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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-06-2019

El capitalismo es un artero viejo maoso

Marcelo Colussi
Rebelin


I

Algunas dcadas atrs, cuando a nivel mundial se conjugaron una serie de elementos que presentaban un panorama favorable a las fuerzas progresistas (avance del pensamiento de izquierda, crecimiento de las organizaciones populares, mstica guevarista y propagacin de movimientos de va armada, auge de los movimientos estudiantiles inspirados en el mayo francs de 1968, teologa de la liberacin), era pensable que la toma del poder y la construccin de un mundo nuevo concebido desde ideales socialistas de justicia estaban a la vuelta de la esquina. Los aos 60 y 70 del siglo pasado, quiz con un aire excesivamente triunfalista pero honesto, saludable, para echar de menos y reivindicar hoy da lo permitan deducir: las causas populares y de justicia avanzaban impetuosas.

En estos momentos, ya bien entrado el siglo XXI, aquella marea de cambio que se mostraba imparable no existe. Y no slo eso: muchos de los avances sociales conseguidos durante los primeros aos del siglo XX (derechos laborales, programas sociales) hoy da se han revertido, en tanto que el ambiente dominante a escala planetaria, impulsado desde los poderes centrales que dictan las polticas globales, se ha tornado despolitizado, desideologizado, light , para decirlo de un modo que lo ejemplifica todo (lo anglosajn marca el ritmo).

El sistema capitalista, de quien se anunciaba victorioso estaba por caer eso se crea con profunda honestidad no cay. Lejos de ello, se muestra muy vivo, activo, vigoroso. De la Guerra Fra que marc a sangre y fuego por largos aos la historia global, fue el capitalismo quien sali airoso, y no la propuesta socialista. El muro de Berln, smbolo de esa confrontacin justamente, se termin vendiendo por trocitos como recuerdo turstico. Y de las posiciones ideolgicas de izquierda que definieron buena parte de los acontecimientos del siglo XX, hoy parecieran quedar slo algunos sobrevivientes, pero no son las que marcan el ritmo de los acontecimientos.

Vistas as las cosas, el panorama pareciera sombro. En un sentido, por supuesto que lo es. Las represiones brutales que siguieron a esos aos de crecimiento de las propuestas contestatarias, los miles y miles de muertos, desaparecidos y torturados que se sucedieron en cantidades dantescas durante las ltimas dcadas del siglo XX en los pases del Sur con la declaracin de la emblemtica Margaret Tatcher no hay alternativas como teln de fondo, el miedo que todo ello dej impregnado, son los elementos que configuran nuestro actual estado de cosas, que sin ninguna duda es de bastante desmovilizacin, parlisis, de desorganizacin en trminos de lucha de clases. Lo cual no quiere decir que la historia est terminada (la lucha de clases contina!). La historia tambin contina, y la reaccin ante el estado de injusticia de base (que por cierto no ha cambiado) sigue presente. Ah estn nuevas protestas y movilizaciones sociales recorriendo el mundo, quiz no con idnticos referentes a los que se levantaban dcadas atrs, pero siempre en pie de lucha reaccionando a las mismas injusticias histricas, con la aparicin incluso de nuevos frentes: las reivindicaciones tnicas, de gnero, de identidad sexual, la lucha por el medio ambiente. Hoy da, en Latinoamrica por ejemplo, los pueblos originarios que luchan contra el capitalismo extractivista (minera, empresas forestales, agro-negocio de monoproduccin depredadora, hidroelctricas realizadas sin tomar en cuenta a las poblaciones) se ha convertido en la principal fuente de avanzada antisistmica.

De todos modos, aunque es cierto que las luchas reivindicativas no terminaron ni es posible que terminen, porque son el motor de la historia precisamente estn adormecidas. En trminos generales lo que ms se ha instalado en la cultura poltica de la poblacin planetaria es el conformismo, la cultura de resignacin, la mansedumbre. Eso marca nuestro momento actual. En ese sentido, entonces, podemos decir sin temor a equivocarnos que el capitalismo no est muerto. La lucha ideolgica sigue viva, y el sistema dominante la hace muy bien.

II

Junto a ello, algo que igualmente marca este momento es la crisis financiera del sistema capitalista a escala planetaria, que ya lleva una dcada y no da miras de terminar en lo inmediato. Crisis que, tal vez de haberse dado en aquellas dcadas de auge de luchas populares, hubiera hecho pensar en su inminente cada como sistema abriendo condiciones para que ello se concretara quiz, pero que en este momento sirve para descubrir otras cosas: que el capitalismo no est en fase de agona, sino que se ha transformado en un viejo maoso , an con mucha energa, que se sabe readecuar, que se recicla y contina adelante.

