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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-06-2019

Ondas cortas y largas del fascismo infiltrado en las democracias
Umberto Eco, un exagerado serial?

Fernando Buen Abad Domnguez
Rebelin / Instituto de Cultura y Comunicacin UNLA


Para el ritmo con que los laboratorios de guerra psicolgica pergean sus matrices ideolgicas, la conferencia que Umberto Eco imparti en 1995 en el simposio de la Universidad de Columbia- parece cosa de hoy porque el tema posee el don de la vigencia, la ubicuidad y la advertencia: Contra el Fascismo. Eco saba muy bien de qu hablaba porque fue amamantado por las vas lcteas del primer fascismo, del originario, del que nutri esmeradamente! a las juventudes de su tiempo (y del actual). Dicen algunos que exageraba.

Eco puso inters especial en explicar, y explicarse, el concepto de fascismo, en su amplitud y en su profundidad, para no dejarlo escapar y ser capaz de alertar sobre los mil disfraces desarrollados para proyectarse hacia el futuro y camuflar esa fase de la ideologa de la clase dominante que expresa, en simultneo, el miedo burgus s pero con altanera criminal. Intolerancia y odio disfrazado de pensamiento civilizatorio para seres superiores. Un modelo ideolgico opresor, de nuevo cuo capaz de actualizarse permanentemente sin dejar de ser tradicin aeja y fatalidad represora. Modelo opresor con muchos rostros (y nombres) en una misma sustancia inmutable. Y, por si fuese poco, con ribetes internacionales pero sin perder sus bucles locales.

Eco, dicen algunos que exagerando, se propuso desnudar la estructura ntima del fascismo y sus clones. Le dio por llamarlo uro-fascismo, es decir el fascismo eterno. Construy una especie de casa de los espejos culturales aprovechando su reflejo sobre la realidad en categoras tales como: 1) el culto a la tradicin y la pesquisa de una hipottica verdad primitiva; 2) la negacin de la modernidad y del racionalismo; 3) el empirismo dogmtico; 4) la satanizacin del pensamiento crtico; 5) el repudio a la diferencia; 6) el chauvinismo y la xenofobia; 7) la lgica de la persecucin permanente; 8) el desprecio por la debilidad; 9) el amor por el machismo... y algunas otras mnadasms, coronadas por la idea de que el fascismo ha de tener la habilidad para desarrollarse permanente, para adaptarse a los tiempos y travestirse en la semntica, en las formas y en las interrelaciones sociales como un baluarte histrico capaz de poseer, no un uniforme nico sino todos los que convenga para la ocasin.

Umberto Eco, al poner inters enftico en el aspecto moral, ideolgico y psicolgico del fascismo parece no haber ledo a Trotsky que explic con antelacin admirable la base econmica, material y concreta del fascismo, en su pachanga desmoralizadora y saqueadora contra la clase trabajadora, de los sectores proletarios y pequeo-burgueses. Algunos de ellos fieles seguidores del fascismo especialmente acarreados por sus burocracias dirigentes. Hasta la fecha. En un lugar primersimo el fascismo italiano. Poco inters parece tener para Eco interrogar las virtudes guerreras de los pueblos contra el fascismo, l remarc que lo esencial radicaba en su sentido, como si se tratase principalmente de un problema moral pero incluso, en esta especie de memoria edulcorada contra el fascismo, parece haber una contradiccin cuyo resultado deriva en debilitar la democracia para beneplcito de los fascistas ms nuevos. Sin exagerar.

Pero lo realmente valioso, acaso, en el texto de Eco, radica en su alerta contra la vigencia del fascismo y su multiplicidad de disfraces inoculados en las cabeza de todo mundo, por ms que cierto pudor est dispuesto a rechazarlo y repudiarlo. En el texto Contra el fascismo, Eco alcanza a destacar las voces que llaman a combatir permanentemente al fascismo. No explica un mtodo nico ms all de cierta semitica, pero abre espacio para recordar, por ejemplo, la propuesta de Trotsky de combatir al fascismo desde un frente nico de los trabajadores convocando a millones de personas dispuestas a desnudar al uro-fascismo y a la mayor cantidad de sus mutacionesinvisiblesen la vida cotidiana. Y es que en la prctica, millones de personas hoy estn dispuestos, por ejemplo, a votar por el fascismo en las urnas sin importar la realidad que los asfixia, llevados por un sndrome de Estocolmo electoral y sintiendo cierto placer morboso por ejercer el voto con irresponsabilidad desinformada. Slo porque es una moda de los medios. Estamos exagerando?

En la democracia burguesa, secuestrada por las agencias publicitarias y las empresas encuestadoras, se rinde culto a un conjunto complejo de destellos fascistas que comienzan por reducirlo todo a la simpata de la mercanca llamada candidato. Han hecho de las mentiras un atractivo bumerang que permite prometer las ms descabelladas e improbables tareas de gestin gubernamental a sabiendas de que harn exactamente lo contrario. O que harn nada. En algunos procesos electorales (Brasil, Argentina, Espaa, Italia, USA, Colombia) dominadas por el despotismo o fanatismo, se coagula estentreamente una nebulosa fascista impdica donde, los candidatos o candidatas, adoran la tecnologa para hacerse populares ante las masas, mientras recitan, con orgullo amnsico, carretadas de logros empresariales en los que la vida se protagoniza como en un captulo de reality-show.

Hablan de libertad de palabra, de prensa, de asociacin poltica slo para perseguirlas y condenarlas. El Ur-Fascismo nos rodea, a veces con trajes de civil y con las apariencias ms diversas camufladas como entretenimientos inocentes. Nuestro deber es desenmascararlo y apuntar con el ndice sobre cada una de sus formas nuevas, cada da, en cada lugar del mundo. As sea entre lneas de canciones, en fotos de paisajes, en oraciones o en tele-series. As sea en el peinado y en el vestuario, en las teoras y en los mtodos cientficos, en los horscopos o en las noticias deportivas. As sea en los tatuajes, en refranes familiares, en los libros para la juventud o para la infancia as sea en las historias de amor o en los buenos propsitos. Hay que leer el texto de Eco, as sea slo para constatar cunto de sus dichos estn exagerando los hechos. Sin exagerar.

Dr. Fernando Buen Abad Domnguez. Director del Instituto de Cultura y Comunicacin y Centro Sean MacBride. Universidad Nacional de Lans.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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