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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-06-2019

El pasado que no quiere pasar

Gregorio Morn
Voz Ppuli

El rey Juan Carlos y la democracia parlamentaria marcharon en paralelo, y en esta simpleza analtica est el xito del monarca y la frgil consolidacin de la democracia


En los aos 80 del pasado siglo una polmica inund la Repblica Federal de Alemania, vsperas de la reunificacin. Se trataba de una reflexin sobre su pasado hitleriano y las responsabilidades de una sociedad que se negaba a asumir la deriva nacional socialista y los campos de exterminio y las consecuencias de haber iniciado la Segunda Guerra Mundial. Todo lo que vino despus de las elecciones democrticas de 1933, que consinti en el poder absoluto de Hitler. Al debate, hoy olvidado, en el que participaron historiadores, periodistas y polticos, se le denomin El pasado que no quiere pasar.

En eso estamos nosotros. Hay un pasado que no quiere pasar y que reaparece ante cualquier vericueto de la actualidad. Entre las muchas diferencias entre la reflexin alemana y la nuestra, una es que ellos provocaron el debate mientras que nosotros huimos de l como de la peste, hasta que de pronto chocamos con algo que nos lo recuerda. Media Europa, aquella en la que nos miramos, acaba de celebrar el aniversario del Da D, el desembarco de los Aliados en las playas de Normanda, mientras que nosotros festejamos, es un decir, el nombramiento de Juan Carlos como Jefe del Estado hace cuarenta y cuatro aos.

Nada es casual desde que Freud contribuy a explicar que hasta lo ms nimio es significativo. Por ejemplo, las celebraciones. Ellos, el da D; nosotros, Juan Carlos en la retirada como jefe del Estado. Todo tiene su razn de ser, por ms que omitamos a los manejadores del evento y nos quedemos con los smbolos que encandilan a los cndidos. No fueron todos los aliados quienes se han manifestado en su aniversario del Segundo Frente, el occidental. Faltaban los soviticos, que llevaban avanzando con un coste de millones de muertos en el Primer Frente, el oriental.

Como nada es casual, en las evocaciones histricas hemos omitido esta vez que, rompiendo una tradicin que se mantuvo incluso durante la Guerra Fra, en la ceremonia de los Aliados se excluy a los rusos. Nada ms poltico y por tanto menos improvisado que un aniversario. En nuestro caso, el ascenso a la jefatura del Estado de Juan Carlos lo hicieron las ltimas Cortes franquistas en noviembre de 1975, pero esta estrafalaria omisin la tapamos porque se trata del primer rey de la monarqua parlamentaria, el que presidi las elecciones democrticas de junio del 77. La historia tartamudea y en ocasiones se llena de silencios, tan elocuentes que por eso se cubren con los ruidos de las celebraciones.

En el coro de los aleluyas al Rey emrito se echa a faltar un equilibrio entre la belleza de los cantos y el bordn de una realidad que de nuevo nos obliga a recordar los pasados que no quieren pasar. Algo tan frecuente entre nosotros que no debera escandalizar a nadie. El rey Juan Carlos y la democracia parlamentaria marcharon en paralelo, y en esta simpleza analtica est el xito del monarca y la frgil consolidacin de la democracia. l hizo lo que le vino en gana y el Parlamento hizo como que no lo vea.

23-F, vacuna contra el borboneo

Por qu no hablamos claro? Si de verdad fue monarca constitucional, y nosotros ciudadanos y no sbditos, tendramos que abordarlo sin que nadie, fuera de los cortesanos voluntarios, pueda algn da decirnos que abonamos el terreno de los pasados que no quieren pasar. Cuarenta y cuatro aos en el poder dan para mucho y cabe decir que si el balance no fue catastrfico se debi ms a la contencin de la ciudadana que a la pastuea benevolencia de una clase poltica y unos medios de comunicacin mediatizados por el temor a ese pasado que no quiere pasar.

El rey Juan Carlos, cuya memoria se limitaba a su propia vida de hurfano secuestrado por Franco en una obra teatral digna de Caldern, llevaba en sus genes la querencia al borboneo de sus antecesores; desde los monarcas absolutos hasta su abuelo, aquel frvolo Alfonso XIII, primer porngrafo del Reino. Las irresponsabilidades en la gestacin del 23-F y la conciencia de que su poder estuvo en el alero hasta la avanzada noche de marras cre que le curaron de inclinaciones a borbonear las instituciones, bastante ms complejas que su mente poltica. Desde la experiencia del 23-F, que gan por los pelos con la ayuda de Sabino Fernndez Campo y de nadie ms -el silencio de los corderos de la tarde del 23-F es una leccin de obligado cumplimiento para los nietos bocazas del siglo XXI-, desde aquella fecha que ningn superviviente podr olvidar, se alej de tentaciones borbnicas.

De entonces ac se dedic a las dos cosas para las que sin estar especialmente dotado al menos tena carisma para alcanzarlas: la fortuna y las damas de trono. Se hizo muy rico y muy querido; una manera de marcar el camino de la generacin que siendo ya rica y querida aspir a llegar al superlativo. Si los tiempos de Felipe Gonzlez y Jos Mara Aznar tuvieran que sealar a un promotor, casi un paradigma, ese sera el rey Juan Carlos. l ilumin la senda que llevara a la cuneta a quienes pretendieron imitarle sin darse cuenta de que monarca slo haba uno y los dems ejercan de palaciegos, aunque fueran consanguneos.

No entiendo muy bien qu quieren demostrar los que hablan de la popularidad de Juan Carlos. Asunto delicado, porque la galera de lderes muy populares nos llena de dudas cuando no de espanto. El Rey ms popular de Espaa fue su antepasado Fernando VII, que alcanz su mxima cota de fervor entusiasta cuando cerr las universidades y abri escuelas taurinas.

A los reyes antiguos se les consiente todo y sus destemplanzas acaban siendo gestos chuscos muy aplaudidos por la aficin. Ya se trate de la caza de elefantes en Botsuana con seora y accidente incluido, un asunto de Estado, resuelto con cara de pillo y lenguaje de colegio selecto me he equivocado, lo siento. No lo volver a hacer-, es decir, hasta la prxima. No siento ninguna simpata por el caudillo venezolano Chvez, ni cuando peroraba en cabo cuartelero, ni tras las exequias que para l hubiera querido Simn Bolvar, pero de ah a decirle por qu no te callas es tanto como perder los papeles y no darse cuenta de que los tiempos de los reyes antiguos terminaron en Europa con la Segunda Gran guerra, sa que nosotros no podemos conmemorar en Normanda y donde tampoco cabe que seamos invitados.

Es el pasado que no puede pasar.

Fuente: https://www.vozpopuli.com/opinion/pasado-quiere-pasar-rey-juan-carlos_0_1252375777.html



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