Por qu viejo maoso? Porque est dando renovadas muestras que se las sabe todas, y con aire mafioso no slo sobrevive como sistema sino que an no se le ve final a la vista. Y peor an: que para seguir sobreviviendo apela a cuanto juego sucio podamos imaginarnos, de lo ms deleznable, bajo y ruin, pero siempre presentado como polticamente correcto. Hoy se lleg a entronizar aquello de la post-verdad. Es decir: el auge de la mentira llevada a su mxima expresin. No interesa la verdad sino la forma en que se presentan las cosas (eso es la guerra meditico-psicolgica que actualmente cursamos, guerra de engaos, ocultamientos, falsedades).

Existe un dato muy importante, que en trminos estratgicos de mediano plazo marca un escenario desconocido aos atrs: el capitalismo de las que hasta hoy son las potencias, Estados Unidos, Europa y Japn, ya no est creciendo con igual empuje que antao, sino que se recicla. La potencia juvenil de los primeros burgueses de las ciudades medievales europeas, la potencia de los primeros cuqueros llegando en el Mayflower a la tierra de promisin americana, todo eso ya no est. En todo caso el nuevo capitalismo chino est dando muestras de una vitalidad ya perdida en los puntos histricos de desarrollo. An es un misterio cmo se seguir comportando este nuevo capitalismo del gigante asitico, si seguir los mismos pasos transitados por las potencias tradicionales transformndose en un nuevo imperialismo guerrerista, tal como todos los crecimientos capitalistas considerables terminaron dando como resultado (aunque de momento no est tomando esa senda. Su propuesta de la Nueva Ruta de la Seda, por ejemplo, se plante en trminos de ganar-ganar). Lo cierto es que en los pases histricos del sistema (y en Estados Unidos ms an, lder de ese arrollador crecimiento de la empresa privada por ms de un siglo), todo indicara que se est involucionando. Pero no desapareciendo. El capitalismo est enfermo, pero no agnico.

Qu significa esto? Que el capitalismo, como sistema desarrollado hasta niveles descomunales en cuanto a lo tcnico, encontr un lmite y se ha comenzado a dedicar cada vez ms a sobrevivir, permtasenos decirlo as: en la holgazanera. El capital busca lucrar, nada ms. Su esencia es esa. Con el advenimiento de la industria moderna, cre mercados nacionales cada vez ms grandes, transformando toda la vida cotidiana en mercanca para vender, inventando nuevas necesidades, promoviendo un consumismo desaforado, llegndose al absurdo contrasentido de una obsolescencia programada (que todo se gaste rpido para reemplazarlo). De ese modo acumul gigantescas cantidades de dinero. Pero el proceso de acumulacin nunca fren, y desde hace varias dcadas asistimos a un crecimiento exponencial del mbito financiero. La creatividad industrial, que por supuesto no ha muerto, se va trocando hacia formas de parasitismo social, fabulosas para los grandes poderes, pero inservibles para la poblacin, y para el sistema mismo. La savia productiva se va viendo reemplazada por la especulacin financiera, y entre los negocios ms redituables van consolidndose los ligados a la destruccin: las armas, la guerra, el narcotrfico. En ese sentido, entonces, el capitalismo no est muerto, pero s severamente enfermo, aunque pueda sobrevivir por mucho tiempo ms an. Y junto a ello, se dedica en forma creciente a la especulacin. Lo cual no es ms que una forma de usura, legal para el caso.

Hoy por hoy los capitales ms acrecentados se van dedicando a ese negocio improductivo, parasitario, inmoral que es la especulacin. Los megacapitales globales se reciclan y se agigantan de manera ficticia en la banca, en los parasos fiscales, en esa burbuja inconducente dada por las finanzas. En general actan como fuerzas ms all de los Estados nacionales. Estos grandes capitales, que juegan a las finanzas, compran y venden empresas rentables (o empresas fundidas para luego levantarlas), que especulan en las bolsas de valores, que influyen/determinan en los precios de los productos primarios (energticos, alimentos, materias primas varias), que reciben enormes inyecciones financieras de los negocios no muy santos (narcoactividad, redes de ventas ilegales de armas), prescinden de regulaciones y controles estatales. Pero al mismo tiempo necesitan de los viejos Estados nacionales para controlar a las poblaciones, hacerles recibir crditos leoninos (en los pases pobres, que quedan endeudados y atados a los organismos financieros internacionales: Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial) y producir guerras que aseguren el flujo de capitales a travs de la industria militar. Y luego, eventualmente, reconstruir los pases destruidos.

