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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-06-2019

La justicia promueve ms franquismo

Jaime Richart
Rebelin


No es ya que no deseen las instituciones judiciales exhumar los restos del dictador para desactivar el significado atroz del lugar en que estn enterrados. No es ya que ayuden a superar ese pasado oprobioso. Es que el Tribunal Supremo, la cspide de la Justicia, ha cometido como si tal cosa una aberracin proclamando a Francisco Franco jefe de Estado desde el 1 de Octubre de 1936 hasta su fallecimiento, en lugar de anular aquella disposicin salida de una dictadura, y si no, callar. En su artculo "El da en que el Supremo se declar franquista", agotando el asunto, Cristina Fallars, describe cabalmente al Tribunal Supremo. Mejor dicho, el Tribunal Supremo se define a s mismo, al quitarse la mscara que se encasquet en 1978. Este desvergonzado proceder, una afrenta para millones de espaoles lo lleva a cabo ahora en plan de exhibicin. Lo hace, despus de haber dictado muchas sentencias sospechosas, despus de atender a asquerosas pretensiones de la familia del strapa, que no slo no fue expulsada del pas ni a la que se le toc un pelo, sino que se le ha facilitado enriquecerse hasta extremos nauseabundos. Y eso ocurre, adems, despus de haberse venido mostrando el Tribunal Constitucional de similar catadura cuando ha tocado. El recorte o cepillado del Estatut, causa de la causa de los hechos que han ido llegando despus en Catalua fue una ominosa humillacin del pueblo cataln, para encajarlo en el concepto territorial franquista.

En suma, el tercer poder del Estado, el poder judicial, es decir, la Justicia espaola, en lugar de contribuir al desarrollo del Estado democrtico tras la muerte del dictador y la desaparicin de la dictadura, sanciona sin ningn pudor con ese reconocimiento los principios del Movimiento Nacional; ninguneando, relegando, desautorizando virtualmente todo cuanto pertenece al espritu democrtico que lgicamente esperaba Espaa a raz de la Transicin, cuya concrecin ms relevante en tal sentido es la ley de Memoria histrica que con ese villano reconocimiento queda virtualmente desmantelada. Lo que pronostican este pronunciamiento del TS y sus actuaciones en adelante, es el entorpecimiento u oposicin a todo lo que se oponga a ellos. En los reductos de la Justicia, ya oficialmente, frente al mundo y erga omnes, se aloja el fermento del espritu franquista que ah estaba y esperar reactivarse y renacer. Pues el nmero de los franquistas, aun siendo estos residuales, ocupan puestos estratgicos en las instituciones principales de la justicia y de la sociedad. Ellos se encargarn de vigilar los efectos de esa exaltacin. Ellos forzarn las cosas que en adelante para que, con ms o menos descaro, el ideario del dictador se mantenga vivo. Son individuos de una catadura preocupante; lo suficientemente activos y resueltos como para torpedear y bloquear impunemente el desarrollo de una democracia que naci en un parto distcico, como he dicho otras muchas veces, con una verdadera malformacin poltica. Me refiero a individuos astutos y despreciables que con eufemismos sin cuento, estn o no dentro de la justicia, se envuelven en el manto de la solemnidad. Individuos cuya principal habilidad consiste en combinar aviesamente cinismo e hipocresa porque se saben respaldados por esos otros de su misma catadura instalados en las poltronas de la alta magistratura. Y el partido poltico que ahora encarna oficialmente ese espritu franquista, ser en adelante el brazo armado de esa aberracin del Tribunal Supremo que no tiene parangn en los anales de la poltica y de la justicia de ningn otro pas del mundo...

Por eso no extraa que los franquistas polticos o polticos franquistas que se hacen pasar por dignos conservadores, acten como lo hacen. Los casos y ejemplos relacionados con las cloacas del postfranquismo son cada vez ms frecuentes. El ms grave y llamativo es ese referido por Fallars: el reconocimiento del dictador como jefe de estado legtimo porque fulmin en una guerra civil y despus de ella a incontables patriotas espaoles. Pero hay otros. La sonrojante y vergonzosa pretensin de la Fundacin Francisco Franco, cuya existencia es por s sola una afrenta, presentando ante el TS que ya ha legitimado al dictador y a su satrapa, una demanda de nulidad de la exhumacin. O la burla al Estatuto de la Asamblea de Madrid por parte de los tres partidos de la derecha o la ultraderecha que se han adueado de la Mesa, de las Comisiones y de la Diputacin permanente, pese a que el artculo 12.2 C del establece que "la composicin y funciones de la Mesa, las Comisiones y la Diputacin Permanente, de manera que los Grupos Parlamentarios participen en estos rganos en proporcin al nmero de sus miembros". La propia decisin de Sanidad de preparar un plan para potenciar los medicamentos genricos es objeto de la oposicin de la patronal farmacutica. Y si la patronal farmacutica se opone, es porque cuenta a priori con el respaldo de esas instituciones infectadas de franquismo.

En resumen, menudos tiempos nos esperan en las condiciones dichas y con los parmetros que jalonan la sociedad espaola el inequvoco camino involutivo, cuando desde 1978 millones y millones esperbamos que Espaa culminase en la Repblica...!

En toda esta amalgama de engaos, de imposturas, de infamias y de tejemanejes tpicamente hispanos la pregunta que muchos nos hacemos es, qu cuota de responsabilidad y de culpa tiene el partido eufemsticamente llamado socialista que desde el inicio del nuevo ciclo poltico, con la coartada de su pasado histrico a las espaldas, se prest desde el principio a mantener la ficcin de una engaosa democracia, una democracia tan de mnimos que no se distingui ni se distingue de la ms civilizada fase del franquismo tardo; un partido que luego ha ido avalando con zalemas a la monarqua y convergiendo con los patrones neoliberales de los feos asuntos de la privatizacin de la energa y de las puertas giratorias, etc? Pero este es un asunto que por s slo merece reflexiones por lo menos tan extensas como las de este artculo...


Jaime Richart, Antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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