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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-06-2019

Conversacin con el borracho

Franz Kafka
El Viejo Topo


Nota de edicin: Tal da como hoy [03.06] de 1924 mora en Kierling, Austria, a los 40 aos, Franz Kafka. Iniciador de la profunda renovacin que experimentara la novela europea en las primeras dcadas del siglo XX, lo recordamos mediante este texto publicado en 1909.

*

Cuando sal del portal a pasos breves fui asaltado por el cielo con luna, estrellas y gran bveda, y por la plaza mayor con ayuntamiento, columna de la Virgen e iglesia.

Pase con toda calma de la sombra a la luz de la luna, me desabotone el sobretodo y me calent; luego hice enmudecer los zumbidos de la noche alzando las manos y me puse a reflexionar:

Por qu actuis como si fuerais reales? Queris hacerme creer que soy irreal estando aqu de pie, extraamente, sobre el adoquinado verde? Pero si ya hace mucho tiempo que fuiste real, cielo, y t, plaza mayor, jams has sido real.

Es cierto que todava me superis, aunque solo cuando os dejo en paz.

Gracias a Dios, Luna, que ya no eres Luna, aunque quiz sea indolente por mi parte seguir llamndote Luna a ti, a la que denominan Luna. Por qu pierdes tu arrogancia cuando te llamo Olvidado farol de papel de extrao color? Y por qu prcticamente te retiras cuando te llamo Columna de la Virgen, y ya tampoco advierto tu actitud amenazadora, Columna de la Virgen, cuando ye llamo Luna que arrojas una luz amarillenta?

Realmente parece que no os sienta bien que uno medite sobre vosotras; perdis nimo y salud.

Dios mo, qu beneficioso ha de ser que el meditador aprenda del borracho!

Por qu este sbito silencio? Creo que ya no hay viento. Y las casitas, que a menudo ruedan por la plaza como sobre ruedecillas, estn firmemente plantadas en tierra, inmviles, inmviles, ya ni se ye la delgada raya negra que normalmente las separa del suelo.

Y ech a correr. Di tres vueltas a la gran plaza corriendo sin dificultad, y al no encontrarme con ningn borracho segu corriendo hacia la Karlsgasse sin aminorar La velocidad ni sentir cansancio. A mi lado, mi sombra avanzaba a ratos ms pequea que yo en la pared, como por un camino hondo entre el muro y la calzada.

Al pasar frente al cuartel de bomberos of un ruido procedente de la pequea avenida de circunvalacin, y cuando dobl para entrar en ella vi a un borracho de pie junto a la verja de la fuente: tena Los brazos extendidos horizontalmente y pateaba el suelo con ambos pies, embutidos en sendos zuecos de madera.

Primero me detuve para que mi respiracin se calmase, luego me dirig hacia l, me quite la chistera y me present:

Buenas noches, noble caballero, tengo veintitrs aos, pero an sigo sin nombre. Usted, sin embargo, seguro que viene con nombres sorprendentes y cantables desde La gran ciudad de Pars. Lo envuelve el olor totalmente antinatural de la resbaladiza corte de Francia.

Seguro que con sus ojos pintados ha visto usted a esas grandes damas que estn ya en la terraza alta y luminosa, girando con irona su esbelto talle, cuando el extremo de las coloreadas colas de sus trajes, extendidas sobre la escalinata, an se halla en la arena del jardn. Verdad que hay criados de atrevidos fraques grises y calzones blancos que trepan por largas prtigas, distribuidas por todas partes, con las piernas pegadas a la prtiga y el torso inclinado a menudo hacia atrs o a los lados, pues con ayuda de cuerdas tienen que levantar del suelo y tensar en lo alto unos gigantescos toldos grises porque la gran dama desea una maana brumosa. Como el tipo eruct, dije casi asustado: Es verdad, seor, que viene usted de nuestro Pars, de ese Pars borrascoso, ay, de aquel tiempo de granizo apasionante?. Como volviera a eructar, dije perplejo: S que me ha tocado en suerte un gran honor.

