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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-06-2019

Entrevista a Bixen Mujika compaera de Juanra Aramburu
La deportacin, un castigo sin final

Koldo Durreit
Pakito Arriaran


A mediados de los aos 80, los gobiernos de Madrid y Paris, dirigidos por Felipe Gonzlez y Franois Mitterrand, pusieron en marcha una estrategia represiva contra los militantes vascos que hoy en da an acarrea consecuencias para las y los que la sufrieron en primera lnea, y tambin para sus familiares y amigos. El mtodo, en la mayora de los casos, consista en deportar a los militantes a terceros pases que, a cambio de mantener en sus territorios controlados a las vascas y vascos, reciban importantes desembolsos econmicos que Francia y Espaa cargaban a sus erarios pblicos disfrazados de ayudas al desarrollo.

Las deportaciones iniciaron en 1984, supuestamente a propuesta de Paris que buscaba una alternativa a las extradiciones de militantes vascos exigidas por Madrid pero que no convencan al ejecutivo galo por las posibles reacciones en contra que pudiesen suscitarse en Francia contra esa medida. Tambin eran los tiempos del GAL, los grupos parapoliciales espaoles que asesinaron a varias decenas de refugiados vascos en el Pas Vasco norte, bajo administracin francesa, y que suponan una presin aadida contra el ejecutivo galo para que implementase medidas represivas contra la comunidad de refugiadas y refugiados vascos residentes en su territorio.

Esta medida represiva afect a 74 personas, y los pases receptores fueron los africanos de Argelia, Sao Tom, Togo, Gabn y Cabo Verde, y tambin los latinoamericanos de Venezuela, Cuba, Repblica Dominicana, Panam y Ecuador. La mayora de ellos recibieron a cambio ayudas que figuraron en las cuentas de Madrid y Paris como crditos del Fondo de Ayuda al Desarrollo (FAD). Y hasta donde se ha podido saber, los montos de algunos de esos crditos fueron los siguientes: Argelia 376, 706 millones de euros; Ecuador: 296,260 millones de euros; Venezuela 200,103 millones de euros.

A cambio de esas ayudas los pases reciban a las y los deportados asegurando a los gobiernos europeos mantener bajo su control a las y los militantes vascos. De esta manera, las deportadas y deportados quedaban en estos pases en un verdadero limbo jurdico. Primero porque en el momento de su detencin en el Estado francs nunca tuvieron la oportunidad legal de oponerse a la deportacin, medida que ya per s no existe en el ordenamiento jurdico internacional, y sindoles aplicada una razn de estado sin base jurdica alguna. Y segundo, porque la misma razn de estado que impuls la medida represiva se haca extensiva a los pases receptores, quienes nicamente respondan a acuerdos polticos y administrativos, sin ningn tipo de base legal, con los gobiernos de Espaa y Francia. Esto ha llevado a que an hoy en da, 34 aos despus, algunos de los deportados no tengan documentos de residencia en su pas de acogida.

Las condiciones de vida de los deportados ha sido, y es, muy diversa, tanto como puedan ser las condiciones polticas y socio-econmicas de los pases donde se encuentran, y algunas veces han tenido que contar con la ayuda aportada desde Euskal Herria para hacer frente incluso a su manutencin. Pero en general, las y los deportados se han integrado a esas sociedades, rehaciendo sus vidas lo mejor que pueden y aportando tambin con su trabajo e iniciativa, aunque el objetivo de regresar a Euskal Herria sigue siendo su sueo ms recurrente y su reivindicacin ms sentida.

A ello hay que aadir el enorme esfuerzo econmico, psicolgico y humano que ha supuesto la deportacin para las familias y los amigos de los deportados, obligados a desplazarse hasta esos lejanos lugares desde Euskal Herria para mantener un mnimo contacto con sus allegados, quienes no hay que olvidar, no viajaron hasta all de manera voluntaria, sino que fueron objeto de una medida represiva en su contra y nunca han renunciado a su lucha ni tampoco a regresar a su pas para seguir aportando en el proceso de liberacin de Euskal Herria. Incluso se han dado casos de familiares de deportados a los que se ha prohibido viajar utilizando ciertas rutas areas para ir a visitar al deportado simplemente por ser familia del militante, dejando ver que para algunos ser familiar de una o un deportado constituye en s un delito. Es el caso del hermano y la cuada de Jos ngel Urtiaga, deportado en Cuba, a quienes el gobierno de EEUU prohbe la utilizacin de su espacio areo simplemente por ser familiares del militante vasco.

Hoy, 34 aos despus de las primeras deportaciones el limbo jurdico en el que se encuentran estos militantes sigue en s mismo. Todos esos aos no se computan en ningn caso, lo que hace de la deportacin una condena aadida. Incluso despus de permanecer varios aos deportados algunos de ellos fueron extraditados y an siguen presos en el Estado espaol. Como en el caso de Iaki Arakama Mendia, deportado de Argelia a la Repblica Dominicana y de ah entregado a Madrid. En otros casos, el estar custodiados en todo momento por las fuerzas de seguridad no impidi que fueran torturados salvajemente durante das y das por policas espaoles con la complicidad de las autoridades locales. Es el caso de ngel Aldana y Alfonso Etxegaray en Ecuador. Otros 11 han fallecido por accidentes o causas naturales mientras estaban deportados. Tambin son muchos los que han regresado a sus pueblos y barrios en Euskal Herria a medida que las causas judiciales donde se les implicaba han ido quedando sin efecto.

