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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-06-2019

La peste plstica va tomando nuestros rganos

Luis E Sabini Fernndez
Revista Futuros


Monsanto hasta de sus ltimas slabas se podra extraer una filosofa de la inversin de la verdad, de que todo resulta opuesto a lo proclamado

Monsanto es el agente clave para la expansin de la agrondustria que le ha signficado a la humanidad, el campesinicidio ms generalizado (lo cual en cifras no tiene parangn con ningn otro trastorno demogrfico y ocupacional en la historia humana; baste pensar que hace un siglo las sociedades podan tener un 75% o un 90% de poblacin dedicada a tareas rurales y hoy se estima en 2%, 4%, 10% la poblacin dedicada al campo en la inmensa mayora de los estados del orbe).

Esa extirpacin del campesinado no es el mero avance de la humanidad; no es el canto al progreso-siempre-mejor que nos insuflan desde los centros de poder; es una suma algebraica de avances y retrocesos de los cuales la historia oficial solo nos muestra, siempre, los avances.

Hay un formidable avance en los medios de comunicacin y en los de transporte, pero tambin una prdida de experiencia y conocmiento para tratar a la naturaleza, por ejemplo.

Pero Monsanto dista mucho de haber sido y seguir siendo−nicamente el pivlote de la La Revolucin Verde, la agroindustria y la contaminacin de los campos.

Durante la guerra que EE.UU. desencaden para imponer la democracia en Vietnam (y que tras 14 aos tuviera que abandonar), por mtodos, no precisa-mente muy democrticos, el papel de Monsanto fue protagnico: proveedor, aunque no exclusivo, de Agente Naranja; el agrotxico que la aviacin de EE.UU. disemin masivamente en los campos vietnamitas para quitar el agua al pez. [1]

Pero las contribuciones monsantianas vienen de tiempo atrs. Fundada en 1901 para elaborar productos qumicos inicialmente dedicados a sustituir alimentos naturales,−los cada vez ms conocidos y difundidos aditivos alimentarios− como,por ejemplo, vainilina para cortar la dependencia culinaria hacia las islas Clebes de donde se la extraa tradicionalmente.

Tal comienzo deba haber abierto los ojos de los contemporaneos. La sacarina, uno de los primeros producos de Monsanto, de la primera dcada del s.XX, ha sido desechada por txica. Con su extremo dulzor con dejo amargo.

Con el paso del tiempo, su capacidad de incidir en el desarrollo tecnolgico se fue ampliando y la consiguiente toxicidad de su produccin tambin. Desde la dcada del 20 produce PCBs, los temidos polibifenilclorados que luego de dcadas de uso inocente, o ms bien impune, se iban a revelar con una altsma toxicidad generando innumerables cnceres infantiles.

En la dcada del 30, significativa y sintomticamente Monsanto se convierte en productor de primera lnea de otro gran triunfo de la modernidad ciega y soberbia, derrochando venenos en el planeta,expandiendo el uso de los termoplsticos, encontrndose as en los puestos de vanguardia para el envenenamiento planetario. Estos plsticos, como los anteriores (rgidos) tenan un rasgo que deba haber hecho reflexionar un tanto: eran materiales no biodegradables. El idioma humano no tena siquiera una palabra para enunciar semejante realidad. Hasta los logros de la petroqumica, nuestros materiales, nuestros objetos, eran naturaleza. Y por lo tanto, a la corta o a la larga, volvan a ella; una suerte de reciclado (a veces muy complejo, pero siempre total). Pero con los plsticos se rompen losciclos naturales (para no mencionar los biticos, ahora amenazados). La naturaleza nopuede reabsorber, reasimilar productos engendrados de tal modo que han perdido todo parentesco con el mundo natural.

Lo que poda haber sido una advertencia sobre un camino ominoso fue en cambio muy bien recibido para abaratar costos, mejor dicho para abaratar los costos del capital. Que prefiere productos baratos en lugar de buenos. Una cuestin de rentabilidad, pero empresaria, no social, aunque todos sus argumentos se basan en que se tratara de rentabilidades de la sociedad.

Con el horizonte de una guerra inminente y el recuerdo de la anterior con sus peripecias en las trincheras, los soldados asolados por chinches y piojos, investigadores se dedicaron a pergeniar insecticidas. As Monsanto trajo al mercado el DDT (descubierto por un tcnico suizo alemn en 1939), una solucin radical a las vicisitudes provocadas por insectos. Sin embargo, la guerra que se desata en 1939 no tendr trincheras; la aviacin y los bombardeos cambiarn el panorama y la estructura de las guerras, y los insecticidas quedarn arrumbados. Por eso, en la posguerra, los laboratorios buscarn empecinadamente nuevos usos a sus investigaciones y aplicaciones y empezar as la aplicacin de insecticidas a la agricultura. Ser el momento del combate qumico a las plagas. Que hasta entonces se atendan y enfrentaban mediante usos fsicos o biolgicos. As llegaremos a la Revolucin Verde.

Monsanto result, una vez ms, pieza clave, pivot del Ministerio de Agricultura de EE.UU. (USDA) cuando en los 90 el gobierno norteamericano decide un plan alimentario mundial, basado en las pampas argentinas y las praderas norteamiericanas. [2] Cuando los emporios de la agroindustria estadounidense se sintieron fuertes como para adminstrar los alimentos del planeta. [3] Este plan se desencadena a partir del recurso de la ingeniera gentica aplicada a alimentos,con la produccin masiva y en permanente expansin de alimentos transgnicos.

