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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-06-2019

Cmo nos podemos organizar? Colaborar con cuidados en el seno del pueblo

Toms R. Villasante
Rebelin


Una cuestin de fondo parece que se debate ante las estrategias de transformacin social que no acaban de funcionar en sectores alternativos. Hay varios puntos de vista. Desde un punto de vista la lucha de clases hay que llevarla a todos los planos, no solo contra el capital, sino tambin en el plano ideolgico en el seno del pueblo, pues hay muchas confusiones y hasta alienaciones entre los sectores populares, que adems manifiestan unas diversidades y diferencias que desconciertan a quienes se sienten fieles seguidores de los clsicos. La interpretacin de quin es la vanguardia del proletariado o del pueblo pasa a ser una cuestin central. Desde este punto de vista hay que educar a las masas, explicarles cual debe ser la estrategia correcta. Pero algunos somos escpticos con esta pedagoga de arriba a abajo que no acaba de dar resultados. Partimos de que hay conflictos entre diversidad de movimientos sociales, y entre dirigentes de organizaciones, aun cuando se grite que el pueblo unido jams ser vencido. Y cada cual tiene sus razones alternativas.

Vemos anteponerse (con justificaciones varias) los egos de muchos dirigentes territoriales, sectoriales o de partidos, a propuestas y soluciones que parecen ms unitarias. Claro que los dirigentes recubren sus decisiones con argumentaciones ideolgicas, pero lo que resulta es que no se les entiende (desde su punto de vista) o son creble s(desde el punto de vista de la mayora de la poblacin). En el libro de Ganuza y Font (2018, Por qu la gente odia la poltica?) se plantean las preguntas que se hace la gente sobre los partidos, y sus lealtades personales,el que haya falta de preparacin, y sobre las formas participativas. Las contradicciones no solo estn entre los de arriba y los de abajo, entre la izquierda y la derecha, sino que hay muchas contradicciones en el seno del pueblo. En la derechona eso no es problema, pues con el dinero y poder ya se sabe quin manda, y es costumbre que alguien con ms poder decida. Lo malo es que tambin se est generalizando en sectores progresistas esta lgica (a veces disfrazada de los mejores), y no se da pi a que haya cuidados que puedan superar los egos en las decisiones de los movimientos sociales o los partidos alternativos. Incluso parece que no sabemos aprender ni an de las buenas experiencias.

En el conflicto de Leizarn por una autopista entre Pamplona y Donostia, donde ETA pona bombas en nombre del pueblo, y las Diputaciones ejercan su poder que emanaba de las urnas, se pudieron aplicar medidas participativas, preguntando a la gente del valle, y acordando un trazado basado en la democracia participativa. Pero estos mtodos de mediacin-participativa en el caso de Catalunya-Espaa (aunque solo fuera entre partidos) fue muy duramente criticada no solo por partidos y medios de la derechona sino tambin por algunos egos de la izquierda tradicional, lo que paraliz el proceso del relator. Cuando J. Ebole invit a seoras de Andaluca y de Catalunya a que viajaran, se conocieran y hablaran, los resultados de mejora de las posiciones eran muy significativos, y ms racionales que las guerras de banderas. Y hay muchos otros ejemplos que apuntan a otra forma de hacer poltica.

Los movimientos feministas han podido organizar una huelga el 8 de Marzo, y no hace falta que sepamos quin es su lideresa. Pues llevan muchos aos defendiendo que los cuidados es algo a construir en colaboracin. No siempre lo consiguen, pero es una nueva forma de hacer poltica. Lo mismo con los movimientos de jubilados, que tampoco es necesario que sepamos que tengan un lder o un ego dominante, o con los numerosos grupos ecologistas que hay dispersos por el territorio. Hay grupos motores en todo estos movimientos, no son espontneos, pero cuando tienen xito es cuando estos grupos actan guardando sus egos en el bolsillo. Cuidar las relaciones en el seno del pueblo pasa a ser una leccin que hay que practicar para aprender otras formas de organizarnos y para nuevas formas de hacer poltica. Algunos movimientos tienen mucho que ensear a las formaciones ms partidistas. Fijarnos en el trabajo de retaguardia (le hemos odo a Boavetura S. Santos) puede ser la alternativa a tanta pretensin de vanguardias que se pelean por serlo.

