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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-06-2019

La alternativa entre regionalismo y nacionalismo para las identidades perifricas del Estado espaol

Miguel Manzanera Salavert
Rebelin

Ponencia para el taller de historia regional y local, Instituto de Historia de Cuba. La Habana, abril 2019


Consideraciones generales: dos formas del Estado

El ser humano es una realidad nica entre los objetos de la naturaleza, cuya caracterstica distintiva es la subjetividad, que definimos como capacidad para actuar propositivamente, persiguiendo metas y objetivos previamente decididos y previstos. El sujeto posee la libertad para decidir una meta y escoger el comportamiento que la hace posible; pero esa libertad nace de la necesidad de vivir en sociedad, acatando normas que hacen posible la cooperacin y la convivencia entre sus miembros. La subjetividad contiene un sistema de ideas que representa la realidad del mundo material, y al mismo tiempo un conjunto de ideales que valoran el mundo sensible en orden a su transformacin. La subjetividad se constituye en la vida social y da lugar a un sujeto que modifica el medio donde vive de manera planificada y racional.

El sujeto puede ser individual la persona-, colectivo una clase social o una sociedad-, o universal la humanidad en su historia-; y la condicin para que esos diferentes niveles de subjetividad puedan constituirse consistentemente es el isomorfismo en su estructura. En la filosofa prctica clsica se considera necesario construir la vida tica de la persona de modo armonioso, equilibrado y justo, en consonancia con la vida poltica de la sociedad en la que vive. Interpretamos as la utopa platnica de la Repblica, donde las clases sociales estn constituidas por las diferentes almas del ser humano. En la reflexin moderna esa identidad de estructura entre el sujeto individual y el colectivo est diseada en la propuesta ilustrada de Rousseau para constituir una repblica democrtica bajo el concepto de libertad civil con las debidas correcciones introducidas para establecer la igualdad de gnero-; y fue generalizada para la humanidad por Kant en sus reflexiones sobre la historia y la razn prctica.

La mediacin entre la personalidad tica y la colectividad poltica viene dada por la moralidad, que hace posible el reconocimiento del sujeto consciente por parte de los dems miembros e instituciones del cuerpo social. La moral consiste en desarrollar una conducta conforme a las normas cvicas y las costumbres tradicionales; el comportamiento moral viene sancionado por la aceptacin del sujeto dentro de la sociedad. Se constituye as un mbito pre-poltico de la vida colectiva, que se ha venido denominando como sociedad civil, concepto que viene a ser interpretado de dos formas diferentes: a) liberal, como conjunto de empresas lucrativas que prestan servicios a la comunidad por inters egosta; b) socialista, conjunto de asociaciones voluntarias de los ciudadanos que generan bienes de forma y altruista para resolver problemas y cubrir necesidades.

La sociedad poltica es un sujeto histrico colectivo, constituido a partir de sus relaciones econmicas y jurdicas. La repblica democrtica establece sus metas autnomamente a partir de procedimientos para la participacin poltica de la ciudadana en las decisiones colectivas, y en interrelacin con las otras instituciones colectivas que integran la humanidad histrica. Por varias razones, ese modelo republicano es incompatible con el desarrollo capitalista bajo una ideologa liberal, que concibe la sociedad civil como un conjunto de individuos egostas. En primer lugar, porque la repblica as definida se funda en el dilogo y el compromiso entre los agentes sociales; mientras que el liberalismo, al promover esas actitudes egostas, transforma el dilogo en regateo comercial, de forma que el compromiso de los agentes econmicos con el resto de la sociedad es dbil y tiende a romperse, generalizndose la corrupcin y el fraude.

En segundo lugar, el concepto liberal de libertad reduce la moralidad al xito en los negocios, exigiendo la mxima desregulacin para los mercados para garantizar la competencia; de ese modo, estos funcionen autnomamente con las mnimas interferencias legales, que se limitan a las normas para evitar los daos a la propiedad privada. Por el contrario, la Repblica requiere normas que regulen las relaciones entre los miembros de la sociedad, para garantizar la satisfaccin universal de los derechos humanos en igualdad de condiciones para toda la ciudadana sin discriminacin, impidiendo las situaciones de opresin y explotacin. Las normas que determinan la igualdad ciudadana pueden limitar la libertad de negociacin mercantil.

Adems, en tercer lugar, en el sentido clsico de la filosofa prctica, se concibe la Repblica como la sociedad auto-contenida, frente al capitalismo como modo de produccin expansivo, que se desarrolla a travs del imperialismo y el colonialismo eliminando los lmites sobre los que se constituye la cultura nacional, y destruyendo la soberana nacional de los Estados republicanos. El desarrollo capitalista viene asociado a la expansin imperialista desde su constitucin como modo de produccin hegemnico en el siglo XVI, con la conquista y destruccin de las culturas americanas precolombinas, y no deja de destruir culturas y naciones para alimentar un progreso irracional. En la modernidad, la destruccin de la biosfera por la industria moderna exige un replanteamiento completo del desarrollo humano, terminando con la expansin capitalista de las fuerzas productivas.

