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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-06-2019

La resaca del ciclo electoral

Albert Recio Andreu
Mientras tanto


1. Se cierra el ciclo del 15 M?

La primavera republicana no ha llegado con las elecciones del 26 de mayo. Ni siquiera ha permitido salvar los muebles a la mayora de Ayuntamientos del cambio. Y, por ponernos pesimistas, el resultado neutraliza las mejores expectativas que se generaron en las elecciones de abril. El PSOE se siente liberado del marcaje de Unidos Podemos. La derecha consigue retener y recuperar (salvo que en sus querellas internas sean tan estpidos como lo es una parte de la izquierda) plazas y espacios esenciales. Que Izquierda Unida haya conseguido consolidarse en Zamora o en localidades como Mieres se puede considerar una especie de milagro laico. Creo que en todo ello hay poco que comentar, pues los resultados son elocuentes y no permiten muchas matizaciones: la derecha sigue teniendo una notable base electoral y cuenta con mejores resortes para movilizar a los suyos. La izquierda transformadora se muestra incapaz de consolidar sus mejores resultados, opera siempre sobre una base movediza y sus dirigentes tienden demasiadas veces a complicarse la vida y a echar por la borda lo conseguido.

Hoy la sensacin de derrota es mayor porque en algn momento se lleg a pensar que era posible un cambio profundo. La crisis econmica haba puesto de manifiesto alguno de los defectos ms visibles del capitalismo. Las obscenas polticas neoliberales aplicadas en respuesta a la misma agravaron la situacin y deslegitimaron a sus autores. El PSOE se hundi en Espaa tras el ajuste practicado por el gobierno de Rodrguez Zapatero en 2010. El 15M fue un fogonazo de respuesta a esta situacin. Liderado por una nueva generacin de activistas que no venan de la nada (el movimiento antiglobalizacin, parte del movimiento okupa, V de Vivienda, la PAH) pero que supieron dar una respuesta al descontento. No slo frente a la poltica oficial sino tambin frente a los movimientos sociales tradicionales anquilosados y sin capacidad de respuesta clara a la crisis. Podemos y los Ayuntamientos del cambio fueron en parte una consecuencia del 15 M, aunque para que se consolidaran necesitaron (al menos en el caso de los Ayuntamientos) del apoyo de parte de la izquierda alternativa tradicional.

Quizs lo peor que le pudo pasar a esta insurgencia fue su xito inicial. La irrupcin electoral de Podemos y, sobre todo, la victoria electoral en grandes ciudades tuvo ciertamente muchas cosas buenas. Pero tambin gener algunas hipotecas que explican la situacin actual. En primer lugar reforz una visin del activismo poltico en clave de voluntarismo. Un voluntarismo que ignora los condicionantes estructurales y los complejos procesos de formacin de las consciencias que limitan y constrien el campo de lo posible. El xito reforz el ego de algunos lderes y les limit su amplitud de miras. En segundo lugar, el xito absorbi muchas energas y talentos en la gestin de la poltica cotidiana y dejo hurfana la consolidacin social del proyecto. Si a ello se le suma que en muchos casos las propuestas organizativas del 15M eran bastante ingenuas, el resultado es una falta de implantacin social, que es lo que garantiza la sostenibilidad del proyecto a largo plazo. Y en tercer lugar gener unas expectativas desmesuradas en la sociedad. Unas expectativas difciles de cumplir, especialmente en los Ayuntamientos, debido a la desigual batalla que se establece entre unas instituciones con recursos y competencias limitados, por un lado, y unas fuerzas globales y unos poderes establecidos que desestabilizan continuamente la situacin, por otro. En una sociedad ms consumidora que crtica, con baja cultura poltica y socializada en las respuestas inmediatas, la incapacidad de realizar cambios radicales desanima a la parroquia.

A todo ello hay que sumar tres factores adicionales. De una parte la incapacidad manifiesta de muchos de los lderes del nuevo proceso (incluyendo en ello a muchos de los actores provenientes de la izquierda tradicional) de generar dinmicas que reforzaran social y polticamente el proceso. Aqu se salva poca gente. Las rupturas y los personalismos han dominado tanto en Podemos como en Izquierda Unida, como en las personalidades independientes. No ha habido un liderazgo slido que generara un proyecto incluyente, ni creacin estructuras organizativas catalizadoras. Ni, tampoco, mucha voluntad de las bases de entender que slo un proyecto amplio podra ayudar a consolidar el xito inicial. En segundo lugar, hay que reconocer que, al menos en el discurso, Pedro Snchez y los suyos han sabido reorientar el PSOE con miras a reabsorber en parte el impulso del 15-M. Algo a lo que ha contribuido ms la forma como ha realizado sus envites (primero la batalla interna en el PSOE, despus la mocin de censura y la buena lectura de la oportunidad de convocar las elecciones del 23 de Abril) que el contenido de sus polticas. Si precisamente la audacia de los podemitas y los comunes se orient a practicar una verdadera guerra de movimientos, los practicados por Pedro Snchez han resultado ms oportunos y han neutralizado a su rival. Y en tercer lugar, el procs cataln, una verdadera mquina de destruccin masiva de polticas sensatas, dentro y fuera de Catalunya.

