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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-06-2019

Vaco estratgico: el Gobierno como objetivo

Manolo Monereo
El Viejo Topo


Puede la izquierda gobernar con un programa de izquierda? Las limitaciones impuestas por las frreas estructuras de poder a nivel nacional y supranacional son tan enormes que pueden abocarnos a un reformismo sin reformas sustanciales.

I

Propsito. Hace unos das que se realizaron las elecciones generales y, cuando se publique este artculo, se habrn celebrado autonmicas, municipales y europeas. Esto tiene sus ventajas e inconvenientes, soy consciente de ello. Lo importante, abrir un debate en Unidas Podemos y, ms all, en la izquierda espaola desde la conciencia de que estamos en un fin de ciclo y que iniciamos una nueva estabilizacin del Rgimen del 78; entrecomillar estabilizacin tiene mucho de advertencia: la etapa histrica es, a nivel global, de excepcin, de mutacin, de cambios profundos que, de una u otra forma, afectarn a nuestro pas.

Para debatir sobre Podemos tenemos una dificultad: es un partido-movimiento grafo: no tiene programa, no emite resoluciones polticas y sus rganos de direccin suelen refrendar lo que se discute y se decide en otras partes. Es el secretario general quien define y deslinda las grandes decisiones y lo hace en ruedas de prensa, en libros y, sobre todo, en informes orales de los que no quedan resmenes escritos ni conclusiones. Saber lo que piensa Podemos no es nada fcil.

II

La extraa soledad del reformista. No hace demasiado tiempo Pablo Iglesias, en un programa de Fort Apache, hizo una reflexin que conviene tener en cuenta: por qu, con nuestro programa tan moderado, nos atacan tanto? La sinceridad iba unida a la veracidad. Los ataques contra Podemos han sido especialmente duros, sistemticos y planificados. Algunos le hemos llamado trama, una alianza entre poderes econmicos, clase poltica y las llamadas cloacas del Estado. Sin este poder de poderes no es inteligible lo que pasa en la poltica espaola.

Volvamos a la pregunta de Iglesias. Lo que se viene a decir es que el reformismo, fuerte o dbil, ya no es posible tampoco en nuestras sociedades europeas. Esto es lo nuevo. Podramos caracterizar la fase lo he hecho alguna vez del siguiente modo: reformismo imposible, revolucin improbable. Estos son los dilemas reales de la izquierda europea; mejor dicho, de la izquierda en cada uno de los pases pertenecientes a la Unin Europea. El debate es viejo, cmo se es revolucionario en condiciones histrico-sociales no revolucionarias? Para decirlo de otro modo, cmo luchar por el socialismo en sociedades capitalistas avanzadas, enormemente estables y que han tenido, hasta ahora, la capacidad de usar el conflicto social como instrumento de desarrollo y estabilizacin?

No quisiera entrar en viejas polmicas. Solo constatar que en Europa apenas ha habido dos o tres coyunturas revolucionarias a lo largo de ms de un siglo; lo que realmente ha existido son dursimos conflictos de clase en torno a reformas, a conquistas sociales para las clases trabajadoras que han cambiado profundamente nuestro entorno social. En su centro, una clase obrera organizada y partidos de masas que han actuado como agencias que han socializado la poltica, desarrollado la democracia y generado eso que se ha llamado el Estado social.

Pero esto es ya el pasado. Lo nuevo es que el sistema no admite reformas sustanciales, reformas estructurales o reformas no reformistas como nos plante hace muchos aos Andr Gorz. El pensamiento nico neoliberal se ha convertido en poltica econmica nica que todos los Estados, de una u otra manera, estn obligados a realizar. Se ha hablado mucho de candados en la Transicin espaola. El candado ms potente ahora lo forman los Tratados europeos que, como es sabido, constitucionalizan las polticas neoliberales y que consagra el artculo 135 de la Constitucin espaola. S que hablar de esto es polticamente incorrecto y que de la UE no se habla, ni siquiera en las elecciones europeas. Algn da alguien dir que el rey est desnudo y aparecer el sistema euro como una jaula de hierro, como una trampa que impide realizar polticas sociales avanzadas y, sobre todo, afrontar nuestro problema ms acuciante, construir un nuevo modelo de desarrollo social y ecolgicamente sostenible comprometido con la democracia participativa y defensor de la soberana popular.

