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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-06-2019

El Banco de Espaa y la concepcin liberal de las pensiones

Juan Francisco Martn Seco
Repblica de las ideas


Milton Friedman, en una conferencia que pronunci en la Universidad de Londres y que, junto con otros trabajos, public en castellano hace ya muchos aos la editorial Gedisa, relataba cmo al colaborar en un libro sobre la historia monetaria de los Estados Unidos se vio obligado a leer medio siglo de informes del Banco de la Reserva Federal, y que el nico elemento que hizo ms liviana esa tarea ingrata y tediosa fue la oscilacin cclica que estos informes atribuan a la importancia y efectividad de la poltica monetaria. En los aos buenos se deca: Gracias a la excelente poltica monetaria de la Reserva Federal; en los aos malos, por el contrario, se afirmaba: Pese a la excelente poltica de la Reserva Federal y luego se criticaba lo que consideraban polticas y medidas errneas.

Seguro que algo parecido le sucedera al estudioso espaol que quisiera bucear en los informes del Banco de Espaa (BE) y consultar en las hemerotecas las declaraciones de sus responsables. La experiencia sera tambin terriblemente montona, porque ao tras aos vienen repitiendo las mismas cantinelas y proponiendo las mismas recetas. Entre sus obsesiones se encuentra siempre presente el tema de las pensiones pblicas. Hay que reconocer, sin embargo, que en este aspecto el BE no es nada original, las pensiones constituyen tambin la obsesin de la OCDE, del FMI, de la Comisin, del BCE, etc., y, como no poda ser menos, de los servicios de estudios de todas las entidades financieras, que no en balde obtienen jugosos beneficios de los fondos privados de pensiones.

En el informe de 2018 publicado hace unos das no poda faltar el tema de las pensiones. El BE reitera la urgencia de la reforma del sistema y reprocha al Gobierno no haberla acometido ya, aun cuando no se hubiese logrado el acuerdo de todas las fuerzas polticas. Lo cierto es que la postura resulta un tanto ingenua, puesto que en plena campaa electoral era imposible no ya la unanimidad, ni siquiera el mnimo acuerdo. Ms bien, cada partido ha aprovechado la cuestin para apuntarse el tanto, presentndose como el mximo defensor del sistema pblico, al tiempo que reprochaba a los otros partidos que cuestionasen su viabilidad y que estuviesen dispuestos a reducir en el futuro la cuanta de las prestaciones.

No es la primera vez que ocurre. Ya sucedi a principio de los noventa, cuando el PSOE y el PP se acusaban mutuamente de poner en riesgo el sistema. El Pacto de Toledo naci en buena medida del deseo de sacar el tema de las pensiones de la confrontacin poltica y electoral y convertirlo en un pacto de Estado. En realidad, este fue el nico elemento positivo del pacto, tal vez junto al compromiso de todos los partidos de que las prestaciones se actualizasen todos los aos con el IPC que, si bien garantizaba el mantenimiento del poder adquisitivo de los pensionistas, les privaba de cualquier participacin en la prosperidad y en el crecimiento de la economa. Compromiso que, por otra parte, ha sido roto recientemente.

Al margen de esto, el Pacto de Toledo introdujo al sistema pblico en una trampa de difcil salida al ligar su financiacin a un solo ingreso, el de las cotizaciones. Se le hace depender as de la pirmide de poblacin, del nmero de trabajadores, del empleo y de la relacin activos/pasivos. Incluso se le somete a soportar la ofensiva de los empresarios y de los polticos liberales, que demandarn la bajada de las cotizaciones como forma de ser ms competitivos y crear ms empleo. Se separ a la Seguridad Social del Estado, no solo administrativamente sino tambin financieramente. Para que la operacin tuviese algunos visos de verisimilitud, la sanidad y otras prestaciones se sustrajeron a la SS, y se present a esta como un sistema cerrado (ahora reducido nicamente a pensiones) que tiene que autofinanciarse.

Este artificial fraccionamiento entre Estado y SS se refuerza con dos prcticas tambin errneas y que inducen a confusin. La primera es la que se llama falsamente hucha de las pensiones constituida por los supervits en las cuentas de la SS (que lgicamente cada vez sern ms raros), tericamente destinada a enjugar los dficits que se producen en otros aos. La segunda son los crditos que el Estado concede a la SS cuando la cuanta de sus ingresos es inferior a la de los gastos.

