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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-06-2019

A 80 aos del fin de la Guerra Civil espaola

Rafael Silva
Rebelin


Espaa en su laberinto, en su jaula invisible, en su siglo XIX del eterno retorno, con su jerarqua catlica rancia y empoderada, su lite inculta y carpetovetnica, y su Poder Judicial inmaculado, que jams ha juzgado y condenado una sola de las violaciones de Derechos Humanos del dictador

(Emilio Silva)

 

Del franquismo viene la riqueza de la inmensa mayora de las grandes fortunas de Espaa, o sea la pobreza. Del franquismo viene el poder de la gran mayora de los poderosos en Espaa, o sea la corrupcin. Del franquismo viene la jefatura del Estado, o sea los dos reyes que tenemos, Felipe VI y Juan Carlos I, o sea el jefe de todos los ejrcitos. Del franquismo viene el dolor de millones de ciudadanos cuyos antepasados an yacen en fosas comunes y cunetas, o sea la vileza del Estado. Del franquismo viene el horror de la tortura y la vergenza de no haberla juzgado. Del franquismo viene esta sociedad que arrastra la ignominia de honrar los restos de un criminal y dejar impunes sus crmenes

(Cristina Fallars)

 

En este ao 2019 se cumplen 80 aos del fin de la Guerra Civil (1936-1939), que nos han querido presentar como una contienda entre dos bandos enfrentados. Es falso, a menos que mostremos equidistancia entre los defensores de la legalidad republicana, y los sublevados golpistas que la interrumpieron abruptamente. Se cumplen tambin 80 aos del inicio del exilio republicano, que expuls de nuestro pas a eminentes polticos, escritores, poetas, cineastas, y a miles de heroicos demcratas. Un exilio republicano que, en cierto modo, como seala Silvia Casado en este artculo para el medio Cuarto Poder , llega hasta nuestros das, ya que los partidos republicanos no han tenido el eco meditico necesario, ni las formaciones polticas de izquierdas han reivindicado la Tercera Repblica con la fuerza que esta legtima aspiracin merece. Ni siquiera el prembulo de la actual Constitucin de 1978 hace mencin alguna a la Constitucin de 1931 como legtima antecedente, como si la Segunda Repblica nunca hubiese existido. Ese fue precisamente el objetivo franquista por antonomasia, eliminar cualquier rastro fsico, histrico, documental, testimonial, poltico y filosfico de aqul gran pero breve perodo de nuestra reciente historia.

De hecho, ninguna de las fuerzas polticas actuales que se sientan en el flamante recin renovado Congreso de los Diputados, reivindica aquel perodo, es decir, lleva abiertamente en sus objetivos polticos iniciar el camino hacia la Tercera Repblica. Pero sin embargo, la memoria democrtica de aqul perodo se est convirtiendo en la nica receta para plantar radical batalla frente a la actual restauracin borbnica, expresada en el Rgimen del 78, que con mnimos cambios, llega hasta nuestros das. El Gobierno de la Repblica en el exilio se refugi en primer lugar en Mxico hasta 1946, y luego en Pars hasta 1977, cuando se disolvi definitivamente. Cuando el entonces Prncipe Juan Carlos fue nombrado sucesor de Franco en 1969, el Gobierno en el exilio emiti un comunicado donde afirmaba que no hay otro soberano ms que el pueblo espaol, que un da, sin duda prximo, dir lo que piensa y decidir definitivamente . Lamentablemente, ese da an no ha llegado. A 80 aos del final de la Guerra Civil, no solamente no se ha consultado de nuevo al pueblo espaol sobre la forma de Estado que desea, sino que los rescoldos del franquismo continan vivos, y sus brasas nos siguen quemando.

Muerto el dictador, muchos pensaron ingenuamente que la Repblica podra volver, pero su recuerdo fue de nuevo enterrado, y no solo eso, sino que adems se aliment (y se contina en ello) una fuerte amnesia colectiva, mediante una infame Ley de Amnista de 1977, y an a ms de 40 aos de aquellas fechas continuamos luchando por la Verdad, la Justicia y la Reparacin para las vctimas de la dictadura y sus familiares. Aqulla modlica Transicin dej fuera a las fuerzas polticas que continuaban reivindicando la Repblica, y hoy da son residuales en los diversos comicios a los que se presentan. An hoy, a 80 aos del final de la Guerra Civil, la (extrema) derecha espaola contina azuzando el miedo al comunismo, que segn ellos, representan las fuerzas polticas socialdemcratas que se sientan en las Cortes. Es el mismo argumento que moviliz a la derecha poltica y social y a los militares golpistas en 1936 para sublevarse y lanzar el Golpe de Estado, con el apoyo de la Iglesia Catlica. Hoy da, el PSOE es sealado despectivamente de socialista por la derecha (sin serlo), y a los dirigentes de Podemos se les tacha de comunistas, cuando ni siquiera el Podemos original de 2014 lo era (mucho menos el de 2019, totalmente descafeinado). Por tanto, a 80 aos del final de la Guerra Civil nos encontramos con una sociedad embrutecida polticamente, que no ha sido capaz de arrancar las cadenas ideolgicas que el franquismo sembr en sus mentes.

