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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-06-2019

La crisis ecolgica es el sntoma, el capitalismo la enfermedad

Asier Arias
mientras tanto


La afirmacin que da ttulo a este texto parafrasea una analoga que Jorge Riechmann ha empleado en varias ocasiones durante los ltimos aos [1]. Se trata de un smil mdico que nos permite distinguir cuatro dimensiones de la economa poltica del medioambiente: la etiolgica, la nosolgica, la ytrica y la teraputica. En otras palabras, partiendo de esta metfora organicista podemos formular preguntas acerca de las causas de la enfermedad, sus rasgos distintivos, el agente de los pertinentes cuidados y terapias y, finalmente, el carcter de dichos cuidados y terapias. En las pginas que siguen nos aproximaremos sucesivamente a cada una de estas preguntas.

1. Las causas de nuestra enfermedad

La metfora mdica que encabeza este artculo sugiere un origen causal bien explcito: el patgeno es el capitalismo. Surge aqu una dificultad, y es que el capitalismo, interpretado como un sistema socioeconmico basado en la iniciativa privada y la libre competencia, es algo que, sencillamente, nunca ha existido. No disponemos de un solo ejemplo histrico de una forma semejante de organizacin de nuestras relaciones econmicas, y muy probablemente ello se deba a que un experimento de esta naturaleza colapsara en cuestin de semanas. Un vistazo a la historia econmica sirve para constatar que eso a lo que hemos venido denominando capitalismo es en realidad una forma muy especfica de patrocinio colectivo del poder privado. En lugar de iniciativa privada y libre competencia, lo que hallamos en nuestra historia econmica son prolongadas intervenciones a gran escala para desviar la riqueza fruto del esfuerzo colectivo hacia la provisin de infraestructuras, la formacin de trabajadores especializados, la investigacin bsica, el desarrollo de tecnologa, la subvencin directa, la garanta de precios monopolsticos, la proteccin contra competidores extranjeros, el auspicio de los derechos de inversin o los peridicos rescates de los que depende el sector privado. De hecho, son estos mecanismos de proteccin colectiva del poder privado los que subyacen no ya al xito, sino asimismo a la propia existencia de los sectores dinmicos de la economa en todos y cada uno de los pases desarrollados [2]. Y no tiene a deshonra, por cierto, la clase dominante la admisin del recurso a las tcnicas de extorsin de dinero al contribuyente en que hallan sustento sus privilegios, pues, tal y como explica la revista Fortune, la industria de alta tecnologa no puede sobrevivir en una economa sin subsidios, competitiva y de libre empresa, [de forma que], agrega BusinessWeek, el contribuyente debe ser su salvador [3].

Sea como fuere, y llamemos como llamemos a este sistema de esfuerzos colectivos y beneficios privados, hemos de preguntarnos de qu modo se encuentra el mismo en la base de la crisis ecolgica en curso. Las formas que el entramado institucional capitalista ha adoptado han variado significativamente a lo largo de su par de siglos de historia, particularmente desde comienzos de la dcada de los ochenta del pasado siglo XX. Una constante a lo largo de toda esa historia ha consistido, no obstante, en el protagonismo de un tipo particular de institucin social en el contexto de la vida econmica, cultural y poltica de nuestras sociedades, a saber, las corporaciones privadas. De ellas parten las decisiones y las rdenes acerca de qu hacer con los frutos del esfuerzo colectivo, de forma que a nadie debiera extraar que se destinen a proteger e incrementar su predominio. Anotemos al margen que es imposible encontrar en el registro histrico una encarnacin ms perfecta del ideal autoritario que estas instituciones: si no eres el director ejecutivo, un consejero delegado o un accionista mayoritario no tienes derecho a saber absolutamente nada acerca de los procesos de toma de decisin en los que pueda encontrase inmersa una corporacin, y sobra aadir que todo el mundo excepto esa exigua minora de ejecutivos e inversores est por principio excluido de participar en esos procesos de toma de decisiones.

La obvia incompatibilidad entre cualquier interpretacin de la nocin de democracia y la existencia de estas tiranas hermticas no se limita a esta cuestin de la estructura interna de los procesos de toma de decisin acerca de la produccin o la inversin, pues las corporaciones han invertido durante dcadas formidables esfuerzos en la expansin de su ideal radicalmente antidemocrtico ms all de las fronteras de su organizacin interna. Uno de los mecanismos ms efectivos a este fin ha consistido en dar cuerpo a lo que ha venido a denominarse un senado virtual de inversores y prestamistas en virtud del cual nuestros gobiernos [formalmente democrticos] se enfrentan al dilema de un electorado dual: tenemos, por una parte, a los ciudadanos, que votan cada cuatro aos y, por otra, a aquella lite financiera que a diario realiza un referndum actualizado momento a momento sobre las polticas econmicas y financieras adoptadas por aquellos gobiernos nominalmente democrticos [4].

