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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-06-2019

Breves captulos de la Revolucin de Esmeraldas
Cuatro negros pelagatos

Juan Montao Escobar
Rebelin


La descolonizacin siempre es un fenmeno violento [1] .

Los condenados de la Tierra

Frantz Fanon

Captulo 1

Entre Nuestra Seora de las Mercedes y Obatal

Mircoles de madrugada, cuarto menguante filudo y prometedor, era el 24 de septiembre de 1913, prealba esperada haca un siglo (o ms) por sucesivos cimarronismos. O quizs no contaban en siglos ni aos, porque las cuentas de los troncos familiares son en generaciones y en muertos que jams alcanzaran descanso infinito mientras los das, de claro en claro, sean obligatorios por voces ajenas, razones impropias y opresiones sin fin. Mircoles de mitad de semana, da de Las Mercedes, Nuestra Seora. Hay una historia que se cuenta en capillas y crculos de devotos, en los das anteriores al 24 de septiembre. El boca en boca no olvida que la Virgen Mara se mostr el 1 de agosto de 1218, hace 800 aos, a unos cuantos nobles catalanes para encargarles crear una congregacin de piedad y consuelo con los cristianos cautivos, durante las correras de comercio o conquistas, casi siempre lo mismo cambiando el orden. El santificado Pedro de Nolasco form la Orden de la Merced como la cara linda de las corporaciones funestas del coloniaje. Los mercedarios llegaron a Abya Yala (poco despus se llamara Amrica), por el siglo XVI, entre espadas, mosquetes y cruces colonizadores hablaron de un crucificado y el cambio ritual de las adoraciones de antes por estas que decan acceder al paraso por la puerta delantera. La fe tena un libro regente y mudo para ojos de otras miradas que lean cielos y aguas. A esos de aqu, nombrados con gentilicio equvoco, les ilegalizaron la fe en sus divinidades retratadas en piedras porque el libro ordenaba destruirlas. Y as fue.

De Puerto Viejo (actual ciudad de Portoviejo, Ecuador) los mercedarios hicieron sus viajecitos de redencin a la Regin de las Esmeraldas, donde ocurran eventos de temprana resistencia y las proporciones mitolgicas del nombre creca ro arriba de la historia hasta alcanzar las orillas de Etiopa o de Persia. Esa relacin con las gentes esmeraldeas, sin importar relevos generacionales, no terminara nunca y a inicios de la construccin de la capital de la provincia de Esmeraldas, por 1860, en el centro urbano construyeron la iglesia de La Merced, el templo, con sus cambios, an est ah. Ahora se llama la Iglesia de La Merced.

Captulo 2

El manto protector cambia de protegidos

No tienen ni tendrn crepsculos las divinidades afincadas en procesos y leyes de la Madre Naturaleza, sus personalizaciones se acomodan al tuntuneo rtmico del corazn popular porque sus puertas carecen de hermetismos dogmticos: la Virgen de las Mercedes es Obatal, pero tambin al revs. Un ancho sincretismo, por el orisha es dueo de los pensamientos y los sueos; por la santa catlica es la solidaridad y el amor. En esos sentimientos se unen sus caminos ticos. La Casa ceremonial de Obatal es la Montaa Madre, el bosque cerrado o el agua transparente de los ros. Los prodigios de estas divinidades son cotidianos, es por eso que el asombro de sus milagros no tiene registros de festejo.