La crisis financiera actual viene a resaltar los lmites infranqueables del sistema: desde un esquema capitalista, que se basa slo en la obtencin de ganancia empresarial a cualquier costo y nada ms, la inercia misma del sistema hace prescindible a la gente y lo nico que interesa es la acumulacin. Esta lgica se independiza y se mueve sola, casi con la mecnica de una mquina automatizada. El sistema no puede detenerse en la gente de carne y hueso; eso no importa, es prescindible, no cuenta al final del proceso. La acumulacin capitalista llega a tal nivel de autonomizacin que lo ms importante puede llegar a ser la muerte, si es que eso da ganancia. Tan es as que el actual modelo capitalista lo demuestra con creces: la guerra, la muerte, los negocios sucios como el trasiego de estupefacientes, son su energa vital. Cada vez ms. Para el capitalismo ms desarrollado, ese que tom la delantera durante todo el siglo XX, el negocio de la destruccin pas a ser su ms importante salida. La guerra, la destruccin de pases y su posterior construccin, la inversin siempre creciente en armamentos, es su dinmica por excelencia.

El capitalismo chino (o, si se quiere decir como lo hacen las autoridades del Partido Comunista Chino: el socialismo de mercado), imponente economa a escala planetaria, siempre en ascenso an en plena crisis financiera de los grandes centros capitalistas histricos y disputndole la hegemona global a Estados Unidos, de momento no muestra estas caractersticas mafiosas. Seramos quiz algo ilusos si pensamos que ello se debe a una tica socialista que an perdurara en el dominante Partido Comunista que sigue manejando los hilos polticos del pas. En todo caso responde a momentos histricos: la revolucin industrial de la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX, o el gran salto estadounidense que se registra entre el siglo XIX y el XX, China recin ahora la est pasando, al modo chino por supuesto, con sus peculiaridades tan propias (la sabidura y la prudencia ante todo). Lo cierto es que en 20 aos esa economa creci lo que a Gran Bretaa o a Estados Unidos le tom un siglo.

Queda entonces el interrogante de hacia dnde se dirigir ese proyecto asitico. Pero lo que es descarnadamente evidente es que el capitalismo ya envejecido se mueve cada vez ms como un capo mafioso, como un viejo maoso, pleno de ardides y tretas sucias. Entre las actividades comerciales ms dinmicas hoy da a nivel mundial se encuentran la produccin de armas y el trfico de drogas ilcitas. Y los dineros que todo eso genera alimentan las respetables bolsas de comercio que marcan el rumbo de la economa mundial al tiempo que se esconden en mafiosos parasos fiscales intocables. En ese sentido, la enfermedad estructural define al capitalismo actual.

III

Si el negocio de la muerte se ha entronizado de esa manera, si lo que duplica fortunas inconmensurables a velocidad de nanotecnologa es la constante en los circuitos financieros internacionales, si en una simple operacin burstil se fabrican cantidades astronmicas de dinero que no tienen luego un sustento material real, si el capitalismo en su fase de hiper desarrollo del siglo XXI se representa con parasos fiscales donde lo nico que cuenta son nmeros en una cuenta de banco (o en una pantalla de computadora) sin correspondencia con una produccin tangible, si destruir pases para posteriormente reconstruirlos est pasando a ser uno de los grandes negocios, si lo que ms se encuentra a la vuelta de cada esquina son drogas ilegales como un nuevo producto de consumo masivo mercadeado con los mismos criterios y mercadotecnia con que se ofrece cualquier otra mercadera legal, todo esto demuestra que como sistema el capitalismo no tiene salida. La produccin de bienes tangibles se ha ido reemplazando por toda esa dimensin disparatada, por acciones que no traen ningn beneficio a las poblaciones, por lgicas que solo sirven para la acumulacin de minsculas minoras.

Por supuesto que al sistema esa nueva tendencia no le molesta especialmente. Si da dinero, eso es lo que cuenta, es la macabra sentencia. As naci, creci y se globaliz el sistema. As arras buena parte de la naturaleza y diezm culturas ancestrales, arrollando a su paso todo lo que le significaba un obstculo en su loca carrera por acumular. Pero hoy se ha entrado en una nueva fase donde al sistema ya no le interesa slo la produccin de bienes y servicios tiles para sus consumidores, pues lo nico que lo mueve es la continuacin de esa acumulacin. Y como el capitalismo tiene un tope en tanto sistema en la produccin de esos bienes, para seguir mantenindose debe generar nuevos espacios donde desarrollarse, donde seguir reproducindose. Es as que va perfilndose este capitalismo de corte mafioso, este viejo maoso interesado en promover nuevos campos de consumo como las guerras y el uso masivo de drogas ilegales.