Cuanto le cabe hacer en este contexto al ciudadano es observar pasivamente qu decide hacer la minora opulenta con los frutos del trabajo colectivo o, a lo sumo, obedecer a cambio de un sueldo las rdenes que en estas autocracias hermticas descienden por la misma vertical por la que ascienden los beneficios. Una vez dentro de una cadena de mando de este tipo, si cumples con tu cometido, estupendo; si no, ests en la calle. Y bien, cul es ese cometido? El mismo en todos los casos, ocupes el eslabn que ocupes en la cadena de mando: incrementar beneficios y ampliar cuota de mercado. Hoy que se habla tanto de responsabilidad corporativa no debiramos perder de vista que sta es la nica responsabilidad de cualquier corporacin, al punto que ha de ser descrita como un imperativo, y es justamente este imperativo el que hace del entramado institucional que las corporaciones dominan la causa ltima de la crisis ecolgica en curso. Es este imperativo de maximizacin y crecimiento el que hace palidecer la importancia del colapso ambiental ante lo que de verdad importa: bonos millonarios por desempeo o guarismos parpadeantes indicando incrementos de capitalizacin burstil. En otras palabras, el objetivo de una corporacin es el de crecer y obtener beneficios, suponga ello la ruina de rtico, la de la Amazona, la de la biosfera o la del sistema solar: los inversores no invierten para matar el rato. Subrayemos que no se trata de maldad o estupidez individual, sino de la forma ms peligrosa de estupidez institucional que haya acogido la historia humana.

Es en esta estupidez institucional en lo que debemos pensar cuando leemos que las cinco principales petroleras han venido invirtiendo anualmente cientos de millones en echar por tierra cualquier iniciativa encaminada a combatir el cambio climtico [5]. Los ejecutivos encargados de coordinar campaas de lobby y desinformacin como stas no estn locos. En tanto individuos, con toda seguridad, se preocupan por el futuro del planeta, y puede que incluso sean socios de Greenpeace. No obstante, en su rol institucional, su tarea consiste en acelerar nuestra marcha hacia el precipicio. Y no es que sean malas personas. Lo que ocurre es que su cometido dentro de la organizacin, incluso su obligacin legal, es obtener beneficios y cuota de mercado a corto plazo [6]. Si surgen dificultades de conciencia a la hora de desempear semejante trabajo, se plantean ipso facto dos alternativas: la dimisin o el despido; siempre se dispone de un ejrcito de reserva esperando para sustituir al objetor. Los motivos por los cuales este imperativo institucional de maximizacin ha de ser descrito como una forma de estupidez institucional son tan obvios como los motivos por los cuales esta estupidez es letal en sus implicaciones [7].

2. Los sntomas de nuestra enfermedad

Habindonos aproximado ya por ms que superficialmente a la cuestin etiolgica, echemos ahora un vistazo a la nosologa de nuestra patologa global introduciendo unas sucintas pinceladas que nos permitan delimitar sus contornos generales. Descuellan aqu tres procesos interrelacionados y extremadamente ominosos: la sexta extincin masiva de la historia de la vida en la Tierra, el calentamiento global y la escasez de recursos.

Disponemos de una extensa literatura especializada acerca de cada uno de estos procesos, y prcticamente cada semana se publican y discuten en las revistas especializadas de mayor impacto nuevos datos, habitualmente ms funestos que los de la semana anterior. As, por ejemplo, si Jonathan Payne y colaboradores concluan en un influyente artculo publicado en Science en noviembre de 2016 que nuestros ocanos vienen sufriendo una extincin masiva de suficiente intensidad y selectividad ecolgica como para ser clasificada junto con las cinco previas, Gerardo Ceballos, Paul Ehrlich y Rodolfo Dirzo extendan en julio de 2017 esas conclusiones a los vertebrados terrestres en un artculo publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America [8]. En concreto, y a pesar de que estimaciones previas indicaban que la actual tasa de extinciones es aproximadamente 1.000 veces mayor que durante los ltimos 60 millones de aos [9], Ceballos, Ehrlich y Dirzo argumentan convincentemente que la magnitud de la extincin masiva en curso ha venido siendo sistemticamente subestimada al no tomar en consideracin datos relativos a la prdida y reduccin de poblaciones de especies no extintas. Al incluir estos datos en la ecuacin obtenemos, en palabras de los autores, una imagen sombra del futuro, ms sombra an que la proyectada por la evidencia previamente analizada. Esta imagen sombra atraviesa tambin las pginas del duodcimo Informe Planeta Vivo, que adverta en octubre de 2018 de una disminucin promedio de las poblaciones de vertebrados de en torno a un 60% en apenas 40 aos [10]. Cuando el pasado 6 de mayo de 2019 el IPBES anunci la prxima publicacin de su evaluacin mundial de la biodiversidad basada en el anlisis de toda la literatura cientfica pertinente, aprovech para poner lo obvio de relieve: este declive global sin precedentes de la biodiversidad supone una amenaza directa para el bienestar humano en todas las regiones del mundo; estamos estirando nuestra red de seguridad hasta su punto de ruptura [11].