Y hoy da, a 80 aos del final de la Guerra Civil, los ms legtimos representantes del franquismo estn, de nuevo, entrando en nuestras instituciones. En realidad nunca se fueron. Pero ahora, adems, ni siquiera lo disimulan. El embrutecimiento y la falta de madurez poltica de la sociedad espaola, que ni siquiera ha conseguido declarar ilegal el enaltecimiento del franquismo, est teniendo como consecuencia que tengamos que soportar una extrema derecha franquista declarada y convencida, que no disimula su culto a la dictadura, y que, lgicamente, se presenta con un ideario absolutamente abominable y aberrante. De hecho, uno de sus objetivos es acabar con la Ley de Memoria Histrica, que siempre se negaron a cumplir. Y hoy, cuando por fin tenemos un Gobierno que est intentando exhumar los restos del dictador del Valle de los Cados (monumento pblico a la dictadura que an sigue en pie), estas fuerzas polticas de la extrema derecha estn poniendo todo su empeo en torpedear dicho objetivo. Y mientras se retiran las subvenciones pblicas para asociaciones memorialistas, la Fundacin Francisco Franco contina recibindolas, ente que no debera existir ni siquiera con fondos privados. Hoy da quedan unos 25.000 cuerpos de vctimas del franquismo sin recuperar, segn un estudio coordinado por el antroplogo forense Francisco Etxeberra, que destaca que con una buena dotacin humana y material, dichos trabajos podran estar completados en cuatro o cinco aos.

El legado de aquel perodo republicano, a 80 aos del fin de la Guerra Civil, se ha dilapidado por completo. Aunque en algunos aspectos hemos vuelto a avanzar, como en el feminismo, en general las aspiraciones de la Segunda Repblica (muchas de ellas plasmadas en su texto constitucional de 1931) han quedado desde entonces en el tintero. En primer lugar, el siniestro perodo franquista promovi un retroceso poltico, cultural y social en todos los rdenes, pero despus de la muerte del dictador, los sucesivos gobiernos democrticos que han ostentado el poder no han continuado los mimbres generales de la filosofa inspiradora del breve perodo republicano. Por ejemplo, la Repblica se defina como un proyecto de democratizacin social y poltica que pasaba por la primaca del poder civil sobre el militar y eclesistico, renunciando expresamente a la guerra como instrumento poltico, y promoviendo una reforma agraria y un sistema educativo, como smbolos de la justicia social a la que aspiraba. Solo 6 aos pudieron aguantar estas reformas, que fueron brutalmente atacadas y desmanteladas por la reaccin fascista. Y hoy da, a 80 aos del final de la Guerra Civil, volvemos a sufrir el poderoso ataque de los poderes econmicos, que secuestran nuestra vida y nuestros derechos fundamentales, convertidos en mercancas; volvemos a sufrir los latifundios que reciben enormes subvenciones, mientras los jornaleros y campesinos no poseen lo esencial para vivir; y volvemos a sufrir el adoctrinamiento religioso en los colegios concertados, que cada da comen ms terreno a la escuela pblica, as como la injerencia de la Iglesia en los asuntos polticos y sociales. El verdadero Estado Laico sigue siendo un sueo.

En 2019, a 80 aos del fin de la Guerra Civil, nuestros escolares continan estudiando el perodo histrico de la II Repblica unido irremediablemente a la guerra, con lo que se pretende inculcar al alumnado la idea de que la Guerra Civil fue una consecuencia casi necesaria tras el experimento republicano. Se trata de enterrar el ejemplo, de asociar la experiencia republicana con el desastre y el caos. Pero nada ms lejos de la realidad. Se les habla a los escolares de un tal bando nacional (cuando en realidad eran los golpistas) y del otro bando como el de los rojos, en expresin peyorativa, legitimando el lenguaje hostil hacia los avances propugnados por la izquierda republicana de la poca. Y a 80 aos del final de la Guerra an hemos de soportar nombres de calles, plazas, avenidas, monumentos, placas, recordando a los protagonistas del Glorioso Alzamiento Nacional, como fue llamado el criminal Golpe de Estado. Y tambin hemos de soportar que existan militares que legitimen la figura del dictador, y que adems lo hagan pblicamente, mediante la firma de un Manifiesto donde un buen nmero de generales en la reserva o retirados, hicieran desagravio a su figura.