En cuarto lugar, desde la perspectiva republicana moderna, una personalidad altruista, consciente y responsable, solo podr producirse dentro de una sociedad democrtica, que respete su autonoma y proteja sus derechos. En cambio la forma de agrupacin social preponderante en el modo de produccin liberal son las masas de individuos, manipulados por la oligarqua social en funcin de sus intereses mediante una sociologa centrada en la economa mercantil. De ese modo, el Estado liberal se convierte en un apndice de la burguesa capitalista para administrar los negocios comunes de la burguesa como se seala en el Manifiesto comunista-. De ah que la propuesta para la superacin histrica del modo de produccin capitalista apele a la hegemona obrera en la construccin republicana de la sociedad.

La crtica del capitalismo como una sociedad alienante, realizada por Marx y Engels, apunta a la construccin de esa repblica democrtica, definida como dictadura del proletariado; sta consiste en la apropiacin colectiva de la riqueza social, pero al mismo tiempo debe establecer los lmites que la produccin econmica no puede superar salvo violacin de los derechos fundamentales de las personas y la humanidad. La conciencia de clase es el fundamento para una sociedad civil fundada en la solidaridad ciudadana; pero el proletariado construye la repblica democrtica apoyndose en un bloque histrico que se funda en una alianza con otras clases sociales, campesinado y pequea burguesa. En la constitucin del bloque histrico juega un papel fundamental la cultura nacional. De ah la importancia de un anlisis cuidadoso de su influencia en el proceso poltico.

La contraposicin entre liberalismo y republicanismo en la historia moderna

De modo que a lo largo de la historia moderna nos encontramos con la oposicin entre dos estructuras alternativas del Estado, liberal frente a republicana. Siendo el republicanismo la ideologa de la burguesa revolucionaria en Holanda durante la primera mitad del siglo XVII, en la primera revolucin inglesa con Cronwell, entre los jacobinos franceses que elaboraron la Constitucin de 1794, etc.-, el liberalismo constituye la ideologa de la burguesa como clase dominante una vez conquistado el poder poltico. El imperialismo asociado a la ideologa liberal se establece como ideologa dominante en la estabilizacin del modo de produccin capitalista, frente a un republicanismo que se constituye como aspiracin de las clases subalternas a la autonoma moral y poltica, con el horizonte de establecer el socialismo y el comunismo como formas de la sociedad utpica sin clases.

Voy a utilizar esas dos categoras repblica democrtica frente a imperialismo liberal- para interpretar las diferentes formas del Estado en conflicto dentro del panorama internacional, y las tensiones internas que se producen dentro de esos Estados. Esas tensiones tienen carcter clasista, pero tambin se manifiestan en forma de nacionalismo como coaliciones sociales fundadas en rasgos sociales significativos para la ciudadana-; o bien, en un nivel regional y local como rivalidad y oposicin dentro del Estado. Pues las regiones no son una mera reproduccin de la estructura social de un Estado a escala ms pequea, sino que con frecuencia desarrollan una especial intensidad para los conflictos de clase entre las clases sociales y dentro de las propias clases-, a partir de las inequidades en la explotacin de los recursos y la distribucin de la riqueza social, generadas por la economa liberal entre el centro capitalista y la periferia subdesarrollada.

El mercado capitalista desvaloriza la tierra y el trabajo para valorizar el capital acumulado en forma de propiedad privada, de modo que las regiones descapitalizadas atrasadas en el proceso de industrializacin o acumulacin de capital- sufren el peso de la desvalorizacin, manifestndose como subdesarrollo y dependencia. A menos que exista alguna forma de compensacin, la oposicin al sistema establecido y las aspiraciones a constituir una repblica democrtica sern ms fuertes en esas regiones deprimidas de la periferia, en cuanto se desarrolle una conciencia poltica de la situacin.

La reivindicacin poltica revolucionaria para la constitucin de la repblica puede tener carcter nacional, proyectndose hacia el conjunto del Estado nacional desde alguna regin especialmente conflictiva por razones geogrficas e histricas; o bien carcter secesionista, si se apoya en sentimientos nacionales de la regin deprimida por oposicin al Estado constituido. Por poner un ejemplo, en la historia de Cuba la guerra de independencia tuvo carcter secesionista respecto del imperialismo espaol, mientras que la guerra revolucionaria del 56-59 tuvo carcter nacional respecto del imperialismo estadounidense. En ambos casos, la actividad poltica tuvo su mayor intensidad rebelde en el Oriente de la isla por circunstancias econmicas atraso econmico-, pero tambin geogrficas proximidad al Caribe, especialmente Hait y Santo Domingo-. Y las fuerzas revolucionarias tuvieron que enfrentar fuertes movimientos polticos conservadores, que intentaron mantener el estatus dependiente de la isla Cuba, subordinndose al imperio liberal vigente, espaol primero y estadounidense despus.

