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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-06-2019

Felicidad y poltica

Ariel Dacal Daz
La Tizza


Las revoluciones del siglo XVIII levantaron la bandera de la felicidad entre sus principios fundacionales. La Ilustracin que amoz aquellos estallidos restituy del pensamiento antiguo la idea de que la felicidad est directamente relacionada con la poltica.

La ciudad era, en el ideal griego, un espacio seguro y ordenado donde los seres humanos podan dedicarse a la bsqueda de la felicidad. El poltico cuidara de ese espacio. La vocacin poltica, as entendida, estara al servicio de los moradores de la ciudad, es decir, de su felicidad.

John Brown cuenta que, en los estados despticos, la polica tena como objetivo primero lograr la felicidad de los sbditos. Luego, con el liberalismo, el poder policial renuncia a esa finalidad, dejndola en manos de los individuos como un fin propio. Ello no impeda que la polica, indirectamente, estuviera al servicio de esa finalidad, en su funcin de veladora de la seguridad. El cambio esencial fue que ya no tendra como fin la felicidad de los sbditos, sino controlarlos para que no se obstaculicen entre s en sus respectivas bsquedas de esta.

Maximilien Robespierre coloc la relacin entre la felicidad privada y la felicidad pblica como contenido de la Revolucin francesa. Concretaba as el asunto poltico que entraa, para el diseo de un orden republicano, la relacin entre lo individual y lo comunal.

Es necesario retomar este debate en los tiempos que corren. poca donde la cosa pblica, lo comn y la poltica realmente existente  instituciones, estructuras, conductas  estn en crisis y donde las nociones de felicidad parecen tener resguardo solo en lo privado  personal, familiar, en la red de amistades  .

Lo cierto es que la tradicin que relaciona poltica y felicidad ha sido impugnada de modo permanente por quienes ven la felicidad en el terreno exclusivo del individuo. Corrientes de pensamiento que no asumen la sociabilidad del ser humano como referente interpretativo de la realidad y productor de ella, y que, si bien la asumen como categora fundamental de la existencia humana, niegan su carcter poltico.

Esta tendencia la afianzan algunos libros de autoayuda, gures de muchos signos, comprensiones teolgicas diversas y sugerentes conexiones individuales con el universo; sin hablar de la nocin de individuo sedimentada por el neoliberalismo. Todas tienen un denominador comn, buscan incrementar el bienestar y la felicidad de un sujeto sin sociedad.

Contrario al criterio anterior, Erich Fromm comprendi que el ser humano tiene conciencia de su soledad y de su desvalidez frente a las fuerzas de la naturaleza y de la sociedad. Todo ello hace de su existencia separada una insoportable prisin. Se volvera loco si no pudiera liberarse y extender la mano para unirse en una forma u otra con los dems seres humanos.

La felicidad, as interpretada, no est, de manera exclusiva, dentro de cada persona. Est, sobre todo, en la interaccin con los dems, en las formas de organizacin y relacionamiento social.

Sin embargo, en esta poca se expande la idea, la sensacin y hasta el convencimiento, de que la poltica es un obstculo para la felicidad. Pareciera que la gestin de lo pblico fuera hoy una manera de poner trabas a la felicidad individual como derecho. La tesis de que la poltica, vista como intromisin en la vida privada, nos hace infelices, es la antpoda de la actividad pblica como bsqueda y sustento del bien comn, como contribuyente a la felicidad personal de cada ciudadano/a.

No pocos, si pudieran, viviran sin poltica. Este rechazo, contrario a lo que afirma, reconoce la dimensin poltica y social de la felicidad, justo porque parte de una valoracin negativa de los modos de hacer poltica, los que en concreto contribuyen a la infelicidad. La crisis de la poltica se expresa en la ruptura entre los problemas que la ciudadana reclama resolver  pobreza, inequidad, violencia, altos costos de la vida, entre otros tantos  y la capacidad que la poltica realmente existente tiene para enfrentarlos.

Volteando la frmula, y negando la perversidad como naturaleza exclusiva de lo poltico, este puede asumirse como la capacidad de abrir horizontes para la realizacin personal dentro de un orden comn. Es el proyecto social, en sus niveles micro y macro, global y cotidiano, el que orienta las decisiones polticas.

El ejercicio poltico prevaleciente hoy est signado por las lgicas de acumulacin de poder, en desmedro de aquel fin ltimo que es lograr la convivencia colectiva. Los polticos estn ms interesados en proyecto de poder que en proyectos de felicidad. La realidad devela una daina distorsin entre el inters pblico y las ventajas particulares en el ejercicio poltico.

