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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-06-2019

Los fundamentos histricos e ideolgicos del racismo respetable de la izquierda francesa

Sad Bouamama
bouamamas

Traducido del francs para Rebelin por Beatriz Morales Bastos.


La liberacin del discurso islamfobo y el paso al acto desde los atentados de enero de 2015 en Francia revelan la magnitud del racismo respetable en el seno de la izquierda francesa. Sin embargo, esta problemtica no es nueva: tomas de postura en favor de una ley sobre el uso del pauelo en la escuela en 2004, apoyo ms o menos asumido a las intervenciones imperialistas en Afganistn, Irak, y Libia, temtica de la integracin para pensar las cuestiones relacionadas con la inmigracin, enfoque dogmtico del laicismo disociado de los retos sociales, la lista es larga, etc.

Estos pocos ejemplos contemporneos de posturas de organizaciones y partidos que afirman ser de izquierda e incluso de extrema izquierda son un eco de otros ms lejanos: ausencia o denuncia ambigua de la colonizacin, ausencia o ambigedad del apoyo a las luchas de liberacin nacional de la dcada de 1950, silencio ensordecedor durante dcadas sobre las masacres coloniales, desde la conquista del 17 de octubre de 1961 pasando por los crmenes de Madagascar (1947), de Camern (1955-1960). Son tales las constantes entre ayer y hoy que nos parece necesario buscar sus causas ideolgicas y materiales. Hay legados incmodos que conviene hacer visibles, de lo contrario se reproducen las mismas trampas ideolgicas y llevan a las mismas cegueras y a los mismos callejones sin salida polticos.

Una hegemona cultural asentada desde el siglo XIX

La hegemona cultural es un concepto propuesto por Antonio Gramsci para describir la dominacin cultural de las clases dominantes. El concepto se inscribe en el anlisis de las causas de la ausencia de desarrollo de las revoluciones anunciadas por Marx para los pases industrializados de Europa a pesar de haberse verificado las conclusiones econmicas de Marx (crisis cclicas, pauperizacin de la clase obrera, etc.). La hiptesis de Gramsci es que este fracaso de las revoluciones obreras se puede explica por medio de la influencia de la cultura de la clase dominante sobre la clase obrera y sus organizaciones. La clase dominante sin duda domina por medio de la fuerza, pero tambin por medio de un consentimiento producido culturalmente de las personas dominadas. La hegemona cultural de la clase dominante se instaura a travs del Estado y de sus herramientas culturales hegemnicas (escuelas, medios de comunicacin, etc.) para hacer que la clase dominada adopte los intereses de la clase dominante. Por consiguiente, la nocin de hegemona cultural describe el conjunto de los procesos de produccin del consenso a favor de las clases dominantes.

La radicalidad de las luchas de clases en la historia francesa (revolucin antifeudal radical en 1789-1793, insurreccin de julio de 1830, revolucin de febrero de 1848 y por ltimo, y sobre todo, la Comuna de Pars) llev a la clase dominante a comprender muy pronto que no se poda asegurar su poder nicamente por la fuerza de las armas y de la represin, lo que Gramsci denomina la dominacin directa. El proceso de construccin de un relato nacional se llev a cabo para asegurar la hegemona cultural de la clase dominante, su dominio indirecto. Los ingredientes de este relato nacional son esencialmente la difusin de leyendas nacionales: pensamiento de la Ilustracin, Revolucin francesa y Declaracin de los Derechos Humanos, escuela republicana y laicismo, etc. A diferencia del mito, la leyenda se basa en algunos hechos histricos identificables que se absolutizan. El proceso de creacin de la leyenda se lleva a cabo por medio de la ocultacin de las contradicciones y retos sociales, la negacin de la historia y la transformacin de resultados histricos (con sus contradicciones y sus lmites) en caractersticas permanentes y especficas de la francesidad*, del genio francs, del modelo francs.

Dado que el objetivo de la hegemona cultural es producir consenso a favor de las clases dominantes, las leyendas nacionales se producen y difunden, por supuesto, para las clases dominadas y sus organizaciones: modelo francs de laicismo, modelo francs de integracin, pensamiento de la Ilustracin como caracterstica tpicamente francesa, abolicin de la esclavitud como voluntad del Estado francs y no como resultado de la lucha de las personas esclavas, colonizacin francesa que se considera diferente de las dems por sus aspectos humanitarios y civilizadores etc. La cuestin no es, por tanto, la del juicio de los hechos, de los hombres y de las opiniones del pensamiento de la Ilustracin o de la Revolucin francesa, por ejemplo. En cambio, hay que preguntarse por las causas y los efectos contemporneos de mantener un enfoque no crtico, no historicizado, esencializado. Sin este enfoque crtico las leyendas de la clase dominante se inscriben como otras tantas evidencias en las lecturas de la realidad contempornea, se convierten en representaciones sociales que deforman la realidad, producen unas lgicas de pensamiento que impiden comprender los retos sociales y las contradicciones sociales. Sin ser exhaustivo, abordemos dos de las leyendas de la hegemona cultural construida en el siglo XIX y que han impregnado enormemente a las organizaciones de izquierda.