Sin embargo, esa interpretacin no puede generalizarse; en caso de que los manejos polticos del Estado liberal se dirijan a utilizar los recursos pblicos para estabilizar su dominacin, puede suceder lo contrario. En el caso del Estado espaol durante la etapa de la monarqua liberal desde el final de la dictadura de Franco hasta nuestros das-, las regiones deprimidas recibieron compensaciones a travs de diversos canales financieros, de modo que la reivindicacin poltica qued acallada durante ese tiempo. Regiones agrcolas, atrasadas industrialmente, como Andaluca y Extremadura, obtuvieron sumas significativas de capital desde la UE (Unin Europea) y ayudas a la explotacin agrcola a travs de la PAC (Poltica Agrcola Comunitaria). Ello explica la paz social y la estabilidad poltica de estas regiones en los ltimos cuarenta aos: las particularidades identitarias se manifestaron como folklore y quedaron ahogadas por la mejora en los niveles de vida conseguidas mediante la subordinacin a la poltica liberal.

En cambio, la reivindicacin republicana con carcter secesionista cobr intensidad en el Pas Vasco (Euskadi), una regin industrializada y desarrollada en sentido capitalista, donde existen autnticos sentimientos nacionales lengua, instituciones e historia propia-. Contrariamente en Catalua, donde existen tambin fuertes sentimientos nacionales, la reivindicacin nacional de la gran burguesa mantuvo un carcter subordinado al Estado espaol. Recientemente, a partir de la depresin econmica del capitalismo neoliberal, la gran burguesa catalana intent utilizar los sentimientos nacionales como instrumento de presin, en la competencia con la oligarqua centralista por los escasos beneficios de las inversiones en crisis. Esa arriesgada maniobra ha conducido a una fuerte movilizacin social, y el nacionalismo cataln ha tomado un carcter republicano y secesionista al tiempo que la pequea burguesa comandaba el movimiento identitario y estableca un horizonte republicano como salida de la crisis.

Por tanto la explicacin economicista no resulta suficiente para comprender el fenmeno de los sentimientos nacionales. Por qu esos sentimientos son tan fuertes en el norte de la pennsula ibrica y mucho ms dbiles en el sur? Se hace necesario tomar en cuenta la historia para entender la formacin y desarrollo del carcter nacional. Siendo Andaluca una regin con un rico pasado cultural, poltico y econmico, sin embargo no ha desarrollado la necesidad de reivindicarlo, por causa de la violenta represin que sufrieron esas caractersticas nacionales en el pasado religin islmica, lengua rabe, relaciones econmicas con frica y el Oriente, etc.-. Aqu la subordinacin respecto del centro del Estado se ha hecho ms acusada que otras regiones como el Pas Vasco y Catalua, donde la religin catlica ha funcionado como reservorio de identidad nacional. Los partidos nacionalistas burgueses en estas naciones perifricas, tanto el PNV (Partido Nacionalista Vasco) como CiU (Convergncia i Uni, recientemente disuelto), han tenido un fuerte carcter confesional.

Desde el punto de vista del centralismo espaolista, que es tambin el de la oligarqua financiera como clase dominante, tanto Andaluca como Catalua y el Pas Vasco son regiones del Estado espaol, caracterizadas por su folklore particular. Pero lo significativo son los sentimientos nacionales que conserva la ciudadana de esas regiones perifricas, con posibles reivindicaciones republicanas. La mayor paradoja se establece porque una parte importante de la clase obrera vasca y catalana, formada por inmigrantes andaluces y extremeos, ha optado por apoyar el espaolismo, la defensa de la monarqua liberal subordinada a la oligarqua capitalista, enfrentndose a las clases y los sectores sociales que apuestan por la secesin. La complejidad de la coyuntura histrica presente en Europa y el resto del mundo cuando los movimientos de extrema derecha se desarrollan alcanzando importantes cotas de poder poltico con la aceptacin e incluso el apoyo de los trabajadores-, influye directamente en esas posiciones de clase. Hemos visto resultados electorales que mostraban un claro apoyo de la clase obrera francesa para el Frente Nacional de Le Pen, y el desarrollo de movimientos fascistas en toda Europa y Amrica contando con la simpata de los trabajadores, adems de las capas medias de la sociedad. La coyuntura poltica se parece a los acontecimientos del siglo XX con el progreso del fascismo tras la crisis econmica y la depresin de los aos 30.