Ahora an 12 militantes vascos permanecen deportados en varios pases de frica y Amrica Latina, padeciendo esta modalidad represiva que, como dicen ellos mismos, produce un desarraigo total. Y sin embargo, los gobiernos espaol y francs se han desentendido completamente del tema y ninguna de las denuncias de la situacin ha tenido efecto alguno para acabar con una medida represiva que se ha perpetuado en el tiempo a pesar de los nuevos aires polticos que soplan en Euskal Herria y que exigen dar una salida a las consecuencias del conflicto para ir construyendo una nueva convivencia. Y para ello ser obligado ir desactivando todas las medidas represivas implementadas que, como la dispersin de los presos, la deportacin o la existencia an de decenas de exiliados, no tienen lugar en esta nueva situacin poltica.

Con el temor a reabrir heridas, pero tambin con el deber de denunciar y dar a conocer una situacin represiva enquistada por la cerrazn de Madrid y Paris para abrir nuevos tiempos en Euskal Herria, nos hemos dirigido a Bixen Mujika, la mujer de Juan Ramn Aramburu, militante de Ordizia deportado por el gobierno francs en febrero de 1989 a Cabo Verde, donde falleci el 10 de agosto de 1989 a los 37 aos.

Cuando Juanra fue detenido en Miarritze en 1985 tena vigente el Estatuto de Refugiado Poltico, lo que tericamente le protega de ser extraditado o expulsado. Por qu el Estado francs viol su propia legalidad y despus de cumplir condena en la crcel de Baiona y ser confinado deport a Juanra a Cabo Verde? Cul era la situacin de los refugiados entonces en Iparralde?

Cuando Juanra fue detenido en 1985 ya no tena estatuto de refugiado. Un ao antes se les haba denegado el estatuto a un grupo muy numeroso de refugiados, por lo que estaba sin documentacin para poder residir legalmente en Iparralde. Se vio obligado a vivir en la clandestinidad, con el riesgo permanente de ser detenido. Juanra fue detenido el 25 de noviembre de 1985 en Miarritze, encarcelado y posteriormente confinado en Bar le Duc, en febrero de 1986. 10 das ms tarde fue deportado a Cabo Verde.

La situacin de los refugiados en aquel momento era muy dramtica, la inseguridad era total. La polica francesa trataba de detenerlos y cumplir as la promesa hecha al Gobierno espaol; el GAL actuaba con total impunidad: cabe recordar el secuestro de Joxi y Joxean, asesinatos de refugiados casi a diario. Se encontraban totalmente indefensos.

Cmo vivi la familia esa situacin de deportacin de Juanra en un pas tan lejano a Euskal Herria? Pudieron visitarlo all? Era fcil comunicarse con l para conocer su situacin?

Nosotros vivimos la situacin con mucha angustia, ya que no sabamos adonde lo deportaran. Para entonces ya haban torturado salvajemente a Aldana y Etxegarai en Ecuador. Estuvimos dos das sin tener noticias, hasta que l mismo nos comunic por telfono que estaba en Cabo Verde. A los aitas de Juanra les afect mucho, ya que por su edad avanzada no vean muchas posibilidades de volver a verlo, pero s pudieron viajar a Cabo Verde para visitarlo. Un ao despus muri su aita estando l deportado. Fue su despedida. Nosotros, Juanra y yo, tenamos un hijo de 20 meses y en abril de 1986 nos reunimos para vivir con l, hasta su muerte, en agosto de 1989, en Cabo Verde.

El desarraigo que supone estar tan lejos de tu pas era ms que evidente, la comunicacin con la familia, amigos, pueblo, era difcil y la informacin que recibamos era escasa, hay que tener en cuenta que entonces no haba los medios de hoy en da. En esta situacin, mantener un equilibrio fsico y emocional no es nada fcil. Estando en Cabo Verde murieron la cuada y el aita de Juanra. Fueron momentos muy duros.

Alfredo Elejalde, sacerdote vasco residente en Cabo Verde, declar hace tiempo que los deportados vascos se haban integrado plenamente en la vida del pas. Una muestra de ello es que Juanra aprendi portugus, y trabaj en la seccin internacional de un diario de all. Cmo era el da a da de los deportados y deportadas en Cabo Verde?

Tenemos que tener en cuenta que Cabo Verde es un pas en vas de desarrollo y all las necesidades son inmensas, por lo que los deportados intentaron, desde un primer momento, integrarse en el pas y aportar aquello que cada uno pudiera. Juanra trabaj en la seccin internacional del diario Noticias de Mindelo. Otros deportados realizaron estudios universitarios de enfermera, psicologa, idiomas y han podido trabajar en hospitales, institutos, centros de acogida de jvenes, etc.