Es interesante hacer notar en este punto que, por algn motivo, el principal motor de esta grave erosin de la biodiversidad no se digna a hacer acto de presencia en los medios de comunicacin. Sealemos, contra la norma pues, que alrededor de dos terceras partes de la prdida total de vida salvaje se deben a la produccin de alimentos y, en concreto, a la creciente tendencia a arrasar con buldceres millones de hectreas de bosques y selvas tropicales para transformarlas en monocultivos de cereales con los que posteriormente se cebarn miles de millones de animales criados industrialmente, un proceso en el que se disipa al menos un tercio de toda la cosecha global de cereales y casi toda la de soja suficiente comida para cuatro mil millones extra de personas [12].

El segundo de los tres sealados sntomas de nuestra patologa planetaria es el calentamiento global, un proceso extremadamente complejo y multidimensional cuyo perfil destaca, sin embargo, con total claridad: existen pocos fenmenos cuyos principios fundamentales sean objeto de mayor asenso en la comunidad cientfica. De acuerdo con dichos principios, conforme aumenta la concentracin de determinados gases en la atmsfera, en mayor medida se comporta la misma como un aislante trmico, y se da el caso de que hemos estado emitiendo esa clase de gases de forma masiva durante medio siglo. A su vez, la disrupcin del sistema climtico global ocasionada por el incremento de las temperaturas medias concomitante a aquel aumento de la concentracin de gases de efecto invernadero trae consigo una mayor frecuencia e intensidad de sequas e inundaciones, olas de calor y de fro, aumento del nivel del mar y acidificacin de sus aguas. Nuevamente, cada semana disponemos de datos que hacen palidecer a los peores de la semana anterior. As, escogiendo un par de ejemplos al azar, el pasado 26 de marzo de 2019 un estudio de la Agencia Internacional de la Energa nos informaba de que la expansin de la economa global vino acompaada en 2018 de un nuevo rcord histrico en nuestros niveles de emisiones [13]. Cuando un mes y medio ms tarde se registraran por vez primera niveles de CO 2 superiores a 415 partes por milln, la prensa internacional se hizo eco de las palabras del meteorlogo Eric Holthaus: Es la primera vez en la historia humana que la atmsfera de nuestro planeta tiene ms de 415 ppm de CO 2 . No ya en toda la historia registrada, no ya desde la invencin de la agricultura hace 10.000 aos: desde antes de que existieran los seres humanos, hace millones de aos. No conocemos un planeta como ste [14].

Pocos das antes de que se publicara el informe de la Agencia Internacional de la Energa, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente anunciaba que, incluso aunque se cumplieran los objetivos de reduccin de emisiones del Acuerdo de Pars, las temperaturas invernales del rtico se elevarn en el prximo par de dcadas lo suficiente como para devastar la regin, produciendo enormes impactos a nivel mundial al desatar el aumento global del nivel del mar [15]. A finales de abril, un artculo publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America continuaba engrosando el abultado catlogo de resultados ominosos: la velocidad a la que la capa de hielo de Groenlandia se derrite se ha multiplicado por seis desde los ochenta, experimentando una aceleracin tal que, del total de la contribucin del deshielo de la isla al aumento del nivel del mar a lo largo del ltimo medio siglo, la mitad se debe a los ltimos ocho aos [16]. Por desgracia, tampoco en el otro extremo del planeta pintan las cosas mucho mejor: segn datos publicados en Nature en junio de 2018, la tasa de deshielo antrtico se ha triplicado en apenas una dcada. Es difcil leer con apata la primera frase del artculo en que aparecieran dichos datos, particularmente al aadir a los mismos la creciente evidencia de vulcanismo antrtico: las capas de hielo de la Antrtida contienen suficiente agua como para elevar 58 metros el nivel del mar [17].

Puede que el cambio climtico se nos antoje en occidente como algo que habremos de sobrellevar de un modo u otro en el futuro. No obstante, los perdedores primero del colonialismo y luego de la globalizacin lo ven de otro modo. En las regiones ms empobrecidas del planeta, los cada vez ms graves y frecuentes desastres relacionados con el clima obligan a ms de 20 millones de personas a abandonar cada ao su lugar de residencia [18]. Estos desastres estn convirtindose, adems, en la principal causa de empobrecimiento en dichas regiones, en las que cientos de millones de personas extremadamente pobres viven en los pases en los que la magnitud y frecuencia de esta clase de desastres es, por lo pronto, mayor [19]. Las palabras del Secretario General de las Naciones Unidas Antnio Guterres acerca del cicln Idai, que afectara a mediados del pasado mes de marzo a ms de dos millones de personas en el sureste africano, levantan acta del ltimo episodio de esta historia de horror: otra campana de alarma sobre los peligros del cambio climtico, especialmente para los pases vulnerables y en riesgo. Tales eventos son cada vez ms frecuentes, ms severos, generalizados y devastadores, y esto continuar empeorando a no ser que actuemos ya [20]. Cuando a finales de abril un segundo cicln (Kenneth) alcanz la regin, dos millones de personas seguan necesitando ayuda humanitaria. Los mozambiqueos suscribiran pues sin reservas el pronstico de Guterres, del mismo modo que lo haran los indios y bangladeses, azotados a comienzos de mayo por el cicln ms fuerte que haya alcanzado la regin en dcadas (Fani).