Y con dedos veloces me aboton el sobretodo antes de aadir con fervor y timidez:

Ya s que no me considera digno de una respuesta, pero si no lo hubiese interrogado hoy, me vera condenado a llevar una vida desolada.

Le ruego que me diga, elegante caballero, si es verdad lo que me han contado. Hay en Paris personas que solo consisten en vestidos adornados y casas que no tienen sino portales? Y es verdad que en los das de verano de cielo sobre la ciudad es huidzamente azul, embellecido solo por nubecillas blancas y compactas que tienen todas forma de corazn? Y hay all un museo de figuras de cera muy visitado, en el que no se ven ms que postes con los nombres de los hroes, criminales y amantes ms clebres grabados en letreritos?

-Y encima esta noticia! Esta noticia mendaz a todas luces!

-Verdad que las calles de Paris se ramifican sbitamente y son inquietas? Verdad que s? No siempre est todo en orden, cmo iba a ser posible! Cuando hay un accidente, la gente se agolpa afluyendo desde las calles laterales a ese paso de gran ciudad que apenas roza el pavimento; todos tienen curiosidad, pero tambin miedo a desilusionarse; respiran muy deprisa y estiran sus cabecitas hacia delante. Aunque si se rozan unos a otros, hacen una profunda reverencia y se piden disculpas: Lo siento de veras ha sido sin querer con el gento que hay ha sido una torpeza de mi parte lo reconozco. Mi nombre es mi nombre es Jerome Faroche, soy especiero en la rue du Cabotin permtame invitarlo a comer maana mi esposa tambin se alegrara mucho. As hablan mientras la calle est ensordecida y el humo de las chimeneas cae entre las casas. Pero es as. Y tambin es posible que en el animado bulevar de un barrio de postn se detengan dos carruajes. Los criados abren las portezuelas con aire serio. Ocho nobles perros siberianos bajan gilmente y se persiguen ladrando y saltando por encima de la calzada. Y alguien dice entonces que son jvenes pisaverdes parisienses disfrazados.

El hombre haba casi cerrado los ojos. Cuando call, se meti ambas manos en la boca y tir de la mandbula inferior. Su traje estaba completamente sucio. Quiz lo haban expulsado de alguna taberna y an no tena las cosas muy claras.

Tal vez era esa breve y tranquila pausa entre el da y la noche, durante la cual, y sin que lo esperemos, la cabeza nos cuelga de la nuca y todo, sin que lo notemos, permanece quieto y en silencio porque no lo observamos, y despus desaparece.

Mientras, nosotros nos quedamos solos con el cuerpo doblado y luego miramos alrededor, pero ya no vemos nada ni sentimos resistencia alguna en el aire, aunque interiormente nos aferramos at recuerdo de que, a cierta distancia, hay casas con techos y, por suerte, chimeneas angulosas por las que la oscuridad se desliza dentro de las casas, atravesando las buhardillas hasta llegar a las distintas habitaciones. Y es una suerte que maana sea un da en el que, por increble que parezca, podremos verlo todo.

En aquel momento alz el borracho Las cejas de manera tal que entre ellas y los ojos surgi un resplandor; acto seguido dijo entrecortadamente: Pues resulta que s, que tengo sueo, por lo que me ir a dormir Resulta que tengo un cuado en la plaza de San Wenceslao y ah voy, porque yo vivo ah, porque ah tengo mi cama Y ahora me voy Lo nico que no se es cmo se llama ni donde vive creo que se me ha olvidado pero no importa, pues ni siquiera s si tengo un cuado Y ahora s que me voy Cree usted que lo encontrar?.

Le contest sin vacilar: Seguro que s. Pero usted viene del extranjero y, por algn azar, su servidumbre no lo acompaa. Permtame que lo gue.

No respondi. Y entonces le ofrec mi brazo Para que se colgase de l.

 

Captulo de Descripcin de una lucha, publicado de forma autnoma en el n 8 de la revista Hyperion, 1909.

 

Fuente: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/conversacion-con-el-borracho/



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