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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-06-2019

Negociaciones entre el gobierno y la oposicin
Los obstculos de Oslo

Ociel Ali Lpez
Brecha


Esta semana, las delegaciones del gobierno y la oposicin viajaron a Noruega con la finalidad de buscar una solucin pacfica para la compleja disputa que se ha agudizado desde enero. Despus de cinco meses de lucha agnica y de un intento de golpe de Estado, ambas fuerzas lucen dbiles. El gobierno, atrincherado y con poca capacidad de maniobra para gobernar el pas, ha sufrido escisiones importantes en su seno, como la de Manuel Cristopher Figuera, el director de la polica poltica Sebin, quien fue una pieza clave en la tentativa de golpe del 30 de abril, y la sospechosa remocin de dos directores de las principales policas, la protagnica Fuerzas de Acciones Especiales y la Polica Nacional Bolivariana.

La oposicin va prcticamente desnuda a Oslo. El factor de poder que sostiene al interinato de Juan Guaid ‒es decir, el gobierno de Estados Unidos‒ no parece tan empecinado, como a principios de ao, en lanzarse a una accin blica. Despus del intento de golpe del 30 de abril, del levantamiento militar del 23 de febrero, de las sanciones, el embargo petrolero, las provocaciones fronterizas y las decenas de marchas y movilizaciones, la carta que queda es una invasin militar facturada desde la potencia del norte. Esta opcin, que pareca inminente en enero, ahora parece lejana, y otros pases cobran protagonismo para afrontar el caso de Venezuela desde un enfoque de negociacin, y no de fuerza. El vicepresidente estadounidense, Mike Pence, y el secretario general de la Oea, Luis Almagro, han aconsejado a Guaid no sentarse a negociar otra cosa que no sea la rendicin total de Nicols Maduro. En tanto, la cita en Oslo, de tres das, ya termin, y Maduro sigue en su despacho.

Puede tener xito este proceso de negociacin?

En intentos anteriores de dialogar, otros personajes han prestado su figura para servir de mediadores, pero ni el papa ha salido bien parado cuando ha intentado acercar a las partes. A finales de 2017 y comienzos de 2018, varias fuerzas internacionales intentaron crear procesos de intermediacin, que fueron rechazados, segn los organizadores, por la propia oposicin. El papa advirti en un video que la oposicin estaba dividida, por lo que costaba llegar a acuerdos concretos para realizar las presidenciales, que terminaron hacindose el 20 de mayo de 2018. La oposicin protest contra ese adelanto electoral (los comicios estaban programados, al principio, para diciembre), una jugada de Maduro que le sali bien para dividir a la oposicin, pero no para gobernar de manera estable.

En tanto, Estados Unidos avanz tremendamente en bloquear los ingresos del Estado venezolano, lo que profundiza la crisis econmica ya existente. Dej de comprar petrleo venezolano y presiona a bancos y gobiernos con los que Venezuela triangulaba para comprar productos bsicos. Pero nada de esto, ni la escasez de gasolina, electricidad y agua, asegura la salida de Maduro. Hasta ahora, slo lo viene endureciendo en el terreno militar y poltico. La agresin de Estados Unidos, Colombia y Brasil incluso lo ha atornillado en su puesto. Es decir, el Maduro soado por la oposicin, que manda sus cuadros a Oslo para buscar una capitulacin honrosa, por ahora no existe. Por lo tanto, los opositores enfrentan la negociacin en un escenario que no est controlando y deben sincerarse sobre sus expectativas para poder seguir en la pelea poltica, una vez que han fracasado todos los intentos de sacar a Maduro por la fuerza y la participacin militar de Estados Unidos ha quedado en pausa.

Por qu una parte de la oposicin es tan renuente al dilogo?