En el Estado espaol la identidad espaola tiene un carcter claramente conservador e imperialista. A pesar de los esfuerzos de algunos sectores intelectuales durante los siglos XIX y XX para construir una imagen progresista de Espaa, no puede obviarse que la historia espaola se mantiene ligada a la construccin del Imperio en los siglos XVI-XVIII, y a cuatro grandes genocidios histricos la destruccin de al-ndalus, la conquista de Amrica, la esclavitud de la poblacin africana, la guerra civil del siglo XX-. La clase obrera espaola adopt una actitud poltica republicana durante la II Repblica, pero sus instituciones fueron completamente destruidas por el fascismo en la guerra civil. A lo largo de la dictadura franquista se produjo una liquidacin de su conciencia de clase y en nuestros das los trabajadores espaoles apoyan mayoritariamente la poltica liberal del Estado monrquico, como se muestra por el voto al PSOE. Por ello el republicanismo ha buscado desarrollarse entre los sentimientos identitarios de las nacionalidades perifricas.

Criterios leninistas para evaluar la lucha nacional

Histricamente, los sentimientos nacionales son a menudo utilizados por la burguesa para ocultar o disfrazar la lucha de clases, fraccionando a los trabajadores por sus caractersticas tnicas, lingsticas, religiosas, o cualesquiera otras. Esto ha sucedido ampliamente en el ltimo cuarto del siglo XX, con el enorme retroceso que se ha producido para las fuerzas progresistas y republicanas a nivel internacional, dando lugar a diversos populismos de derecha y extrema derecha. En esta coyuntura crtica, el uso de los sentimientos nacionales ha conseguido reforzar la hegemona de la oligarqua financiera, representada en el Estado espaol por la monarqua liberal. El espaolismo se ha desarrollado con intensidad en los ltimos aos, dando el poder poltico a la derecha en una regin autonmica donde nunca haba triunfado antes: Andaluca. Al mismo tiempo, un partido de extrema derecha ha conseguido entrar en el parlamento regional, sentando un precedente que podra consolidarse en el resto del Estado espaol dentro del prximo ciclo electoral que comienza a finales de abril.

Como consecuencia de esa coyuntura, la izquierda espaola se encuentra dividida entre los sectores que apoyan el secesionismo para construir un Estado republicano enfrentando el imperialismo liberal de la monarqua espaola, y los que se apoyan en los sentimientos espaoles de la clase obrera para oponerse a un secesionismo, entendido como tctica burguesa para confrontar y superar la crisis poltica del capitalismo neoliberal. Es urgente y necesaria una clarificacin para decidir una tctica correcta en la coyuntura actual, pero desgraciadamente las posiciones estn profundamente encontradas y las argumentaciones adoptan formas pasionales y poco racionales. En todo caso, es pertinente establecer algunos criterios desde la tradicin republicana, que nos permitan arrojar luz sobre el problema tratado. Cmo evaluar esos movimientos polticos del nacionalismo perifrico en el Estado espaol?

Para escribir la historia de las naciones sin Estado y las regiones perifricas es pertinente la distincin leninista entre pueblos opresores y pueblos oprimidos. Esa observacin contiene gran profundidad histrica y tiene que ver con la forma en que se organiza el Estado en sus relaciones internas y externas: a) la combinacin represin interna + agresin externa configura un pueblo opresor con tendencias imperialistas, frente a b) los pueblos oprimidos que buscan construir su repblica bajo el binomio democracia interna + pacifismo externo.

Recordemos que la aparicin del Estado es un resultado del desarrollo de las fuerzas productivas en el neoltico, y tiene un carcter endgeno dentro de las sociedades agrcolas de la Antigedad -por ejemplo el antiguo Egipto-; pero puede observarse tambin la construccin de Estados a partir de invasiones externas y la imposicin de una etnia sobre otras por ejemplo Israel antiguo y los diferentes imperios que se describen en la Biblia-. Podemos distinguir un origen endgeno del Estado, frente a un origen exgeno construido por los pueblos opresores que seala Lenin. Por tanto, se trata de una distincin pertinente que est en el origen de las dos ideologas polticas modernas consideradas: a) el liberalismo imperialista como dinmica econmica expansiva y polticamente invasora, fundado sobre estructuras sociales fuertemente autoritarias y discriminatorias; b) el republicanismo democrtico como organizacin auto-contenida de la nacin, donde se hace necesario que la clase obrera alcance la hegemona social construyendo el bloque histrico.

