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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-06-2019

Prosur: el ltimo Frankenstein de la integracin sudamericana

Alejandro Frenkel
Nueva Sociedad

Ocho pases sudamericanos decidieron embarcarse en un nuevo proyecto de cooperacin regional. Sin embargo, las visiones cortoplacistas y el carcter excluyente de la nueva organizacin dejan serias dudas sobre su utilidad para resolver los problemas de la regin. Por


Una buena parte de la biblioteca sobre el regionalismo sostiene, casi como un mantra, que el rumbo errtico de la integracin en Amrica Latina se debe a dos grandes problemas: la poca disposicin a ceder soberana para conformar instituciones supranacionales y la alta propensin a crear instancias regionales sin desechar las anteriores, lo que genera una superposicin de siglas cada vez mayor. Latinoamrica tiene tantas cumbres que parece una cordillera, dijo una vez el presidente de Chile Sebastin Piera.

Los traspis que viene sufriendo la Unin Europea smbolo por excelencia de la integracin supranacional hicieron que el primero de estos argumentos perdiera fuerza en los ltimos tiempos. Queda, entonces, la superposicin. Ahora bien, aunque minoritaria, otra parte de la biblioteca sostiene que la superposicin de organismos puede ser algo positivo, ya que ofrece un amplio men de opciones institucionales para elaborar polticas regionales. Sumado a esto, segmentar las agendas en distintos organismos permite sortear las lgicas de suma cero que supone concentrar todo en un solo lugar.

El pasado 22 de marzo, ocho pases sudamericanos decidieron conformar un nuevo mecanismo de integracin regional: el Foro para el Progreso de Amrica del Sur (Prosur). La iniciativa, promovida por los gobiernos de Chile y Colombia, fue secundada luego por Argentina, Brasil, Ecuador, Guyana, Paraguay y Per. Segn consigna su declaracin inaugural, el organismo pretende conformar un espacio regional de coordinacin y cooperacin en materia de infraestructura, energa, salud, defensa, seguridad y manejo de desastres naturales. Para lograr eso, se propone un marco institucional flexible y un mecanismo gil de toma de decisiones. Como requisito excluyente para participar, agregan, es necesaria la plena vigencia de la democracia, la separacin de poderes del Estado y el respeto a las libertades fundamentales.

Teniendo en cuenta lo anterior, Prosur representa una anomala para las dos bibliotecas del regionalismo latinoamericano. En primer lugar, su creacin no significa agregar una nueva sigla al rompecabezas de la integracin latinoamericana, sino reemplazar a otra existente: la Unin de Naciones Suramericanas (Unasur). Es cierto que este tipo de sustituciones no son algo novedoso en la historia latinoamericana. Por caso, la Asociacin Latinoamericana de Integracin (ALADI) reemplaz a la Asociacin Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) en 1980, y la Comunidad Andina de Naciones (CAN) hizo lo propio con el Pacto Andino en 1996. Lo distintivo, en este caso, es que Prosur fue creado sobre la impugnacin de su antecesor: los pases abandonaron la Unasur aduciendo que era un bloque con exceso de ideologismo y burocracia. Estos argumentos resultan poco sustentables, si se tiene en cuenta que una de las caractersticas de la Unasur es haber sabido congregar diferentes feligresas ideolgicas, polticas y econmicas. A lo largo de una dcada, convivieron economas abiertas con modelos estatistas; gobiernos antiimperialistas con gobiernos proestadounidenses; lderes populistas con presidentes republicanos.

Tampoco puede decirse que la Unasur haya sido diseada con estructuras rgidas y burocrticas. En todas las declaraciones presidenciales desde la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN) hasta la conformacin de la Unasur se menciona la necesidad de articular una institucionalidad flexible y evitar as la duplicacin y superposicin de esfuerzos. El uso extendido de la diplomacia presidencial y la creacin de solo tres instancias permanentes la Secretara General, el Centro de Estudios Estratgicos de la Defensa y el Instituto Sudamericano de Gobierno en Salud son reflejo de ello.

