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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-06-2019

Pichetto, la esperanza blanca de los genocidas

Jose Schulman
Rebelin


El blanco no es un color, el blanco es el modo en que los europeos lanzados de conquistas coloniales se autodefinieron frente al otro definido como negro, como indio, como amarillo, siempre el blanco como mejor y superior frente a las razas inferiores.

El blanco no es un color, el blanco es el modo en que la realeza, la burguesa y el clero ruso se autoperciban frente a la revolucin bolchevique, la revolucin de los obreros y campesinos que para lograr paz, pan y trabajo tuvieron que voltear un zar y enfrentar una intervencin militar extranjera de catorce pases, antes de sostener una cruenta guerra civil. Fue al terror de los blancos que emergi el terror rojo. Al revs de que casi todos cuentan.

En la Argentina, la esperanza blanca casi siempre estuvo puesta en los militares, los policas, esos hbiles artesanos de la picana y el gatillo; solo cuando la memoria, la verdad y la justicia desgastaron el Poder Militar Tradicional, la esperanza blanca se traslad a los polticos de derecha, derecha que en la Argentina del siglo XX nunca construy un partido propio porque no lo necesitaba. La derecha casi siempre fue hegemnica en el radicalismo (por lo menos desde Alvear e incluso con Alfonsn felices pascuas, la casa est en orden-plan primavera-) y en el peronismo donde ms veces vino a salvar el capitalismo que a enfrentarlo (Isabel Rodrigo Lpez Rega la Triple A-Menem-Duhalde por lo menos).

La novedosa experiencia macrista, un gobierno colonial civil y gorila, heredero del proyecto de la dictadura militar, exponente del proyecto Imperialista que encarnan Trump, Piera, Duque y Bolsonnaro, se enfrenta a sus propios lmites y ante el peligro real de perder las elecciones, da una voltereta en el aire, se sacude su gorilismo y se abraza a la derecha peronista en su expresin ms pura: Pichetto, un profesional de la poltica dispuesto a todo en pro de mantener su lugar en el mundo, pragmtico al lmite de lo increble y por eso ms peligroso que ninguno.

Pichetto tiene a su favor, frente a Macri, Pea o los radicales que se presenta en nombre de una tradicin poltica que est identificada con la defensa (y la conquista, como no) de derechos populares, en el pasado econmico social, en el ltimo periodo, tambin humanistas, civilizatorios, individuales. Recuerden que el propio Pichetto ha sido una de las espadas de la causa de la despenalizacin del aborto, como antes dirigi la labor parlamentaria en nombre de Nstor y Cristina Kirchner. Cuando Pichetto dice que le preocupa que la Argentina vuelva al pasado y reclama entender el cambio que se produjo en el mundo con el ascenso de los Trump, puede convencer que lo hace desde la reflexin de nuestra propia prctica, y no desde el mandato imperial de arrasar con nuestros derechos para apoderarse hasta la ltima gota de nuestra riqueza. En ese punto, Pichetto intenta ser un nuevo Menem, convocando desde la historia a cambiar la historia. Y recuerden que Menem volvi a ganar la primer vuelta de las elecciones despus del diciembre del 2001 y que solo en el ballotage se impuso Nstor Kirchner. Son datos de la realidad, aunque no nos gusten. En este punto la falta de rigor en el anlisis de la identidad peronista, las absurdas pretensiones de considerarlo un movimiento de liberacin nacional en el que todas sus partes, aun las ms fascistas y terroristas como las conocidas Juventud Sindical Peronista, Alianza Anticomunista Argentina, juegan ahora a favor de Pichetto que pretende ser visto como otro peronista ms, con una opcin diferente en lo electoral. De hecho, hay peronistas en las tres frmulas principales, Urtubey con Lavagna; Pichetto con Macri y la de Alberto y Cristina Fernndez.