La absolutizacin del pensamiento de la Ilustracin y de la Revolucin francesa

La Ilustracin designa una corriente de ideas filosficas en Europa que conoci su apogeo en el siglo XIX. Esta corriente se caracteriza por un llamamiento a la racionalidad y la lucha contra el oscurantismo. De lo que se trata al liberar al hombre de la ignorancia y de la supersticin es de hacerle pensar por s mismo y convertirlo as en adulto. Estas dimensiones comunes a los diferentes filsofos de la Ilustracin no impiden su heterogeneidad. La filosofa de la Ilustracin est recorrida de corrientes que se corresponden a los diversos intereses sociales de la poca. As, la absolutizacin del pensamiento de la Ilustracin empieza por la homogenizacin de un pensamiento contradictorio. Pero la filosofa de la Ilustracin tambin est limitada histricamente. Se despliega no como una lgica pura sino como una lgica de pensamiento inscrita en una poca precisa. Esta es, adems, la primera crtica que le hacen Marx y Engels, los cuales se encargan de ponerla en correspondencia con los intereses sociales que la suscitan y la llevan

Los filsofos franceses del siglo XVIII, precursores de la Revolucin, apelaban a la razn como juez nico de todo lo que existe. Haba que establecer un Estado razonable, una sociedad razonable y haba que eliminar sin compasin todo lo que contradeca a la razn eterna. Vimos igualmente que esa eterna razn no era en realidad ms que el intelecto idealizado del ciudadano medio que entonces cristalizaba en burgus. Por eso cuando la Revolucin francesa hubo realizado esa sociedad y ese Estado de la razn, la nuevas instituciones, por racionales que fueran en comparacin con la situacin anterior, no resultaron en modo alguno razonables en sentido absoluto. El Estado de la Razn acab en un atasco (1).

Los derechos humanos, por su parte, se caracterizan como derechos de un hombre abstracto, de un hombre burgus, de un hombre egosta**: El hombre real solo se reconoce bajo el aspecto del individuo egosta y el hombre verdadero solo bajo el aspecto del ciudadano abstracto (2).

Desde esta primera crtica del universalismo de la Ilustracin otras vinieron a completarla a semejanza de la crtica feminista que destaca los presupuestos androcntricos, racistas, econmicos y antropolgicos de la filosofa europea de la Ilustracin(3). Tambin se ha denunciado el carcter etnocntrico del pensamiento de la Ilustracin:

Ah donde leemos hombre, humanidad, ciudadana, de lo que nos habla la Ilustracin es de la humanidad blanca y europea. Sin duda en la Ilustracin [hay], sin embargo, los primeros destellos de nuestros valores, a condicin de ignorar la trata, la negritud, la esclavitud(4).

As, el universalismo de la Ilustracin parece muy poco universal en lo interno (universalismo masculino del derecho al voto hasta 1944, universalismo que excluye a los obreros del derecho al voto hasta 1848) y en lo externo (Cdigo Negro, Cdigo del Indgena, etc.).

Lo que persigue la clase dominante a travs de la absolutizacin del pensamiento de la Ilustracin y de la Revolucin francesa es presentar la historia francesa no como el resultado de enfrentamientos sociales sino como resultado del despliegue de un genio o de una especificidad francesa transversal a las diferentes clases sociales. Habra as unas caractersticas propiamente francesas que situaran a esta nacin por encima de las dems, por delante de las dems, a la vanguardia de la emancipacin y de la civilizacin. En resumen, se trata de producir un complejo chovinista para canalizar las luchas sociales en un momento en el que se llevaba a cabo una colonizacin violenta del mundo. Por desgracia, en gran parte ha tenido xito la ofensiva ideolgica cuyo objetivo era arraigar la idea de una excepcionalidad/superioridad francesa. As es, por ejemplo, cmo Karl Marx se burla de la pretensin de la izquierda francesa de su excepcionalidad lingstica y republicana:

Los representantes de Jeune France ( no obreros ) defendieron el punto de vista de que toda nacionalidad y la propia nacin son prejuicios anticuados. Stirnerismo peoudhoniano. Dividir todo en pequeos grupos o comunas que forman despus una alianza, pero no un Estado. Y mientras se produce esta individualizacin de la humanidad se desarrolla el correspondiente mutualismo, la historia deber detenerse en todos los dems pases y el mundo entero habr de esperar a que los franceses maduren para la revolucin social. Entonces harn ante nuestra vista este experimento y el resto del mundo, vencido por la fuerza de su ejemplo, har lo mismo. [] Los ingleses se rieron mucho cuando empec mi discurso diciendo que nuestro amigo Lafargue y otro que han abolido las nacionalidades nos hablaban en francs , es decir, en un idioma incomprensible para nueve dcimas partes de los reunidos. Ms adelante insinu que Lafargue, sin darse cuenta de ello, entiende, al parecer, por negacin de las nacionalidades su absorcin por la ejemplar nacin francesa (5).

La construccin del consenso colonialista

La ofensiva ideolgica de la clase dominante cre el espacio mental que permiti la colonizacin. Tanto la imagen de las dems culturas y civilizaciones difundida por el pensamiento de la Ilustracin y ampliada por la Tercera Repblica como la idea de ser la vanguardia de la humanidad prepararon la mentalidad para la conquista:

Existe un espacio mental que, en cierto modo, es anterior a la instauracin del orden colonial, un espacio compuesto esencialmente por esquemas de pensamiento a travs de los cuales se reconstruye la divisin entre los occidentales y los dems los esquemas Puro/Impuro, Bien/Mal, Saber/Ignorancia, Don de Amor/Necesidad de Amor. La percepcin del Otro como un ser en la infancia de la humanidad, confinado a las tinieblas de la ignorancia como la incapacidad para contener sus pulsiones informa el pensamiento colonial y el conocimiento antropolgico (6).

De hecho, la oposicin a las guerras de conquista colonial fue dbil y tarda a la vez. Las pocas voces anticoloniales como las Georges Clmenceau y de Camille Pelletan fueron aisladas y marginales. La impregnacin colonial es profunda, como atestigua el informe adoptado en el congreso interfederal de frica del Norte del Partido Comunista en septiembre de 1922:

La emancipacin de los indgenas de Argelia solo podr ser la consecuencia de la revolucin en Francia [...]. La propaganda comunista directa entre indgenas argelinos es actualmente intil y peligrosa. Es intil porque los indgenas no han alcanzado todava un nivel intelectual y moral que les permita acceder a las concepciones comunistas. []. Es peligrosa [] porque provocara el abandono de nuestras agrupaciones (7).

Sin duda la direccin del PCF conden estas posturas y poco despus la militancia comunista demostr su internacionalismo al oponerse a la guerra del Rif en 1925, pero su simple existencia atestigua la impregnacin del imaginario colonial hasta en la izquierda ms radical de la poca. El resto es conocido: abandono de la consigna de independencia nacional a partir del Frente Popular, promocin de la Unin Francesa despus de 1945, votacin a favor de los poderes especiales en 1956***. A pesar de estas posturas, el PCF fue el nico que tuvo periodos anticoloniales consecuentes. La Seccin Francesa de la Internacional Obrera (SFIO), por su parte, es abiertamente colonialista:

A excepcin de algunas individualidades anticolonialistas, la mayora del Partido Socialista se adhiere a la idea de una colonizacin humana, justa y fraternal, y se niega a apoyar los nacionalismos coloniales que incitan el odio de los pueblos, favorecen el feudalismo o la burguesa indgena (8).

Unos legados incmodos todava activos

En el centro del pensamiento de la Ilustracin y despus del discurso colonial hay un enfoque culturalista que divide al mundo en civilizaciones jerarquizadas, explica la historia y sus conflictos eliminando los factores econmicos y justificando las intervenciones militares por el bien de los pueblos as agredidos. De este modo, se trata de emancipar al otro a su pesar y por la fuerza en caso necesario. Se trata de lo que en otra parte hemos denominado el racismo respetable cuya justificacin se basa en grandes valores y en la emancipacin de la propia persona racizada.

Hay que constatar que esta lgica est lejos de haber desaparecido en la izquierda francesa. Incluso se ha extendido al margen de las cuestiones internacionales puesto que tambin funciona en el trato de las cuestiones vinculadas a las personas francesas procedentes de la colonizacin. Veamos algunos ejemplos. El primero es el de la lgica integracionista todava muy presente en la izquierda. Esta lgica es una clara muestra del culturalismo binario propio del pensamiento de la Ilustracin. Segn esta perspectiva, las dificultades que padecen las y los ciudadanos procedentes de la colonizacin, ya sean franceses o extranjeros, no se explican por las desigualdades que sufren o por sus condiciones materiales de existencia. Lo que se destaca son, por el contrario, unos factores culturales: obstculos culturales para la integracin, integracin insuficiente, islam incompatible con la Repblica y el laicismo, inadaptacin cultural, etc.