Para comprender la dificultad del dilogo en Venezuela, a pesar de que nunca ha habido un enfrentamiento armado de proporciones siquiera comparables con los de Centroamrica y Colombia, hay que comenzar entendiendo lo que supone para las elites empresariales y el uso que el chavismo les ha dado a las negociaciones: exasperar y dividir a los sectores polticos y econmicos de la oposicin, aprovechando una divisin de larga data, histrica, que da cuenta de la incapacidad de estos ltimos para tomar las riendas del Estado. A diferencia de otros pases de la regin, aqu las oligarquas nunca han podido detentar el poder poltico y han necesitado siempre negociar con sectores polticos para usufructuar la renta, los viejos partidos con los que pactaba la gobernabilidad. Hoy en da, se sienten ultrajadas por el avance del chavismo y han diseado un programa mnimo, que comprendera no slo la salida de Maduro, sino tambin el exterminio de esa fuerza poltica. En cambio, el sector poltico de la oposicin, acostumbrado al pragmatismo, conoce de cerca la realidad social y sabe que esto es imposible: para llegar al poder y mantenerlo, es menester negociar con el chavismo. Sin embargo, son los actores econmicos los que tienen el financiamiento y los medios de comunicacin para imponer sus criterios.

Las elites econmicas y las clases medias que las siguen, muchas de ellas ubicadas en el exterior, no aceptan el dilogo. Entre otras cosas, porque han construido la figura del chavismo no como un adversario, sino como un enemigo; no como un sujeto colectivo con el que sostienen diferencias ideolgicas, sino como un criminal al cual le dirigen eptetos que se agudizan a medida que va ocurriendo la refriega: corruptos, comunistas, asesinos, narcotraficantes, genocidas. As que el antichavismo radical termina ubicndose fuera de la poltica y sin participar en las ltimas elecciones presidenciales, regionales y locales, lo que ha sido, confesado por muchos sectores, un error garrafal, cuya superacin costar bastante tiempo.

Se supona que lderes como Leopoldo Lpez, hijo de la alta burguesa, vendra a resolver ese problema, puesto que, por primera vez, las elites podran tener acceso directo al poder poltico. Pero esta convocatoria al dilogo, impulsada desde el propio partido de Lpez, es un balde de agua fra, no tanto para la oposicin poltica, que la entiende como un camino lgico, como para la elite econmica, que se niega a aceptarla.

Por qu el dilogo sirve a los intereses del gobierno?

Desde que se filtr la informacin del dilogo en Noruega, pero especialmente desde que Guaid reconoci pblicamente su autora, le ha llovido una andanada de crticas, insultos y desprecio comandada por opinadores, periodistas e influencers que hasta hace pocas semanas adulaban al autoproclamado presidente. No es algo nuevo. Incluso lderes, como Henrique Capriles y Ramos Allup, han sufrido los peores insultos de la oposicin radical. Lo nuevo es que este intento de acercamiento est comandado por el partido que se consideraba ms radical, que anteriormente gan popularidad justamente por negarse a dialogar. Con este giro, los radicales quedan hurfanos.

Dado este panorama interno en la oposicin, el dilogo siempre ser una herramienta del gobierno para dividir, provocar y romper cualquier alineacin antichavista. Adems de una especie de capitulacin de la salida rpida, de la invasin, es tambin un reconocimiento al gobierno de Maduro, una bombona de oxgeno para su administracin hasta que se planteen como posibilidad real nuevas elecciones como salida a la crisis, algo que incluso ya divide al chavismo: buena parte de l y de la gente otrora cercana a Chvez las considera una salida plausible, aunque para Maduro difcilmente sea una opcin, mucho menos despus de salir airoso de las ltimas contiendas. La gente que rodea al presidente, sobre todo su ala dura y militar, entiende que el descontrol del pas puede ser gestionable.

Alejada la sombra de los portaaviones, Maduro nada tiene que ganar en un nuevo escenario electoral. Mientras tanto y desde la tranquilidad de Miami, la oposicin radical no esconder sus pretensiones de barrer al chavismo. Quienes viven en Venezuela esperan que el encuentro en Noruega sirva para atenuar el clima conflictivo y mejorar la calidad de vida. El nico consenso es que Oslo an est muy lejos.

* Socilogo, analista poltico y profesor de la Universidad Central de Venezuela.

https://brecha.com.uy/


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