Ciertamente, Guterres no dota de ese carcter perentorio a sus declaraciones a causa de su aficin al melodrama. As, por ejemplo, las conclusiones del informe especial que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climtico (IPCC) public el pasado 8 de octubre de 2018 son igualmente rotundas y apremiantes [21]. El IPCC se comprometi a preparar ese informe en el curso de las negociaciones que condujeron al Acuerdo de Pars, cuya meta ms optimista era la de mantener la temperatura media global por debajo de 1,5C sobre el nivel preindustrial. Tres aos despus del Acuerdo de Pars, cuando el IPCC public finalmente el informe ofreciendo sus anlisis y previsiones acerca de los riesgos e impactos previsibles de un aumento de la temperatura media global por encima de ese lmite, la prensa acert a sintetizarlo sin traicionar el ncleo de su mensaje: la humanidad tiene una docena de aos para mitigar el cambio climtico o afrontar la catstrofe global [22]. Lo que ha venido escapndosele a la prensa ha sido el hecho de que cada informe del IPCC ha sido duramente criticado por una importante proporcin de la comunidad cientfica a causa de su acusado sesgo hacia las conclusiones tranquilizadoras [23]. De este modo, slo dos semanas despus de que viera la luz el sealado informe especial de octubre de 2018 apareca publicado en Nature un artculo que echaba nueva lea al fuego de las conclusiones funestas. Una vez ms, los datos sugieren la necesidad de revaluar al alza las estimaciones previas, en este caso las estimaciones acerca del calentamiento de los ocanos, lo cual resulta especialmente preocupante a causa de su papel central en la regulacin del sistema climtico global. La nueva estimacin rebasa en ms de un 60% a la del quinto y ltimo informe del IPCC, lo que a su vez implica que, si pretendemos evitar las peores consecuencias del cambio climtico, debemos reducir nuestras emisiones de forma considerablemente mayor y ms rpida, abrindose una ventana para la descarbonizacin de la economa que difcilmente supera el par de aos [24].

Cerremos este apartado sobre el cambio climtico apuntando a su estrecho vnculo con el referido proceso de devastacin de los ecosistemas tropicales a manos de la ganadera industrial, que da cuenta del empleo del 80% de las tierras agrcolas y es responsable del 80% de la deforestacin a nivel global [25]. Las selvas tropicales haban venido siendo concebidas como un importante amortiguador del cambio climtico dado su potencial para la recaptacin natural de nuestras emisiones de carbono. Anotemos de pasada que, si bien es cierto que el papel de los ecosistemas boscosos en el calentamiento global es un tema de investigacin abierto y en debate, pocas dudas caben sobre el potencial mitigador de los claros enfriadores climticos que constituyen los bosques tropicales, principales afectados por el embate de la ganadera industrial [26]. Lamentablemente, la degradacin de estos enormes sumideros de carbono ha hecho de ellos gigantescos emisores netos, de forma que, segn datos recientemente publicados en Science, en lugar de absorber carbono, los ecosistemas tropicales lo emiten ahora a razn de unos 425 millones de toneladas anuales, un ritmo superior al de todo el trfico de Estados Unidos [27].

En cuanto al ltimo de nuestros tres sntomas, el de la escasez, su anlisis debe situarse a medio camino entre lo psicosocial y lo econmico. La estupidez institucional capitalista ha sabido concentrar la mitad de la riqueza mundial en manos del 1% de la poblacin, pero ha pretendido permanecer de espaldas al hecho de que la base material de esa riqueza no es infinita, sino de hecho alarmantemente escasa. Estamos viviendo los ltimos compases del ms breve episodio de la historia humana, a saber, el de la disponibilidad ingente de las materias primas y las fuentes de energa que han sustentado el fugaz paso por la existencia del joven mas ya provecto sistema contemporneo de produccin, distribucin y consumo, erigido sobre el sueo de la infinitud y legitimado por una teologa matematizada en todo caso incapaz de probar que su rgimen es el mejor de todos los regmenes posibles [28]. No habra motivos para la inquietud si se tratara de la abundancia o escasez de telurio o germanio, pero incluso el agua escasear, verosmilmente, no slo para los cientos de millones que dependen de los glaciares asiticos en retroceso, sino asimismo para los que arrojan por el desage de la agroindustria tres cuartas partes del agua dulce empleada anualmente [29].