Unidas Podemos experiment un importante retroceso en abril. Las cosas han ido peor en la segunda vuelta. Se paga no slo el efecto Snchez sino tambin tanta pelea interna entre los componentes de muchas de las plataformas del cambio. Hace un mes haba alguna probabilidad para un Gobierno de pacto, mientras que ahora las posibilidades son menores. Y el empeo de Pablo Iglesias en insistir en este punto (y al mismo tiempo en no hacer un anlisis autocrtico de todo el ciclo) puede conducir a un fracaso mayor. Amenazar con forzar nuevas elecciones ms que una jugada de pquer es una insensatez para el propio proyecto. Todo apunta a que hemos entrado en otra fase, a que se ha esfumado el ciclo del 15 M y hemos entramos en otra coyuntura. La historia entera de la izquierda parece marcada por esta dinmica: cortos momentos de auge y grandes expectativas, y periodos de frustrante reaccin. Hasta hoy no hemos encontrado un mecanismo que permita una progresin constante en los avances sociales. Y por esto la poltica de izquierdas debe saber leer cuales son los tempos. Basta mirar el panorama europeo para detectar que en ningn pas hay un proyecto alternativo boyante en trminos de implantacin social.

Ms all de pasar el duelo, lo que debera ser urgente es prepararse bien para la nueva etapa. En primer lugar, tomar nota de los efectos nefastos de la fragmentacin, los liderazgos egostas y el apego a la pequea tribu. Hace falta un proyecto aglutinador, transversal, pero al mismo tiempo generador de un compromiso colectivo compartido. Hace falta un proyecto que se esfuerce por tejer una red de movimientos y organizaciones sociales implantadas en el territorio y la sociedad (y ayudar a que tengan gente capaz en su seno). Hace falta de una poltica que ayude a la gente no politizada a entender la naturaleza de nuestros problemas, a prepararla para las nuevas crisis que van a impactar con ms o menos prontitud (candidatos a provocarla hay muchos: la inestabilidad financiera, las guerras comerciales, el cambio climtico, el pico del petrleo, etc.), a fomentar la cultura de la cooperacin, la igualdad, el feminismo y el ecologismo Y para todo ello posiblemente sea necesario cambiar el modelo de liderazgo y de organizacin.

2. Barcelona: Una derrota y muchos dilemas

De todas las batallas electorales del pasado domingo quizs la ms emblemtica sea la de Barcelona. Lo de Madrid, aunque parecido, tiene otros matices: Manuela Carmena no tiene el mismo tono alternativo de Ada Colau, ha vuelto a ganar las elecciones y no ha mantenido el mismo tipo de propuestas radicales. Aunque hay muchos parecidos en el comportamiento de ambas ciudades (y de muchas otras del cambio), me centrar en Barcelona por razones obvias: es el territorio que mejor conozco, en el que llevo muchos aos interviniendo y es el proyecto poltico con el que mayor implicacin emocional mantengo.

Lo primero que hay que plantearse es qu cosas se han hecho durante el mandato y entender si la derrota obedece a una mala gestin o a otros factores. La valoracin se puede hacer de muchas formas.

Una es atendiendo al anlisis presupuestario. La gestin econmica es buena, se ha reducido moderadamente un endeudamiento ya de por s bajo. El crecimiento del gasto se ha concentrado especialmente en servicios sociales y transporte. El aumento del gasto social es imprescindible en una sociedad donde prolifera la pobreza y abundan los problemas (como ocurre en todas las grandes urbes del planeta). Cuanto menos, ayuda a paliar el malestar de la gente con ms problemas, a pesar de que difcilmente es percibido por la mayora como un cambio esencial. El gasto en transporte ha ido orientado a evitar el crecimiento de las tarifas y renovar la flota de autobuses. La prctica congelacin de las tarifas del transporte en cuatro aos y las mejoras en el transporte en superficie y en la red de carriles-bici es uno de los logros de impacto ms general. En la misma direccin, la presin de los comunes sobre la actuacin de Aguas de Barcelona ha permitido una rebaja de las tarifas del 10% (la empresa peda un incremento del 25%). Son dos logros sustanciales, que afectan a mucha gente. Pero ni tienen un hlito pico ni se han sabido explicar muy bien.