Auto-crtica es desplazar a unos dirigentes y poner otros, o abrir un camino de debates desde la base, aprovechando que no hay elecciones cerca? Vsteme despacio que tengo prisa dice Julio Anguita, con cierta sabidura de las personas mayores. Ya hemos visto muchas peleas fratricidas entre los dirigentes de la izquierda. Pero las estrategias que se perciben van ms por seguir con la s rencilla s , si yo o tu hemos sacado unos pocos votos ms o menos, tu debes dimitir y yo no, etc. El cultivo de esos e gos entre los/las dirigencias vuelven a repetir lo que el neoliberalismo ha construido en nosotros. Las disputas por ser el mejor, alimentado por un patriarcado de base (y matar al padre para ponerse el hijo) son cosa antigua, y que la gente ya lo entiende bien, aunque se tape la nariz. Lo que ya no se entiende tanto es que quienes se proclaman del feminismo, de la transversalidad, del buen rollo con las bases, etc. nos comportemos con los vicios tradicionales del patriarcado y del neoliberalismo competitivo.

La fuerza del neoliberalismo, a pesar de las crisis que atraviesa, radica en que fabrica un tipo de ser humano, un tipo de vnculo con los dems y con el mundo : el yo como empresa o marca a gestionar, los otros como competidores, el mundo como una serie de oportunidades a rentabilizar.

Dnde reside este poder? Desde luego no donde miramos obsesivamente (el teatro parlamentario), sino en los mil dispositivos que pueblan nuestra vida cotidiana: ligando en Tinder, movindonos en Uber, interactuando en Facebook, podemos captar sensiblemente la mutacin antropolgica en marcha. El neoliberalismo es existencial y produce formas de vida deseables ...

La izquierda oficial propone diferencias a nivel retrico o ideolgico. El problema es que, se tengan las ideas que se tengan, las vidas son igualmente neoliberales. No basta con confiar en que gobiernen los buenos, como si la disputa poltico-antropolgica en torno a las formas de vida deseables se pudiese delegar.

Entonces? Podramos empezar quiz por autorizarnos a partir de lo que sentimos. A pensar desde las averas que nos aquejan como capital humano: malestares como el agobio y la ansiedad, el cansancio y la depresin. A escuchar todo lo vagabundo que nos habita y aprender a darle valor.

Amador Fernndez-Savater - Antropologa neoliberal / 29 Mayo 2019 / El Pas

He puesto yo los subrayados pero los podra haber puesto Elas, Debord, Guattari, o Ibez, porque el problema con los egos polticos no est en la estructura ni en la infraestructura, sino ms bien en la intra-estructura de las relaciones cotidianas, en los entramados en que nos movemos y construimos con nuestras contradicciones personales. Es posible que la gente no se de cuenta de sus propias contradicciones y las complejidades de la economa y la poltica, pero s se da cuenta de los egos de los que gobiernan. Lo ms claro para los que votamos (tapndonos la nariz) y para los que no votan, son las peleas de los que quieren mandar y como juegan con ellos y con nosotros. Se asimila que todas las personas estamos en el mismo juego, que siempre ha sido as, y que poco hay que hacer. Pero algunos no nos resignamos a estas lgicas patriarcales y neo-liberales y planteamos experiencias alternativas.

Porque hay ejemplos que se pueden poner a favor y en contra de estos argumentos. Hay otros caminos que podemos recorrer, y que nos podemos autorizar a pensar y hacer. Desde el lado negativo podemos confirmar que casi todos los movimientos y los procesos participativos cuando acaban mal es por peleas entre los egos de los dirigentes, y esto no necesita muchas referencias, aunque s nuevos razonamientos y prcticas. Y tambin parece cierto, desde un lado ms positivo, que movilizaciones como el 15 M, las huelgas feministas, o los jubilados pensionistas, no necesitamos saber cul es nuestro lder, sino cmo podemos contribuir a la causa, desde grupos activistas o de grupos motores no tan constantes. Pero siempre aparecen quienes quieren ser los lderes, por la falta de saber organizarnos en las movilizaciones, que con dificultad pasan a ser movimientos. Y los lderes a veces juegan un papel positivo durante un tiempo, pero cuando se empiezan a desanimar las bases, el proceso se desorganiza y hay que esperar otra ocasin de movilizaciones.