El tema se puede mirar desde otro punto de vista: qu poder real tienen hoy los gobiernos de los pases de la UE? Menos que antes, mucho menos. El politicismo todo lo confunde y esto mucho ms. De aqu no cabe deducir que gobernar no tenga ninguna importancia. Los gobiernos, bueno es recordarlo, no tienen soberana monetaria ni, en muchos sentidos, fiscal; estn estructuralmente limitados por poderes ajenos que los convierten en periferias econmicamente dependientes y polticamente subalternas de un centro organizado en torno a Alemania. Lo que intento decir es que gobernar, aqu y ahora, exige plantearse en serio cambiar las relaciones de Espaa con la UE; es decir, prepararse para un conflicto especialmente duro, claro est, siempre que se est dispuesto a realizar reformas de verdad y no meras correcciones del modelo.

Si algo ha quedado claro, antes y despus de las elecciones, es que el gobierno de Snchez considera los criterios de la Comisin Europea punto de partida imprescindible para la gobernabilidad del pas. No nos engaemos ni tampoco engaemos; el contenido del consenso de los poderes econmicos son las reglas que vienen de Bruselas. La soberana limitada de Espaa es la condicin de su fuerza y su capacidad para influir en los gobernantes. Alguien cree, a estas alturas, que se puede nacionalizar el sector elctrico sin enfrentarse a la Comisin? Alguien cree realmente que se puede intervenir el sector financiero y crear una banca pblica con la aprobacin de Bruselas? Se ha dicho que un gobierno de izquierdas tiene que escoger entre traicionar o perecer. Lo que queda claro es que debe elegir entre resolver los problemas vitales y reales del pas y sus gentes y unos criterios impuestos por los poderes econmicos europeos.

Esto va ms all de la economa y afecta a la democracia y a la soberana popular. Gobierne quien gobierne, se acaban haciendo las mismas polticas o parecidas. Se degradan los derechos laborales y sindicales, el Estado social entra en una crisis permanente y renace la pobreza en contextos de desigualdad extrema. El da a da puede dejarnos sin estrategia, pero, si esto no cambia, es decir, si las polticas neoliberales no son, de una u otra manera, superadas, los problemas actuales se agravarn, los populismos de derechas seguirn creciendo y los nacionalismos se irn imponiendo en nuestras sociedades. Nuestras democracias solo son viables si se identifican con la justicia social, si fortalecen el poder contractual y de negociacin de las clases trabajadoras, si son capaces de controlar a los poderes econmicos y ofrecer a las mayoras sociales seguridad, proteccin y un orden democrtico.

Insisto, gobernar importa, pero hay que subrayar sus lmites, prevenir sus conflictos y, sobre todo, saber que la UE impone restricciones extremadamente exigentes a todos los gobiernos que intentan ir ms all del modelo neoliberal vigente. Este es el verdadero ncleo duro de un proceso de integracin que, justo es decirlo, est en crisis en todas partes.

III

Crisis de rgimen? restauracin vencedora? Vivimos al da, de acontecimiento en acontecimiento. La lnea es siempre la misma: de la direccin poltica a los medios y de stos, a las instituciones: se cambia de posicin poltica sin decirlo ni someterlo a debate; es un decisionismo permanente. Hablar de estrategia es no decir ya casi nada. Ahora que se cierra un ciclo electoral, convendra plantearse en serio lo que, hasta hace no mucho tiempo, era un debate de fondo: est en crisis el Rgimen del 78? Uno puede recitar la Constitucin como elemento de propaganda poltica para sealar la contradiccin ms evidente entre norma y realidad. Lo que no se puede es eludir el dato de que nuestra Constitucin tiene un carcter cada vez ms nominal, menos normativo y que elementos sustanciales de la misma (destacadamente la llamada cuestin territorial) estn en crisis.

Lo que est ocurriendo es que la correlacin de fuerzas est cambiando en favor de los partidos que defienden la continuidad de este rgimen. Se podra decir de otra forma: se est agotando el impulso transformador del 15M y, con ello, las posibilidades de un proceso constituyente en sentido estricto y de una revisin a fondo de la vigente constitucin. El proceso electoral ha dado muchas seales del cambio de esta atmsfera social: desmovilizacin colectiva y movilizacin individual, privada; miedo e inseguridad vividos en familia y, lo fundamental, la desaparicin de la actuacin colectiva, solo visible en los actos de Vox.