Rubem Alves sentencia que la lucha de hoy es entre la poltica como profesin y la poltica como vocacin. En la vocacin la persona encuentra la felicidad en la propia accin. En la profesin el placer se encuentra en las garantas que de ella se derivan.

Ahora bien, si comprendemos que el ser humano se realiza en tres dimensiones: individual, social e histrica; y que es de manera inseparable las tres a un tiempo; la felicidad, o su negacin, no viene de una de ellas en particular, sino de los modos en que la poltica las conecta.

La comprensin sobre la felicidad depender de la visin que se tenga del ser humano, de sus relaciones sociales y la madeja histrica que lo produce. Entonces, si se entiende que la sociedad consiste en convivir con las dems personas, y ese convivir es una creacin histrica, lo poltico, conector de las dimensiones humanas, es un ente que constituye la realidad.

No se puede vivir sin poltica o al margen de la sociedad. Los seres humanos creamos, a travs de ella, las condiciones de posibilidad para la felicidad, la que no es solo un derecho, sino una responsabilidad social adquirida. Ningn ser humano puede quedar solo ante los retos de su vida, de ah la importancia de la felicidad como poltica.

La realizacin plena del ser humano est en lograr la unin interpersonal, la fusin con otra persona, en el amor, deca Erich Fromm. Ese deseo de fusin es el impulso ms poderoso que existe en el ser humano. Constituye su pasin ms fundamental, la fuerza que sostiene la raza humana, al clan, a la familia y a la sociedad.

Ante la comprensin que limita la felicidad al estado de nimo de una persona que se siente plenamente satisfecha por gozar de lo que desea o por disfrutar de una cosa, circunstancia o suceso que produce ese estado, Patricia Ars complementa que la felicidad es una oferta social de sentido que forma parte de los recursos con que las personas definen sus ideales y orientan su accin. Es una idea construida, en lo esencial, desde el poder de la cultura dominante en cada poca.

El grado de felicidad est condicionado por la posicin que se ocupa en la estructura social y por la calidad de la sociedad misma. No depende de modo exclusivo de factores individuales. Es un espejismo celebrar la felicidad desatendiendo problemas estructurales como la violencia, la precariedad laboral, el desempleo, la desigualdad social y la marginacin. Somos terriblemente iguales en lo que deseamos y espantosamente desiguales en nuestras posibilidades de lograrlo, afirma Patricia Ars.

Tiene vigencia la alerta hecha por Robespierre ante la contrarrevolucin enfrentada por aquel proyecto de libertad, igualdad y fraternidad: se trata ms de hacer honorable la pobreza que de proscribir la opulencia. Sigue siendo un peligro celebrar la felicidad en la pobreza si se desatienden aquellos problemas estructurales. Qu felicidad les toca a los pobres, a los marginados, a los excluidos? La felicidad y el bienestar son, tambin, derechos que pugnan contra la desigualdad de oportunidades.

La historicidad de este asunto no puede entenderse hoy fuera del capitalismo como relaciones sociales de produccin material y de sentidos. La expansin del capital necesita personas consumistas, el mundo competitivo necesita crear la ilusin del xito, la industria del entretenimiento requiere personas hedonistas, la cultura de aparentar necesita personas narcisistas, sintetiza Patricia Ars.

Estas cualidades son requerimiento y fomento del mercado, no son reales necesidades psicolgicas. Prefiguran modelos de conducta, aspiraciones de vida y nociones de felicidad funcionales a ese sistema de relaciones. Tales nociones, por tanto, no responden a una especfica naturaleza humana, han sido potenciadas por sucesivas decisiones polticas.

La felicidad, en tanto nocin mercantilizada, se asocia hoy a la cultura del tener y acumular. Describe Patricia que lo suficiente nunca llega a ser suficiente: mucha gente tiene hoy ms libros de los que puede leer, ms pelculas y fotos de las que puede ver, ms msica de la que puede escuchar, ms cosas de las que puede usar, ms estmulos de los que puede absorber, ms actividad de la que puede desarrollar, ms trabajo del que puede realizar o ms compromisos de los que puede atender.

La felicidad del ser humano moderno, volviendo a Fromm, consiste en la excitacin de contemplar vidrieras y en comprar todo lo que se pueda. Una mujer o un hombre atractivo son el premio que se quiere conseguir. Dos personas se enamoran cuando sienten que han encontrado el mejor objeto disponible en el mercado, dentro de los lmites de sus propios valores de intercambio.

