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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-06-2019

Desde Huawei hasta la Estrategia Industrial Nacional, las potencias mundiales recurren a las armas econmicas
Paz?

Stephan Kaufmann
Der Freitag


Son tiempos difciles para los negocios globales. La prueba est en que los analistas econmicos internaciones utilizan cada vez ms el vocabulario de los corresponsales de guerra. El peridico Die Zeit nos habla de un duelo de la industria alemana con China. El Sddeutsche Zeitung ha escrito que la admisin de las inversiones chinas convertir a Italia en la cabeza de puente de Pekn en Europa; y la F.A.Z ( Frankfurter Allegemeine Quarterly ) advierte que la Repblica Checa se convertir en el portaaviones de China en Europa.

La guerra econmica entre las grandes potencias amenaza o domina. La mayora de los economistas liberales reaccionan sin comprender. Jan Schnellenbach, por ejemplo, argumenta que si Asia crece habr nuevas oportunidades para la cooperacin en mutuo beneficio, y argumenta que comprenden que una economa de mercado no es una guerra. Es cierto, aunque una economa de mercado puede ser usada para la guerra.

Puesto que la idea neoliberal del libre juego de las fuerzas del mercado est en retroceso, su lugar lo ocupa una poltica en la que se fusionan la economa, las finanzas, el ejercito y la poltica exterior. La geoeconoma se ha adosado a la geopoltica. Europa, China y los Estados Unidos protegen ahora a sus empresas de las adquisiciones extranjeras. Por ejemplo, los gobiernos prohben los negocios con proveedores chinos como Huawei, o con proveedores de materias rusas como Gazprom, o vedan a estados enteros como Irn. Se arman econmicamente, engendra o apoyan a los campeones nacionales y llevan a las cadenas globales de valor a su propia esfera de poder. Financian las innovaciones tecnolgicas y crean industrias locales de bateras por ejemplo- para no depender de los pases extranjeros y para que los dems deban depender de ellos. Y todo con el argumento de preservar la soberana nacional.

Por cierto la rivalidad no es nueva. En el capitalismo la economa es competencia, y puesto que la coexistencia se organiza como conflicto, el paso entre una competencia normal y la guerra econmica es expedito. Pero se observan nuevas formas de transacciones comerciales entre las potencias mundiales, pues el fracaso de una empresa ya no se considera como una consecuencia del mercado sino como el resultado de mala voluntad por parte de los competidores. Los que reclaman consideran que la otra parte se ha comportado injustamente, se ha saltado las reglas. La cooperacin se convierte as en dependencia y el pas extranjero pasa de ser la oportunidad a ser una fuente de peligro.

El fin que se persigue es quebrar la voluntad del otro tomando medidas o se amenaza con tomarlas- que daan o debilitan de manera abierta a los socios de la cooperacin. Y se planean, e incluso se aceptan, eventuales prdidas propias. Segn lo han dicho algunos economistas de Princeton y Columbia, la poltica comercial de Donald Trump cost a los Estados Unidos 1.400 millones de dlares mensuales en el balance del ao anterior. Pero para Trump eso no tiene importancia, pues incluso amenaza con que si la Comunidad Europea no acepta las reglas, los gravaremos hasta el infierno. Hacer dao a la otra parte y al mismo tiempo aceptar el propio dao, y sin una ventaja monetaria inmediata para si, es una forma de controlar al socio de la cooperacin. Se genera un conflicto, an cuando esta conducta a menudo se describe de otra forma: este conflicto es lo opuesto al aislamiento.

No somos ingenuos

Son tiempos nuevos. Los gobiernos no se limitan ahora a buscar oportunidades para abrirle el camino a las empresas nacionales con medidas liberalizadoras. Antes bien, con frecuencia cien el libre mercado pues no aceptan los resultados. El fin de la economa ya no es dominar a la poltica, por el contrario, la poltica usa a las corporaciones nacionales como una forma de fortalecer a su nacin, buscando dominar globalmente y debilitar a las dems. Como han dicho Nils Ole Oeman y Hans Jrgen Wolff en su nuevo libro Wirtschaftskriege (Las guerras econmicas) las fronteras entre la guerra y la paz son da a da ms borrosas.

Los economistas tienen que reorientarse. Los liberales pensaron siempre en el comercio mundial como un freno a la guerra, pues quienes hacen negocios y cooperacin mutua dependen mucho de la buena voluntad y del bienestar de sus adversarios. Pero las cosas no son tan simples, como lo muestra el uso de la palabra adversario, que se utiliza para nombrar a la contraparte. Aunque tambin resulta controvertido el viejo supuesto de la izquierda de que la guerra slo se hace por dinero, tal como lo expresan lemas como Kein Blut fr Oil, o cuando se insiste en calcular los beneficios que la industria armamentstica obtiene de las guerras. Las empresas no son las que iniciaron lo que hoy ocurre con la poltica mundial Brexit, Guerra comercial, la crtica europea a las inversiones chinas-, por el contrario, por el momento resultan perjudicadas.

