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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-06-2019

Donald Trump y la mula mansa y bellaca vista por Jos Mart

Luis Toledo Sande
La Jiribilla


Dada su criminal desmesura, un reciente elogio del laureado actor Jon Voight al presidente de su pas, Donald Trump, no poda pasar inadvertido. Decir que el atorrante magnate es el mejor presidente [de los Estados Unidos] desde Abraham Lincoln pudiera parecer hasta un psimo chiste, pero la informacin difundida le reconoce afn de hacer justicia.

Ni el patn Donald es una anomala del sistema sino, en todo caso, una aberracin orgnica y propia de este ni la delirante loa es ajena a una lnea de pensamiento central y dominante en aquella sociedad. Se trata de una nacin cuyos fundadores sembraron y abonaron la creencia de que en ella creca un grupo humano bendecido por Dios, quien le encomendaba imponer patrones de pensamiento y conducta a los dems, en todas partes. Ese grupo era la poblacin blanca asentada en las otrora Trece Colonias americanas de Inglaterra y que empez por discriminar y asesinar, o acorralar, a los pobladores originarios del territorio, y luego a quienes fueron llevados desde frica para usarlos como esclavos.

Los conquistadores que descendieron del May Flower primero el material, despus el ideolgico, smbolo que desbord al primero se crean destinados a dominar el mundo. Se sentiran depositarios absolutos de un mesianismo, o mstica de la usurpacin, que ha crecido y es fuente de instintos an ms peligrosos cuando sus protagonistas asumen que su misin est en riesgo porque hay pueblos que se niegan a sometrseles.

Recordemos al ms cercano y visible predecesor de Trump, aquel George W. Bush que, republicano como l, devendra un Nern suave comparado con el Calgula que hoy ocupa la Casa Blanca. Tal vez el primero, que pasaba por retrasado mental mientras el segundo parece que intenta pasar por loco, no era un mero farsante al decir que Dios hablaba con l. Para eso era la cabeza visible cerebro es otra cosa de la voraz y poderosa nacin encargada, por el propio Dios, de sojuzgar a la humanidad toda.

Aquel Bush, personificacin de un imperio ya en decadencia pero con recursos para sobrevivir quin sabe por cunto tiempo ms, declar que quienes no estaban con su nacin estaban contra ella, y que, para asegurar sus intereses, sus tropas deban atacar cualquier oscuro rincn del planeta. Al decirlo, expresaba mucho ms que un simple desatino, y tambin lo hace, aunque mdicamente fuera un loco de atar, el Trump que vino a proclamar sin rodeos que su propsito era que los Estados Unidos volvieran a ser grandes. De paso, con ello devaluaba a sus ms inmediatos antecesores, en especial a los miembros del Partido Demcrata, mulo del Republicano, aunque ambos esencialmente iguales.

Trump ha retomado fantasmagoras que, fuera del pensamiento imperial, y para imperialistas medianamente equilibrados hasta dentro de l, se haban desprestigiado tanto como la doctrina Monroe. Pero todo eso anima a quienes en la potencia nortea creen que esta debe campear por sus fueros, o desafueros.

No debe suponerse que los despropsitos deben esperare nada ms de personas ignorantes, de escasa formacin intelectual. Si as fuera, el imperio no tendra los tanques pensantes de que dispone, ni artistas prestos a edulcorarlo. Imaginar lo contrario sera ceder a la ilusin de que talento y sabidura bastan para comprometerse con el bien, y hacerlo.

Jos Mart, quien vivi en los Estados Unidos cuando se preparaban para lanzarse a dominar el mundo es decir, cuando all se formaba el imperialismo, frente al cual tuvo l la coherencia de un antimperialista precoz y lcido, vio y denunci peligros que la voraz nacin representaba para su propio pueblo, no solo para otros.

Tempranamente, en crnica fechada en Nueva York el 19 de enero de 1883, cuando le quedaban doce aos para seguir calando en las entraas de esa nacin, retrat fuerzas sociales y polticas que pugnaban dentro de ella. Mencion a los republicanos de media raza, como les apodan; los buenos burgueses, que no desdean bastante a la prensa vocinglera, a las capas humildes, a la masa deslumbrable, arrastrable y pagadora.