Por eso hay que empezar por nosotros mismos al tiempo que se proponen estos nuevos mtodos de organizacin a los movimientos, al municipalismo, y a la forma de hacer nueva poltica sin tanto culto a la personalidad. Es cierto que Barcelona o Valencia, Cdiz o Zamora, an muestran formas de hacer de polticas alternativas, ms all de lo convencional del bi-partidismo, pero muy basadas en la figura que lidera cada proceso. Pero en general no se ha sabido ir ms lejos en estos 4 aos de municipalismo, repitiendo los vicios de la burocracia municipal y avanzando muy poco en las llamadas democracias participativas (que se siguen nombrando como un deseo superador) pero con pocas formas prcticas que lleguen ms all del 1 o el 5% de la poblacin. Por tomar el efecto de las ltimas votaciones, en general se constata un voto del miedo en Abril, ante la amenaza del franquismo que volva, y una cierta desidia en la votacin ante los municipios del cambio, tal vez porque el cambio no se tradujo en las esperanzas que se tenan, y porque hubo muchas peleas entre los candidatos progres que desmovilizaron a la poblacin.

El problema no est en los buenos lderes/lideresas que tenamos, sino en la falta de entusiasmo de las bases, de activistas y de sectores movilizados, que esta vez no se vea que estuviramos motivados (salvo en los casos citados). La antropologa neo-liberal produce liderazgos, pero igual que los encumbra los destrona si no responden a lo que se espera de ellos/ellas (pues las peleas no hacen que la gente de base se movilice). En los medios salen las figuras (las mejores?) pero los pasos del 15M a las mareas, a las marchas, al municipalismo vena por abajo, y solo algunos movimientos les dan continuidad. Los crculos han durado poco y a veces han generado ms polmicas que construcciones colaborativas (aunque aqu podra haber un buen embrin). Particip en la elaboracin del programa de Ahora Madrid, con metodologas participativas, y se notaba el entusiasmo de las diversas tendencias por abajo, aunque por arriba algunos estuvieran negociando con tensiones. Los mtodos de aquellos acuerdos municipalistas son otras buenas bases si se supieran retomar (no ha sido el caso en estas elecciones recientes).

Pueden las metodologas participativas superar las disputas fratricidas en los crculos, en la actividad municipalista, en confluencias o confederaciones entre proyectos nacionales? Apostar por una nueva forma de hacer poltica desde abajo nos parece el reto primero que podemos tratar de poner en marcha. Condiciones objetivas de las crisis que se avecinan parecen claras a cualquiera que sepa algo de ecologa o economa. Pero el cmo organizarnos no se puede quedar en buenas palabras sobre una democracia participativa, que se nombra pero que no se practica ni en la base ni entre los liderazgos. Nuestros lderes siguen proclamando la necesidad de hacer auto-critica ante los malos resultados electorales, pero no se concretan los pasos prcticos correspondientes, y menos las metodologas facilitadoras que podran marcar otra forma de hacer poltica. Cmo es que los mejores pueden escuchar lo que les est diciendo la gente de base? Se justifican con plebiscitos, confundiendo el voto con las democracias participativas (talleres de construccin colaborativa, asambleas de tipo participativo-deliberativo, y no solo de sentimientos de adhesin).

Est bien que haya control y rendicin de cuentas pero no dejan de ser unas formas posteriores a la ejecucin de las polticas. Se puede hacer la colaboracin desde antes y desde abajo, desde grupos motores, agrupaciones o crculos, con iniciativas que avancen debates y propuestas, que estn activos en lo local y en lo ms general. Si lo participativo se reduce a plebiscitos por internet sobre algn dilema de los dirigentes, ya se est confundiendo la democracia participativa con las formas poco cuidadosas tradicionales. Quin formula las preguntas detenta el poder, como en todo referendum (lo haga un dictador o un demcrata). Pero si las preguntas surgen desde abajo, se matizan y debaten en grupos o talleres, y finalmente son las que se someten a ponderacin, es otra cosa. Incluso se pueden presentar una variedad de propuestas y que la gente pueda priorizar varias segn el orden que quiera. Eso es lo que hacemos en muchos presupuestos participativos, en algunas candidaturas del municipalismo de base, en Som Energia y en otras organizaciones participativas.

As es posible generar entusiasmo desde abajo? Creemos que s por las diversas experiencias de las que partimos, muy descentralizadas, pero con posibilidades de agruparse entre territorios distintos. No sobran los lderes/esas, si son plurales y a ser posible rotativos, pero sobre todo hace falta gente que sepa facilitar y mediar entre los egos con formas cuidadoras. No se trata de hacer buenismo y juegos dinamizadores como algunos creen, sino de unas normas de auto-organizacin que ya estn probadas en diversos campos de movimientos sociales, y que ser bueno que pasen a la toma de decisiones en campos ms amplios de la poltica. Si no se quiere repetir los errores de la vieja poltica y partidos tradicionales (incluidos los de aquella IU que arrastraba las consignas y hbitos de los PC vanguardistas) ser necesario abrirse a otras formas que aprendan ms de los movimientos sociales, sobre todo de los ms cuidadores con democracias de iniciativas desde abajo.