El 24 de septiembre de 1860, Gabriel Gregorio Fernando Jos Mara Garca y Moreno y Morn de Buitrn con el nimo de cogollo, por el triunfo en la llamada Batalla de Guayaquil contra el ejrcito del Per dirigido por Ramn Castilla, que haba cruzado la frontera para apoyar al General Guillermo Franco, titulado Jefe Supremo por ego y partidarios. Su manto nos protegi, debi decir Gabriel Gregorio y con el apoyo de la Convencin Nacional la declar Patrona y Protectora de la Repblica y de sus Armas. Desbordado en agradecimiento hizo el compromiso sin fecha de caducidad de celebrar su fiesta con asistencia de primera clase en la iglesia en que Aquella se venera. Con la misma viada ratific el tricolor gran colombiano y en el Artculo 12 de la Constitucin de la repblica de 1861 la deja clara y sin dudas: La Religin de la Repblica es la Catlica, Apostlica, Romana, con exclusin de cualquier otra. Los poderes polticos estn obligados a protegerla y hacerla respetar. Se quebr la fraternidad pantenica entre Obatal y Nuestra Seora de la Mercedes. La primera se fue a las casas del fondo de las haciendas y la segunda tena latidos aristocrticos en las catedrales de oro y piedra. Sin embargo, los tambores no saban de esos conflictos raciales y sociales.

Algo deban conseguir con el chininn de religiosidad africana, quedada en el reconcomio con resolucin y voluntad de vida, empalenkada en los mismos afanes de autonoma y liberacin, cimarroneada con principios filosficos asumidos desde esa existencia precaria y cierto jacobinismo de trasmano por conversaciones odas y elaboradas a sus necesidades. El republicanismo haitiano rondaba por ah, en las tardes muertas de las eternas garas o en las humosas noches de cigarros curados debi corresponderle el tiempo de conversacin. Ese bembeteo debi afinarse con palabras esenciales, llenas del ax motivador y santificador de todo acto emancipatorio que se producira cualquier da en estos disputados espacios, ms tarde se llamaran territorialidad. Haba ocurrido con la llegada crucial a Portete y con cada nueva partida separadora de troncos familiares, de los ms antiguos y los de ese preciso hoy. En las despedidas definitivas se ombligaba a nia o nio para que el simbolismo teolgico de la nacin y la familia jams se agotara en su sangre. El ombligo conecta con la madre naturaleza, por eso se sembraba (o se siembra) debajo de un rbol. Apenas somos diferentes en la abundancia total. Oloddumare haba dispuesto a Obatal la conformacin del cuerpo de los humanos con sus nimas y nimos, las incorporaciones de retazos teolgicos de parientes recin adquiridos en la desgracia, llegados de otras naciones y la relacin osmtica con los cristianismos (tambin con el Islam); toda esa quimisorcin espiritual y religiosa, oralidad mediante y avatares modificadores del compromiso libertario, lleg hasta aquel mircoles 24 de septiembre de 1913, a ochenta pasos del templo mercedario.

Captulo 3

El nsal no fue alcanzado por maleficio alguno

Ese fue un da santo por cualquier costado, hiciera lo que se hiciera ese da no habra sal [2] que daara trabajos y resultados, porque el nsala [3] no sera afectada por labores de maleficio y nada podra causarle estropicios a los propsitos del devenir. El 24 de septiembre de 1913 no fue fecha del azar de la historia, de coroneles descontentos o liberales irritados por la desocupacin. De ninguna manera, haba poderosas razones subjetivas desde aquella consagracin de las armas ecuatorianas a custodia de la Nuestra Seora de las Mercedes hasta los ltimos residuos congos o carabales sublimes en la gente negra de la costa Afropacfica, en esa creencia equivalente llamada Mama Kengue o sea Tiembla Tierra. O la asamblea parental en el patio donde las familias ampliadas convocaron a la sangre estirada sin que nunca se rompiera la ligazn. La analoga estremeci y meti candela donde no haca falta. Obatal es divinidad de paz y armona, en su honor sus fieles se visten de blanco, es orisha dueo del talante tranquilo, del talento creativo, del respeto y amaina conflictos. Y sobre representa la justicia ms amplia en contenido y cumplimiento prctico. Ese mircoles de santos contrariados, seco y de sol tempranero, nadie quera menos que el total de justicia reparadora.

