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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-06-2019

Radiografa sentimental del chavismo (II): Leales pero resignados

Reinaldo Iturriza Lpez
lahaine.org

Recomponer la voluntad colectiva nacional popular pasa necesariamente por una profunda reforma intelectual y moral de la dirigencia poltica


En octubre de 2013 escrib algunas lneas sobre un fenmeno que identificaba como uno de los principales peligros, si no el mayor, que enfrentaba la revolucin bolivariana en la etapa que se abra luego de la desaparicin fsica de Hugo Chvez: la lealtad resignada (1).

Seis meses despus de haberme incorporado al primer gabinete del Presidente Nicols Maduro, asumiendo la responsabilidad de Comunas y Movimientos Sociales, resultaba evidente el micro-clima predominante en muchos espacios de decisin, y consider mi obligacin dar cuenta de ello pblicamente, con el propsito de alertar sobre sus eventuales efectos polticos.

Adverta entonces que la lealtad resignada era lo propio de algunos personajes que no perdan oportunidad para declarar que bajo ninguna circunstancia seran capaces de traicionar el legado del comandante Chvez, expresin muy en boga ya para entonces, y para comprometerse a luchar hasta el final, con el problemtico aadido, no manifiesto de manera expresa, de que el final era inminente o, en el peor de los casos, ya haba tenido lugar.

El mensaje implcito de los leales pero resignados era que sin el liderazgo de Chvez sera imposible avanzar por la va revolucionaria, lo que, visto en retrospectiva, en algunos casos ni siquiera era valorado de manera negativa, sino como una oportunidad irrepetible.

El correlato poltico de la lealtad resignada es el ms burdo pragmatismo poltico. Instalado el pragmatismo como signo de la poltica, el objetivo pasa a ser permanecer, renunciando a la posibilidad de avanzar. Para el pragmtico se trata de aferrarse a lo existente. Su propsito en la vida deja de ser modificar el estado de cosas y acta para preservarlo. En tal sentido, el pragmatismo es en esencia conservador.

Si con Chvez en vida el pragmtico nos hablaba de socialismo, obligado por un entorno que seguramente juzgara opresivo, por aquellos das se senta a sus anchas, liberado, y se daba el lujo de poner en entredicho la viabilidad del horizonte socialista de esta revolucin. Negado el horizonte, se produce automticamente la clausura estratgica. La poltica queda reducida a la tctica permanente para superar, a duras penas, coyuntura tras coyuntura.

La lealtad resignada de una parte de la clase dirigente chavista no solo contrastaba, que todava sera una manera muy elegante de plantearlo, sino que chocaba de frente con el estado de nimo de la mayora de la base social del chavismo.

Haba, eso s, mucha tristeza en parte del pueblo, lo cual advirti oportunamente el Presidente Maduro, quien de hecho reflexion en reiteradas oportunidades de manera pblica sobre el asunto. Haba tambin, y esto lo percib una y otra vez en la calle, en interlocucin directa con la gente, muchas dudas, casi siempre fundadas, respecto de nuestra capacidad para calzar los zapatos de Chvez, para seguir haciendo un ejercicio de la poltica genuinamente chavista. Me parece que las intensas jornadas de gobierno de calle durante aquel 2013 contribuyeron significativamente, al menos durante un tiempo, a despejar parte importante de estas dudas.

Entonces, como ahora, el pueblo chavista senta una profunda inconformidad con el estado de cosas y luchaba para cambiarlo. Lo segua animando un espritu fundamentalmente revolucionario: deseaba cambiar todo lo que tena que ser cambiado. Lo segua animando, para decirlo con Gramsci, un indoblegable espritu de escisin (2).

La referencia a Gramsci no es fortuita. En abril de 2013, en oportunidad de instruirme sobre los objetivos a cumplir por el equipo que me acompaaba en Comunas y Movimientos Sociales, el Presidente Maduro orden trabajar para conjurar toda posibilidad de fractura hegemnica democrtica y popular. El riesgo era claro, tanto como lo que nos corresponda hacer para enfrentarlo. Seis meses despus, era igualmente claro que parte de la clase poltica chavista no comparta el mismo espritu.

Esta ausencia de espritu de escisin la vimos expresada muchas veces en quien estara llamado a forjarlo: el nuevo Prncipe, es decir, el partido. Escriba Gramsci: El moderno Prncipe debe y no puede dejar de ser el pregonero y organizador de una reforma intelectual y moral, lo que adems significa crear el terreno para un ulterior desarrollo de la voluntad colectiva nacional popular hacia el cumplimiento de una forma superior y total de civilizacin moderna.

Es ampliamente conocido el razonamiento de Gramsci respecto de la importancia de los intelectuales: el pueblo siente, pero no siempre comprende y sabe, y al contrario, los intelectuales saben, pero no siempre comprenden y sienten las aspiraciones populares. El papel del moderno Prncipe, en tanto intelectual colectivo, sera garantizar esa conexin: no se hace poltica-historia sin esa pasin, o sea, sin esa conexin sentimental entre intelectuales y pueblo-nacin. En ausencia de tal nexo las relaciones del intelectual con el pueblo nacin son o se reducen a relaciones de orden puramente burocrtico, formal; los intelectuales se convierten en una casta o un sacerdocio.

En el caso venezolano, esta notable ausencia de espritu de escisin en parte de la clase poltica chavista, tanto en funciones de Gobierno como en distintos niveles de la direccin del partido, y que se afianzara a partir de 2016, luego de la derrota en elecciones parlamentarias, se tradujo en una situacin muy singular: de un lado un pueblo hecho voluntad colectiva nacional popular que siente, comprende y sabe, y del otro una dirigencia leal pero resignada, con una extraordinaria dificultad para saber, comprender y sentir las aspiraciones del pueblo venezolano, y convertida por tanto en algo muy similar a una Iglesia con muy pocos fieles.

Las manifiestas reservas expresadas por parte de la dirigencia respecto de las capacidades populares, su interpretacin acomodaticia de lo que sera el socialismo, cuando no su renuncia expresa al horizonte de transformacin anti-capitalista; su apuesta por establecer alianzas con el capital, haciendo a un lado al pueblo organizado; la inclinacin por salidas privatizadoras, entre otros fenmenos, vendran a ser el corolario de esa desconexin sentimental que ya se anunciaba en 2013.

Por eso no basta con proclamar a los cuatro vientos aquello de leales siempre, traidores nunca, puesto que si no se puede ser leal con aquella conexin sentimental fundante de la poltica revolucionaria, para qu sirve la lealtad? A qu intereses responde la lealtad resignada?

Recomponer la voluntad colectiva nacional popular pasa necesariamente por una profunda reforma intelectual y moral de la dirigencia poltica, por la restitucin plena de esta conexin sentimental, de esa pasin, para que sigamos haciendo historia.

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(1) Reinaldo Iturriza Lpez. Contra la lealtad resignada. 12 de octubre de 2013. https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2013/10/12/contra-la-lealtad-resignada/

(2) Jaime Pastor. Apuntes sobre el pensamiento poltico-estratgico de A. Gramsci. Viento Sur, 27 de abril de 2017. A continuacin, todas las referencias a Gramsci estn tomadas de este extraordinario ensayo. https://vientosur.info/spip.php?article12514

https://elotrosaberypoder.wordpress.com

Fuente: https://www.lahaine.org/cD4X



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