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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-06-2019

Aniversario en la vieja Europa

Rafael Poch de Feliu
rafaelpoch.com


Muchos creen que John Wayne y el soldado Ryan salvaron a Europa del fascismo, que Angloamrica salv al viejo continente, poco menos que en solitario, y que el desembarco en Normanda fue la gran accin decisiva. No fue as.

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Ni el curso de la guerra, ni la derrota del fascismo, se decidieron all. Los principales hroes no fueron John Wayne ni el soldado Ryan, sino gente de apellido eslavo que muri por un pas que ya no existe. Los escenarios realmente decisivos fueron; Mosc, Leningrado (Petersburgo), Stalingrado (Volgogrado) y Kursk.

En el frente del Este, el Tercer Reich perdi 10 millones de soldados y oficiales muertos, heridos y desaparecidos, 48.000 blindados y vehculos de asalto, 167.000 sistemas de artillera. 607 divisiones fueron destruidas. Todo ello representa el 75% de las prdidas totales alemanas en la Segunda Guerra Mundial.

La diferencia en la escala militar es aplastante. En Normanda se registraron 10.000 muertos aliados, 4.300 de ellos britnicos y canadienses y 6.000 americanos. En las grandes batallas del este, los muertos se contaban en centenares de miles. En la batalla de Mosc participaron unos 3 millones de soldados y 2.000 tanques. La URSS utiliz all la mitad de su ejrcito, Alemania una tercera parte. En el Alemein, una batalla importante del otro frente, los alemanes disponan entre 60.000 y 70.000 soldados.

La escala del sufrimiento humano tambin es incomparable. La geopoltica de Hitler no tena prevista la existencia de un estado ruso en Europa y en su escala racista los eslavos estaban muy abajo. La guerra en el este era a vida o muerte, muy diferente a la del oeste. Las ciudades y los pueblos eran destruidos, frecuentemente con sus habitantes. Murieron uno de cada cuatro habitantes de Bielorrusia, uno de cada tres de Leningrado, Pskov y Smolensk.

El esfuerzo angloamericano en el continente no empez hasta que, en 1943, qued claro que la URSS haba parado el embate y que la derrota de Alemania era inevitable. Con otra actitud seguramente se hubieran evitado muchos muertos. Pero, habra habido segundo frente si las cosas le hubieran ido bien a Hitler en el este?

Desde la firma del acuerdo britnico-sovitico sobre acciones militares comunes contra Alemania de julio de 1941, Stalin peda la apertura de un segundo frente en Europa, es decir un desembarco aliado que aliviara la presin soportada por la URSS. La respuesta se demor mucho.

El invierno de 1941, con los alemanes a las puertas de Mosc, fue crtico. Aquel ao la URSS sufri la mitad de las bajas militares de toda la guerra, 9 millones entre muertos, heridos y presos (dos terceras partes de los 27,6 millones de muertos soviticos en la guerra fueron civiles), pero slo recibi el 2% del total de los suministros que sus compaeros de coalicin le enviaron durante toda la guerra.

Los documentos desclasificados de los archivos soviticos estn llenos de declaraciones de aliados occidentales que abundaban en la inconveniencia de apresurarse. Por qu no dejar que las dos fieras se devoraran entre s?

Visto desde Mosc, los angloamericanos desembarcaban en los lugares ms alejados y menos relevantes para aliviar la presin sufrida por la URSS; primero en el norte de frica (noviembre de 1942), luego en Sicilia (julio del 43), a continuacin dos veces en Italia continental (en septiembre del 43 y en enero del 44), y slo a menos de un ao del fin de la guerra (en junio del 44) en Normanda.

Para entonces, el ejrcito sovitico ya haca seis meses que haba llegado a la frontera polaca de preguerra. Las democracias deban darse prisa si queran tomar alguna posicin en Europa y evitar que los rusos volvieran a llegar a Pars, como haban hecho en el pasado.

Una manifiesta desconfianza presidi la alianza antifascista sovitico-occidental desde sus mismos inicios. Sus motivos eran muchos y diversos. De parte occidental se acepta, por ejemplo, que el pacto germano-sovitico de 1939 evidenci el parentesco entre nazismo y estalinismo. De las vergenzas de las democracias, de su actitud ante el fascismo en vsperas de la guerra y de sus parentescos imperiales con Hitler y Mussolini, apenas se habla. Seguramente a causa de su manifiesta actualidad.