A partir de esa distincin, podemos establecer la tctica poltica respecto de los movimientos nacionales recurriendo a Lenin: los comunistas debemos apoyar y apoyaremos los movimientos burgueses de liberacin de las colonias solo cuando estos movimientos sean realmente revolucionarios. Esta afirmacin se refiere al carcter nacional secesionista de la rebelin colonial, y versa sobre su carcter revolucionario, esto es, su oposicin al imperialismo liberal y su intencin de construir una repblica democrtica. Las condiciones para considerar revolucionario un movimiento poltico estn dadas fundamentalmente por su programa, que expresa la hegemona de la clase obrera consciente en el bloque histrico de la emancipacin nacional; pero en muchas colonias de principios del siglo XX no exista una clase obrera desarrollada, capaz de asumir esa hegemona. Cuando Lenin habla de movimientos burgueses revolucionarios interpretamos aquellos cuyo programa asume la construccin de una Repblica democrtica enfrentada al imperialismo liberal lo que vimos que constituye la actitud de la burguesa revolucionaria antes de asentarse en el poder poltico-. Lo que significa que el Estado surgido de la revolucin nacional tendr que evolucionar construyendo el poder poltico de los trabajadores conforme se constituye la Repblica frente al imperialismo.

El movimiento revolucionario en Asia a comienzos del siglo XX tuvo un carcter esencialmente campesino y pequeo-burgus en cuanto a su composicin de clase, si bien el programa poltico era proletario, esto es, republicano democrtico. As las revoluciones en el Cucaso y en las naciones turcas de Centro Asia, nacidas al calor de la Revolucin de Octubre, desarrollaron la forma poltica republicana por influencia de los bolcheviques y los Estados surgidos en ellas formaron parte de la URSS. Posteriormente en China y en Mongolia, el proceso revolucionario tuvo caractersticas similares creando Repblicas independientes. Si entendemos que Lenin estableci sus criterios para orientar esos procesos polticos en Asia, podemos preguntarnos hasta qu punto son generalizables para otras coyunturas histricas diferentes y para otro tipo de colonias y nacionalidades oprimidas.

El derecho de autodeterminacin

El derecho de autodeterminacin como principio de la poltica comunista, que generaliza el punto de vista defendido por Lenin, tiene tambin una larga trayectoria histrica. Podemos remontarnos hasta una primera formulacin en el libro De regia potestate de Bartolom de Las Casas, establecindolo como una barrera frente a la conquista y destruccin de la Amrica precolombina por el Imperio espaol. Las Casas promovi la autonoma de las regiones americanas redescubiertas por los europeos en el siglo XV para proteger a los indgenas del genocidio, ponindolos bajo custodia del emperador Carlos V. Defendi sus tesis en las Juntas de Valladolid celebradas en 1555, pero perdi el proceso frente a las argumentaciones de los defensores de la conquista. El emperador, necesitado de oro para sus guerras europeas contra los protestantes, resolvi mantener la conquista americana con ciertas restricciones, establecidas en las Leyes de Indias que jams se cumplieron.

Tambin los derechos humanos tuvieron sus primeras formulaciones en las reflexiones de la Escuela de Salamanca, especialmente Francisco de Vitoria, a raz del choque de civilizaciones ocurrido en el siglo XVI. Y esta Escuela influy de forma importante en Hugo Grotio, intelectual orgnico de la rebelin holandesa contra el Imperio espaol a finales del siglo XVI, que constituy la primera revolucin burguesa triunfante en Europa con un carcter netamente republicano. Pronto esa Repblica se transform en una monarqua liberal tras el golpe de Estado de la Casa de Orange, que promovi el desarrollo imperialista de la burguesa holandesa. Los Orange tambin constituyeron la monarqua liberal inglesa tras la Revolucin Gloriosa de 1688, origen del Imperio britnico.

En sus orgenes, tanto como en la formulacin leninista, el derecho de autodeterminacin tiene un carcter netamente republicano y constituy un instrumento conceptual de la burguesa revolucionaria frente a los Estados absolutistas del Renacimiento, como instrumento para la proteccin de los derechos humanos violados por la poltica imperial. La forma republicana del Estado fue pronto desechada por la burguesa en el poder, abonada a las nuevas formas polticas y econmicas del imperialismo liberal. No obstante, hemos de reconocer que en la segunda mitad del siglo XX se ha producido un cambio de paradigma respecto al derecho de autodeterminacin, que ha sido utilizado para afianzar el imperialismo de la OTAN en la Europa del Este. As que una norma jurdica democrtica, que pareca fiable para la poltica proletaria, reconocido en las Constituciones de los Estados con orientacin socialista, se ha transformado en un arma de la burguesa liberal para desmantelar dichas Repblicas federadas o confederadas. Seguramente es posible cuestionar el carcter democrtico de la aplicacin de este derecho en los procesos acaecidos en esos pases lo que exige un minucioso anlisis histrico para tener una comprensin cabal de los mismos-; pero no podemos perder de vista la aparicin de movimientos secesionistas de carcter liberal en Italia y Bolivia, en China e Irn, en pases africanos y en Oriente Medio.