Y es que nunca la lnea divisoria pas entre peronistas y no peronistas; como no pas entre guevaristas del PRT o comunistas del PC o del PCR y no comunistas ni guevaristas; esa trampa nos ha frustrado por cincuenta aos y es hora de superarla. La lnea divisoria pasa entre los partidarios de la liberacin y los defensores de la dominacin colonial; es esa la gran ordenadora de la lucha de clases que hoy se expresa tambin en el terreno electoral con una alianza emergente de las resistencias y oposiciones, la que encabezan los Fernndez y otra que hoy es hegemnica en el bloque de poder en la Argentina. La inteligencia de la jugada de Macri es que busca desestabilizar esa imagen que se vena construyendo e instalar otra entre republicanos y populistas. O como dice Pichetto entre el capitalismo y el socialismo. Los comunistas hemos dado sobradas pruebas de entender la dinmica real de la lucha de clases en la Argentina, se trata ahora que otras fuerzas (el kirchnerismo, el peronismo, el progresismo) den pruebas ciertas de entender que la batalla no es entre peronismo antiperonismo sino entre dos bloque sociales que disputan el futuro del pas, sin certezas de triunfo para nadie.

El empecinamiento en el error conceptual, y por ende poltico, ha sido fatal en la dcada de los 70, en el momento de ascenso de Menem y en el propio proceso kirchenerista; el hecho que Pichetto haya sido diecisiete aos jefe de la bancada peronista del Senado debera actuar como el argumento definitivo para la discusin, no se trata de lograr la unidad peronista sino de construir una alianza, frente, movimiento o como sea, que exprese el proyecto de liberacin nacional y social, la confrontacin con el Imperio y sus lacayos, la idea de Patria Si, Colonia No, o socialismo del siglo XXI. Como gusten.

Pero es urgente, porque Pichetto le pone voz no solo al peronismo de derecha sino a todo un sujeto social que ha crecido desde la dictadura hasta aqu. Al que le aplastaron los sueos cultivados en las dcadas de los sesenta y los setenta y lo convencieron, lo obligaron, lo indujeron a vivir con el da a da, de un modo egosta, cagando a todos los que necesite, pensando solo en consumir lo que los medios le dicen y mirando pantallas todo el tiempo que no est trabajando. El capitalismo real (no ese con el que suean los ingenuos o farsantes de la palabra) en su etapa senil, de agotamiento, de decadencia, ha culminado la deshumanizacin de las personas que comenz con la separacin del trabajo en la etapa temprana del capitalismo industrial. Es de tontos decir que Pichetto no tiene votos, ms bien hay que pensar que Pichetto le pone voz a los que celebraron el asesinato de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, a los que claman contra los hermanos de la Patria Grande de Per o Bolivia, a los que piden que nos saquen las pensiones, las jubilaciones y no pagar impuestos para que el dinero no se derroche en vagos.

Cuando Pichetto le apunta a Kicillof por su supuesto pasado comunista, sabe lo que hace. Como un aprendiz de brujo convoca los viejos temores que la burguesa argentina ha cultivado desde siempre. En 1902, en la primer ley represiva, ya hablaba de combatir el comunismo; en 1910, sancion la ley de seguridad nacional con el mismo pretexto, en 1930 cre la Seccin Especial de lucha contra el comunismo y era contra el comunismo que combata la Triple A y el Ejercito de Videla. Pichetto sabe lo que hace, una parte de las fuerzas democrticas y populares (el propio Partido Comunista, el Chivo Rossi, etc.) reaccionaron con contundencia; pero el silencio de otras hablas de que el viejo trucho funciona y paraliza. La incomprensin de la historia reciente puede ser fatal para la Argentina; en ocasiones, las diferencias tericas milimtricas cuando llegan a la poltica son diferencias kilomtricas y mortales. Aunque solo se tratara de derrotar a Macri (o sea que se renuncie a derrotar el macrismo como proyecto integral de pas por razones tcticas o las que sean), no habr triunfo electoral sin cuestionar el discurso de la dominacin que no solo es discutir sobre el dlar o los salarios. Pichetto viene a colocar la pelota en nuestro campo. Ahora nos toca a nosotros.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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