El error de fondo consiste en considerar a la SS como algo distinto del Estado, que precisa tener una hucha o que le preste el propio Estado. Lo lgico sera que los excedentes de la SS (cuando los hubiere) revirtiesen en el Estado y que sus dficits (en su caso) se enjugasen con aportaciones (no prstamos) del mismo Estado. Hasta el momento no hay ningn partido que defienda este planteamiento. Todos hablan de prstamos y no de aportaciones a fondo perdido. Es ms, el discurso de algunos polticos se ha rodeado de sorprendente demagogia acerca de la hucha de las pensiones. El Tribunal de Cuentas participa de esa misma equivocacin cuando afirma que la SS est en quiebra. Olvida que es parte del Estado y sus cuentas se integran en las estatales, y su deuda desaparece al consolidar las cuentas de la Administracin central. Son todos los ingresos del Estado los que deben garantizar las pensiones pblicas y no hay por qu dar a su financiacin un tratamiento diferente del que se proporciona a la sanidad (antes estaba en la SS), a la educacin, al seguro de desempleo, a los gastos de dependencia, etc. No se necesita una reforma de las pensiones, sino del sistema fiscal.

La solucin que propone el informe del Banco de Espaa es, como de costumbre, muy simple. Todo se reduce a minorar por uno u otro procedimiento las prestaciones, con el peligro de que el sistema quede convertido en pura beneficencia. Aconseja alargar la vida laboral y retrasar la edad legal de jubilacin. La contestacin parece evidente. Vale poco dilatar la edad legal, cuando la edad real es bastante inferior, ya que se utiliza la jubilacin anticipada como un escape de la presin de los expedientes de regulacin de empleo y un sustituto del seguro de desempleo. Es ms, mientras el paro ascienda a tres millones de personas, es absurdo hablar de retrasar la edad de jubilacin porque seguro de desempleo y prestaciones de jubilacin constituyen vasos comunicantes. Lo que se ahorre en pensiones se gastar en seguro de desempleo.

Tampoco es muy feliz la idea de considerar la totalidad de la vida laboral a efectos de calcular las pensiones. En realidad, es tan solo una forma de reducir la cuanta de las prestaciones, amn de modificar la concepcin que de las pensiones pblicas tiene la Constitucin espaola. Su razn, segn la Carta Magna, no est en reintegrar al pensionista lo cotizado a lo largo de su vida laboral, sino en garantizar que el trabajador tras la jubilacin contar con ingresos similares a los que tena antes de jubilarse. No se trata de una prestacin privada basada en el do ut des, dotacin-rescate. No tiene por qu existir una equivalencia entre cotizacin y prestacin. De ah que se conforme como sistema de reparto y que su carcter sea pblico.

La idea de las pensiones que tiene nuestra Constitucin se aleja de ese modelo liberal en el que estaba seguramente pensando Carlos Solchaga, ex ministro socialista de Economa, cuando, en contestacin a los pensionistas que se manifestaban, afirm que estaban recibiendo mucho ms de lo que haban aportado. En el sistema espaol las cotizaciones, que en su mayor medida corren a cargo de los empresarios, tienen la condicin de tributos y no de aportaciones a un fondo que se rescatar posteriormente, y las pensiones no son la recuperacin de ningn ahorro personal sino una prestacin social ms, que al igual que la educacin, el seguro de desempleo, la sanidad, etc., son propiedades (en el sentido aristotlico del trmino) que siguen necesariamente a la esencia del Estado social.

Carece de sentido plantear el tema como lucha entre generaciones. Primero porque todos o casi todos, antes o despus, seremos pensionistas y los posibles recortes, si bien van a afectar a los jubilados actuales, tendrn un impacto an mayor sobre los futuros pensionistas. Segundo porque durante toda su vida laboral los pensionistas actuales no solo han contribuido con las cotizaciones sociales, sino con impuestos con los que se han costeado la educacin, las infraestructuras, etc., beneficiando as a las generaciones ms jvenes, y elevando la productividad de la economa y con ello el nivel de vida promedio de todos los ciudadanos. En los ltimos cuarenta aos se habr duplicado la renta per cpita.

La viabilidad de las pensiones al igual que la de todos los gastos sociales no depende, como nos quieren hacer creer, de cuntos son los que producen, sino de cunto se produce y de la decisin poltica y social sobre la distribucin de lo que se produce. Sin embargo, son estos dos parmetros los que parecen estar en crisis. El pensamiento nico neoliberal domina la Unin Europea, y la falta de una armonizacin fiscal, laboral y social dificulta la posibilidad de una poltica redistributiva y la suficiencia y progresividad de los sistemas fiscales. A su vez, la necesaria creacin de empleo en Espaa dentro de la Unin Monetaria parece conducir, tal como apuntan las ltimas estadsticas, al estancamiento de la productividad. He ah el verdadero peligro que acecha no solo a las pensiones, sino a todo el Estado Social.

 

Fuente: https://www.republica.com/contrapunto/2019/06/13/el-banco-de-espana-y-la-concepcion-liberal-de-las-pensiones/

 



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