En vsperas de la Segunda Guerra Mundial, aquellos polticos democrticos de Europa y Amrica que luego salvaran a Europa mantenan un idilio con Hitler y Mussolini. Estados Unidos haba apoyado al dictador italiano desde su llegada al poder en 1922. Sus desmanes se comprendan, porque conjuraban la amenaza bolchevique. Las inversiones americanas en Italia y en la Alemania fascista no disminuan, sino aumentaban, en los aos treinta.

Hitler ha prestado grandes servicios no solo a Alemania, sino a toda Europa Occidental, al cerrar el paso al comunismo () por eso es legtimo ver en Alemania un muro de contencin occidental del bolchevismo, deca en 1938 el Secretario de exteriores britnico, Lord Halifax.

Sobre la base comn de aquella contemporizacin, Londres y Berln podan llegar a un entendimiento. Halifax estaba dispuesto a conceder a Alemania todo lo que pidiera; Danzig, Austria y Checoslovaquia, con tal de que esas anexiones se llevaran a cabo, de forma pacfica y evolutiva.

Los principios de aquella Europa se haban retratado igualmente en su actitud ante la Repblica Espaola.

La idea de que los proyectos de Hitler eran asumibles, que todo el mundo poda integrarse en ellos, y que la amenaza estaba en otra parte, era comn en los gobiernos de la Europa de finales de los 30. Con Neville Chamberlain como jefe de gobierno en Londres y Edouard Daladier en Pars, las democracias calificaban de paz con honor la entrega de Checoslovaquia al Reich practicada por la Conferencia de Munich.

El ministro de exteriores polaco, Jozef Beck, prometa apoyar la reclamacin nazi sobre Austria y tener en cuenta los intereses del Reich ante un eventual ataque (polaco) contra Lituania. El embajador polaco en Pars, Lukaszewicz, explicaba a sus colegas norteamericanos que lo que estaba en juego en Europa era una lucha entre el nazismo y el bolchevismo, en cuyo campo inclua a agentes de Mosc como el Presidente checoslovaco, Edvard Benes. Alemania y Polonia pondrn a los rusos en fuga en tres meses, deca el embajador, en vsperas de que la agresin contra su propio pas marcara el inicio oficial de la Segunda Guerra Mundial.

Para entonces, aquella guerra tena ya ocho aos de historia en el mundo. El mundo de los dominios imperiales de Asia y frica, donde la guerra, el atropello, la invasin y el racismo, no contaban, mientras no colisionaran con los propios intereses.

En 1931 los japoneses se haban apoderado de un trozo de China mayor que Francia. En 1933 y 1935 haban expandido su invasin a otras tres provincias chinas, practicando su guerra qumica y bacteriolgica con experimentos en la poblacin civil.

En 1935 Italia invada Abisinia, con el Mariscal Badoglio utilizando gas mostaza contra la poblacin civil.

En julio de 1939 el gobierno britnico declaraba, reconocer por completo la situacin actual en China.

Ni Londres ni Washington protestaron o se opusieron al ataque japons contra Mongolia, retaguardia de la URSS, a partir de mayo de 1939 y que, en la batalla de Jaljyn Gol, produjo ms muertos que toda la campaa de la invasin alemana de Francia.

No pasaba nada y el encargado de la India Office, Leopold Amery, explicaba por qu con toda claridad, al defender la agresin japonesa contra China en la Cmara de los Comunes; si condenamos lo que Japn ha hecho en China, tendremos que condenar igualmente lo que Inglaterra hizo en Egipto y la India.

En un libro escrito en una prisin britnica entre abril y septiembre de 1944, coincidiendo con el desembarco de Normanda, Nehru, fundador de la nueva India explicaba as la situacin: Tras algunas de aquellas democracias haba imperios en los que no haba democracia alguna y donde reinaba el mismo tipo de autoritarismo (racista) que se asocia con el fascismo, as que era natural que aquellas democracias occidentales sintieran algn tipo de unin ideolgica con el fascismo, por mucho que les disgustara algunas de sus expresiones ms vulgares y brutales.