En el debate electoral, la cuestin catalana perdi su centralidad, al menos, fuera de Catalua. La derecha intent seguir tirando de ella, pero no tuvo capacidad de convertirlo en un debate real. En el pasado, en la izquierda, se distingui entre crisis de Rgimen y crisis de Estado; hoy parecera que la crisis de Rgimen devino crisis de Estado. Los que pensaron que el Estado espaol no exista, que iba a permanecer impasible ante su posible desmembracin, se han dado cuenta que ha salido fortalecido del envite y, lo que es ms grave, ha emergido un nacionalismo espaol con vocacin de masas. En plena campaa, Pablo Iglesias citando a Hctor Illueca habl de que estas elecciones tendran un contenido materialmente constituyente, es decir, que de una u otra forma, los problemas de fondo jurdico polticos que requieren de reformas sustanciales, seguirn estando presentes y que debern resolverse, destacadamente la cuestin territorial.

IV

Pablo y la ballena. Comentar unos resultados electorales invita a la melancola. Todo el mundo gana, o casi, y pocos reconocen las derrotas. El campo poltico tiene sus reglas y tiende, sobre todo en etapas de normalidad, a ser auto referencial. Polticos, periodistas y encuestadores acaban definiendo posiciones, vencedores y vencidos, que terminan por construir expectativas que el resultado final confirman o niegan. Con el tercer peor resultado de su historia, el PSOE aparece como claro vencedor; el PP sufre una dursima derrota; Ciudadanos se dispone a hegemonizar el bloque de las derechas y emerge con fuerza Vox. Unidas Podemos salva lo muebles con un duro retroceso en escaos y en votos. La campaa electoral ha estado marcada por el miedo, por los miedos transversalizados y la carencia de propuestas polticas claras y solventes que solo Unidas Podemos ha intentado remediar. Pedro Snchez e Ivn Redondo se vea venir desde hace tiempo convirtieron su gobierno en una plataforma poltico-meditica: gobernar para ganar unas elecciones. As desde el primer da. Cada iniciativa, cada pacto, cada ocurrencia, se converta en instrumento para conseguir rditos electorales. Convendra recordar que el gobierno del PSOE nunca intent dar cohesin y coherencia a lo que se llam la mayora de la mocin de censura y que los pactos con Unidos Podemos fueron muy difciles y bajo el ritmo que al gobierno le interesaba. Pablo Iglesias ha llamado a estos acuerdos tomaduras de pelo.

No hace falta ser un genio para comprender que la estrategia de Pedro Snchez no ha variado en lo sustancial: volver a convertir al PSOE en la fuerza central de la gobernabilidad del pas y que para ello era decisivo recuperar una clara mayora en la izquierda; es decir, reducir lo ms posible a Unidas Podemos. El PSOE, desde su refundacin en Suresnes, siempre ha tenido claro que compartir la izquierda, reconocer su pluralidad interna y buscar acuerdos de gobierno era radicalmente contrario a su estrategia poltica. Pedro Snchez ha sido fiel a esta doctrina desde el principio. La campaa electoral ha sido un fiel reflejo de esto. Polarizarse con las derechas, sobredimensionar el factor Vox y reclamar el voto til para parar la involucin que nos amenazaba. Solo le sali mal la jugada de los debates. Tezanos acert, de nuevo, poniendo en pie una vieja tesis suya: la derecha no gana, pierde la izquierda; por eso, la clave era tensionar, usar el miedo a fondo y movilizar a la izquierda. Se intent ir ms lejos, ocupar el espacio de Ciudadanos centrndose an ms y convirtindose en la nica fuerza de gobernar desde un talante moderado, sensato y racional.

La campaa de Unidos Podemos fue una audaz y tpica estrategia populista: a) aprovech a fondo las revelaciones del caso Villarejo para criticar a los poderes econmicos y a los grandes medios de comunicacin; b) denunci la injerencia permanente del capital financiero y de las grandes empresas en la vida poltica, en los partidos y en la formacin de los gobiernos; c) critic moderadamente al PSOE por su tradicional incapacidad para enfrentarse a los que mandan y no se presentan a las elecciones; d) y, genialidad, convertir su apuesta de gobernar con Pedro Snchez en una reivindicacin social, en una conquista democrtica contra los poderes fcticos.