A nadie debiera extraar que los portavoces de la estupidez institucional corporativa anuncien entusiasmados previsiones absurdas de crecimiento: el doble de coches, el doble de camiones, el doble de desplazamientos en avin, el doble de comercio martimo y todo ello en apenas un par de dcadas [30]. En vista de tan halageas previsiones de crecimiento, son tambin un par de dcadas cuanto cabe augurar a la disponibilidad de las materias primas vitales para la preservacin de esta suerte de civilizacin industrial excepcin hecha, segn datos del gobierno estadounidense, de la bauxita [31]. No perdamos de vista que ese prximo par de dcadas no acoger el crecimiento proyectado en el mero contexto de la escasez de materias primas, sino en el ms amplio del impacto de su uso a nivel planetario, siendo as que las tendencias y decisiones sociales y tecnolgicas adoptadas en los prximos diez o veinte aos podran influir significativamente en la trayectoria del sistema Tierra durante decenas o centenas de miles de aos y conducir potencialmente a condiciones que se asemejaran a estados planetarios que se vieron por ltima vez hace varios millones de aos, condiciones que seran inhspitas para las sociedades humanas actuales y para muchas otras especies contemporneas, [motivo por el cual] se requieren transformaciones generalizadas, rpidas y fundamentales del sistema socioeconmico dominante en la actualidad para reducir el riesgo de cruzar el umbral [32].

Hemos comentado tangencialmente el aspecto econmico del sntoma de la escasez. Abordando su aspecto psicosocial, Jorge Riechmann propona en un reciente encuentro que, al pretender vivir de espaldas a la manifiesta incompatibilidad entre aquellas previsiones de crecimiento y la finitud de nuestro planeta, nuestra cultura es terraplanista [33]. Hace unos aos formulaba una idea similar al parafrasear a Edgar Morin para sugerir que el animal orgullosamente autobautizado Homo sapiens sapiens es ms bien un Homo sapiens demens cuando su medioambiente sociocultural se aleja cada vez ms de la realidad [y] produce cada vez ms vctimas [34]. En este alejamiento de la realidad, la cultura dominante gua nuestra huida hacia adelante orientando el sutil proyecto de devastar la biosfera en el intento por preservar el capitalismo [35]. Ha de atravesarnos aqu un aturdimiento moral anlogo al de Bartolom de las Casas ante el salvajismo de conquistadores y encomenderos: Quin en las generaciones futuras creer esto? Yo mismo, escribiendo como testigo, apenas puedo creerlo [36].

Quiz la alusin al terraplanismo active algn irreflexivo resorte cmico, de forma que consideramos necesario incidir en que la distancia entre la gravedad del problema ecolgico y su percepcin ciudadana es uno de los abismos ms desgarradores del siglo XXI [37].

3. El mdico, el tratamiento y el pronstico

Ocupmonos ya de la tercera de las dimensiones a las que aludamos al principio, la relativa a quin debiera ser el agente de los pertinentes cuidados y terapias para nuestra patologa global. La cuestin no parece difcil de resolver, pues se trata de una patologa provocada por los pases desarrollados, en los que vive hoy menos del 20% de la poblacin, que consume, sin embargo, ms del 80% de los recursos empleados [38]. As, dado que nuestro consumo constituye el principal motor de la crisis ecolgica en curso, y dado que no slo compartimos nacionalidad con las corporaciones cuyas actividades se encuentran en el epicentro del terremoto, sino que adems disfrutamos de incomparables privilegios y oportunidades exentas de riesgo para la organizacin de la resistencia a sus programas de rapia y devastacin, nuestra cmplice pasividad debiera resultarnos sencillamente vergonzosa, particularmente al compararla con la entrega y la valenta de las comunidades indgenas del Sur global. Estas comunidades se han colocado al frente de la lucha mundial contra la destruccin de la biosfera aun cuando sus privilegios y oportunidades son, por decir lo menos, considerablemente inferiores a los del occidental medio: a menudo ilegal y violentamente empujadas fuera de sus tierras por la bien visible mano de la gestin corporativa de su capital natural, son tambin objeto de una persecucin que se plasma cada ao en decenas de asesinatos de activistas medioambientales [39]. Estamos cansados de ser asesinados (). Estamos cansados de este ecocidio y este genocidio de los pueblos indgenas. Estamos defendiendo el planeta! [40]. Estas palabras, recientemente pronunciadas en Brasil por un indio Apurina, podran haberse proferido en cualquier regin del planeta con presencia indgena significativa. De modo que en un extremo tenemos sociedades tribales indgenas que intentan detener la carrera hacia el desastre. En el otro extremo, las sociedades ms ricas y poderosas de la historia mundial () se apresuran a destruir el medioambiente lo ms rpido posible [41].