Obatal tambin detesta a quienes trabajan para daar personas, sus recorridos por el tiempo santo son ambiguos: hombre y mujer. Aquel da (o por aquellos das) no le alcanz paciencia y convencimiento para aplacar a su hijo Shang (divinidad del fuego) ni a Oggum (orisha de los hierros y la guerra). La justicia, al menos la demandada por la comunidad cimarrona, no tendra otro camino que el filo vengativo del d [4] de Oggum. Las calmantes palabras Obatal no tenan tierra frtil y s aridez bendecida por palabras sinnimas de libertad. La palabra siempre tuvo nivel sagrado muy alto en las comunidades negras, la palabra tiene ax [5] . Ha sido as y continu siendo as, porque sin palabra buena y verdadera no habra repblica de la vida y ms bien sera el imperio de la muerte. En el Tablero de If y en la Oralidad andante se comunica que la verdad es la palabra que no daa.

Captulo 4

Horrenda exhibicin de la venganza gubernamental

No era diluvio, aunque lo pareca, era el invierno de Esmeraldas con aguacerales parecidos a ros invertidos, garas interminables y soles fieros que secaban de golpe el suelo al menos la superficie pelada para caminar sin hundirse, en la hacienda San Jos, era enero de 1915, el coronel Carlos Concha estaba deprimido, adems algn problema intestinal le agriaba el genio, no mejor su humor con los mensajes llegados de Lima y dichos a viva voz por su hermano Julio Concha y una comitiva liberal ansiosa de una epifana alfarista. El exilio antiplacista saludaba su lucha y la apoyaba con abundancia adjetivos, aunque el fervor de sus palabras poco ayudaba en la campaa militar. El coronel debi sentirse ms abatido cuando comprendi el total derrotista de los combates de Las Piedras y La Boca, entre el 8 y 15 de diciembre de 1914. Mal terminaba el ao. El hablador y bromista de antes, ahora contestaba forzado por el deber comunicacional y el cario familiar; nadie le conoca risas en las ltimas semanas. Una engaosa artritis, unos calambres estomacales y el sabor amargo parecan ser la fsica neurlgica de la depresin. El agobio por las dolorosas derrotas, por la cantidad de muertos en pocos das y sin ningn resultado favorable era sentido en el espeso silencio o en el monoslabo desganado.

No los vio, pero le contaron el lugar del horror: decenas de cadveres de combatientes fueron expuestos en El Pampn, ese amplio espacio urbano a orillas del ro Esmeraldas. Supo que los curiosos enfermaban de terror, asco y culpa; la pesadilla era completada con vuelos y aterrizajes de insaciables gallinazos. No lo dijo pero lo crea: fue una exhibicin satisfactoria de venganza oficial, por fin obtenan un triunfo. Cuando creyeron que ya no haba nada qu mirar, las tropas del Gobierno construyeron una macabra almada con los cuerpos y los enviaron ro abajo hasta el mar. Ni el riviel [6] volvera transitar por esas aguas maldecidas para dcadas.

Notas:

[1] Los condenados de la Tierra. (2007). Frantz Fanon. Rosario, Argentina, p. 25. Fuente : http://www.elortiba.org/

[2] No hay referencia al mineral (cloruro de sodio), sino a la palabra conga nsala.

[3] El nsala, segn la religiosidad yoruba y afroamericana (bsicamente cubana), es el principio vital (o alma), asociado al aliento y a la sombra, se encuentra presente en todo el cuerpo, excepto en las uas y en los cabellos. Consultado Culto bilongo, de Jorge e Isabel Castellanos, Cultura Afrocubana, tomo 3, Universal, Miami, 1992, p. 131.

[4] Machete en yoruba.

[5] El verbo sagrado de Oldmr que mantiene las leyes fsicas del universo y perpeta su formacin.

[6] Personaje de la mitologa de la Costa Afropacfica, de Esmeraldas, Ecuador y la parte sudoccidental de Colombia. Guardin protector de la fauna de los ros y del mar. Suele describrselo como un navegante errante en un bongo mocho (canoa de mayor calado y de menor dimensin), en la proa va un farol encendido con el cual advierte de su presencia. Inspecciona las canoas de los pescadores cuidando que cumplan con tomar la cantidad mariscos necesarios para su subsistencia y que sean especies adultas. No se acerca a viajantes, a la distancia se lo descubre navegando a gran velocidad.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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