En realidad, hace 80 aos que en nuestro pas no vivimos la paz, sino la victoria, tal como afirma Alfons Cervera en este artculo para el digital Rebelion. Incluso cierto ex Ministro se permiti recordarlo, refirindose a la bancada de la izquierda: Parece que an no se han enterado de que hace 80 aos que perdieron la guerra. Termin la guerra, pero la venganza y el exterminio continuaron. An continan la guerra sucia en las cloacas del Estado. Y as, bajo el podero de esa derecha que viene gobernndonos desde entonces, antes ms brutal y ahora ms suavizada, pero en el fondo la misma, nos han impuesto su lenguaje, han tergiversado la historia, y han procedido a la destruccin de los vencidos desde todos los puntos de vista. Por eso hoy, en 2019, a 80 aos del final de la Guerra Civil, an tenemos que escuchar el discurso que se refiere a los que defienden Espaa frente a aqullos que quieren romper Espaa. Todava hoy intentan inculcarnos su venenoso discurso, su pattico y fantico discurso, su excluyente discurso, y lo intentan, adems, robndonos la memoria, la memoria democrtica, nuestra memoria como pueblo. La memoria histrica, quiz lo ms grande que se le puede robar a un pueblo, quiz lo ms importante que nos pueden tener secuestrado como comunidad. Esa memoria colectiva que comienza con el derecho a saber, a conocer la verdad de lo que ocurri, y por qu ocurri. La Comisin de Derechos Humanos de la ONU estableci en 1998 que el derecho a saber es un derecho colectivo que implica el derecho inalienable a conocer la verdad de lo que ocurri y que va unido al deber de recordar, como seala Agustn Moreno en este artculo para Cuarto Poder.

Y es que el Rgimen del 78 fue fundado sobre la desmemoria. A partir de ah, se extienden falaces mantras como que en los dos bandos haba buenos y malos, todos fuimos culpables, o al menos con Franco vivamos en paz. Los nios y nias de mi generacin (aos 60) escuchamos eso de nuestros mayores, y a su vez, muchos lo repitieron cuando fueron adultos, desde el desconocimiento, desde la desmemoria. Pero despus, los nios y nias que ya nacieron en democracia, tampoco han estudiado en sus colegios el exilio republicano, la brutal represin franquista, el expolio econmico hacia los vencidos, la purga de profesionales, los guerrilleros antifranquistas, los trabajos forzados, los campos de concentracin de Franco, el robo de bebs, la oposicin obrera, el papel de la Iglesia Catlica, las muertes de la Transicin, etc. Pero todo cuadra, porque mientras nuestra educacin a los escolares adolece de la enseanza histrica de todos estos asuntos, a su vez, somos un pas que, tras 80 aos del final de su Guerra Civil, contina con estatuas franquistas, con placas de calles que recuerdan a los genocidas, contina sin anular las condenas de los tribunales franquistas, contina sin devolver al pueblo todo lo que la familia Franco expropi, contina sin llevar a cabo un inventario de todos los bienes expoliados durante la Guerra Civil y la dictadura, contina sin juzgar a los responsables polticos y policiales an vivos de toda aqulla represin, contina sin llevar a cabo la apertura de todos los archivos militares, civiles y eclesisticos que contienen informacin esencial para los investigadores, y contina con miles de muertos en cunetas y fosas comunes, entre otras asignaturas pendientes.

