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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-06-2019

Dos cartas sobre el patriotismo

Mijal Bakunin
El Viejo Topo


Nota de edicin: Tal da como hoy [30.05] de 1814 naca uno de los ms grandes revolucionarios del s. XIX.: Mijail Bakunin. Anarquista, se defini como partidario convencido de la igualdad econmica y social, amante fantico de la libertad y buscador apasionado de la verdad.

 

He dicho que el patriotismo, mientras es instintivo o natural y tiene sus races en la vida animal, no es ms que una combinacin particular de costumbres colectivas, materiales, intelectuales y morales, econmicas, polticas y sociales, desarrolladas por la tradicin o la Historia en una sociedad humana muy limitada.

Estas costumbres he aadido pueden ser buenas o malas; el contenido o el objeto de este sentimiento instintivo no tiene ninguna influencia sobre el grado de su intensidad y, si se admitiera con relacin a esto ltimo una diferencia cualquiera, se inclinara ms en favor de las malas costumbres que de las buenas, porque, a causa del origen animal de toda sociedad humana y por efecto de esta gran inercia que ejerce una accin tan poderosa en el mundo intelectual y moral, como en el mundo material, en cada sociedad an no degenerada que progresa y marcha adelante, las malas costumbres estn ms profundamente arraigadas que las buenas. Esto nos explica por qu en la suma total de las costumbres colectivas actuales y en los pases ms civilizados, las nueve dcimas partes por lo menos no valen nada.

No os imaginis que quiero declarar la guerra a las costumbres que tienen generalmente la sociedad y los hombres de dejarse gobernar por la costumbre. En esto, como en muchas cosas, no hacen ms que obedecer fatalmente a una ley natural y sera absurdo rebelarse contra las leyes naturales. La accin de la costumbre en la vida natural y moral de los individuos, lo mismo que en las sociedades, es la misma que la de las fuerzas vegetativas en la vida animal; la una y la otra son condiciones de existencia y de realidad; el bien, lo mismo que el mal, para ser una cosa real debe convertirse en costumbre, sea individualmente en el hombre, sea en la sociedad; todos los ejercicios y todos los estudios a que se entregan los hombres, no tienen otro objeto, y las mejores cosas no se arraigan en el hombre hasta el punto de convertirse en segunda naturaleza ms que por la fuerza de la costumbre. No se trata, pues, de rebelarse locamente, puesto que es un poder fatal que ninguna inteligencia o voluntad humana podr distinguir; pero si, iluminados por la razn del siglo y por la idea que nos formamos de la verdadera justicia, queremos seriamente ser hombres, no tenemos ms que hacer una cosa: emplear constantemente la fuerza de voluntad, es decir, la costumbre de querer extirpar las malas costumbres, que circunstancias independientes de nosotros mismos han desarrollado en nosotros, y reemplazarlas por otras buenas; para humanizar una sociedad entera, es preciso destruir sin piedad todas las causas, todas las condiciones econmicas, polticas y sociales que producen en los individuos la tradicin del mal y reemplazarlas por condiciones que tengan por consecuencia necesaria engendrar en esos mismos individuos la prctica y la costumbre del bien.

Desde el punto de vista de la conciencia moderna, de la humanidad y de la justicia que, gracias al desarrollo pasado de la Historia, hemos logrado comprender, el patriotismo es una mala y funesta costumbre, porque es la negacin de la igualdad y de la solidaridad humanas.

La cuestin social planteada prcticamente por el mundo obrero de Europa y de Amrica y cuya solucin no es posible ms que por la abolicin de las fronteras de los Estados, tiende necesariamente a destruir esta costumbre tradicional en la conciencia de los trabajadores de todos los pases. Yo demostrar ms tarde cmo, desde comienzos de este siglo, fue muy quebrantada en la conciencia de la alta burguesa comercial e industrial, por el desarrollo prodigioso e internacional de sus riquezas y de sus intereses econmicos; pero es preciso que demuestre primero cmo, mucho antes de esta revolucin burguesa, el patriotismo natural instintivo, que, por su naturaleza, no puede ser ms que un sentimiento limitado y una costumbre colectiva local, ha sido, desde el principio de la Historia, profundamente modificado, desnaturalizado y disminuido para la formacin sucesiva de los Estados polticos.

En efecto, el patriotismo, mientras es un sentimiento natural, es decir, producido por la vida realmente solidaria de una colectividad y est poco debilitado por la reflexin o por efecto de los intereses econmicos y polticos, como por el de las abstracciones religiosas, este patriotismo, si no todo, en gran parte animal, nicamente puede abrazar un mundo muy limitado, como una tribu, etc. Al principio de la Historia, como hoy en los pueblos salvajes, no haba nacin, ni lengua nacional, ni culto nacional; no haba ms que patria en el sentido poltico de la palabra. Cada pequea localidad, cada pueblo, tena su idioma particular, su dios, su sacerdote, y no era ms que una familia multiplicada y extensa que se afirmaba viviendo y que, en guerra con las diferentes tribus existentes, negaba el resto de la humanidad. Tal es el patriotismo natural en su enrgica y sencilla crudeza.

Aun encontraremos restos de este patriotismo en algunos de los pases ms civilizados de Europa; en Italia, por ejemplo, sobre todo en las provincias meridionales de la pennsula italiana, en donde la configuracin del suelo, las montaas y el mar crean barreras entre los valles y los pueblos, que los separa, los asla y los hace casi extraos los unos a los otros. Proudhon, en su folleto sobre la unidad italiana, ha observado, con mucha razn, que esta unidad no era ms que una idea, una pasin burguesa y de ninguna manera popular, a las que las gentes del campo, por lo menos, son hasta ahora en gran parte, extraas, y aadir que hasta hostiles, porque esta unidad est en contradiccin, por un lado, con su patriotismo local, y, por otro, no le ha aportado nada ms que una explotacin implacable, la opresin y la ruina.

En Suiza, sobre todo en los cantones primitivos, no vemos con frecuencia el patriotismo local luchar contra el patriotismo cantonal y a ste contra el patriotismo poltico, nacional, de la confederacin republicana?

Para resumir, saco la conclusin de que el patriotismo como sentimiento natural, siendo en esencia y en realidad un sentimiento substancialmente local, es un impedimento serio para la formacin de los Estados, y por consecuencia estos ltimos, y con ellos la civilizacin, no pueden establecerse ms que destruyendo, si no del todo por lo menos en grado considerable, esta pasin animal.

(Del peridico ginebrino Le Progrs, julio de 1869).

 

Fuente: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/dos-cartas-sobre-el-patriotismo/

 



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