Frente a esos estaban los que la desdeaban todava ms: Los otros, los imperialistas, los mejores,y sus apodos son sos,los augures del gorro frigio, que, como los que llevaron en otro tiempo corona de laurel y tnica blanca, se ren a la callada de la fe que en pblico profesan; los que creen que el sufragio popular, y el pueblo que sufraga, no son corcel de raza buena, que echa abajo de un bote del dorso al jinete imprudente que le oprime, sino gran mula mansa y bellaca que no est bien sino cuando muy cargada y gorda y que deja que el arriero cabalgue a ms sobre la carga.

Con esa posibilidad contaban, y cuentan, los imperialistas, en cuyo seno las diferencias son cada vez menores. La manipulacin, por las fuerzas dominantes, de la masa deslumbrable, arrastrable y pagadora, sigue causando estragos para el pueblo de los Estados Unidos, y para el mundo. An hoy habr continuadores de aquellos disidentes del sistema a quienes Mart enalteci en su tiempo, como a los defensores de la justicia social. Pero la realidad est an ms signada por maquinaciones que generan falacias y alianzas nocivas.

En los rejuegos pueden agitarse quienes, como en Europa, tambin en los Estados Unidos busquen el xito de una socialdemocracia capaz de cerrar el camino a la verdadera equidad y garantizar la supervivencia del injusto sistema. Pero los rejuegos electorales y la alianza de poderes hegemnicos han llegado al punto en que un Donald Trump es elegido presidente, y nada parece descartar que pueda ser reelecto.

Parangonarlo con Lincoln se ubica en la cima o en la sima, segn se vea, pero con efectividad en ambos casos de maniobras dirigidas a prolongar la crianza de mulas mansas y bellacas. En su infancia habanera, Mart llev luto por la muerte de Lincoln, pero no lo idealizaba. En su discurso del 19 de diciembre de 1889, conocido como Madre Amrica y destinado a reforzar la defensa que l vena haciendo, y no dejara de hacer mientras vivi, de nuestra Amrica frente a la del Norte, apunt que el leador de ojos piadosos no bast para que aquel pas tomara un rumbo libre de las secuelas de la esclavitud. En carta a ngel Pelez de enero de 1892, le recriminar a Lincoln que prestara odos al consejero capaz de recomendarle usar a Cuba primero tendra que apoderarse de ella para basurero de supuestas escorias desterradas del Norte.

Pero todava en 1889, al impugnar en su Vindicacin de Cuba a quienes en el Norte la menospreciaban y calumniaban, poda decir: Amamos a la patria de Lincoln, tanto como tememos a la patria de Cutting, refirindose con esto a un aventurero que haba azuzado disturbios fronterizos para que los Estados Unidos fabricaran nuevos planes contra Mxico. Hoy el rumbo dominante del Norte lo marca, mucho ms que la luz reconocible en Lincoln, las tinieblas de Augustus K. Cutting, desfachatadamente superado por el actual presidente y sus asesores. Alguien dispuesto a sublimar al imperio estima que Trump a quien en dos aos y medio de gobierno The Washington Post le ha contado ms de diez mil afirmaciones falsas o engaosas es la mejor continuacin de Lincoln.

Alguien creer que el poderoso diario imperialista empieza a sentir cosquilleos de izquierda? Lo supondr quien elogia frenticamente a Trump y llama a la ciudadana a defenderlo? Para ello aduce que su trabajo no es fcil porque est luchando contra la izquierda y sus absurdas palabras de destruccin. Condena como a una verdadera izquierda no digamos ya a los pueblos enfrascados en defender su soberana, sino a los meros adversarios electorales de Trump, y a quienes representan vertientes interesadas en buscar modos de convivencia que le ahorren al imperio idea que el propio magnate simul compartir durante su campaa electoral guerras que tambin para l pudieran ser devastadoras.

Ya los imperialistas no se detienen a fabricar argumentos extraeconmicos para justificar sus guerras. Un personero de la gran potencia proclama que ella roba, miente y mata para seguir siendo grande, y otro personero, si no el mismo, dice: Necesitamos el petrleo de Venezuela, y si no estuviera all Nicols Maduro se nos facilitaran las cosas. Quien no quiera ver ni or, ni oir ni ver, y pueden proliferar quienes acten a la manera de mulas cada vez menos mansas (ni ingenuas ni engaadas: cmplices voluntarias) y ms bellacas. Deshonran incluso al pobre y til animal con que se les ha comparado. Como en tantos casos, las profesiones pueden ser contingencias.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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