El capitalismo moderno, subray el psiclogo alemn, necesita personas que cooperen de forma mansa y en gran nmero, que se sientan no sometidas a ninguna autoridad, principio o conciencia moral y que estn dispuestas a ser manejadas. As se han enajenado de s mismas, de sus semejantes y de la naturaleza, convirtindose en artculos.

En esas condiciones, las relaciones humanas son en lo esencial las de autmatas enajenados que, al mismo tiempo, tratan de estar cerca de los dems, aunque en realidad se encuentren tremendamente solos. En esa condicin, la felicidad consiste en divertirse, lo que significa la satisfaccin de consumir y asimilar todo lo consumible.

Una de las expresiones ms significativas del amor, y en especial del matrimonio con esa estructura enajenada, es la idea del equipo, explica Fromm. En ese concepto del amor y el matrimonio, lo ms importante es encontrar refugio a la sensacin de soledad que, de otro modo, sera intolerable. En realidad se establece una alianza de dos contra el mundo y se confunde ese egosmo con amor e intimidad.

Lo que para la mayora de la gente de nuestra cultura equivale a digno de ser amado es, en esencia, la suposicin de que el problema del amor es el de un objeto y no de una facultad. Por ello, afirm Fromm, si queremos aprender a amar debemos, por lo menos, no dedicar nuestra energa a lograr el xito y el dinero, el prestigio y el poder, sino a cultivar el verdadero arte de amar.

Patricia Ars alerta que una cultura que asocia bienestar y felicidad al deseo inacabable de consumir, al hedonismo desenfrenado, puede, sin embargo, producir efectos contrarios. Puede jugarle una mala pasada al bienestar ocupar todo el tiempo en ganar dinero. Puede conducir a una vida con grandes cuotas de vacos, a la soledad y hasta la depresin. El consumismo no lleva de modo ineluctable a la seguridad ni a la saciedad, sino a la ansiedad. Esa cultura puede hacer confundir vida feliz con vida fcil, exitosa, placentera, cuando en realidad una vida plena no est exenta de sufrimiento. Puede llevar a confundir el placer hednico con el placer de vivir.

El paradigma de desarrollo capitalista, cuyo sustento es la acumulacin sin lmites, refleja su esencia en la manera de medir el resultado econmico. La variable Producto Interno Bruto (PIB), la ms general y representativa de ese delirio del crecimiento, deja fuera de sus clculos procesos productivos que sustentan una potencial resignificacin de la felicidad como oferta social de sentido. Ms concretamente: no es su prioridad.

La economa feminista devela el lmite del enfoque productivista ortodoxo cuando este desatiende en sus anlisis las labores reproductivas, aquellas necesarias para el sostenimiento de la vida: provisin de un techo, ropa limpia, alimento elaborado y servido en casa, y los cuidados a personas necesitadas o dependientes.

La labor domstica no cuenta para el PIB. Sin embargo, alojarse en un hotel, lavar la ropa en la lavandera, cenar en restaurantes o ingresar a los adultos mayores en una residencia, cuenta para el crecimiento del PIB que, como es obvio, sirve solo para medir el intercambio mercantil.

Pareciera que la solucin est en reconocer ese valor en los clculos econmicos globales. Sin embargo, nos dice Lidia Brun, una perspectiva econmica feminista rechazara atribuir un valor de mercado a las tareas domsticas por ese mismo motivo. Poner precio a una actividad gratuita, que se provee por amor, o al menos a travs del compromiso de una relacin social, es equipararla a la mercantilizacin de un servicio, impersonal y fro, como los que provee el mercado.

Esta misma autora compila otros ejemplos reveladores. El PIB crece con la renta inmobiliaria, ah donde una parte importante de la poblacin alquila su vivienda. Sin embargo, no se contribuye al crecimiento del PIB ah donde la totalidad de la poblacin es propietaria de su vivienda. Si se legalizara la venta de armas y drogas, crecera el PIB, de igual modo si se privatizan los servicios de salud. Si se decreta que todas las madres lactantes dejen de amamantar y compren leche en polvo para bebs, crecera el PIB.

No viviramos mejor, humanamente mejor, con PIB ms pequeo y en sociedades ms seguras y afectivas para todas y todos? Si la variable para medir desarrollo deriva solo de las relaciones mercantiles, sin considerar la calidad humana de esas relaciones, no habr cupos para resignificar y viabilizar otra oferta social de sentido.