Ya sabemos, pues, cul es el origen causal de la enfermedad, cules son sus rasgos distintivos y a quin correspondera hacer las veces del mdico. Debiramos tratar ahora de determinar qu protocolo teraputico habra de seguir ese mdico. En vista de lo antedicho, parece obvio: consumir considerablemente menos y de forma ms responsable, organizar la oposicin a la estupidez institucional y comenzar a sembrar en el presente las semillas de un entramado institucional futuro en el que las actuales cotas de destruccin, injusticia y sufrimiento ocupen el lugar que les corresponde en la historia: el del pasado pre-civilizado. Sobra aadir que nada brotar de esas semillas sobre la base de las soluciones propuestas por los principales centros del poder poltico, a saber, los mercados de derechos de emisin, cuya inoperancia ha sido ampliamente documentada [42].

Nos queda slo el pronstico, y es triste admitir que cuanto parece restarnos es soar con que se obre el milagro no ya de la sanacin, sino el de la implementacin de cuidados paliativos tan desesperadamente necesarios como ausentes, por lo pronto, de nuestro horizonte. Pero el sueo es inadmisible cuando permanece abierta, como siempre, la puerta de la lucha tenaz.

Avanzamos hacia el colapso catastrfico de las sociedades industriales habiendo dejado atrs hace dcadas la oportunidad de emprender alguna clase de transicin socioecolgica razonable [43]. As las cosas, incluso evitar los perores daos podra ser hoy una meta, quiz, demasiado ambiciosa; pero resulta inexcusable permitir que esta idea desemboque en el abatimiento, el cinismo o la indiferencia: no podemos vender tan barata la base y la mdula de cuanto apreciamos [44].

 

Notas:

[1] Riechmann, J. El sntoma se llama calentamiento climtico, pero la enfermedad se llama capitalismo, Madrid, abril de 2014 [disponible en La Comuna, Es posible detener el calentamiento global?, El viejo topo, 4 de marzo de 2016]. Castillo, G. El cambio climtico es el sntoma pero la enfermedad es el capitalismo, entrevista con Jorge Riechmann, Contexto, 26 de septiembre de 2017.

[2] Cf., v. g., Allen, R. C. (2011) Historia econmica mundial: una breve introduccin, Madrid: Alianza, p. 13. Kocka, J. (2013) Historia del capitalismo, Barcelona: Crtica, p. 109. Chomsky, N. (1997) Market democracy in a neoliberal order: Doctrines and reality, Z Magazine, 10(11). Chomsky, N. (1999) El beneficio es lo que cuenta. Neoliberalismo y orden global, Barcelona: Crtica. Chomsky, N. Neoliberalism: An Accounting, Amherst, abril de 2017. Chang, H.-J. (2008) Bad Samaritans: The Guilty Secrets of Rich Nations and the Threat to Global Prosperity, London: Random House. Palazuelos, E. (2015) Economa poltica mundial, Madrid: Akal.

[3] Chomsky, N. (1996) Enduring truths, CovertAction Quarterly, 56, pp. 45-51, p. 47. Chomsky, N. (2014) Democracy and Power. The Delhi Lectures, Cambridge: Open Book Publishers, p. 77.

[4] Chomsky, N. (2003) Hegemony or Survival: America's Quest for Global Dominance, New York: Henry Holt, p. 138.

[5] Laville, S. Top Oil Firms Spending Millions Lobbying to Block Climate Change Policies, Says Report, The Guardian, 22 de marzo de 2019. InfluenceMap (2019) Big Oils Real Agenda on Climate Change, London: InfluenceMap.

[6] Chomsky, N. (2007) Lo que decimos, se hace. Barcelona: Pennsula, pp. 148-149.

[7] Chomsky, N. Noam Chomsky on Institutional Stupidity, Philosophy Now, 107, abril/mayo, 2015.

[8] Payne, J. L. et al. (2016) Ecological selectivity of the emerging mass extinction in the oceans, Science, 353(6305), pp. 1284-1286. Ceballos, G., Ehrlich, P. R. & Dirzo, R. (2017) Biological annihilation via the ongoing sixth mass extinction signaled by vertebrate population losses and declines, Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 114(30), pp. E6089-E6096.

[9] De Vos, J. M. et al. (2014) Estimating the normal background rate of species extinction, Conservation Biology, 29(2), pp. 452-462.

[10] Grooten, M. & Almond, R. E. A. (2018) Informe Planeta Vivo 2018: Apuntando ms alto, Gland: WWF.

[11] IPBES Media Release: Natures Dangerous Decline Unprecedented; Species Extinction Rates Accelerating, IPBES, 6 de Mayo de 2019.

[12] Lymbery, P. (2017) Dead Zone. Where the Wild Things Were, London: Bloomsbury, pp. xiv-xvi.