El exterminio ideolgico fue total y absoluto. Finalizada la guerra, se trataba de aniquilar al enemigo, de limpiar Espaa, limpiarla de marxistas, de rojos, de comunistas, de socialistas, de anarquistas, de sindicalistas, de feministas, de profesores y profesoras libres (que recogan la semilla de la Institucin Libre de Enseanza que fundaran otros tantos pensadores), de intelectuales (Muera la inteligencia!, gritara un irritado Milln-Astray al gran Miguel de Unamuno en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, en respuesta a su famosa frase Venceris, pero no convenceris), en definitiva, limpiar Espaa de todos aquellos/as que no compartieran su visin excluyente, imperial, catlica y tradicional. Todo un holocausto, como seala Paul Preston en su famosa obra. En palabras del arquelogo lvaro Falquina, se trataba de eliminar la identidad poltica republicana, y crear una nueva conciencia de sujetos vlidos para el rgimen franquista. Todo un cruel sistema de violencia organizada y sistemtica se llev a cabo durante dcadas, dirigido institucionalmente por el Estado franquista. Y a 80 aos del final de la Guerra Civil, ningn dirigente poltico ni policial de aquella poca ha sido juzgado por sus crmenes. No se ha depurado ni una sola responsabilidad. Ms bien al contrario, tenemos personajes pblicos bien sealados durante la dictadura, que se pasean por la calle como personas respetables, sin el ms mnimo reproche penal. As que en 2019, 80 aos despus, es un tribunal y una jueza argentina, Mara Servini de Cubra, la encargada de atender la querella de las vctimas del franquismo a los dirigentes vivos de aqulla poca. Algo inslito y absolutamente vergonzante e incomprensible desde todos los puntos de vista, en un pas que se proclama democrtico. Tenemos informes de la ONU, de sus Relatores concretos, que instan a Espaa a corregir este dficit democrtico, pero desde la muerte del dictador, ningn gobierno ha movido el asunto. Han mirado para otro lado. Y por su parte, la judicatura, esa casta judicial formada tambin bajo la sombra franquista, ha bloqueado todo lo que ha podido el acceso a la justicia de las vctimas y sus familiares. Incluso el ex juez Baltasar Garzn fue injusta y vilmente apartado de la carrera judicial por atreverse a poner orden en el caos y la vergenza de los crmenes franquistas.

Nos han hurtado, en efecto, nuestra historia y nuestra memoria. Y la memoria es lo peor que puede arrebatrsele a un pueblo, porque al igual que cualquier enfermo/a de Alzheimer, desconoce su pasado, no sabe quin es. Los poderes econmicos se han encargado de ello. Durante la dictadura se fue asentando toda una lite empresarial cuyas cpulas poseen descendientes que llegan hasta hoy da, y que sirvieron de cantera para los primeros gobiernos de la Transicin y cuyos imperios continan, en muchos casos, situados sobre todo en los Consejos de Administracin de las principales empresas del IBEX-35. El dinero estuvo del lado de la sublevacin golpista (el empresario Juan March fue el financiador principal del Golpe de Estado), y contribuy decisivamente a la derrota de la democracia republicana. No en vano los terratenientes de la poca eran los ms amenazados por aquella reforma agraria que el gobierno republicano emprendi como un objetivo de justicia social. Las sagas de todos aquellos empresarios se enriquecieron como nunca en base al trabajo esclavo de los presos polticos republicanos, y comenzaron a dominar la vida econmica del pas durante la posguerra y toda la dictadura, as como durante la Transicin y el perodo democrtico posterior, es decir, han proyectado sus fortunas durante estos 80 aos. Por su parte, el otro poder fctico proveniente del franquismo, como son las Fuerzas Armadas, tambin proyectan su ideologa fascista hasta nuestros das, y a 80 aos del final de nuestra Guerra Civil, an no se ha producido una profunda democratizacin en sus escalafones superiores. Solamente alguna pequea parte de la tropa posee una conciencia democrtica a la altura de las circunstancias.

Hoy da, las Fuerzas Armadas (y en general los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado) representan el mayor exponente de la presencia de sectores antidemocrticos en nuestra sociedad, que se manifiestan en seales que van desde el reconocimiento a la funcin de las Fuerzas Armadas en el propio texto constitucional (garantes de la soberana y de la integridad territorial), hasta la presencia de grandes sectores profundamente ideologizados an en las semillas provenientes del franquismo. Vanse, como casos concretos, el Manifiesto en favor de Franco al que antes hacamos referencia, o el gran espaldarazo de voto a Vox en estas ltimas elecciones general del 28 de abril pasado. A 80 aos de dicha atrocidad, todava no hemos implementado las debidas garantas de no repeticin. Puede que algn/a lector/a ingenuo/a se pregunte: Ah, peroes que puede volver a suceder?. A mi juicio, es evidente que s. Mientras no consigamos unas Fuerzas Armadas plenamente democrticas, en todos sus cuadros, mandos y estructuras, no estaremos libres de dicha amenaza. Ya afirm Joan Tard en el Congreso, muy acertadamente, refirindose a las formaciones polticas de la derecha: Si pudieran, nos fusilaran al amanecer. No creo que sea ninguna exageracin. Ms bien al contrario, Tard dio en el clavo.