Necesitamos una explicacin de este fenmeno poltico, que se nos presenta como un efecto de la globalizacin: en un momento en que el Estado nacional deja de tener instrumentos para determinar autnomamente la poltica de una nacin o un pas, desgajarlo en pedazos facilita la penetracin de capital para la explotacin neocolonial. Es de notar que la dependencia financiera respecto del capital internacional constituy un importante factor para la desestabilizacin de las repblicas democrticas del Este de Europa. Pero tambin la agresividad del imperialismo fue determinante en Yugoslavia y Ucrania, y tambin en otros lugares donde ha intervenido aun sin llegar a un Estado de guerra abierto.

La agresin imperialista ha destruido varias Repblicas constituidas en Oriente Medio y frica: Afganistn, Irak, Libia, Siria, Yemen,, donde tambin se han utilizado los sentimientos nacionales como instrumentos para la liquidacin del Estado. Esos Estados nacidos de la independencia colonial, intentaron desarrollar una poltica republicana en sintona con las perspectivas socialistas del desarrollo histrico, pero se han encontrado inermes frente al imperialismo con el hundimiento de la URSS. En muchos casos la independencia de las naciones colonizadas desde mediados del siglo XX no trajo una autntica soberana nacional, sino la sustitucin de la subordinacin poltica por la dependencia econmica bajo el imperialismo liberal. Esos pases se encuentran bajo un rgimen neocolonial, y como muestra la Repblica de Cuba solo a travs de una revolucin antimperialista se puede alcanzar una autntica independencia.

Esta dinmica ha generado fuertes dudas en los movimientos progresistas del mundo entero. Caben importantes dudas sobre la posibilidad de recuperar el derecho de autodeterminacin para la poltica republicana. Tras las recientes experiencias podemos afirmar que esa posibilidad depender de la coyuntura histrica. La construccin de un fuerte bloque econmico a partir de las repblicas asiticas, opuesto al imperialismo liberal de la OTAN, establece un nuevo horizonte poltico para el desarrollo de la humanidad. Y as hemos podido comprobar que Crimea se separaba de Ucrania, convertida en un Estado fascista, asumiendo la forma de una Repblica asociada a la Federacin Rusa a travs de un referndum de autodeterminacin.

La derrota del imperialismo liberal es una condicin indispensable para hacer posible la conformacin de un orden mundial ms justo y pacfico. La deriva de los Estados imperialistas de la OTAN y otros Estados satlites en Amrica, frica y Asia, hacia la extrema derecha aprovechando los sentimientos nacionales es un repliegue tctico del sistema liberal en crisis; en cierto modo es un sntoma de decadencia, que parece augurar el final de su hegemona histrica bajo el modo de produccin capitalista. Si esa decadencia se confirma, y el bloque asitico consigue la hegemona a travs de un capitalismo de Estado, podramos esperar que en esas condiciones se pudiera utilizar de nuevo el derecho de autodeterminacin como instrumento jurdico para la constitucin de la repblica democrtica con orientacin socialista bajo la hegemona del proletariado.

La coyuntura espaola

Bajo la monarqua espaola de los ltimos cuarenta aos, el nacionalismo perifrico ha tenido carcter mayoritariamente burgus, subordinndose a la dinmica del capitalismo liberal dominante en Europa. De tal modo la administracin pblica se ha configurado como un Estado Autonmico, que concede competencias a los organismos regionales bajo la direccin de los rganos centrales de gobierno. La oligarqua financiera que domina la vida poltica del Estado espaol, integrada en el imperialismo de la OTAN, ha retenido de esa forma el control sobre las decisiones polticas fundamentales.

Dentro de las estructuras militares del imperialismo liberal, el Estado espaol tiene una mnima capacidad de decisin autnoma en las relaciones internacionales, para defender los intereses del capitalismo financiero nacional en coordinacin con los de la oligarqua mundial. Por otro lado, la integracin en la UE ha reducido sus poderes de decisin en materia econmica, incorporndolo a la dinmica de la globalizacin. En esas condiciones, la identidad nacional se transforma en un instrumento de la burguesa financiera para la formacin de coaliciones en competencia dentro de la unidad poltica del Estado. Sin embargo, la crisis del neoliberalismo ha puesto en evidencia la debilidad del capitalismo espaol, que ha visto perder buena parte de su influencia internacional, y ha exacerbado las tensiones internas entre las diferentes facciones de la burguesa.

Esas circunstancias han condicionado la aparicin del secesionismo cataln. La identidad espaola, heredera de una tradicin imperialista secular, es la ms fuerte y permite la hegemona del capital financiero erradicado Madrid, pero este debe hacer concesiones a las otras facciones regionales. El uso de los sentimientos nacionales catalanes ha sido una maniobra de la faccin catalana de la burguesa para no perder su cuota en los beneficios de la explotacin capitalista del trabajo y la tierra. Sin embargo, esa operacin poltica arriesgada ha avivado los antiguos sentimientos republicanos de las clases subalternas en Catalua, creando un autntico problema poltico para la dominacin liberal.