Todo esto se revela en el caso de Huawei. El proveedor chino de redes dispone de una tecnologa de calidad a precios acomodados en la que estn interesados los dueos de las telecomunicaciones occidentales. Sin embargo, Washington la excluye del mercado de EEUU e invita a los europeos y asiticos a hacer lo mismo. Obviamente, los Estados Unidos buscan evitar que China sea una potencia de alta tecnologa. Tal es as que el vicepresidente Mike Pence ha dicho que la supremaca tecnolgica de los EEUU es una condicin para la seguridad nacional. Lo que Washington quiere impedir es que el Estado chino logre obtener acceso a datos confidenciales de los Estados Unidos o de otros Estados a travs de Huawei, mientras se reserva el derecho de utilizar sus empresas nacionales de alta tecnologa para obtener datos de extranjeros. La posibilidad de que el gobierno de Pekn logre lo mismo a travs de Huawei es vista, por Washington, como un ataque a su mbito digital de influencia en todo el mundo.

De lo que se trata, finalmente, es de evitar que Pekin pueda hacerse con el poder poltico mediante el equipamiento de redes extranjeras, y que Huawei tenga la capacidad de trastornar de manera deliberada las redes extranjeras a pedido del gobierno de Pekn. Es obvio que los EEUU esperan algo as. Como informa la Fundacin SWP de Berlin (Stiftung Wissenschaft und Politik) las perturbaciones globales de las redes por parte del proveedor slo son pensables en caso de conflictos masivos de intereses entre estados. Pues entonces, s.

Los Estados miembros de la Comunidad europea siguen defendindose contra la prohibiciones de los EEUU hacia Huawei, aunque tienen los mismos recaudos sobre China. Segn ha dicho Thomas Gassilloud, del Comit francs de defensa: no somos ingenuos. Al tomar una decisin sobre Huawei en Pars, el gobierno tuvo en cuenta tanto a la seguridad de las redes como su lugar la competencia internacional. Con otras palabras, la competitividad en s ya no cuenta.

 

El nacionalismo de Altmaier

La Estrategia Industria Nacional 2030 del Ministerio alemn de economa tiene un tono nacionalista desvergonzado, dice el economista Jeromin Zettelmeyer. El objetivo de tal estrategia presentada por el Ministro de Economa Peter Altmaier es aumentar la participacin de la industria en Alemania, aunque es una declaracin de guerra. Tal objetivo slo podra satisfacerse si Alemania se quedara con las cuotas de mercado de los otros pases. Por otro lado, como dice Zettelmeyer, las cadenas de valor de las empresas se trasladan da a da a Europa, bajo la presuncin de que son ms slidas ante las perturbaciones geopolticas. Para el Ministro de Economa, el fortalecimiento de la industria debera tambin evitar que Alemania resigne su soberana, y para frenar tal peligro se deben disear grandes corporaciones nacionales, campeonas. En algunos casos, el Estado desea evitar la adquisicin de empresas alemanas por parte de pases extranjeros, incluso con la adquisicin de participaciones estatales.

En contra de la estrategia industrial alemana algunos economistas argumentan que el control poltico de las cadenas de valor conduce a prdidas de eficiencia. Aunque para el Ministerio alemn lo que parece importante es que estas cadenas estn bajo el control poltico alemn. Tambin se muestran contrarios a la creacin de grandes corporaciones nacionales, porque tales campeonas no necesariamente son rentables. Aunque, para el Ministerio de Economa, slo parece contar que son alemanas.

Repentinamente todo lo econmico pasa a ser una cuestin de nacionalidad. Y si bien hay toneladas de bancos en el mundo, el gobierno federal desea fusionar el banco alemn con el principal banco alemn Commerzbank, en un gran Banco. A pesar de que hay tecnologa eficiente en todo el mundo, no es alemana. Si bien existen proveedores para las empresas locales, no estn bajo el control poltico del gobierno federal. Aunque muchos inversores desean participar en empresas alemanas, tienen una nacionalidad equivocada. Los pases extranjeros son un riesgo. La estrategia industrial nacional se acopla con el aumento del presupuesto militar alemn y con el diseo de una "identidad de defensa" europea.

La situacin actual no es proteccionismo. Ninguna de las partes se preocupa por dejar a los competidores librados a su suerte, se trata de usarlos. Tampoco es un regreso al nacionalismo econmico porque nunca se ha ido. Las grandes potencias econmicas apostaron por el comercio mundial libre por inters, buscando la prosperidad nacional. Tal parece que hoy esa prosperidad slo se asegura y acrecienta contra la resistencia de los pases extranjeros, y los gobiernos juntan fuerzas para romper tales resistencias en caso de ser necesario. Y eso es belicoso.

Las potencias mundiales ya no luchan ahora slo por una cuota de mercado y su posicin en la competencia. Luchan por regular a la propia competencia y a los negocios globales, y tambin por su posicin de poder. Y en el proceso aceptan sacrificar la creacin de valor. Los gobiernos de EEUU y de otras potencias no priorizan los intereses de beneficio a corto plazo, utilizan su poder econmico como arma. Entonces, los que critican a la globalizacin no son los perdedores del mercado mundial sino sus ganadores y desde la derecha, pero no en nombre de su clase sino de su nacin.


Stephan Kaufmann es un periodista econmico y autor junto con Ingo Sttze- del libro: 'Entrar el mundo entero muy pronto en bancarrota?'

Fuente: Der Freitag , 7-05-2019 Traduccin: Mara Julia Bertomeu

Nuestra fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/paz



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