De lo anterior se concluye que, en lo inmediato, Prosur no se propone agregar un nuevo plato al men de organismos regionales, sino restringir los comensales segn la afinidad ideolgica. Si, como se dijo ms arriba, la Unasur contuvo diferentes formas de mirar el mundo, Prosur carece de pluralidad: todos sus integrantes comparten lo que Roberto Russell y Juan Tokatlian denominan lgica de poltica exterior de aquiescencia. Esto es, aceptar la condicin subordinada de Amrica Latina en el sistema internacional y acoplarse a los intereses de Estados Unidos, creyendo que con eso se obtendrn mejores dividendos materiales y simblicos. En materia de integracin regional, la aquiescencia significa abstenerse de participar de esquemas colectivos que puedan afectar la relacin privilegiada con Washington.

Esta reconversin hacia un regionalismo alineado con Estados Unidos se hace evidente en el abandono de las agendas autonmicas que caracterizaron a la Unasur. La primera se plasm en el desarrollo de mecanismos endgenos para resolver conflictos. As fue durante la tentativa secesionista en Bolivia (2008) o frente al intento de golpe de Estado en Ecuador (2010). Soluciones regionales a los problemas regionales, se repeta por entonces. La exclusin de Venezuela del nuevo organismo y la eleccin de instancias como la Organizacin de Estados Americanos (OEA) y el Grupo de Lima muestran, en cambio, una mayor sintona con Estados Unidos a la hora de abordar las coyunturas crticas de la regin.

La otra vertiente autonmica de la Unasur estuvo en el rea de seguridad, a travs de la creacin del Consejo de Defensa Suramericano (CDS). Ideado para construir una identidad de regional de defensa, el CDS impuls iniciativas orientadas a reducir la dependencia doctrinaria, logstica y tecnolgica de los pases desarrollados. Los gobiernos fundadores de Prosur, sin embargo, han optado por adscribir sin reparos a la poltica de seguridad hemisfrica de Washington, basada en la lucha contra las nuevas amenazas y la militarizacin de la seguridad interior.

Otro aspecto novedoso de la creacin de Prosur es la nula incidencia de Brasil en el rearmado de la geopoltica regional. Desde que en 1994 Itamar Franco intentara sin suerte conformar el rea de Libre Comercio Sudamericana (ALCSA) como contrapeso al proyecto hemisfrico de Estados Unidos, todas las iniciativas subsiguientes orientadas a consolidar a Amrica del Sur como un espacio poltico y econmico estuvieron impulsadas desde Brasilia. Incluso, podra decirse que incluso la tan mencionada convergencia entre el Mercosur y la Alianza del Pacfico tuvo al gobierno brasileo de Dilma Rousseff como uno de sus principales motorizadores. Este hiato del gigante sudamericano revela dos cosas: por un lado, que el declive internacional brasileo no detiene su curso. Pero, por el otro, revela que el proyecto sudamericanizador cobr vida ms all de su creador. La paradoja, en este caso, es que ni Franco, ni Fernando Henrique Cardoso ni Luiz Incio Lula da Silva imaginaban transformar a Sudamrica en una instancia de subordinacin y aceptacin del statu quo internacional, sino ms bien en un actor global que sirviera para fortalecer el margen de negociacin de la regin.

En definitiva, parece poco lo que puede aportar el Prosur a la integracin sudamericana. El argumento de que es una instancia que carece de la ideologizacin y la rigidez institucional de su antecesora no solo es difcil de sostener con evidencia, sino que tampoco parece ser una explicacin verosmil para el resto de los actores regionales. Paradjicamente, Uruguay rechaz integrarse a Prosur alegando que es un proyecto ideolgico y que los problemas de la integracin no se resuelven creando nuevos organismos. Por otro lado, reemplazar un organismo plural e inclusivo por otro limitado a gobiernos afines impide desarrollar mecanismos efectivos de resolucin de conflictos y espacios abarcativos desde los cuales consensuar mnimos denominadores comunes.

Lo que es un ms grave, en el marco de la nueva bipolaridad que parece estar consolidndose entre China y Estados Unidos, la regin debe decidir si se constituye en un sujeto internacional con voz propia o, por el contrario, en un mero objeto de canibalizacin por parte de potencias extrarregionales. Y no parece que el Prosur pueda ayudar a resolver el dilema.

Fuente: http://nuso.org/articulo/prosur-integracion-america-latina-derecha-alianza/


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