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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-06-2019

Defender la historia: Las trincheras que van a caer y las que deberamos construir

Camilo Santibez R. y Luis Thielemann H.
Revista Rosa


El llamado a defender la enseanza de la historia con fines propios de una formacin ciudadana destinada a trabajadores que empujaran el progreso econmico y democrtico de la nacin, adquiere el carcter de un lamento espectral Desarrollista, que no se da por difunto pero tampoco logra hacer eco en las amplias franjas precarizadas de la poblacin. Los defensores de la enseanza de la historia parecen pasar por alto adems que, en un pas profundamente injusto y desigual, la bsqueda de la integracin nacional a dicho pas es proporcionalmente conservadora.

La actual coyuntura ha atizado los rescoldos de la discusin sobre la racionalidad de la historia como parte de la enseanza pblica. La reaccin gremial ha sido lo suficientemente amplia como para proponer algunas notas crticas sobre determinados consensos, incluyendo las vanguardias identitarias en la disciplina. Su propsito es reflexionar sobre tres cuestiones sustanciales, ms all del resultado del conflicto inmediato: Cunto de la defensa que se apertrecha en la defensa del pensamiento crtico no es sino un acto reflejo gremial conservador? En qu consiste la atribucin del rol intrnsecamente crtico que se le confiere al conocimiento (y por tanto de la enseanza) de la historia en la sociedad? Y finalmente, cmo podemos defender la historia sin caer en dicho conservadurismo?

I

Es evidente que la mayora de las posiciones desde las que se defiende la enseanza y el aprendizaje de la historia son difciles de sostener como requerimiento ciudadano y masivo en el neoliberalismo. En el contexto productivista y sus efectos sobre lo pblico la escuela que debe preparar para el trabajo-, las reclamaciones gremiales traslucen melancolas de saberes que se revelan intiles para revertir la propia suerte en la que batallan los sectores populares. En otros trminos, el llamado a defender la enseanza de la historia con fines propios de una formacin ciudadana destinada a trabajadores que empujaran el progreso econmico y democrtico de la nacin, adquiere el carcter de un lamento espectral Desarrollista, que no se da por difunto pero tampoco logra hacer eco en las amplias franjas precarizadas de la poblacin. Los defensores de la enseanza de la historia parecen pasar por alto adems que, en un pas profundamente injusto y desigual, la bsqueda de la integracin nacional a dicho pas es proporcionalmente conservadora.

II

Se pueden identificar dos corrientes de defensa de la enseanza de la historia que no logran desbordar el mismo cauce Desarrollista, a fin de cuentas devenido en su versin degradada: el nacionalismo entendido como la supeditacin al empresariado rentista.

En primer trmino est la historia que apuesta por la integracin de los sujetos marginados o suprimidos en la narrativa estatal-nacional; una historiografa de izquierda que Traverso ha denominado de vocacin caritativa. Lejos de impugnar la historia estatal excluyente como signo de su imposibilidad ms all de lo normativo, esta historiografa se torna una consolidacin del mismo Estado mediante la integracin acadmica de los excluidos. El relato no se tuerce, sino que se ensancha. Las injusticias del pasado se prolongan en el presente, dispuestas bajo el rtulo de los invaluables aportes de los obreros, las mujeres populares o los pueblos originarios, mediante una integracin de las injusticias y las violencias opresivas del pasado como meros episodios adolescentes del Estado. Es una operacin que sustenta la negacin de cualquier subjetividad histrica que no sea la del mito que ampara a dicha Nacin y la encarna en el Estado. De modo que el clasismo obrero, la diferencia feminista o la resistencia indgena a la chilenizacin se tornan instantes del engrandecimiento chileno, que redunda en el engrandecimiento de sus clases dominantes y que normaliza la desigualdad y la subyugacin.