Por consiguiente, los objetivos de accin no son la erradicacin de las desigualdades, sino la transformacin de las personas a las que hay que civilizar asimilndolas. No es casual que en los barrios populares se aborrezca el trmino integracin, que se considera una agresin. Es lo que Abelmalek Sayad denomina el chovinismo de lo universal, como lo fue el de la Ilustracin:

As, segn una representacin cmoda, [los hijos e hijas de padres inmigrados] careceran de pasado, de memoria, de historia [] y por ello [seran] vrgenes de todo, fcilmente modelables, partidarios de antemano de todas las empresas asimilacionistas, incluso de las ms manidas, las ms arcaicas o en el mejor de los casos, las mejor intencionadas, movidas por un especie de chovinismo de lo universal (9).

Si la derecha se encuentra atrapada globalmente en lo que Sayad denomina las empresas manidas, la izquierda lo est todava mucho en lo que l denomina el chovinismo de lo universal. Esta distincin coincide con la distincin entre colonizacin violenta y colonizacin humanitaria de la poca colonial. Estos enfoques se basan en una divisin binaria entre dos entidades homogeneizadas (un Nosotros homogneo frente a un Ellos homogneo) que es otra de las caractersticas del etnocentrismo de la Ilustracin y despus del discurso colonial, y que en nuestros das aparece en el discurso sobre el comunitarismo o el repliegue comunitario. Escuchemos una vez ms a Sayad sobre el proceso de homogeneizacin:

En el fondo, no se utiliza el prejuicio que identifica unas con otras a todas las personas inmigradas de una misma nacionalidad, de una misma etnia o de un grupo de nacionalidad (las magrebes, las africanas negras, etc,) para hacer pasar en la realidad y para poner en marcha en la prctica, con toda legitimidad y con toda libertad, la ilusin comunitaria? As, la percepcin ingenua y muy etnocntrica que se tiene de que las personas inmigradas son todas muy similares est en el principio de esta comunidad ilusioria (10).

Sayad habla aqu de las personas inmigradas, pero la misma lgica aparece cuando se trata de personas francesas procedentes de la colonizacin. Del mismo modo la homogeneizacin se extiende a las personas musulmanas.

Cuando los miembros del Ellos no perciben sus propios intereses conviene emanciparlos a su pesar. Esta lgica justific en el plano externo las guerras coloniales de ayer y las agresiones contemporneas, como por ejemplo la de Afganistn, y en el interno la ley de prohibicin del pauelo en la escuela en 2004. Tanto ayer como hoy est muy presente, por supuesto en la derecha, pero tambin en la izquierda. Es para emancipar para lo que hubo que colonizar, es para liberar a las mujeres afganas para lo que haba que intervenir militarmente en Afganistn, es la liberacin de la mujer lo que justifica instaurar una polica que vigile la vestimenta. Es un legado pesado y activo. Constituye un obstculo epistemolgico para comprender los retos econmicos y polticos del mundo contemporneo, y las luchas sociales que le caracterizan.

El integracionismo no explica las dificultades que padecen las y los ciudadanos procedentes de la colonizacin debido a las desigualdades que sufren. Al contrario, lo que se destaca son los factores culturales.

Tomemos un ltimo ejemplo, el de las revoluciones que sacudieron Tnez y Egipto. El conjunto de la izquierda las salud de forma generalizada como un signo positivo. Haba que caracterizarlas y significativamente florecieron las comparaciones con 1789: El 1789 del mundo rabe. Una vez ms el modelo sigue siendo Francia, como se mofaba Marx hace ya ms de un siglo. El historiador Pierre Serna comenta:

No, Tnez no est en 1789! Por piedad, que se deje de instrumentalizar la historia midiendo la historia del mundo con el rasero de la historia de Francia. La postura, consciente o no, de Jean Tulard en Le Monde del 18 de enero que consiste en considerar a las y los tunecinos ante su 1789 revela una lectura postcolonialista insultante en el peor de los casos y condescendiente en el mejor. Las y los tunecinos llevaran 220 aos de retraso respecto a la historia de Francia y descubriran por fin las virtudes de la libertad conquistada. Pues bien, no! Ningn pueblo tiene garantizada su libertad y a su manera las y los franceses deben luchar paso a paso por sus antiguas conquistas en estos tiempos de retroceso sistemtico del pacto republicano. Somos nosotros quienes debemos aprender de las y los tunecinos y no al contrario. Nos hemos quedado en un 1789 mental, mitificado y congelado. Las y los tunecinos s que estn en 2011 (11).