Antes, Monsanto haba tenido el dudoso honor de patentar otro edulcorante, probablemente ms txico que la problemtica sacarina: el aspartame.

Son varios, entonces, los aportes a una alimentacin degradada, txica, como por ejemplo la somatotropina bovina, una hormona que ha sido rechazada de plano en los mercados europeos, por ejemplo (aunque en EE.UU. se la consume libremente).Fue diseada para aumentar la produccion de leche y los reparos provienen de que diversas investigaciones la asocian fuertemente con cnceres de mama y de prstata.

 

La perla de tantos nefastos aportes, siempre tolerados por la autoridades sanitarias de EE.UU. y sus satlites yclaramente adoptados y aplaudidos por el mundo empresarial moderno, ha sido el tratamiento y el procesamiento de los plsticos que no son alimento pero que tienen una insidiosa cualidad y estn muy vinculados a los alimentos. Como ya es de pblico conocimiento, las montaas de plsticos; los basureros gigantescos compuestos en un 90% de material plstico, las islas ocenicas, flotantes, con superficies mayores a las de los ms grandes pases del planeta, constituyen un problema de creciente actualidad.

Pero se trata de un problema menor, pese a su envergadura, ante la cuestin de otro aspecto descuidado de los desechos plsticos: sus micropartculas. Que estn urbi et orbi.

Como lo plstico, ya dijimos, no es biodegradable, la erosin va achicando, rompiendo, despedazando los envases, las bolsas, hasta perderse de vista. Pero as, microscpicas, siguen siendo partculas. Que no se biodegradan, que respiramos e ingerimos a diario.

Una cancha de ftbol de pasto sintrico, debido a la friccin a que su superficie es sometida, es un sitio ideal para la produccin de micropartculas plsticas.

La erosin en general; el agua y el viento producen permanentemente micropartculas plsticas.

Hay quienes empiezan a preguntarse a dnde van las partculas que se desprenden permanentemente de los materiales plsticos que estn prcticamente en toda nuestra vida cotidiana. La pregunta es, como siempre, tarda. Porque el sentido comn ha cedido el paso al lavado de cerebro que nos encanta y cautiva con lo novedoso, lo moderno.

Finalmente, la Universidad de Newcastle, Australia, tras laboriosos conteos de material iivisible a los ojos ha establecido magnitudes aproximadas de consumo involuntario de micropartculas plsticas: unas cien mil al ao, que traducido en peso equivaldra a unos 250 gramos. Otra estimacin que han hecho con semejante ingestin: unas 50 tarjetas de crdito al ao (a razn de un peso de 5 gr. por tarjeta, lo que equivale a una tarjeta ingerida por semana, por vas respiratoria y disgestiva). [4] Porque las principales fuentes de ingreso a nuestros cuerpos de tales micropartculas es mediante alimentos, agua y aire.

Se ha verificado, por ejemplo, que el agua potable en EE.UU. tiene el doble de tales micropartculas respecto de la correspondiente europea. (ibdem)Pensemos, un minuto apenas, cuntas de tales partculas puede haber en las aguas potables de pases como Uruguay, Argentina, Brasil

El mundo mdico ha sido ms bien remiso en informar qu puede ocurrir en nuestros cuerpos con los microplsticos. Y sin embargo, hay investigaciones de biolgos como los norteamericanos Tho Colborn, John Peterson Myers y Diane Dumanovsky [5] , por ejemplo, que a mediados de los 90 relevaron la presencia de partculas plsticas invisibles de policarbonato (PC), de polivinilcloruro (PVC), en numerosos animales que presentaban, junto con estos alteradores endcrinos diversas malformaciones o trastornos en la vida sexual y reproductiva. Y, por ejemplo, rastrearon la presencia de Bisfenol A (ingrediente del PC), un reconocido alterador endcrino,en bebes (sus biberones estaban hechos de PC).

Nuestra estulticia, no sabemos si tiene precio, nos tememos que s. Pero lo que es indudable es que es inmensa.

Notas:

[1] Tcnica de las llamadas contrainsurgentes empeadas en debilitar los apoyos a los guerrilleros clandestinos. Eliminar naturaleza y boscajes para quitar lugares de escondites y proteccin. De paso, arruinar tambin la provisin de alimentos

[2] Dennis Avery, Salvando el planeta con plsticos y plaguicidas, Hudson Institute, Washington, 1995.

[3] El plan, por suerte, result insuficiente, sobrepasado por un planeta y una poblacin indudablemente mayor y ms compleja que el diseo del USDA. Poco despus, los pretendidos diseadores norteamericanosde la alimentacin mundial iban a tener que incluir a Canad, Australia y finalmente Brasil ms zonas menores en el diseo del plan mundial de control alimentario. (Vase Paul Nicholson, Los alimentos son un arma de destruccin masiva, 2008, www.rebelion.org/noticia.php?id=178160).

[4] KalaSenathiarajah y ThavaPalanisami, HowMuchMicropolastics Are WeIngesting, 11 junio 2019. Cit. p. J. Elcacho, kaosenlared, 13 jun. 2019.

[5] OurStolenFuture, Dutton, Nueva York, 1996. Hay edicin en castellano, Espaa, 2006.

Fuente: https://revistafuturos.noblogs.org/2019/06/la-peste-plastica-esta-tomando-nuestros-organos/



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