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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-06-2019

Otro pensamiento terico

Miguel Alejandro Hayes Martnez
Rebelin


La filosofa pudo nacer de la poesa. Al menos, esto se cumple para la filosofa occidental. De los primeros poetas, sobre las metforas que estos dejaron, se fue armando el amor a la sabidura. Haba de donde partir para hacer el armazn de lenguaje que soportara el surgir de una ciencia determinada por la bsqueda de la verdad. Y nada ms coherente que aquellas metforas. Despus de todo, la primera metfora es el pensamiento (1).

Lo cierto, es que toda una manera pica de aquella lrica determinaba un sistema de signos. Y si bien cada teora, cada estructura de lenguaje, debe leerse como metfora para evitar la metafsica de la presencia -tal y como nos seala Derrida-, lo que menos ha dominado en la historia del pensamiento es ese tipo de lectura recomendada-, y su resultado lo describi bien el filsofo. As, puede verse casi omnipresente la nocin del estar ah, donde cada categora tiene una existencia extrnseca, y el lenguaje es tan solo un reflejo de aquello: su identidad -formal abstracta. As, se difunde toda una cultura de lo pico.

Las connotaciones de esa metafsica y no solo de la de presencia- son muchas. Una de ellas, es la de absolutizar a una de las esferas de la actividad como centro de la vida humana, y darle desde esta, un carcter explicativo al desarrollo de la sociedad.

Los malos escritores se enamoran de lo pico, deca el barbudo Hemingway. A lo que habra que aadir, que no solo el escritor en el sentido literal, sino el escritor de la historia no del libro, sino el devenir-, es decir, el sujeto del proceso social: el hombre. Y esa idea del escritor afamado, nos ayuda a ilustrar cmo se ha pensado -y enseado a pensar- el desarrollo.

Y es que si nos fijamos, se ha venido arrastrando lo pico de aquellas primeras metforas como modo de pensar la historia, claro, ledas desde la metafsica de la presencia. As, lo que puede constituir una expresin que recoja una relacin, se puede tomar de manera literal. Ese rasgo, cuando alcanza la forma de pensar la sociedad y los procesos sociales, produce una especie de ciencia enajenada (2), cuyos resultados se hacen sentir.

No resulta difcil notar como la historiografa una buena parte de esta- ha estado marcada por la historia de grandes hechos polticos, por la secuencia de estos. Incluso, su valoracin, la de sus protagonistas, est dada por el uso de grandilocuentes adjetivos. En pocas palabras, ha sido hegemnica, la historia pica, la historia mtica -y que casi parece una pulsin.

Tenemos delante un pensamiento sobre lo social, que reproduce una serie de rasgos que se limitan a resaltar una serie de categoras morales -en el mejor de los casos-, y de partidismo poltico en otros, bordeadas siempre por los mitos polticos asociados a las explicaciones de la transformacin social.

Hay que recordar que la subjetividad constituida como sistema -en totalidad-, la ideologa, es el mediador de la reproduccin de las relaciones sociales de produccin; por tanto, nos dir cmo se apropia el sujeto de la realidad que produce. De ah que esta subjetividad no sea solo un resultado de la actividad social, sino a la vez, su punto de partida. Es a travs de su prisma, que se ve el mundo, que se hace mundo.

Por lo que la cuestin de lo pico convertido en lo mtico y lo cotidiano, y expresado en el plano de lo poltico y del cambio social, como parte de esa subjetividad, adquiere importancia. Si se trata tan solo de un conjunto de mitos aislados, desconectados, sin mediadores entre ellos, no existe o no debe existir- problemtica alguna.

Sin embargo, cuando esos mitos constituyen parte orgnica del sistema de ideas, dgase de la prctica cultural cosmovisiva la ideologa-, la cuestin cambia. Lo pico, la ponderacin de los grandes hechos polticos, el resaltar la historia como enaltecedora de valores, no solo refuerza al pensamiento mtico como forma de apropiacin simblica cultural de la realidad-, sino que penetra la conciencia cotidiana. Y claro, no puede faltar: penetra al pensamiento terico; con el cual no entra en contradiccin.

Como ya se ha mencionado en otro lugar (3), los medios juegan un papel esencial en la conformacin de los mitos entendido en un sentido amplio- de los tiempos que vivimos. La industria cultural, sobre todo, nos invado con sus nociones de lo pico a travs del cine y diferentes productos audiovisuales. Esta vez no como metfora, sino como la sugerencia metafsica convertida en un hecho. No se trata de una manera de decir: lo pico, toma existencia real: el sper-poder, la sper-moral, la sper-accin. Su expresin acabada, el mito, nos acompaar en nuestra conciencia cotidiana.

Tngase en cuenta que el pensamiento terico, es un elemento rectificador de la ideologa siempre en un constante traspasar con esta-, legitimando muchas veces, simplemente lo establecido en la conciencia cotidiana y el pensamiento mtico. Por lo que el pensamiento terico no escapa de las ideas de los hbitos, costumbres y tradiciones, tanto del propio pensamiento cotidiano fuera de la academia, como de los propias hbitos, costumbres y tradiciones de la teora paradigmas-; de ah que se entienda que la conformacin de este el pensamiento terico- no escape de aquellas: que se forme sobre la base de las lgicas socialmente aceptadas y de la informacin socializada normalmente, donde est anclado lo pico.

Y no es que sea algo negativo per se, pero la teora carga consigo el peso una serie de construcciones culturales e ideolgicas, que impiden al terico la objetivo, lo que condiciona confundir una elaboracin cientfica con la prolongacin o sistematizacin validacin- de ciertas creencias sociales.

Entonces, en un mundo donde la idea de la metfora que sirvi de soporte al pensamiento terico, se hace metafsica presencialmente, alimentando un pensamiento pico devenido en mtico y en cotidiano-: las lgicas de estos sern utilizadas en las concepciones tericas. As, nuestras visiones y construcciones subjetivas sobre el mundo, estarn permeadas por aquellos pensamientos. La racionalidad colectiva -incluso en sus teoras- no puede escapar de las trampas a la razn que construyen los medios sobre la cotidianidad. Despus de todo, cuando vamos a teorizar, somos portadores de nuestras experiencias, ya moldeadas con anterioridad.

No es cosa de juego, sin un nuevo sentido comn social, ni la teora escapar fcilmente ni su produccin ni su asimilacin- de los marcos de la propia racionalidad que produce el mundo en que vivimos.

Producir las lgicas que permitan saltar los lmites del sistema, implica socialmente, tambin, crear las bases de una forma de apropiacin de la realidad socialmente difundida, diferente a la imperante. Por tanto, el hacer teoras para mejorar el mundo, es tambin recordar que toda la sociedad participa de la conformacin de dicho pensamiento terico, de ah que se trate tambin, de remover las bases de la subjetividad social, dgase, de su sistema de ideas, su prctica cultural cosmovisiva, su ideologa. Si no, se seguir a una subversin del orden social.



Bibliografa

1. Rivero, Carlos. Constelaciones. La Trinchera. [En lnea] [Citado el: 02 de 06 de 2019.] desdetutrinchera.com/teoria/constelaciones/.

2. Hayes Martnez, Miguel Alejandro. La ciencia enajenada. La Trinchera. [En lnea] [Citado el: 02 de 06 de 2019.] desdetutrinchera.com/marxismo/ciencia-enajenada/.

3. . Medios y mitos. Rebelin. [En lnea] 23 de 05 de 2019. [Citado el: 02 de 06 de 2019.] rebelion.org/noticia.php?id=256248.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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