A escala local y con el municipalismo es posible retomar muchas prcticas que nos vienen del 15 M, de las mareas, de algunos movimientos movilizadores, aunque no se est en el gobierno, pues las crisis que se avecinan van a necesitar que estemos ms organizados para poder resistirlas. Pero tambin a mayor escala es necesario que aparezca algn punto de referencia comn, as como las confluencias con dos o tres puntos claros de lucha conjunta. Es claro que las fuerzas socio-polticas de diferentes territorios estn tirando cada cual por su lado (tanto Madrid, Catalunya, Valencia, Andaluca, Canarias, Galicia, Euskadi, ) sin que los liderazgos que lo han sido hasta ahora puedan aglutinar todo esto de forma tan clara. Ser mejor ver quin debe liderar (desde Podemos o desde IU o desde dnde) o ser mejor construir (con una buena democracia y metodologas participativas) nuevas confluencias que den una ilusin renovada a los movimientos y a la gente de base en general?

Si es verdad que estamos ante un nuevo ciclo en las cuestiones eco-socio-polticas al menos en esta tierra, deberamos aprovechar para colaborar y ponernos a construir algunas posibles estrategias a medio plazo. Ya no estamos en el salto electoral rpido, e incluso algunas bases municipalistas han fallado a las propuestas transformadoras. Retomar las propuestas de nuevas formas de hacer poltica, ms cerca de algunos movimientos y ms lejos de los partidos clsicos, o sea las democracias participativas tal como se vienen experimentando en diversos lugares, puede ser un camino que se abre a la incorporacin desde abajo de las iniciativas que se reclaman desde la gente. Responder a las preguntas que Ganuza y Font recogan de los sectores politizados y tambin desde la base, tanto en encuestas como en grupos de discusin. Adems se puede avanzar en esa direccin con metodologas participativas, como lo pudimos hacer en situaciones concretas en Badalona, La Laguna, etc. Incluso en Madrid se pudo hacer para el programa AM 2015 (con una diversidad de grupos militantes), o en una asamblea participativa que pretenda reunir a 1.000 personas de base (solo se pudo hacer con la mitad en 2017). Hay formas para mejorar estos procedimientos y que se tomen las decisiones sin peleas de dirigentes.

Incluso a escala del Estado ya hay mecanismos de toma de decisiones, que se pueden ampliar. En la Declaracin de la Renta se nos pregunta si queremos dar un porcentaje a la Iglesia Catlica o para Asuntos Sociales, y en algunas Comunidades Autnomas tambin se hacen preguntas donde podemos tomar decisiones, aunque sean limitadas. Se podra mejorar este procedimiento, si grupos de sectores de base, expertos de algn tema candente, y dirigentes sociales, formulasen las preguntas a plantear anualmente a toda la poblacin. Puesto que la clave est en las preguntas y en el abanico de respuestas posibles, grupos de la sociedad civil plurales pueden dedicar un tiempo de deliberacin suficiente a formularlas sin partidismos. En otros pases como Irlanda, Canad, Finlandia, etc. hay ya algunas referencias interesantes que se pueden re-adaptar a nuestras peculiaridades. En Suiza se puede votar varias veces cada ao y esto no es el problema. La cuestin participativa est ms bien en quin y cmo se hacen las deliberaciones previas y las preguntas con su diversas posibilidades de respuestas. Y esto vale tanto para un Estado, como una Comunidad Autonmica, un Municipio, un partido, o movimiento social que se precie de querer hacer nuevas formas ms inclusivas, cuidadoras y participativas. O sea pasar de los dichos a los hechos en democracias participativas.

Pero los actuales dirigentes estn dispuestos y capacitados para aceptar que la democracia hoy se puede construir desde abajo, no solo porque exista internet, sino porque existen formas de toma de decisiones con cuidados? Se trata de modelos de tipo mixto, que incorporan a los propios dirigentes (que han de tomar esta iniciativa), a asesores expertos (segn los temas), a grupos motores implicados, de forma que lo que se presenta a debate y votacin ponderada de las bases, es algo ya trabajado y no simplista, son cuidadas construcciones colaborativas, de forma que la gente se pueda re-encantar, y no desilusionar con las peleas fratricidas de sus dirigentes.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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