La poltica britnica haba sido casi ininterrumpidamente profascista y pronazi, recapitulaba Nehru en su celda del Fuerte de Ahmadnagar, pero todo se acab, cuando se vio que aquel aliado natural, aquel pariente, se volva contra los intereses occidentales. Se hizo cada vez ms obvio que, pese al deseo de calmar a Hitler, ste se estaba convirtiendo en el poder dominante en Europa, desmontando por completo el antiguo equilibrio y amenazando los intereses vitales del Imperio Britnico.

El resultado fue una alianza forjada sobre las circunstancias y la estupidez de Hitler, quien, si hubiera atacado primero a la URSS en lugar de atacar a Polonia, habra sido aplaudido por las democracias. Esta idea fue expresada al final de la guerra por el propio Hitler en un texto poco conocido.

En febrero de 1945, Martin Bormann recogi varios monlogos de Hitler que tienen valor de testamento poltico. Dos meses antes del final, Hitler coincida en ellos, con la tnica de los polticos britnicos y americanos de antes de la guerra, al reflexionar sobre los errores que haban conducido a la derrota.

La campaa contra Rusia era inevitable, deca. Su problema era haberla desencadenado en un momento poco adecuado. La guerra en dos frentes haba sido un error, reconoca, pero la responsabilidad ltima era de americanos y britnicos, con quienes habra sido posible llegar a un acuerdo.

La guerra contra Amrica es una tragedia. Ilgica y carente de todo fundamento. Slo la conspiracin juda contra Alemania la haba hecho posible.

Cargada de delirios, su mirada al futuro, contena un pronstico del mundo bipolar que se avecinaba: Con la derrota del Reich y la aparicin de los nacionalismos asiticos, africanos y puede que sudamericanos, slo quedarn en el mundo dos potencias capaces de confrontarse; Estados Unidos y la Rusia sovitica. Las leyes de la historia y de la geografa, las empujarn hacia una prueba de fuerza, sea militar o econmica e ideolgica.

El aparato de propaganda y relaciones pblicas ms formidable de la historia ha fabricado su leyenda sin apenas fisuras. Hollywood, la industria meditica en manos de magnates, los sistemas de alimentacin oficial de esa industria y, por supuesto, el ejrcito de conformistas bien pagados encargado de transmitirla, han escrito la versin ms conveniente. La historia es suya. Llegamos as al discurso de George Bush en la celebracin del aniversario del desembarco.

Reivindicando lo nico positivo que la intervencin militar extranjera de Estados Unidos tiene en su haber en ms de medio siglo, el Presidente vende su actual cruzada.

Obteniendo la merecida gratitud que los franceses, italianos, belgas y holandeses le deben al soldado Ryan, pretende mantener el vasallaje europeo ante la larga lista de crmenes impunes cometidos por el militarismo americano desde entonces.

El hombre que, segn las encuestas, encarna la guerra y promueve la desestabilizacin global, para la mayora de los europeos, habla hoy en Normanda de moral, de libertad y de principios, y recibe el tributo y el aplauso de los dirigentes de la vieja Europa.

La generosidad y el herosmo de los 10.000 cados en aquellas playas francesas sirve, as, para reivindicar su guerra contra el terrorismo, la destruccin de los frgiles rudimentos del derecho internacional y del control de armamentos, la agresin preventiva o humanitaria, el armamentismo y la banalizacin del uso del arma nuclear en guerras convencionales. Es el momento de recordar quien era el mximo representante de esas mismas tendencias en el mundo de hace 60 aos.

La guerra no la gan el soldado Ryan en Normanda, pero un indigno peligroso reivindica su gloria.

 

Referencias bibliogrficas : Jawaharlal Nehru, The Discovery of India. Valentin Falin, Zweite Front, Die Interesen Konflikte in der Anti-Hitler Koalition. Hitler & Stalin, Parallel Lives, Alan Bullock.

Fuente: https://rafaelpoch.com/2019/06/06/aniversario-en-la-vieja-europa/#more-297



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