[13] IEA (2019) Global Energy and CO 2 Status Report, Paris: IEA.

[14] Grandoni, D. The Energy 202: EPA Finally Added West Virginia Site Plagued by Chemical Dumping to Priority Cleanup List, The Washington Post, 14 de Mayo de 2019.

[15] UNEP Aumento de temperatura de 3C a 5C ser inevitable en el rtico, UNEP, 13 de marzo de 2019.

[16] Mouginot, J. et al. (2019) Forty-six years of Greenland Ice Sheet mass balance from 1972 to 2018, Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, Apr 22, 201904242.

[17] The IMBIE team (2018) Mass balance of the Antarctic Ice Sheet from 1992 to 2017, Nature, 558(7709), pp. 219-222. McKie, R. Scientists Discover 91 Volcanoes below Antarctic Ice Sheet, The Guardian, 12 de agosto de 2017. Loose, B. et al. (2018) Evidence of an active volcanic heat source beneath the Pine Island Glacier, Nature Communications, 9, art. n 2431.

[18] UNHCR Frequently Asked Questions on Climate Change and Disaster Displacement, UNHCR, 6 de noviembre de 2016. Jeffrey, S. & Rehman, A. Desperate Exodus of the Climate Refugees, The Guardian, 9 de enero de 2017.

[19] Shepherd, A. et al. (2013) The geography of poverty, disasters and climate extremes in 2030, Overseas Development Institute, Informe de Investigacin, 2013/10. Elliot, L. Natural Disasters Push 26m into Poverty each Year, Says World Bank, The Guardian, 14 de noviembre de 2016. Kumari Rigaud, K. et al. (2018) Groundswell: Preparing for Internal Climate Migration, Washington: The World Bank. Martin, R. Climate Change: Why the Tropical Poor Will Suffer Most, MIT Thechnology Review, 17 de junio de 2015.

[20] Guterres, A. Secretary-General's Press Encounter on Cyclone Idai, United Nations Secretary-General, 26 de marzo de 2019.

[21] IPCC (2018) Global Warming of 1.5C. An IPCC Special Report on the impacts of global warming of 1.5C above pre-industrial levels, Geneva: IPCC.

[22] Democracy Now! Typhoon Haiyan Survivor: Fossil Fuel Companies Killed My Family by Hastening Climate Change, Democracy Now!, 12 de diciembre de 2018.

[23] Cf., v. g., Brown, P. T. & Caldeira, K. (2017): Greater future global warming inferred from Earths recent energy budget, Nature, 552(7683), pp. 45-50. Horton, B. P. et al. (2014) Expert assessment of sea-level rise by AD 2100 and AD 2300, Quaternary Science Reviews, 84(15), pp. 1-6. Stern, N. (2016) Economics: Current climate models are grossly misleading, Nature, 530(7591), pp. 407-409. Brysse, K. et al. (2013) Climate change prediction: Erring on the side of least drama?, Global Environmental Change, 23(1), pp. 327-337. Scherer, G. Climate Science Predictions Prove too Conservative, Scientific American, 6 de diciembre de 2012. Overland, J. E. & Wang, M. (2013) When will the summer Arctic be nearly sea ice free?, Geophysical Research Letters, 40(10).

[24] Resplandy, L. et al. (2018) Quantification of ocean heat uptake from changes in atmospheric O 2 and CO 2 composition, Nature, 563, pp. 105-108. Kelly, M. & Monroe, R. Earths Oceans Have Absorbed 60 Percent more Heat per Year than Previously Thought, Princeton University, 1 de noviembre de 2018. Figueres, C. et al. (2017) Three years to safeguard our climate, Nature, 546(7660), pp. 593-595.

[25] Cf. FAO (2013) FAO Statistical Yearbook 2013: World Food and Agriculture, Rome: FAO. Kissinger, G., Herold, M. & De Sy, V. (2012) Drivers of Deforestation and Forest Degradation: A Synthesis Report for REDD+ Policymakers, Vancouver: Lexeme Consulting. Animals Farmed, What is the True Cost of Eating Meat?, The Guardian, 7 de mayo de 2018.

[26] Popkin, G. (2019) The forest question, Nature, 565(7739), pp. 280-282, p. 281.

[27] Baccini, A. et al. (2017) Tropical forests are a net carbon source based on aboveground measurements of gain and loss, Science, 358(6360), pp. 230-234.

[28] Varoufakis, Y. Utopian Science Fictions Legitimising our Current Dystopia. 2019 Taylor Lecture, Oxford University, 12 de febrero de 2019.

[29] Para recientes comentarios en prensa de la cada vez ms alarmante situacin de los primeros, cf. Fountain, H., Solomon, B. C. & White, J. Glaciers Are Retreating. Millions Rely on Their Water, New York Times, 16 de enero de 2019. Hedges, C. & Jamail, D. (2019) Climate Emergency with Dahr Jamail, On Contact, 23 de febrero de 2019.