En la misma direccin est la historia que apuesta por la seduccin de lo secreto como conjura de nuestro malestar existencial. Estas vulgatas simplificadoras, cabe denotar, cuya narrativa se articula en torno a buenos y malos, est emparentada con cierta historia social que ha condenado permanentemente la iniciativa poltica popular, tachndola de ingenua por abandonar la pureza que constituira su marginalidad para ir a caer repetidamente a la derrota. Derrotas, por lo dems, que seran infligidas por un enemigo histricamente destinado a vencer, en una tragedia estanca. Segn esta historia, la oligarqua es el nico agente capaz de prever y conspirar todos los movimientos en el tablero histrico; su contraparte popular es incapaz de salvaguardar sus descubrimientos y conquistas polticas, y sus intentos son degradados a intentonas. Queriendo ser crtica y rebelde, termina por explicar como tragedia impotente cualquier iniciativa poltica subalterna, ms an, niega la autora popular de las pocas pero reales conquistas sociales existentes hoy en Chile.

III

Es necesario revisar descarnadamente la defensa del pensamiento crtico como aptitud ldica y meritoria en s misma. Es una trinchera que va caer, pues su debilidad yace en que no ha tomado partido, no ha podido responder preguntas de peso como las que siguen: para qu sirve la prctica del pensamiento crtico? Y ms puntualmente para quin? A qu parte del pas, en su desigual formacin histrica como tal, eminentemente basada en la opresin de una parte sobre otra, le resulta til el conocimiento de la historia y su uso como reflexin crtica? Qu parte, sino a la que vive debiendo la vida a la parte ms rica, necesita de este pensamiento crtico para comprender sus propias condiciones de existencia, no como el resultado de conspiraciones que la historia no puede contar por secretas, sino como el resultado del conflicto de clases, que es la inteligibilidad de su propio pasado y presente?

La razn por la cual existe la educacin pblica, destinada a quienes no pueden pagarla, es la ciudadanizacin de los subalternos. Y, sin embargo, este proceso de ciudadanizacin demanda conocer realmente, y no idealmente, cmo ha acontecido la disputa de poder que denominamos poltica. Se trata de comprender cmo ha ocurrido realmente la poltica y no como debera idealmente acontecer. Es una escuela para la conspiracin de las relaciones de fuerza en la sociedad, y su ausencia solo empuja a la violencia y la desafeccin, los negativos de la poltica. Y, en efecto, es en la asignatura de historia donde las mayoras populares pueden observar el proceso poltico como conflicto irreductible. Paradoja que conduce al problema de la historia escolar como discurso siempre parcial; no como escisin de una totalidad narrable, sino como trama hilvanada de hegemona de clase.

Sin una perspectiva parcial, posicionada con los perdedores de la desigualdad de cara al pasado y presente del Estado, la historiografa con pretensiones de izquierda no puede terminar siendo otra cosa que una expresin caritativa de la historia nacionalista y conservadora. El rol de la educacin pblica y en ella, especialmente de la enseanza de la historia- radica en mostrar el campo de batalla en que se forja la desigualdad y en la posibilidad de la poltica como alternativa a la barbarie. Mientras toda la escuela apunta al deber ser, la historia instala el as ha sido. Por esto, sin la historia as entendida, la historia es nicamente un espacio de adiestramiento. Es la extensin urbana de la capilla del fundo.

IV

Necesitamos de la historia, pero de otra manera de como la necesita el ocioso exquisito en los jardines del saber. Al citar esta frase de Nietzsche, Walter Benjamin dispara al academicismo, al goce pequeoburgus ilustrado y a la vez frvolo, a la reivindicacin ldica del pensamiento crtico. Pero va ms all. Realiza su ataque invirtiendo el signo de la cita y sita en la desigualdad social de su tiempo la utilidad de la historia. Le agrega de inmediato que la voluntad de sacrificio y el resentimiento social de la clase obrera -el nervio de su mejor fuerza- son el resultado de saciar esa necesidad subalterna de conocer la historia: Pues ambos [sacrificio y resentimiento] se nutren de la imagen de los antepasados esclavizados y no del ideal de los descendientes liberados. Lejos del relato autofelicitatorio del pas, debemos volver a sincerar nuestras tareas pendientes como sociedad, una de ellas, la constitucin de una ciudadana madura y democrtica. La enseanza de la historia que vale la pena defender desde la izquierda es una que trae al interior de la sociedad, del aula, de nuestros hogares y de nosotros mismos, la urgencia de la desigualdad y la injusticia permanente en Chile.

http://www.revistarosa.cl/2019/05/29/defender-la-historia-las-trincheras-que-van-a-caer-y-las-que-deberiamos-construir/



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