Si de las cuestiones monetarias pasamos a los resultados concretos tambin aparecen muchas cosas interesantes y positivas: un nuevo reglamento de participacin (largamente reivindicado por el tejido asociativo social), un acuerdo sobre polticas sociales en perspectiva de 10 aos (acogido calurosamente por muchas entidades sociales), la creacin de una empresa energtica local, de un servicio de dentista para gente sin recursos, de islas peatonales, de guarderas, de servicios de vivienda que han conseguido parar o encontrar soluciones para muchos desahucios, la regulacin de algunos aspectos del turismo

Toda una lluvia de avances que sin embargo no se perciben como el cambio radical. Son los cambios que pueden hacerse desde un Ayuntamiento, pero que difcilmente pueden considerarse la transformacin social con la que mucha gente so en 2015. Un cambio imposible de alcanzar en cuatro aos y en un contexto donde han proliferado las adversidades: flujos globales de capital especulativo, de turismo depredador, de dinmicas laborales que aumentan las desigualdades y la inseguridad econmica; el Procs y su impacto polarizador; una Generalitat ausente y un gobierno central marcado por las polticas de austeridad; unos lobbies empresariales que se han empleado a fondo en aislar, difamar y menospreciar la accin del Ayuntamiento. Hirschman hubiera podido ilustrar su anlisis de las retricas de la intransigencia con buenos ejemplos de la experiencia local.

No pretendo justificar que la derrota electoral sea provocada slo por factores externos (aunque estos han sido especialmente potentes, hostiles y persistentes). Ha habido tambin fallos propios. Se ha pecado de optimismo en la resolucin de problemas muy complejos -lo que ha servido a la oposicin para denunciar el fracaso de las polticas de vivienda y desigualdad (a pesar de que los comunes llevan razn al sealar que han hecho bastante ms que nadie antes)- y ha faltado a veces una mayor coordinacin de las polticas. La precipitada ruptura de gobierno con el PSC, alimentada por la tensin generada con el encarcelamiento de los lderes independentistas, fue posiblemente el error ms grave. No porque los socialistas aportaran mucho (de hecho han tenido estrechas relaciones con los dos grupos empresariales que han desarrollado una poltica ms agresiva: Agbar y el Gremio de Restauradores), sino porque ha permitido a estos tener un discurso propio y dedicarse a preparar las elecciones durante dos aos.

Viendo el resultado electoral, es obvio que la derrota ha provenido de una cada de voto en los barrios obreros de la ciudad (y en esto Madrid tiene un perfil parecido). Para el que quiera profundizar en el tema hay un magnfico artculo de Marc Andreu en la revista digital el Crtic. Aunque se ha intervenido en estos barrios, lo que a menudo ha fallado es el discurso general y una mayor dedicacin de recursos humanos a fortalecer la implantacin poltica. Estoy hablando de barrios donde la crisis social que vive la clase obrera tradicional se refleja tambin en la fuerza de las organizaciones sociales. Donde proliferan viejos lderes con ideas rancias y donde muchas de las reformas no se acaban de entender. La poltica local no tiene capacidad para cambiar sustancialmente la situacin y esto genera desnimo. A ello hay que sumar, claro est, campaas infames de la oposicin usando discursos simplistas (por ejemplo en la semana anterior a las elecciones en mi distrito aparecieron octavillas annimas con el ttulo Si tienes coche, no votes a la Colau, una muestra entre otras del uso de la demagogia para generar miedos). El problema actual de los comunes ya lo tena Iniciativa per Catalunya, pero ahora es una cuestin ineludible si se quiere no solo mejorar los resultados electorales sino tambin reforzar de verdad la capacidad poltica de la gente pobre. Ha faltado msculo para organizar a la gente, ideas para favorecer su implicacin.