Esto no es un simple hecho anecdtico, una transgresin, una travesura. La produccin de guerras y la distribucin planetaria de drogas ilcitas pasaron a ser parte de una estrategia de sobrevivencia del sistema, tanto porque genera las mayores cantidades de dinero que alimentan la economa global como por los mecanismos de control poltico-social y cultural a que dan lugar. Esta nueva fase mafiosa que empieza a atravesar el sistema, que ya viene perfilndose desde las ltimas dcadas del siglo pasado, es la tnica dominante. La Repblica Popular China, con un capitalismo joven an (o con ese experimento complejo que ana capitales privados y estatales con explotacin del trabajo asalariado junto a una rgida planificacin socialista El Estado detenta el 51% de la economa nacional), no requiere de estos mecanismos. Los grandes bancos europeos, y ms an los estadounidenses, ya han comenzado a hacer de esos mecanismos mafiosos los engranajes que mantienen vivo el sistema. De ah que puede decirse que est enfermo.

El capitalismo, sin embargo, no est en crisis terminal. Convive estructuralmente con crisis de superproduccin, desde siempre, y hasta ahora ha podido sortearlas todas. La crisis en curso, surgida en 2008 con el estallido de las hipotecas-basura en Estados Unidos que posteriormente si irradi por todo el planeta, no termina. De ah que esos nuevos negocios de la muerte son una buena salida para darle ms aire fresco como sistema global.

Al mismo tiempo, las nuevas tecnologas productivas centradas en la robtica y la inteligencia artificial que se han venido desarrollando, en vez de servir para mejorar la calidad de vida de las grandes mayoras, contribuye a la exclusin, a hacer que la humanidad de carne y hueso no cuente. Lo trgico, lo terriblemente pattico es que el sistema cada vez ms se independiza de la gente y cobra vida propia, terminando por premiar el que las cuentas cierren, sin importar para ello la vida de millones y millones de prescindibles, de poblacin sobrante, poblacin no viable. Ello es lo que lleva, una vez ms, a ver en el capitalismo el principal problema para la humanidad. Esto es definitorio: si un sistema puede llegar a eliminar gente porque no son negocio, porque consumen demasiados recursos naturales (comida y agua dulce, por ejemplo) y no as bienes industriales (es lo que sucede con toda la poblacin del Sur), si es concebible que se haya inventado el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) tal como se ha denunciado insistentemente como un modo de limpiar el continente africano para dejar el campo expedito a las grandes compaas que necesitan los recursos naturales all existentes (petrleo, agua dulce, minerales estratgicos), si un sistema puede necesitar siempre una cantidad de guerras y de consumidores cautivos de txicos innecesarios, ello no hace sino reforzar la lucha contra ese sistema mismo, por injusto, inhumano, inservible, por atroz, por sanguinario. Porque, lisa y llanamente, ese sistema es el gran problema de la humanidad, pues no permite solucionar cuestiones bsicas que hoy da s son posibles de solucionar con la tecnologa que disponemos, tales como el hambre, la salud, la educacin bsica.

El viejo maoso en que se ha transformado el capitalismo, en definitiva, no es sino la expresin actualizada de algo que desde hace 200 aos sabemos que no tiene salida. Que se salven algunos grupos elitescos en presumibles instalaciones fuera de este planeta (la ciencia ficcin ya no nos sorprende) no significa salida alguna. En ese sentido es cada vez ms claro, como dijera la revolucionaria Rosa Luxemburgo, que socialismo o barbarie . Si la salida para el capitalismo son guerras, consumidores pasivos de drogas y poblacin light despolitizada, o muros de contencin en las metrpolis para impedir la entrada de desesperados habitantes que huyen de la pobreza del Sur, eso no es sino la ms elemental justificacin para seguir peleando denodadamente por cambiarlo.

Este viejo maoso es la pattica expresin de la barbarie, la negacin de la civilizacin, la deshumanizacin. Cmo es posible haber llegado a esta locura en la que vale ms la propiedad privada sobre un bien material que una vida humana? Cmo es posible que para mantener esto se apele a la muerte programada, fra y calculada? Eso es la barbarie, y eso nos tiene que seguir convocando a su transformacin.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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