El PIB no es una variable neutra, refleja decisiones polticas al servicio de un orden que no privilegia la distribucin justa, el cuidado ambiental y relacional entre las personas. Tal como est, es una medida insuficiente para medir bienestar social. Si lo que importa es el bienestar en s, y no el PIB, habr que dar mucho ms peso poltico a indicadores alternativos, como la felicidad.

Bernardo Kliksberg devela una luz de esperanza en el planeta donde tantos habitantes son infelices, donde tantos sufren de estrs y de angustias, depresin, incertidumbre con las pobrezas y las exclusiones.

Para ello nos cuenta sobre un pas pequeo en las faldas del Himalaya, llamado Butn, donde 47 % de la poblacin dice que es muy feliz, el 43 % bien feliz, y menos de un 10 % dice que no es feliz.

Estas cifras no son una abstraccin. En ese pas, donde su monarca abdic hace apenas doce aos al comprender que la democracia hara ms feliz a su pueblo, fue creada una medicin del Producto Bruto Nacional de Felicidad. El mismo cuenta con 134 indicadores, que incluyen niveles de estrs, buenas relaciones entre vecinos y armona en la familia, el tiempo para ejercicios fsicos y la reflexin espiritual, horas dedicadas a estar con la familia, horas dedicadas a estar con los amigos.

Este modelo disruptivo, como lo denomina Kliksberg, desmonta los moldes que conocemos. En l se protege al mximo el medioambiente, para lo cual declararon con rango constitucional que el 60 % del territorio tiene que estar dedicado a bosques.

Los aspectos tenidos en cuenta no se limitan a lo subjetivo, sino que responden al desarrollo social y econmico sostenible y equitativo. No es de extraar que Butn se encuentra en las primeras posiciones a nivel internacional en lo que refiere a su escasa corrupcin.

El modelo potencia el empoderamiento de las mujeres, desarrollo de los municipios y las comunas, economa comunitaria y social, comercio justo. Todas las formas productivas que generan un relacionamiento positivo y creador entre los seres humanos. Este modelo nace no de una persona iluminada, sino de toda la herencia cultural oriental basada en la espiritualidad y la vida en comunidad.

Como parte de su ordenamiento, Butn cuenta con un Comit Central de Polticas en el Gobierno, cuya funcin es evaluar el impacto de cada ley o proyecto de ley en la felicidad de la gente. Que este orden exista es una decisin poltica, tambin su defensa y proteccin.

La bsqueda de la felicidad como proyecto poltico histricamente condicionando es un asunto de larga data. Rescatar esta perspectiva es decisivo para la generacin de otro modo de relaciones sociales. Debemos reformular la oferta social de sentidos para la felicidad, lo que pasa por recuperar un tiempo no mercantilizado, lo cual implica asumir la felicidad como razn ltima de la poltica.

Debemos crear un orden social que viabilice otro paradigma de felicidad. Donde se propicie, al tiempo que sociabilidad y vivencia simultnea de la felicidad, la distribucin equitativa del bienestar, y el control pblico sobre las estructuras que lo condicionan. Donde se asiente en el sentido cotidiano que la vida feliz tiene que ver con la vida en comn, con la parte de felicidad propia que vive en la felicidad del otro/a. Donde las relaciones sociales humanas propicien y bendigan el amor recproco, la amistad, la solidaridad, la cooperacin, la participacin poltica y cvica como derecho y goce. Donde la felicidad se asocie a la virtud y se transparente que ella anida en las buenas personas.

Textos utilizados

Alves, Rubem. Sobre poltica y jardinera. En: Agenda Latinoamericana mundial, 2008.

Ars Muzio, Patricia. Individuo, familia, sociedad: el desafo de ser feliz. Editorial Caminos, La Habana, 2018.

Brown, John. La dominacin liberal. Editorial Ciencia Sociales, La Habana, 2014.

Brun, Lidia. Sigue siendo til el PIB? En: https://www.politicaexterior.com/articulos/politica-exterior/sigue-siendo-util-pib/

Fromm, Erich. El arte de amar: una investigacin sobre la naturaleza del amor. Editorial Paids, Buenos Aires, 2003.

Maximilien, Robespierre. Por la felicidad y por la libertas. Discursos. Editorial Ciencia Sociales, La Habana, 2014

Kliksberg, Bernardo. Butn, el modelo de la felicidad. https://www.pinterest.es/pin/516999232202649194/

Fuente: http://medium.com/la-tiza/felicidad-y-pol%C3%ADtica-92a57c8f0a34

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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