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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-07-2004

Los cojos andamos mejor con muletas

Santiago Alba
La Magalla (FCONGD)


Para poder humillar y torturar hasta la muerte a prisioneros iraques, crimen que con razn nos ha escandalizado tanto en estas ltimas semanas, era necesario cometer un crimen mayor que, sin embargo, nos ha escandalizado un poco menos: detener y encarcelar sin pruebas y sin juicio a decenas de miles de iraques en su propio pas. Pero para poder cometer este crimen mayor que nos ha escandalizado menos haba antes que cometer un crimen an ms grave que, sin embargo, nos ha escandalizado incluso un poco menos: haba que ocupar Iraq, bombardear sus mercados y sus nios y destruir su espinazo social y cultural. Pero para poder cometer este crimen an ms grave que nos ha escandalizado incluso un poco menos, haba que cometer antes un crimen todava ms grave, un crimen que afecta al orden mismo del mundo, y que sin embargo nos ha escandalizado un poco menos an: haba que violar el frgil orden jurdico internacional establecido tras la II Guerra Mundial y reventar la institucin que lo representaba. Con todo, para poder cometer todos estos crmenes del que slo el ms pequeo nos parece odioso, de manera que nuestro escndalo borra o incluso legitima los ms graves y peligrosos; para poder torturar prisioneros iraques despus de haber encarcelado a ciudadanos libres e inocentes despus de haber destruido y ocupado un pas soberano despus de haber declarado la ley de la selva contra las instituciones internacionales; para poder cometer todos estos delitos y para poder, al mismo tiempo, justificarlos o, ms all, presentarlos como buenos y necesarios, haba que cometer primero y seguir cometiendo ininterrumpidamente el delito ms grave que imaginarse pueda, un delito de lesa humanidad que cuestiona las condiciones mismas de todo contrato social, un crimen nefando, primario, originario, frente al cual palidecen las torturas y los bombardeos y que sin embargo no nos ha escandalizado nada porque tiene que ver precisamente con los medios de nuestra sensibilidad y de su expresin. Para que EEUU -con sus gobiernos y medios de comunicacin aliados- pudiese cometer todos estos crmenes en cadena tena que cometer, en efecto, el ms grave e imperceptible de todos los crmenes y el de ms irreparables consecuencias: la corrupcin del lenguaje, la malversacin de las frases, la muerte de las palabras.

Lo ms nuevo de la nueva situacin, lo ms terrible, es que parece muy vieja: nuevas potencias, nuevas economas, nuevas tecnologas, pero los mismos viejos recursos. Cuando se trata de imponer como natural una posicin de fuerza, se trata ante todo de impedir pensar tanto a amigos como a enemigos. Pensar es hacer diferencias. Impedir pensar es, pues, destruir de hecho y de derecho todas las diferencias: civiles/militares, guerra/paz, inocentes/culpables, verdad/mentira, resistencia/terrorismo. Una combinacin de bombas y propaganda suele ser infalible: las bombas indiscriminadas destruyen, junto con las vidas de nios y ancianos, el imperio formal de las Leyes y Convenciones; las francas mentiras de la propaganda destruyen, junto con la verdad y sus matices, el marco de toda credibilidad ("miento en la ONU no para que me creis sino para que, a partir de ahora, no podis creer a nadie"). El resultado es un mundo en el que las palabras no sirven para nada, ni de hecho ni de derecho, y en el que la violencia adopta la forma de una de esas "profecas autocumplidas" en virtud de las cuales -como deca Kafka- "lo ms temido ocurre siempre". Pero un mundo en el que las palabras no sirven para nada y en el que "lo ms temido ocurre siempre" slo conviene al ms fuerte o al que cree serlo: su propia fortaleza sin lmites est generando ininterrumpidamente las respuestas que justifican su intervencin y que ayudan a nivelar en el miedo y el dolor todas las diferencias de la poltica y el pensamiento; y en medio de este horror la fortaleza se erige como la nica diferencia posible contra el caos, la ms primitiva y visceral de la naturaleza humana: la seguridad. Este, creo, es un buen resumen de la obra de Robert Kagan, el principal idelogo de Bush: "europeos, hemos destruido ya tanto que nos necesitis ms que nunca". Y los europeos han comprendido el mensaje.

Y los otros? Los otros son, por definicin, terroristas o, ms exactamente, "terroristas islmicos". En un mundo en el que las palabras no sirven para nada, las palabras son etiquetas y sirven para borrar todas las diferencias y marcar, al mismo tiempo, una separacin absoluta: el equivalente lingstico de un juicio militar sumarsimo. Por qu "terrorismo"? Por qu "terroristas" por igual Al-Qaida, ETA, Hizbullah, Hamas, las FARC, Cuba, Corea del Norte, Irn y, si se me apura, Arafat, Martxello Otamendi, Jos Bov y Heb de Bonafini? Porque de esa manera se puede tratar sanitariamente, sin hacer diferencias, un abanico de motivaciones e historias diferentes como una fuerza homognea agotada en su salvaje actualidad, una irrupcin destructiva desprovista de razones, privada de lenguaje, excluida de la humanidad, una violencia gratuita con la cual no se puede negociar y frente a la cual, por eso mismo, todo est permitido ("limbos legales", "asesinatos selectivos", "guerras preventivas"). Y por qu, sobre todo, "terrorismo islmico"? Por qu no "patritico" o "soberanista" o "ideolgico"? Porque si se trata de introducir una diferencia esa diferencia debe ser cultural o religiosa, una diferencia inscrita en la idiosincrasia del otro con independencia de nuestras acciones, de manera que slo pueda ser por tanto asimilada o exterminada. "Terrorismo islmico", en fin, es un rtulo muy funcional mediante el cual se borran radicalmente las huellas de la economa y de la poltica de la que Europa y EEUU son los responsables, se deja fuera la historia de nuestra responsabilidad y se induce la aceptacin de todas esas medidas de fuerza, sin proporcin legal, que son en realidad la causa -"profeca autocumplida"- de la interesada inhabilitacin de las proporciones, las leyes y la razn.

Cuidado: lo que quieren es impedir la poltica.

Debemos tener mucho cuidado tanto los occidentales como nuestras vctimas -as como las vctimas de nuestras vctimas. Cuando nos han cortado las piernas, nos quedan an las muletas: las palabras, la capacidad de razonar y hacer diferencias. No consintamos que nos las sierren ni las arrojemos al suelo llevados por el miedo o por la ira porque sin ellas ni podemos huir ni podemos alcanzar nuestro objetivo. Los que han prohibido la vida en Iraq y Palestina, los que han prohibido la luz y el aliento un poco por todas partes, querran prohibirnos tambin defendernos. Pero resistir es un derecho y, en determinadas encrucijadas histricas, tambin un deber. Las muletas deben servirnos al menos para comprender que desgraciadamente nos encontramos hoy en una de se esas encrucijadas.



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