Segn algunas fuentes, el gobierno espaol pagaba al gobierno de Cabo Verde 70,000 pesetas mensuales por deportado. Alguna vez Juanra o algn otra u otro de sus compaeros recibieron ayuda del gobierno espaol?

Ningn deportado recibi ayuda del Gobierno espaol, las ayudas que reciban eran de la familia, de los amigos y del pueblo. Agradecemos todas las muestras de apoyo, cario y solidaridad del pueblo vasco, ya que sin ellas sera mucho ms difcil resistir en esta situacin. No podemos olvidar a los deportados que todava estn obligados a vivir lejos de su pas. Nuestra solidaridad tiene que seguir llegando hasta ellos.

La muerte de Juanra fue un momento de dureza y dolor para la familia y para todos sus compaeros y compaeras. En medio de ese dolor cmo hicieron para trasladar los restos de Juanra a Euskal Herria? Contaron con algn tipo de ayuda por parte de las autoridades caboverdianas o espaolas o francesas?

Fue un momento muy duro, en aquel momento estbamos con nios, entre ellos nuestro hijo Garikoitz, que no entendan lo que pasaba. Lo primero que hicimos fue rescatar el cadver. Con la ayuda de pescadores caboverdianos y otro deportado, Emilio, lo consiguieron, poniendo en riesgo sus vidas ya que el bote era muy pequeo y haba que rescatarlo en alta mar.

Inmediatamente, familiares y deportados nos pusimos en contacto con las autoridades caboverdianas. Aunque estas nos ofrecieron todo su apoyo, el traslado del fretro estuvo lleno de dificultades. El Gobierno caboverdiano no vea ningn problema para gestionar su salida, pero el espaol, en un primer momento no les di autorizacin. Una delegacin compuesta por Itziar Aizpurua, Juan Mari Olano y una familiar de Juanra llegaron de Euskal Herria y, junto a los deportados y familiares despus de varios das de reuniones con diferentes organismos y autoridades caboverdianas, consiguieron desbloquear la situacin. Durante este tiempo, los responsables sanitarios hicieron lo indecible para mantener el cuerpo en condiciones para su traslado.

El propio Gobierno de Cabo Verde consideraba a Juanra un gudari vasco y como tal fue tratado. Fue el Gobierno caboverdiano quien asumi los gastos del traslado, ya que el espaol se neg a hacerlo. Despus de terminar con todos los trmites, al cabo de una semana, fuimos despedidos con un aurresku por sus compaeros deportados y amigos caboverdianos en el aeropuerto de Mindelo.

En Espaa, sin embargo, todo cambi. Al llegar a Barajas los policas espaoles dijeron a la persona que las autoridades caboverdianas nombraron para que acompaase a la familia hasta Euskal Herria (una autoridad policial de ese pas) lo siguiente: vuelve a tu pas, no puedes pasar y tranquilo porque lo que traes aqu no es una persona, es un terrorista, y si los deportados te crean problemas, los solucionas pegndoles dos tiros.

Tuvimos que estar cinco horas en el aeropuerto debido a los impedimentos que pusieron los espaoles para hacer todos los trmites. Ya en Ordizia, el pueblo estaba esperndonos, fue un recibimiento muy caluroso y emotivo. No as la actitud de responsables del ayuntamiento. Para no permitir la entrada del fretro, algunos concejales se encerraron dentro, para ellos haba sido un simple accidente.

La deportacin de Juanra hizo de l un represaliado, su muerte lejos de Euskal Herria donde se le oblig a residir en contra de su voluntad debera suponer que se tratara el caso como victima del Estado y recibir as el correspondiente reconocimiento. Sin embargo el Estado espaol se ha negado a hacerlo en todo momento. Cmo ve la familia esta situacin, qu instrumentos legales existen para revertir esa decisin?

Sin duda para nosotros Juanra y todos los militantes que han muerto en la deportacin son vctimas del Estado. Seguiremos luchando para que el Estado reconozca, no slo a las vctimas de la deportacin, sino tambin a tantas y tantas vctimas derivadas del conflicto poltico que ha vivido nuestro pueblo y que el Estado se niega a reconocer.

34 aos despus, an quedan 12 vascos deportados en frica y Amrica, varios de ellos en Cabo Verde. Qu puede hacer la sociedad vasca para cerrar definitivamente este triste captulo de la historia represiva contra Euskal Herria?

Hay que informar de la situacin ya que la deportacin ha estado olvidada y a veces hemos pensado que era un mal menor, que aunque lejos, vivan en libertad. Es importante informar de lo que supone el destierro durante tantos y tantos aos. Es una condena que no se sabe cuando acaba. Jurdicamente los deportados no existen.

Y hay que seguir luchando y reivindicando la vuelta a Euskal Herria de todos los deportados en un breve plazo. Nuestra lucha conseguir poner fin a la deportacin.

Fuente: http://pakitoarriaran.org/entrevistas/la-deportacion-un-castigo-sin-final


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