Especialmente en el Pas Vasco, las aspiraciones republicanas a la independencia dentro de un orden mundial fundado en el derecho y la justicia se han mantenido con fuerza en el siglo XX. De ese modo, las decisiones polticas deban contar con los intereses de las organizaciones obreras y pequeo burguesas. La existencia de un fuerte partido nacionalista burgus mayoritario en la sociedad vasca (PNV) determinaba una poltica autonmica subordinada al Estado espaol, pero sta se encontraba fuertemente condicionada por la actividad armada de los sectores republicanos de la pequea burguesa con importantes penetraciones en la clase obrera. El bloque histrico abertzale (nacionalista radical) abrazaba un programa de construccin nacional republicano y de orientacin socialista que cosech algunos xitos prcticos importantes aun sin acceder al poder poltico. Pinsese, por ejemplo, en la sociedad cooperativa de Mondragn, uno de los experimentos econmicos ms importantes en el proceso de socializacin de la produccin a partir de la propiedad colectiva/cooperativa de las empresas dentro del capitalismo. De ese modo, en funcin de la correlacin de fuerzas, se haca pensable el proyecto de una repblica democrtica, hoy diluido por el final de lucha armada.

Una parte de la clase obrera vasca, sin embargo, proveniente de la inmigracin desde otras regiones del Estado espaol en los aos 60-70, permaneci fiel al espaolismo encarnado por el PSOE (Partido Socialista Obrero Espaol), reconvertido al liberalismo por la transformacin que sufri este partido en el Congreso de Suresnes, que dio el poder al equipo de Felipe Gonzlez. A pesar de que el PNV tiene un dbil carcter republicano, condicionado por la fuerte presencia del movimiento vasco de liberacin nacional (MLV, representado por diferentes coaliciones de fuerzas polticas), la correlacin de fuerzas no permiti un avance decisivo de las fuerzas progresistas. El PNV ha gobernado en alianza con el PSOE en la mayor parte del periodo democrtico que comenz con la transicin espaola. Otras veces gobern con IU coalicin de izquierdas liderada por el EPK (Partido Comunista de Euskadi)-. Y solo en una legislatura la derecha espaola consigui gobernar all a travs de la coalicin PSOE/PP (Partido Popular). Hoy el PNV gobierna de nuevo con el PSOE, mientras que las fuerzas espaolistas (PP + PSOE + Cs Ciudadanos-) apenas tienen el 25% de los votos en el Pas Vasco.

La lucha nacional con carcter republicano ha tomado el relevo en Catalua, contra el centralismo espaol tras la pacificacin del Pas Vasco. Pero aparte de esa caracterstica comn, las diferencias con la dinmica vasca son importantes. En primer lugar, el nacionalismo cataln es un movimiento pacifista en sintona con las tcticas mayoritarias de la izquierda americana e internacional en la actual coyuntura histrica. La revolucin bolivariana y la conquista pacfica del poder poltico en Bolivia, as como el abandono de las armas por parte de las guerrillas latinoamericanas, por un lado, y el carcter defensivo de la poltica militar china y rusa frente a las agresiones imperialistas, por otro, condicionan la adopcin de esa tctica pacifista -que podemos equiparar a la guerra de posiciones teorizada por Gramsci-.

En segundo lugar, el nacionalismo pequeo burgus (formado por tres partidos PdeCat Partido Democrtico de Catalunya-, ER Esquerra Republicana- y CUP Candidatura de Unidad Popular) se ha radicalizado en el ltimo lustro y ha tomado el liderazgo del bloque nacional, para reivindicar la secesin de Catalua. Pero mantiene relaciones minoritarias con la clase obrera, que se encuentra dividida entre tres sectores: a) monrquico liberal (PSOE, Cs,), b) republicano no secesionista (liderado por la alcaldesa de Barcelona Ada Colau, partidarios de la autodeterminacin pero no de la separacin), y c) republicano secesionista (partidarios de la secesin por autodeterminacin y aliados del bloque nacionalista).

La oligarqua financiera mantiene porcentajes de votos minoritarios en Catalua a travs de tres partidos (PP, PSOE, Cs) y pugna por hacerse con el poder reprimiendo el movimiento independentista, al no poder hacerse con la mayora social. Las prximas elecciones de abril nos revelarn cul es la correlacin de fuerzas en estos momentos, pero la impresin es que la situacin poltica est estancada. En el Estado espaol sigue dominando el espaolismo liberal, mientras que en Catalua y el Pas Vasco se afianza un republicanismo pequeo burgus que alcanza a ms de la mitad de la poblacin, y que podra desarrollarse al calor de la crisis neoliberal en pugna con las tendencias fascistas de las sociedades capitalistas. Dado que el Estado espaol no va a permitir el referndum de autodeterminacin, y ya se vio como reprimi con dureza la convocatoria ilegal por parte de la autoridad autonmica, el bloque nacionalista tiende a radicalizarse. Pero solo conseguir un programa radical consistente bajo la hegemona de la clase obrera, que no est por la labor secesionista en Catalua. As que teniendo en cuenta que en el Estado espaol se prev un aumento de votos de la derecha, con importante presencia de la extrema derecha, los republicanos tendrn que adoptar una tctica capaz de resistir la enorme presin creada en su contra.

