Gramsci denomin sociedad civil, la cual define como la hegemona poltica y cultural de un grupo social sobre la sociedad entera como contenido tico del Estado. (Gramsci, 1984, p. 28) Se trata pues del espacio pblico desde el cual es posible reorganizar las energas de la ciudadana en torno a actos de afirmacin, resistencia y lucha.

Bajo estas coordenadas, la educacin se vincula a un proyecto de democracia radical, en oposicin a las visiones conservadoras, las cuales la relegan a ser una actividad centrada en la produccin de tecncratas y toda clase de expertos profesionales (Giroux, 2000). El dedicado esfuerzo llevado a cabo por Gramsci, con el propsito de entender cmo se vincula la cultura, el conocimiento y el poder, as como sus estudios acerca de las relaciones de la vida cotidiana, nos permite extender la esfera de lo poltico, sealando los diversos espacios en los que se despliega el poder. Permiten asimismo entender de manera acertada la relevancia de la cultura popular, evidenciando el vasto espacio pblico en el que tiene lugar la educacin y el ejercicio de la poltica.

Educacin y cultura

Una pedagoga radical debe tener muy presente que la educacin es una forma de intercambio y de produccin cultural. En este sentido, los educadores crticos deben abordar el modo en el que el conocimiento es producido, mediado y representado dentro de relaciones de poder tanto dentro como fuera de las instituciones educativas.

Es necesario prestar atencin a la forma en la cual los estudiantes construyen activamente las categoras de significado que prefiguran el modo en el que ellos producen el conocimiento y reaccionan ante l; aquellas instancias que moldean sus experiencias, permitindoles definir y construir su sentido de identidad poltica y cultural (Giroux, 1997).

El estudio de la cultura popular adquiere en este punto una importancia crucial, proporcionando la posibilidad de entender el modo en el que las formas culturales, centradas en la afeccin y el placer, condicionan las relaciones de la gente con los procesos de aprendizaje, as como la poltica de la vida cotidiana, en aras de considerar la totalidad de elementos que organizan las subjetividades; pues si bien es cierto que la produccin de significado constituye un elemento esencial en la configuracin de la subjetividad, dista mucho de ser el nico que interviene. La produccin de significado es inseparable de las implicaciones emocionales y de la produccin de placer. Estos aspectos, en su conjunto, determinan las identidades de los individuos y grupos sociales en relacin a s mismos y a su visin del futuro.

La dialctica de la cultura popular

En contraposicin a las visiones unilaterales que prevalecen acerca de la cultura popular, la obra de Antonio Gramsci proporciona una base terica profunda para su anlisis. El trmino Gramsciano de hegemona redefine los principios que moldean las relaciones entre las clases en las sociedades contemporneas. El liderazgo hegemnico es el que explica, ms que el uso de la fuerza, el ejercicio de control de parte de las clases dirigentes en una determinada sociedad. El concepto de hegemona hace referencia a la lucha por asegurar el consentimiento de los grupos subordinados ante el orden social existente.

En su esfuerzo por sealar los diversos aspectos por los cuales tienen lugar los procesos de construccin hegemnicos, Gramsci ilumina los modos complejos mediante los cuales el consentimiento se estructura, como parte de un proceso pedaggico activo en la vida cotidiana. De esta forma, el concepto de hegemona seala importantes consideraciones relacionadas con la forma en que las distintas prcticas culturales, polticas y econmicas definen lo que l llama sentido comn. La disputa por el consentimiento posee una carga poltica y pedaggica, en la medida en que atraviesa una serie de procesos constantes de aprendizaje, elaboracin y reelaboracin de valores y reestructuracin de las relaciones de poder.

Es importante subrayar que no se trata de ninguna polaridad entre una cultura dominante y una cultura subordinada. El proceso de lucha por la hegemona relaciona la cultura popular con el consentimiento, no dejando lugar para ningn tipo de esencialismo cultural (Giroux, 1997, p. 221). En lugar del desplazamiento entre visiones del mundo rivales, lo que tiene lugar es una permanente transformacin del terreno ideolgico y cultural. Los grupos dominantes, en aras de lograr el consentimiento de los grupos dominados se ven obligados a articular algunos intereses y valores de estos. Del mismo modo, los distintos espacios de resistencia y afirmacin de las culturas subordinadas, llevan la obligacin de negociar aquellos aspectos apropiados por la cultura dominante y aquellos que mantienen como sea de clase de sus deseos e intereses. Por ello, es imposible pensar que la cultura dominante se encuentre en algn momento en estado puro, no contaminado; lo mismo vale para el caso de la cultura de los grupos subordinados.

En el pensamiento de Gramsci, la hegemona y la educacin establecen una relacin dialctica. La realidad social es asumida por el filsofo como una red de relaciones mviles, que transforman y reconstituyen permanentemente al sujeto, tanto en su dimensin individual como colectiva. En tal sentido, la hegemona implica un proceso siempre en permanente construccin, disputa y renegociacin del sentido comn.