[30] Nitch Smith, M. The Number of Cars Worldwide Is Set to Double by 2040, World Economic Forum, 22 de abril de 2016. Scutt, D. This Chart Shows an Insane Forecast for Worldwide Growth of Ships, Cars, and People, Business Insider, 19 de abril de 2016.

[31] Tanto para este dato como para estimaciones recientes de disponibilidad y reservas de materias primas, cf. Taibo, C. (2017) Colapso. Capitalismo terminal, transicin ecosocial, ecofascismo. Buenos Aires: Libros de Anarres, pp. 81-82; Taibo, C. (2014) Por qu el decrecimiento? Un ensayo sobre la antesala del colapso. Barcelona: Los libros del lince, pp. 65-66.

[32] Steffen, W. et al. (2018) Trajectories of the earth system in the anthropocene, Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 115(33), pp. 8252-8259.

[33] El sealado encuentro tuvo lugar bajo el ttulo La ecologa como sntoma, el capitalismo como enfermedad en La Cabrera, Madrid, el pasado 1 de abril de 2019.

[34] Riechmann, J. (2012) Interdependientes y ecodependientes. Ensayos desde la tica ecolgica (y hacia ella), Barcelona: Proteus, p. 152. Marguerite Yourcenar, Quin puede saber si el alma del animal desciende bajo la tierra?, citado en Riechmann, op. cit., p. 162.

[35] Riechmann, J. (2017) Vivir como buenos hurfanos? Ensayos sobre el sentido de la vida en el Siglo de la Gran Prueba, Madrid: Catarata, p. 65.

[36] Bartolom de las Casas, Historia de las Indias, citado en J. Riechmann (2012) Interdependientes y ecodependientes. Ensayos desde la tica ecolgica (y hacia ella), Barcelona: Proteus, p. 413.

[37] Santiago Muio, E. (2018) Eplogo. La verdadera transicin que viene, en J. Riechmann, A. Matarn & O. Carpintero (coords.), Para evitar la barbarie. Trayectorias de transicin ecosocial y de colapso, Granada: Editorial Universidad de Granada, pp. 313-316, p. 313.

[38] Cf. Ngo, C., Natowitz, J. (2016) Our Energy Future: Resources, Alternatives and the Environment, Hoboken: Wiley, p. 120. United Nations Development Programme (1998) Human Development Report 1998. Consumption for Human Development, New York/Oxford: Oxford University Press. Ridoux, N. (2009) Menos es ms. Introduccin a la filosofa del decrecimiento, Barcelona: Los libros del lince, p. 31. Taibo, C. (2009) En defensa del decrecimiento. Sobre capitalismo, crisis y barbarie, Madrid: Los libros de la catarata, p. 15. Hemos de tener presente que, incluso aunque las cifras sean ya escandalosas, parece que la cantidad de recursos consumidos en los pases desarrollados ha venido siendo subestimada por los indicadores disponibles. Cf. Wiedmann, T. O. et al. (2015) The material footprint of nations, Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 112(20), pp. 6271-6276.

[39] Cf., v. g., Rodrigo, A. Indgenas denuncian a mineras ante la ONU por violar sus derechos en la Amazona, Pblico, 6 de noviembre de 2018. Global Witness (2017) Defenders of the Earth. Global Killings of Lands and Environmental Defenders in 2016, London: Global Witness. Global Witness (2016) On Dangerous Ground. 2015's Deadly Environment: The Killing and Criminalization of Land and Environmental Defenders Worldwide, London: Global Witness.

[40] Democracy Now! Thousands of Indigenous People Protest Bolsonaros Deforestation Policies, Democracy Now!, 25 de abril de 2019.

[41] Chomsky, N. How to Destroy the Future, The Guardian, 4 de junio de 2013. Reproducido con posterioridad en Chomsky, N. (2016) Who Rules the World?, New York: Metropolitan.

[42] Cf. Tanuro, D. (2011) El imposible capitalismo verde. Del vuelco climtico capitalista a la alternativa ecosocialista, Madrid: Los Libros de Viento Sur, caps. 6 y 7. Pearse, R. & Bhm, S. (2014) Ten reasons why carbon markets will not bring about radical emissions reduction, Carbon Management, 5(4), pp. 325-337.

[43] Riechmann, J. (2018) El colapso no es el fin del mundo: pistas para una reflexin estratgica, en J. Riechmann, A. Matarn & O. Carpintero (coords.), Para evitar la barbarie. Trayectorias de transicin ecosocial y de colapso, Granada: Editorial Universidad de Granada, pp. 247-311, p. 250.

[44] Sempere, J. (2018) Las cenizas de Prometeo. Transicin energtica y socialismo, Barcelona: Pasado y presente, p. 195.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-180/ensayo/la-crisis-ecologica-es-el-sintoma-el-capitalismo-la-enfermedad

 



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