El anlisis de los resultados electorales en Barcelona da buenas pistas de lo ocurrido (en general no tan sombras como lo que da a entender la lectura de los medios). ERC ha ganado porque el independentismo ha practicado el voto til: lo que gana ERC es menos de lo que pierden Junts (antes PDCat) y CUP (que pierde todos sus escaos) y solo tiene un ligero repunte si se suman los votos de Barcelona es Capital (tampoco el independentismo est libre de aventureros). El bloque de la derecha tambin est estancado: lo que gana la candidatura de Valls es lo que pierde el PP (aunque quizs haya que tener en cuenta los 8.000 votos de Vox). Y lo que gana el PSOE (71.000 votos) es ms de tres veces lo perdido por Comuns (22.000 votos). No hay pues un corrimiento masivo de voto. Lo ms probable es que el PSOE haya conseguido movilizar su base (de gente muy mayor) y atraer votos de la derecha, mientras que Comuns ha padecido una desmovilizacin de su electorado ms voltil (por ejemplo de sectores de cultura libertaria atrados, hace cuatro aos, por las expectativas de un cambio radical). Es lo que tienen las ilusiones.

Ahora estamos ante una situacin complicada en la que hay ms que perder que ganar. Hay que tener la cabeza fra, lo que no siempre es posible en un contexto poltico tan tensionado como el cataln. A Comuns se le plantean tres alternativas, ninguna sin un precio.

La primera es el acuerdo con ERC. A mi entender es la peor. Por tres razones. Porque ERC ya ha anunciado que va a priorizar el eje procesista. Porque ERC ya ha mostrado en la Generalitat que la gestin de los problemas cotidianos no es lo suyo, que ellos estn por les coses grans, y la poltica municipal requiere mucha dedicacin a lo concreto. Y porque adems la candidatura est claramente sesgada a la derecha (con un Maragall que siempre fue el ala ms conservadora del PSC y un Miquel Puig que ha pasado toda su vida en CiU). Entrar en un Gobierno de ERC de segundn es perder toda capacidad de discurso propio, es asociar definitivamente Comuns al independentismo y desdibujar toda capacidad de discurso autnomo (contando adems el papel del colosal aparato meditico del independentismo).

La segunda es aceptar la oferta envenenada de PSC y Valls. Tiene la ventaja de que en este caso se mantiene el protagonismo y el liderazgo en la gestin municipal. Tiene en cambio el coste desconocido de los acuerdos que se exigen (no tanto por parte de Valls, que ms bien parece buscar una salida airosa a su fiasco con Ciudadanos, sino por un PSOE con evidentes conexiones con las lites). Tendra adems que soportar el insoportable acoso de los medios independentistas (incluyendo en ello el doble juego de EUiA, con una pata en Comuns y otra en ERC) y el posible desconcierto de parte de la militancia.

Y la tercera es quedarse en la oposicin, convertirse en el aglutinador de las tensiones que generar el nuevo mandato, trabajar para reforzar el proyecto propio y volver a la carga dentro de cuatro aos. Una opcin que tambin presenta muchos problemas. Para la gente que ha estado muy implicada en la gestin, siempre resulta difcil dejar la faena a medias. Salir de la primera lnea solo tiene posibilidades de reversin si Ada Colau y varios de los principales lderes estn dispuestos a centrarse en el proyecto, en jugar el papel de opositores y en liderar un reforzamiento organizativo. Y existe un claro riesgo de decaimiento, cuatro aos despus, de un proyecto sin ningn apoyo externo.

Hay tres opciones, pues, y ninguna es buena. Es lgico que hoy por hoy Colau y los suyos defiendan un tripartito de izquierdas. No slo por eludir los problemas que plantean las otras alternativas, sino porque es lo que se ha estado debatiendo en el proceso electoral, lo que reclaman muchos actores sociales. Una ciudad donde proliferan desigualdades, problemas de vivienda, problemas ecolgicos, problemas de convivencia, etc., debe exigir a sus polticos que esas sean las prioridades sobre las cuales organizar la poltica municipal.

Pero es altamente improbable que un acuerdo de este tipo pueda cuajar porque ello complicara enormemente la batalla de ERC por la hegemona independentista y la poltica del PSOE a escala estatal. Y adems supondra en la prctica un triunfo de las posiciones de Comuns. Y por ello estimo que lo nico posible es hacer una campaa entendible acerca de las prioridades que debe tener la poltica municipal en los prximos cuatro aos, y adoptar la decisin final en coherencia con esta idea.

Estamos en un momento crucial, donde nos jugamos el futuro de la izquierda transformadora en la ciudad. De cmo se salga de este atolladero se pueden derivar muchas cosas. Y, en todo caso, es necesario un replanteamiento a fondo de lo hecho, para no tirar por la borda tanto esfuerzo bienintencionado.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-180/notas/la-resaca-del-ciclo-electoral



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