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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-06-2019

BCN chicken game

Llus Rabell
Blog personal


Analizando los movimientos tcticos de Pedro Snchez para lograr su investidura en el Congreso al tiempo que trata de zafarse de compromisos que pudiesen encorsetar los mrgenes de maniobra de su futuro gobierno con fuerzas nacionalistas, pero singularmente con Podemos-, Enric Juliana ha evocado la prctica del chicken game y sus precedentes en el sombro otoo de la poltica catalana de 2017. El desafo de bravura patritica entre ERC y los hijos radicalizados de la vieja Convergencia hizo que ambos coches se despearan. Con graves consecuencias para todo el pas, que an seguimos padeciendo. Esa cercana experiencia debera disuadirnos de la tentacin de dirimir el futuro de la alcalda de Barcelona recurriendo a tan peligroso juego.

La buena noticia del paso al frente dado por Ada Colau al postularse de nuevo como alcaldesa gesto ampliamente refrendado por la militancia de Bcom ha venido acompaado de la insistencia en la formacin de un gobierno tripartito y de la sorprendente afirmacin de estar dispuesta a acudir al pleno de investidura sin haber establecido previamente ningn pacto. Todo el mundo sabe que el primer objetivo es irrealizable. Pero no por una cuestin de vetos cruzados, entendidos como una caprichosa y sectaria actitud partidista. Ni tampoco porque, en teora, no fuese deseable un acuerdo de progreso entre la gente obrera, sectores populares y clases medias urbanas, a travs de las fuerzas polticas que de manera ms o menos aproximada les representan. Pero la poltica no se hace en el mundo de los deseos, sino en el de la realidad. ERC no quiere la alcalda de Barcelona para superar los bloques. Eso son lindezas para encandilar a unos comunes cuya equidistancia, ayer virulentamente denostada, es hoy exaltada como una rtula nacional. No. ERC quiere hacerse con la alcalda para transformar Barcelona en plaza fuerte de una nueva acometida del procs aprovechando el previsible impacto emocional de la sentencia del Supremo y en una etapa decisiva para la conquista de la hegemona en el campo independentista. Y eso no es una suposicin, sino que se desprende de las declaraciones del propio Maragall y de otros dirigentes, y se inscribe en la lgica de esa pugna inacabable.

Por eso no es posible un tripartito, ni deseable para la izquierda un pacto con ERC. Por responsabilidad hacia la ciudadana de Barcelona, que no merece verse sometida a la parlisis y el desgobierno que la estrategia independentista ha instalado en la Generalitat. Pero tambin porque la ciudad, con su enorme potencial y su posible conexin con un denso entorno metropolitano, es decisiva para evitar que Catalunya se vea arrastrada a una nueva aventura. Para eso hace falta un gobierno de izquierdas que haga de ese potencial un factor de sensatez y contribuya a reconducir el conflicto territorial al mbito del dilogo y de la poltica.

Conviene dejar de fantasear con un tripartito, hiptesis slo concebible en un contexto muy distinto al actual. Empecinarse en ello entorpece los pasos que habra que dar para lograr el nico gobierno de izquierdas posible y que, para ser tal, para desplegar las polticas de justicia social y medioambiental que se requieren, no puede estar subordinado al guin procesista: un gobierno Bcom-PSC.

Nada sera tan estpido como dejarse intimidar por la retrica de matn del independentismo llorar con los presos y gobernar con los carceleros o rendirse a su moral hipcrita acerca de aceptar los votos de Valls. En el consistorio, y por voluntad ciudadana, esos votos tienen la misma legitimidad democrtica que los dems. Y, por otra parte, esto no es un concurso de moralidad quin sera el juez y cules los criterios? para dilucidar quin es ms digno de frecuentar. La poltica es posible porque, en ocasiones, se dan intersecciones puntuales entre los objetivos que persiguen fuerzas distintas e incluso muy enfrentadas. Es dudoso que, en los barrios populares de la ciudad, acuciados por preocupaciones terrenales, las bases de comunes y socialistas se planteen esos dilemas, ms propios de las angustias de un monaguillo ante los rigores del sexto mandamiento.

Es comprensible que Bcom, una parte de cuyos electores sobre todo en los barrios de clase media opta por opciones independentistas en contiendas distintas de las municipales, intente preservar unido su espacio. Pero no hay ms cera que la que arde. Toca afrontar el problema poltico. Por razones democrticas, quien opta a una responsabilidad tiene la obligacin de buscar los acuerdos que la hagan posible. La pretensin de pedir cheques en blanco puede resultar en esta ocasin temerario y acabar cediendo la alcalda a Maragall. El PSC se ha apresurado a declarar que, sin acuerdo de gobierno, no hay investidura. Y Valls, que permanece en silencio pero sigue estando ah, no dara sus votos si no hubiese un acuerdo que cerrase el paso a Maragall. No ser fcil que los socialistas se fen sin obtener garantas serias. Hace falta recordar que Bcom les ech del gobierno invocando una razn de poltica nacional expresamente excluida del pacto suscrito con el PSC? Por mucha credulidad y buena fe que le echasen sus dirigentes, cabra esperar acaso que la militancia socialista que tambin tiene su legtimo orgullo de partido estuviese dispuesta a ponerse, sin ms, en manos de quien ya la trasquil una vez?

Quizs la arriesgada apuesta anunciada por Ada Colau tenga que ver con una dificultad real: el propio modelo organizativo de Bcom. Por razones estatutarias, un acuerdo de gobierno debera someterse al voto de los inscritos. Y, como algn cronista ha sealado, el censo de los mismos incluye a no poca gente adscrita a otros proyectos e intereses partidarios que puede as, a coste cero, incidir en las decisiones de Bcom. Ya ocurri con ocasin de la consulta para romper con el PSC. Cuntos inscritos que se situaban de la rbita de la CUP, por ejemplo, intervinieron en aquella votacin, decantando su resultado? En aquel momento, la voz de los inscritos permiti que los dirigentes de Bcom favorables a un acercamiento al independentismo impusieran su criterio. Y sirvi de coartada a Ada Colau, que en principio no deseaba la ruptura, para no pronunciarse. Grave error, pues, sin la asuncin de sus responsabilidades por parte de una direccin, no hay verdadero funcionamiento democrtico en un partido. Ahora, todo el mundo teme al famoso censo, que bien podra rebelarse contra un pacto con el PSC. He aqu que el modelo de organizacin lquida, lejos de representar un avance, supone una regresin en relacin con las experiencias atesoradas por el movimiento obrero y las izquierdas: el censo de la gente puede hacer saltar por los aires la voluntad de la militancia que quiere que Ada sea alcaldesa y el anhelo mayoritario del electorado popular.

No va a ser fcil afrontar esas contradicciones. Pero tampoco puede Bcom transferir sus propias miserias a los socialistas y pedirles que se hagan cargo de ellas. Y mucho menos recurriendo al chicken game: Yo me presento. Si no me votis, seris los culpables de que Maragall se convierta en alcalde. Urge responsabilidad, seriedad y valenta por parte de todo el mundo. Quedan pocos das y es mucho lo que hay en juego.

Fuente: https://lluisrabell.com/2019/06/09/bcn-chicken-game/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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