El insulto o la condescendencia, el paternalismo, el maternalismo o el fraternalismo por una parte y la condena indignada por otra, la criminalizacin o la infantilizacin son actitudes polticas extremadamente frecuentes en los anlisis de la izquierda e incluso de la extrema izquierda sobre los barrios populares y sus habitantes. Estas actitudes estuvieron presentes en el momento de los debates sobre la ley de prohibicin del pauelo en la escuela, durante las revueltas de los barrios populares en 2005, en el transcurso de los mltiples debates sobre la reivindicacin de una regularizacin de todas las personas sin papeles, etc. Tambin estn presentes en los comentarios de los resultados electorales en Tnez y en Egipto, como lo estuvieron en el momento de las agresiones contra Irak, Afganistn o Libia.

En nuestro enfoque materialista los pensadores de la Ilustracin son el resultado de su poca, del estado de sus saberes y de sus lmites histricos. La mirada no crtica y dogmtica sobre el pensamiento de la Ilustracin es desde hace mucho tiempo un arma de las clases dominantes y un legado incmodo para los dominados.


Este artculo forma parte del ltimo libro de Said Bouamama Planter du blanc. Chroniques du (no)colonialisme franais, Pars, Syllepse, 2019, que publicar en castellano prximamente Boltxe Liburuak.

Notas:

* El trmino en francs, francit, fue acuado por el primer presidente senegals y poeta Lopold Sdar Senghor para referirse al conjunto de caracteres propios del pueblo francs y su cultura. (N. de la t.).

(1) Friedrich Engels, Socialisme utopique et Socialisme scientifique, Pars, ditions sociales, 1950, p. 35. [Tomamos la cita en castellano de https://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/78ad/78AD301.htm, n. de la t.].

** Hay que tener en cuenta que en francs derechos humanos se dice droits de lhomme, literalmente derechos del hombre. (N. de la t.).

(2) Abdelmalek Sayad, Le mode de gnration des gnrations immigres , Migrants-formation, n 98, septiembre de 1994, p. 14.

(3) Jennifer Chan-Tiberghien, La participation fministe au mouvement altermondialiste : Une critique de lOrganisation Mondiale du Commerce , Recherches Fministes, volumen 17, n 2, 2004, p. 199.

(4) Louis Sala-Molins, Le Code Noir, Les Lumires et Nous , en Valrie Lange-Eyre (dir.), Mmoire et droits humains : Enjeux et perspectives pour les peuples dAfrique, Lausanne, En Bas,, 2009, p. 38.

(5) Karl Marx, Lettre Friedrich Engels du 20 juin 1866 , Correspondances, t. 8, Pars, ditions sociales, 1981. [Tomamos la traduccin de https://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/20061866.htm, n. de la t.].

(6) Eric Savarse, Lordre colonial et sa lgitimation en France mtropolitaine : oublier lautre, Pars, LHarmattan, 1998, p. 134.

(7) Citado en Ren Galissot, Sur les dbuts du communisme en Algrie et en Tunisie : socialisme colonial et rupture rvolutionnaire , en Colectivo, Mlanges dhistoire sociale offerts Jean Maitron, Pars, ditions ouvrires, 1976, p. 101.

*** En marzo de 1956 la mayora de la Asamblea Nacional francesa, incluido el Partido Comunista, concedi poderes especiales al gobierno del socialista para continuar la guerra en Argelia. El gobierno, a su vez, otorg por decreto al ejrcito plenos poderes en Argelia. Gracias a ellos el ejrcito cometi gran cantidad de masacres y de operaciones arbitrarias contra la poblacin argelina y el Frente de Liberacin Nacional, adems de utilizar de forma generalizada la tortura. (N. de la t.).

(8) Philippe Dewitte, Les mouvements ngres en France, 1919-1939, Pars, LHarmattan, 1985, p. 62.

(9) Abdelmalek Sayad, Le mode de gnration des gnrations immigres , art. citado p. 14.

(10) Abdelmalek Sayad, Le foyer des sans-familles , en Sayad, Limmigration et les paradoxes de laltrit, op. cit., pp. 91-92

(11) Pierre Serna,  Les tunisiens ne sont pas en 1789 ! Ou impossible nest pas tunisien , Comit de vigilance face aux usages publics de lhistoire, 2011.

 

Fuente: https://bouamamas.wordpress.com/2015/03/04/les-fondements-historiques-et-ideologiques-du-racisme-respectable-de-la-gauche-francaise/

Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.



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