Por su parte, la judicatura es otro cuerpo profundamente conservador en nuestro pas, que mantiene actitudes, pensamientos e ideologa claramente intolerantes. Por ejemplo, a 80 aos del fin de la Guerra Civil, el Tribunal Supremo tiene la desfachatez de paralizar la exhumacin del dictador del Valle de los Cados, y de calificarlo como Jefe del Estado desde el 1 de octubre de 1936. El franquismo sigue muy vivo en la lite judicial espaola, como puede apreciarse claramente en la falta de sensibilidad hacia los cientos de miles de represaliados y sus familiares que esta suspensin cautelar rezuma. Veremos si al final desestiman los recursos de la familia del dictador, y conseguimos de una vez sacar sus restos de esa construccin faranica que exalta el rgimen y su figura. Habremos conseguido avanzar un pequeo paso en la normalizacin democrtica de nuestro pas. Pero no slo esto: habra que acabar tambin (porque tambin eso es acabar con el franquismo) con el saqueo al que somete al pueblo esa corriente neofranquista que podramos denominar como el patriotismo espaolista, representada por las nuevas versiones del PP, Ciudadanos y Vox. Esos abanderados de la rojigualda, que la llevan por todas partes, menos a la hora de tributar, porque prefieren hacerlo en otros pases, o simplemente evadir impuestos todo lo que pueden.

Y as, bajo el mantra de la unidad de Espaa se han venido a denominar todos ellos constitucionalistas, y comprenden al aparato del Estado (y sus cloacas), la jerarqua de la Iglesia Catlica, la judicatura, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, la Familia Real, y detrs de todos ellos, los Consejos de Administracin de las empresas del IBEX-35. A todos ellos les gua nicamente el mantener sus abultados privilegios, y de ah que continen (como antes de 1936) azuzando el fantasma del comunismo y de los separatistas, porque saben que tanto unos como otros representan una amenaza a sus intereses, por estar a favor de los intereses de la clase trabajadora, excluida, exiliada, pobre, precaria y vulnerable de este pas. Pero no solamente ellos son su objetivo, ya que a 80 aos del final de la Guerra Civil, se persiguen en nuestro pas a tuiteros, a cmicos, a activistas, a republicanos catalanes, a artistas, etc., simplemente por manifestar sus opiniones. Y por supuesto, todas las fuerzas reaccionarias de este patriotismo espaolista tienen en la Monarqua su escudo protector. El que ha sido conocido como Rey Emrito (algo inslito) se acaba de retirar definitivamente de la vida pblica, pero a efectos prcticos no va a existir diferencia alguna, ya que seguir con el mismo tratamiento, con la misma impunidad y con el mismo sueldo. As que hoy, como hace 80 aos, el patriotismo sigue siendo un engao para ocultar la opresin de clase.

Decididamente, la tarea principal que tenemos por delante, despus de 80 aos de finalizar aqulla feroz contienda, es enterrar a Franco de forma definitiva. Pero eso no significa solo exhumar sus restos del Valle de los Cados. Enterrar al dictador implica enterrar su ideologa, enterrar el fascismo, porque an sigue vivo en las cabezas y en las actitudes y comportamientos de la derecha poltica, social y meditica de hoy da. Y como afirma Santiago Alba Rico, mientras Franco est vivo no se le puede enterrar en ninguna parte. Pero enterrarlo implica tambin recuperar la esencia y la filosofa de la Repblica, entendida no solo como ausencia de un Rey, sino como sistema poltico y social donde imperan la libertad, la igualdad, la justicia social y la fraternidad. Han pasado 80 aos, y todava tenemos que seguir reconstruyndolo. Finalizo con una cita de Higinio Polo, recogida de un artculo publicado para El Viejo Topo en 2006: Los vendedores de mentiras que han pretendido enterrar la memoria ignoraban que el esfuerzo de la Segunda Repblica para llevar la instruccin y la cultura a los ciudadanos del pas contrastara con esta monarqua que reina sobre el embrutecimiento popular, el triunfo de una televisin de cloaca, el agitar de las sotanas de obispos y el fanatismo deportivo. Porque la repblica espaola era la instruccin popular, el desarrollo, la aspiracin a una Espaa libre, prspera y feliz, como decan entonces. Creo que define muy bien estos 80 aos que han transcurrido desde el final de la Guerra Civil hasta ahora.

Blog del autor: http://rafaelsilva.over-blog.es

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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