El avance de las posiciones republicanas en otras nacionalidades del Estado espaol ser un factor que favorezca la resistencia en las nacionalidades ms desarrolladas. En Galicia existe un bloque nacional dividido en dos partidos: el Bloque Nacionalista Galego (BNG), con un programa democrtico bien definido, durante su etapa de gobierno en coalicin con el PSOE no demostr excesiva voluntad en realizarlo. Por su parte, A Nova gobierna en varios ayuntamientos en coalicin con EG (Esquerda Galega/Izquierda Unida) vinculada al partido comunista. A pesar de contar con un relativo respaldo electoral que alcanza el 30% de los votos, estas fuerzas no han promovido movilizaciones secesionistas, aunque el secesionismo seguramente se movilizara ante el xito de otras nacionalidades histricas.

En Andaluca existe una importante tradicin nacionalista en el terreno de la reflexin y la cultura, pero las fuerzas polticas partidarias de la autodeterminacin han sido tradicionalmente minoritarias, mantenindose por debajo del 10%. Recientemente la aparicin de la izquierda alternativa, de simpatas trotskistas dentro del partido PODEMOS con un 15% de los sufragios, ha abierto la perspectiva de un movimiento nacionalista revolucionario con fuertes vinculaciones a la clase obrera.

En el Pas Valenciano fuerzas nacionalistas no secesionistas han conseguido un fuerte peso electoral, pero la perspectiva secesionista es minoritaria. Adems hay corrientes regionalistas que subordinan la identidad valenciana al espaolismo dominante. No obstante, el secesionismo podra ampliar su influencia en el caso de que Catalua consiguiera el referndum de autodeterminacin. La dureza con que el gobierno de Madrid ha reprimido la cultura catalana en Valencia, como ha hecho en los ltimos aos con el movimiento independentista cataln, est en relacin con ese peligro de contaminacin que podra desmantelar el Estado espaol. Recurdese que la Primera Repblica tuvo carcter confederal y cantonalista.

Hay otros movimientos nacionalistas perifricos en el Estado espaol con carcter minoritario: Aragn, Castilla, Asturias, Canarias, Baleares, Extremadura, cuentan con sentimientos identitarios de carcter republicano ms o menos consistentes, que se expresan con diferentes grados de intensidad como autonomismo o secesionismo. En ocasiones se manifiesta dbilmente como regionalismo que reivindica los rasgos particulares de una poblacin dentro de una identidad espaola ms amplia; en el Estado espaol la identidad nacional est asimilada al imperialismo, de modo que ese regionalismo aparece como un sucedneo que subordina la identidad particular al liberalismo dominante.

Es ahora, con la crisis econmica del capitalismo liberal, que aparecen movimientos populistas de extrema derecha en toda Europa y Amrica; en el Estado espaol esa tendencia ha tomado cuerpo a travs del partido Vox, que alcanza el 10% de los votos. Pero esa movilizacin social no tiene el objetivo de recuperar soberana para los Estados, sino incrementar la explotacin del trabajo y la tierra, estableciendo estructuras sociales autoritarias mientras aumentan las tensiones blicas internacionales. Intenta reconstruir el tejido econmico incrementado la opresin de los pueblos vascos y catalanes en el Estado espaol- y la explotacin de los trabajadores, y mantiene la hegemona liberal azuzando las luchas intestinas entre pueblos y naciones extremeos y andaluces contra los catalanes-.

En la coyuntura histrica actual, las perspectivas son pesimistas en el corto plazo para el proyecto republicano de las nacionalidades perifricas en el Estado espaol. Pero, en mi opinin, la dinmica mundial camina inexorable hacia la hegemona de las Repblicas asiticas, de modo que el imperialismo liberal ser derrotado en las prximas dcadas, abriendo una ventana de oportunidad para desarrollar nuevas perspectivas histricas en todo el mundo. Cuando llegue ese momento, convendr tener claras las diferentes opciones polticas para reconstruir la convivencia y la cooperacin entre los pueblos de la pennsula ibrica y en el mundo. Existe una tradicin iberista que tiene como objetivo la unificacin de las naciones de Iberia en un Estado federal o confederal, a partir de la soberana reconocida para cada una de ellas. Desde mi punto de vista esta es la posicin poltica ms coherente con el republicanismo democrtico como va de desarrollo humano para la sociedad contempornea.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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