Esta estrategia electoral ha continuado despus de las elecciones y ha ayudado mucho a aliviar los malos resultados. Aqu entra en juego una compleja relacin entre percepcin y realidad. Dado que las encuestas vaticinaban un resultado mucho peor que el obtenido, la percepcin de los mismos no es tan negativa. Esto es verdad, una media verdad que puede dar rendimientos, pero que no puede ocultar la prdida de peso social de una fuerza poltica que naci con voluntad de mayora y de gobierno y que entra en lo que, en otro lugar, he llamado problemtica IU. Se tiende a olvidar que las percepciones no son arbitrarias y que tienen fundamentos sociales. Cuando se dice que la percepcin de los resultados de Unidas Podemos son mejores que los resultados mismos, no se tiene en cuenta que sta estaba tambin marcada por un 21% de votos obtenidos y por 71 diputados en los anteriores comicios. Los prximos estarn marcados por los resultados de 2019.

La autocrtica de Unidas Podemos ha sido dbil, centrada fundamentalmente en las crisis internas y sucesivas de Podemos. Hay un silencio clamoroso que todos vivimos y de lo que no se habla. Me refiero a la crisis poltico-organizativa de Podemos. La cuestin viene de lejos, se puso de manifiesto en las elecciones de Junio de 2016, en las pasadas andaluzas y estalla en las de 2019. Podemos ha perdido militancia, activismo, compromiso. Los crculos han ido languideciendo y la vinculacin social cada vez est ms diluida. La articulacin organizativa bsica lo es a travs de los cargos pblicos e institucionales y el trabajo real ha ido pasando a profesionales asalariados. Las nuevas formas de hacer poltica se han reducido a la aprobacin on line de programas y listas electorales, la pluralidad interna ha ido desapareciendo y, paradjicamente, se hace ms conflictual. Podemos se ha ido cartelizando y convirtindose en la forma usual, hoy dominante, de hacer y practicar la poltica.

La problemtica IU, que ninguna percepcin social puede borrar, es que, si queremos tener ms fuerza en el futuro, mayor capacidad para tener alianzas y gobernar, necesitamos ms organizacin, mayores vnculos sociales y generar un tipo de ejercicio de la poltica que vaya ms all de los cuadros profesionales. La poltica es algo ms que aparecer en los medios de comunicacin, tener poder institucional y gestionar parcelas gubernamentales.

V

Conclusin: gobernar como objetivo; gobernar como problema. El se hace pero no se dice nunca ha sido una buena directriz poltica y suele ocultar derrotas profundas. El paso siguiente es convertir la ruptura en reformas y, lo que es nuestra costumbre nacional, restauraciones permanentes. Cambiar todo para que sigan mandando los grandes poderes; en el horizonte, pasar del bibloquismo al bipartidismo en cmodos plazos.

Podemos, Unidas Podemos, han construido un programa que en su centro tena la voluntad de constituir una mayora social capaz de gobernar y dirigir el pas. Durante aos esto se fue convirtiendo en una identidad. Lo que hoy se est defendiendo es otra cosa, gobernar con el PSOE como socio minoritario. Podemos retorcer las palabras hasta ahogarlas; lo que no podemos es engaarnos a nosotros mismos. Convertir a Unidas Podemos en una fuerza poltica que tenga como objetivo gobernar con Pedro Snchez supone un cambio de poltica. Podremos decir que no hay alternativa, que no tenemos eleccin y hasta que no hay ms cera que la que arde, pero la realidad es tozuda y se venga de quienes la desconocen.

Antes he hablado de la genialidad de Pablo Iglesias al convertir la propuesta de gobernar con el PSOE en una reivindicacin social anti oligrquica. As mismo, he sealado que el poder de los gobiernos es hoy menor que antes y que las polticas neoliberales estn slidamente constitucionalizadas en la UE y, derivadamente, en Espaa. Hay un dato del que poco o nada se habla: el programa.

La experiencia de estos ltimos meses de aliados preferentes del gobierno de PSOE nos dice que hay diferencias y que estas son muy importantes. Gobernar es siempre producto de una determinada correlacin de fuerzas sociales y electorales, de una subjetividad organizada.

Por otro lado, el Partido Socialista sigue con su guion conocido de gobernar en solitario y con geometra variable de alianzas. Las prximas elecciones municipales, autonmicas y europeas sern, a este respecto, especialmente significativas.

La pregunta sigue siendo pertinente: Por qu el PSOE va a querer gobernar ahora con Unidas Podemos cuando casi los triplica en nmero de diputados? Por qu no antes, cuando eran fuerzas similares?

Fuente: https://www.elviejotopo.com/articulo/vacio-estrategico-monereo/



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