No se trata de un proceso externo a los sujetos, sino puesto en marcha por ellos mismos. Por tanto, la dominacin nunca es ejercida por imposicin, sino ms bien, por medio de una naturalizacin del control social. (Jarpa, 2015) El sentido comn se construye bajo la complicidad de los dominados, alimentando el conformismo y creando un estado de aceptacin y naturalizacin de las condiciones impuestas por la ideologa hegemnica.

La educacin es crucial en la construccin de lo que Gramsci denomina bloque histrico. Los intelectuales no se definen por el trabajo que hacen, sino por el rol que desempean, como aquellos destinados a liderar tcnica y polticamente a la sociedad. Resulta falaz, entonces, caracterizar a la educacin como una actividad neutral, en la medida en que se encuentra vinculada a la realidad cultural, social, poltica y econmica sedimentada como concepcin del mundo en la ideologa dominante. Gramsci se opondr, tanto a los enfoques positivistas que defienden un conocimiento sin sujeto, como a los enfoques libertarios que insisten en el sentimiento y la emocin desligndolos de la realidad social e histrica:

El inters de Gramsci por los hechos y el rigor intelectual en sus escritos sobre educacin nicamente tienen sentido como una crtica debidamente razonada de aquellas formas de pedagoga que separan los hechos de los valores, el aprendizaje de la comprensin y el sentimiento de la inteligencia. (Giroux, 1990, p. 254)

Por otro lado, la educacin agrega una dimensin moral, en el deber ser inherente a su fin. Es por eso que toda relacin hegemnica es una relacin pedaggica (Gramsci, 1986, p. 210). Todo educador tiene que elegir, de manera responsable, entre generar los vnculos orgnicos que perpeten la ideologa dominante, o elevar el nivel de consciencia para construir disenso o cuestionamiento, asumiendo posiciones de liderazgo que contribuyan a generar sociedades humanas, emancipadas de la explotacin.

Conclusiones

La educacin cumple una funcin poltica en el pensamiento de Gramsci. Esto es as en un doble sentido. Primero, a medida que prepara a los ciudadanos para ejercer un rol en la sociedad, dotndolos del nivel cultural y tcnico indispensable para el mantenimiento del orden imperante. En segundo lugar, porque como parte de la superestructura se vuelve productora y transmisora de ideologa.

La escuela es uno de los principales medios a travs de los cuales todo Estado cumple la funcin de construir y difundir las costumbres, prcticas y actitudes que sostienen un especfico tipo de civilizacin. La profunda comprensin de este hecho constituye un importante aporte a la educacin de parte del filsofo italiano.

Los educadores, como intelectuales orgnicos, tienen la tarea de consumar el nexo entre la instruccin y la educacin. En el proceso de construccin hegemnica, la escuela acta sobre un entramado de relaciones sociales, configurando un sistema de valores culturales, activo y dinmico, en permanente transformacin.

En este sentido la educacin posee un importante aspecto tico, el cual est definido por la norma de conducta que debe regir a la humanidad en trminos genricos. Existe, entre la moral y la poltica, una tensin dialctica. En esta relacin, el lugar predominante pertenece siempre a lo poltico, dada la imposibilidad para cada individuo de abstraerse de lo social. Por esta razn, la escuela opera desde una funcin tica y poltica, la cual le otorga la tarea de organizar los aspectos centrales dentro de la formacin del Estado, -y por tanto, dentro de la superestructura ideolgica de la sociedad- en la formacin de consenso hegemnico. Dicha tarea, en definitiva, se reduce a elevar formativamente a la poblacin al nivel correspondiente con las necesidades de las clases dominantes.

En ese sentido, una educacin liberadora debe comprender un proceso gradual que busque estimular la personalidad de los grupos sociales en su totalidad, desde sus primeros aos hasta la edad madura; especialmente la de los grupos explotados, marginados y subordinados dentro del capitalismo. La educacin debe ser capaz de dotar a los oprimidos de la capacidad de cuestionar la realidad, asumir liderazgo y crear nuevos argumentarios favorables a una propuesta de cambio radical.

Referencias bibliogrficas

Giroux, H. (1990). Los profesores como intelectuales. Hacia una pedagoga crtica de los aprendizajes. Barcelona: Paidos/M.E.C.

Giroux, H. (1997). Cruzando Lmites. Trabajadores culturales y polticas educativas. Barcelona: Editorial Paids.

Giroux, H. (2000). La inocencia robada. Juventud, multinacionales y poltica cultural. Madrid: Ediciones Morata, S. L.

Gramsci, A. (1984). Cuadernos de la crcel (Vol. 2). Mxico D.F.: Ediciones Era S.A. de C.V.

Gramsci, A. (1981). Cuadernos de la crcel (Vol. 3). Mxico D.F.: Ediciones Era S.A. de C.V.

Gramsci, A. (1986). Cuadernos de la crcel (Vol. 4). Mxico D.F.: Ediciones Era S.A. de C.V.

Jarpa, C. G. (2015). Funcin poltica de la educacin en el pensamiento de Antonio Gramsci. Cinta moebio, 124-134.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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