Portada :: Espaa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-06-2019

Los abstencionistas

Jaime Richart
Rebelin


En las ltimas elecciones generales, mientras en Francia la participacin fue del 85 por ciento, en Alemania del 86, en Italia el 90 y en Espaa el 75, en Estados Unidos, donde la poblacin negra e hispana prcticamente no vota, la participacin no pas del 52 por ciento...

La participacin alta se produce cuando se tiene confianza en la poltica. El desinters por la poltica es porque la ciudadana percibe que los polticos mienten habitualmente, que la financiacin de los partidos polticos es escandalosamente opaca y no se entiende el gasto desmesurado de los partidos en campaa, que hay complicidad por pactos secretos entre los grandes grupos de comunicacin y los grandes partidos, y porque lo que menos interesa a los polticos es servir a la sociedad.

Todo eso lo piensa el abstencionista detrs del que hay pobreza, precariedad crnica y dramtica, y a menudo una vida deprimente. En Espaa, en nmeros redondos y con las salvedades de rigor (pues hay personas acomodadas con sensibilidad humanista que votan a la causa de los desheredados de la fortuna, y desgraciados que votan a quienes con sus polticas fuerzan a desheredarles), el nmero de ciudadanos espaoles que viven por debajo de la dignidad del resto es muy elevado. En las pasadas elecciones generales, de un censo de 34 millones y 26 millones de votos, 8 millones de inscritos se abstuvieron. Si a esos sumamos los 3 millones que votaron al partido cuya ideologa encierra el propsito (y por eso se le considera radical) de acabar con la precariedad, con la pobreza involuntaria y con la indignidad social, 11 millones de ciudadanos y ciudadanas viven al da, no saben qu ser de ellos el siguiente, viven con el temor a perder el empleo basura que consiguieron quiz con sudor y lgrimas, no se atreven responsablemente a traer hijos al mundo porque no pueden ofrecerles un futuro cegado para ellos, y se sienten, en fin, como un ttere en manos de titiriteros. La condicin del antiguo esclavo o del antiguo siervo no est muy alejada de esas miserias...

La democracia espaola, para ser creble como marco, necesita de la movilizacin dirigida a amparar a millones de personas que, en la carrera de la vida y por imperativo del propio sistema que en teora nos iguala a todos pero no en la prctica parten con un retraso estructural insalvable de otra manera. Es decir, precisa de seales de esfuerzo por conseguir la menor desigualdad posible. Pero en Espaa, los partidos conservadores no slo no lo intentan, es que ahondan la desigualdad. Y los partidos progresistas no pueden, pues ante ellos se levantan dos empalizadas: el muro frreo de los poderes financieros y la cortina inconstil del poder eclesistico. En cuanto a los polticos, o son ladrones de lo pblico, o prometen lo que no pueden cumplir. As, no se avanza, o se avanza slo en lo irrelevante o slo en aspectos meramente formales. Por ejemplo, en el ao 89 el presidente del Congreso, del partido socialista, invalid el juramento de un diputado vasco por emplear la frmula por imperativo legal, mientras que en 2019 la presidenta del Congreso, asimismo socialista, la ha considerado vlida en el juramento de diputados catalanes en base a la apelacin al TC que prosper, de aquel diputado vasco. Pero, en cuestiones de fondo e interpretacin de normas fundamentales, cualquier intento de avance tropieza con la rigidez y con el establishment; como si Espaa estuviese terminada, como si el modelo no precisase ya de evolucin, o ms bien de una revolucin...

Hablaba antes de la cifra de 11 millones virtualmente excluidos del sistema que no votaron. Once millones de abstencionistas, de dbiles sociales que no cuentan. Y es que al sistema le sigue bastando la beneficencia, la filantropa, el altruismo y la caridad de los pudientes para no reventar y no dar lugar al levantamiento de las masas. Que sectores de poblacin queden literalmente al margen del reparto de la riqueza y malvivan, al sistema ni le importa ni le preocupa. Lo que el sistema neoliberal en el fondo desea es que se oculten, desaparezcan o se mueran. As lo dijo, ms o menos, la Directora gerente del FMI, Christine Lagard. Por eso, ningn partido en el gobierno se atreve a forzar lo suficiente la mquina del progreso en materia de impuestos y distribucin de la tarta, pues ello atentara tanto contra el inters del propio sistema como del suyo. Por eso nunca pasa del amago. Por eso, cuando se hacen cambios fiscales son irrelevantes, apenas se notan. Por eso llega un ricachn en periodo electoral y dona a la Sanidad Pblica 320 millones. Poco importa que las donaciones al ente pblico deben ser annimas y no responder a ningn propsito ideolgico o electoralista. Poco importa que cuando de la donacin se da noticia a bombo y platillo y adems se dice el nombre y apellidos del benefactor, aparte de que detrs de ella haya una segura evasin de impuestos o blanqueo de capitales porque ningn sistema impositivo del sistema permite un enriquecimiento descomunal a lo largo de lo que dura una vida, se cometa una bajeza, un miserable golpe bajo a la causa de los partidos que, aceptando la economa mixta, defienden lo pblico por encima de lo privado en bienes bsicos, como la energa, la sanidad y la enseanza, dejando todo lo dems para la iniciativa privada. Poco importa que en este pas en conjunto se ahonde ms y ms la desigualdad social. De aqu que los abstencionistas desconfen, tambin ya incluso del partido espaol que se manifiesta claramente al lado de los excluidos y los dbiles. Me refiero a esa formacin a la que, desde su aparicin en escena han asfixiado los dems partidos y sectores de los grandes grupos de comunicacin, y ella misma ha terminado contribuyendo torpemente a su estenosis con luchas intestinas. Todo lo que explica que al menos esos 11 millones de abstencionistas, esos que no votaron en las pasadas elecciones, es porque, con indiferencia pero con criterio, renuncian a participar en lo que les parece una parodia insufrible que slo disfrutan los comediantes; primero representndola y luego recogiendo el importe de la recaudacin...


Jaime Richart, Antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter