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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-06-2019

El auge del reformismo en Chile y la crisis de una izquierda sin pueblo

Francisco Cornejo Mndez
Rebelin


Las revoluciones no las hacen los grandes estrategas, sino los grandes pedagogos.

En estos ltimos aos, hemos visto renacer de las cenizas de la poltica institucional un nuevo referente que de a poco empieza a causar ruido en el mundo social, electoral y milagrosamente, en los espacios de la prensa burguesa. Este extrao conglomerado pretende reunir el descontento social en un confuso programa (an no definido), que lleve a los espacios de poder el silenciado clamor popular, un conglomerado de brillantes sonrisas y colores de cambio que prometen crear una nueva forma de hacer poltica. Segn ellos, el Frente Amplio trae consigo una poltica libre de los viejos fantasmas, cual pcima contra la decepcin del pueblo chileno, que se ha distanciando de la cosa pblica, dejando los asuntos colectivos en manos de una clase que se erige por sobre la sociedad, que constantemente legisla en beneficio de unos pocos en desmedro de las grandes mayoras olvidadas.

Sin embargo, a un par de aos de su puesta en escena, nos preguntamos: Qu es el Frente Amplio? Para la derecha aeja y golpista, un grupo anarquista y peligroso; para la nueva mayora, oxigeno renovador y WD-40 para los engranajes oxidados de esta Democracia tutelada; y para la izquierda, un cmulo de amarillos pequeo burgueses que defraudan a Lenin y a Marx con su discurso simpln y cuidadanista, que con sus consignas slo le hacen el juego a la derecha, ya que la institucin es una vaca sagrada que nadie, excepto el fascismo y sus aliados deben tocar.

Es eso el FA? As de simple sera nuestra respuesta desde la izquierda? Me cuesta diferenciar aqu quienes defraudan a Marx, tan lucido en su aplicacin de la dialctica en gran parte de sus anlisis, o a Lenin, el gran forjador de consignas. Cuando hablamos de FA, nos referimos a una agrupacin de organizaciones polticas ms o menos progresistas, si, progresistas dije! que en mayor o menor medida han sido forjados al paso de la lucha. No podemos negar la participacin activa de la otrora UNE, en el movimiento estudiantil desde antes de la explosin del 2011, o el despliegue que llevo a Giorgio Jackson, el nio bonito y consentido de la concertacin a posicionarse entre los medios de comunicacin hasta ganar un escao en el parlamento; cabe mencionar dentro de esta amplitud a Ecologistas Verdes, Humanistas, que en distintos niveles cargan sus propias banderas y sus propias luchas; tenemos tambin a UKAMAU, ms radicales que los anteriores, pero no por ello menos confundidos en sus polticas de alianzas, sin embargo, su gestin los ha llevado a concretar importantes proyectos de vivienda y de participacin poltica con un notorio carcter clasista que muchos entre la izquierda envidian. Y que decir de Igualdad, un partido que deambula en zigzag buscando un nicho y su presidente aprovecha cuanta cmara se le atraviesa para salir con algn Frenteamplista levemente famoso soando con que esa imagen la iluminacin meditica de la lite se le contagie pos osmosis. Igualdad, desde hace rato dejo de ser la herramienta de los pueblos y hoy es el legado triste de un pasado combativo que alguna vez so con el poblador sujeto como eje de la vanguardia poltica nacional, y producto de sus propias contradicciones y falta de mirada clasista termin siendo absorbido por un exceso de electoralismo, coqueteando con la lite del red set reducido a ser vagn de cola de un proyecto confuso, sin bases ni esperanza; y como cuerpo adicional: Los Liberales, que producen eficaces esporas capaces de alejar a la ultraizquierda, incapaces de sentarse jams en la misma mesa con todo aquello a lo que por ingenuidad o falta de anlisis llaman fascismo, para no manchar su devota adhesin a viejas luchas.

Seguimos preguntndonos sobre el Frente Amplio y no encontramos respuesta, no la encontramos porque estamos buscando mal, porque ante la dispersin social, falta de fuerzas, programa y unidad en la izquierda revolucionaria, permanecemos atentos y expectantes a que cada nueva fuerza poltica de oposicin al duopolio debera ser obligatoriamente el partido de Lenin, o el movimiento 26 de Julio. Soamos ilusamente que harn el cambio anhelado y nos frustramos al no ver ni una pizca de clasismo en sus discursos y planteamientos.

Qu es lo que est mal aqu? Que un grupo de organizaciones polticas con mayor o menor sentido de lucha aproveche las evidentes grietas de las instituciones y pretenda tomarlas antes que se derrumben por completo? 0 que nosotros, desde la izquierda, no hemos sido capaces de construir nuestra propia herramienta poltica? y con esto no hablo de un partido en el sentido estricto e institucional del trmino, sino de cualquier instancia importante de unidad en un programa y coordinacin de diversas luchas sectoriales con carcter clasista y popular.

Nos concentramos en lo que dijo este o aquel diputado frenteamplista sobre Cuba o Venezuela, y sin ser pesimista, un importante grupo de la poblacin desaprueba la revolucin en ambos pases, incluso compaeros avanzados de nuestra clase y con insercin real en las masas vociferaron la muerte de Fidel y Chvez los dictadores. No pidamos tanto.

Lo ms terrible es que no son de izquierda dicen algunos; y los que marchan en las calles tampoco lo son en su totalidad, los que necesitan poner fin a las AFP tampoco lo son, las que marchan por #Niunamenos son hasta nuestras patronas y los enfermos por la contaminacin de nuestras ciudades solo quieren vivir, vivir lejos de la izquierda o la derecha y podra seguir enumerando: en la Araucana de 10 diputados, 5 son de RN y 3 DC, a pesar de que es ese el duopolio parlamentario y sus empresas aliadas quienes someten a la miseria a gran parte de esa poblacin. No pidamos tanto.

Si miramos dentro de la piel de nuestra patria, Cuntos chilenos hoy da quieren vivir en el socialismo? o peor an Cuntos explotados de nuestra patria estn dispuestos a luchar por construir el socialismo? La respuesta es desesperanzadora, ni el pueblo ni la masa electoral piensa en el socialismo y la experiencia histrica les hace tener miedo a cualquier indicio de ese concepto. Mirando este panorama, no debera parecer extrao que quienes impulsan un cambio, incluso en este caso donde se pretende timonear un Estado que filtra agua por diversos agujeros y que a punta de parches seguir navegando, no se digan socialistas. No pidamos tanto.

Se hace imperioso dejar de ver solo la apariencia de este fenmeno y pasar a entender su esencia. Ya sabemos de dnde viene, a que consignas se adhieren sus piezas, y que son stas mismas las que no han permitido la creacin del ms mnimo esbozo de programa o puntos de acuerdo. No es difcil inferir que la fuerza motriz del FA no son las ideas concretas sino las personas que componen y sustentan este gigante sin cabeza, y que en el caso de existir este programa de cambio, no ir ms all de la medida de lo posible porque la ley no lo permite, por la timidez poltica de sus dirigentes y porque tampoco existen las fuerzas sociales capaces de impulsar o en su caso defender un proyecto de cambio real que altere las relaciones de poder y dominacin econmica, o mucho menos la sumisin casi teolgica en que se encuentra nuestro pueblo, la izquierda institucional y tambin la revolucionaria. Este ltimo punto es el que nos debe importar: las fuerzas sociales, su rearticulacin, coordinacin y reconocimiento de clase.

Tiempo poltico institucional y tiempo poltico social.

En poltica existen, dos tiempos importantes, que no transitan de forma lineal ni paralela, sino que se entrecruzan e interfieren l uno al otro sin necesariamente ir a la misma velocidad ni seguir la misma trayectoria:

-El tiempo poltico institucional: un orden del tiempo en base a normas, plazos y aos electorales, donde la maquina estatal empuja a los partidos y estos se ven obligados a salir rpido a los territorios a recuperar la confianza perdida de los barrios. Un tiempo poltico que intenta ordenar y canalizar la cadencia de los procesos sociales al ritmo de la msica que pone la burguesa por medio de sus leyes orgnicas y administrativas, que al final resultan ser la mordaza que se nos impone para limitar nuestro acceso al poder. Este tiempo, confirma tristemente la alienacin, el burocratismo y la frustracin a la que se enfrentan los oprimidos al intentar incorporarse al sistema, donde el empuje y descontento social se pierden entre los complicados pasillos de un castillo kafkiano y K, el sujeto pueblo, al igual que en la novela, nunca logra su objetivo.

-El tiempo poltico social: lento, rpido, multidireccional, errtico, sujeto a distintas variaciones que tienen que ver directamente con el momento histrico, la relacin de las fuerzas productivas, el desarrollo ideolgico y la capacidad de articular las demandas inmediatas, o programa mnimo, con los objetivos estratgicos, o programa mximo, lo que permite resolver de manera revolucionaria la cuestin del poder. 1 En otras palabras, articular de forma dinmica los trminos de Reforma y revolucin. Este es el tiempo ms importante de los dos, es el tiempo del desarrollo de la conciencia de clase, de la capacidad organizativa de la fuerza social, es el tiempo de la reconstruccin y reconocimiento del tejido histrico y su identidad, el tiempo de la imaginacin de un mundo-otro, de la clase en si y para si; tristemente es tambin el tiempo del fracaso, de la prisin, del exilio, la desconfianza, la frustracin que inmoviliza, es el tiempo de los individuos en busca de colectividad.

Dnde quedamos nosotros, la izquierda revolucionaria? Para el mundo social, somos un grupo desgastado y en peligro de extincin que levanta viejas consignas poco arraigadas en las masas. Una brutal realidad que nos revela una desesperanzadora certeza Cmo es posible que en un pas tan desigual como el nuestro, con un empobrecimiento que marcha a la inversa de las cifras del crecimiento econmico, con una descarada corrupcin que atraviesa de forma transversal todas las instituciones del Estado, no seamos capaces de canalizar ese descontento, o por lo menos posicionarlo de forma ms evidente entre las masas? Retomando lo anterior, si es la falta de socialismo en la conciencia de nuestro pueblo lo que nos duele, es que debemos mirarnos, y mirarnos con vergenza.

Han pasado 28 aos desde el retorno a la Democracia, una democracia que a pesar de sus contradicciones: desmedida represin y leyes penales exageradas para criminalizar las reivindicaciones legitimas de la sociedad, algo le queda de democrtico. O por lo menos podemos hacer parte de nuestra poltica no desde la clandestinidad y en cierta medida expresar y difundir nuestras ideas de cambio (mientras no atente contra los derechos consagrados en la constitucin). La apertura del Estado post-dictatorial nos permite herramientas que antes no tenamos, como el derecho a sindicato, que con sus graves atropellos al espritu del derecho sindical y sus luchas histricas, existe; podemos hacer asambleas de vivienda con facilidad y organizar comits que pueden llegar a tener un carcter combativo y confrontacional como es el caso de UKAMAU; levantar Federaciones de estudiantes, que aunque sin derecho real a participacin en sus claustros, existen. Que nos ha pasado entonces? Por qu a pesar de estas libertades con las que hubiera soado cualquier compaero de la resistencia antidictatorial, no hemos avanzado lo necesario? ser que nuestra poltica y nuestra lectura no fue capaz de entender la vida democrtica y seguimos siendo devotos rebeldes de la lucha clandestina?

Existen, por lo menos dos fenmenos importantes de apreciar aqu:

a- Por un lado, esta apertura democrtica, ha secuestrado el tiempo poltico social y lo ha enmarcado dentro del tiempo poltico institucional, as ha puesto una jaula de hierro a las formas de lucha, encerrando todo el desarrollo social a los plazos, procedimientos y marco legal que ha construido la burguesa en beneficio de sus propios intereses y terminamos deambulando perdidos en los pasillos de El castillo, sin llegar al origen del poder ni a lograr nuestros objetivos inmediatos o nuestros derechos sociales. Esto no es un nuevo invento, muy por el contrario, ha sido una constante del desarrollo de la civilidad, ya que por un lado tenemos a un movimiento social empujando al Estado por el reconocimiento de sus legtimos derechos, pero por otro lado ste le pide adecuarse a sus formas y procesos legales, por lo tanto pasamos de la lucha social por necesidades palpables, a la mera abstraccin de la ley y por ende a caminar por los inmensos salones kafkianos y perdernos en sus pasillos fundindonos en el Estado.

b- Por otro lado, la feliz promesa del desarrollo econmico en esta revolucin silenciosa ha fracasado rotundamente, el libre mercado ha sido incapaz de satisfacer las ms mnimas necesidades sociales, mercantilizando todos nuestros derechos bsicos; pero su xito radica principalmente en su potente insercin ideolgica en nuestro cuerpo social, confirmando con abrumadora excelencia la mxima de Clausewitz quien deca que vencer al enemigo no se trata slo de despojarlo de sus armas y su voluntad de seguir luchando, sino hacer que piense como el vencedor, o la idea marxista de que la ideologa de una sociedad, es la ideologa de su clase dominante. En este punto nos detendremos ms reflexivamente, ya que es ah donde hemos estado fallando y por ms que destinamos nuestras fuerzas, recursos y tiempo, llegamos al mismo atolladero, la imposibilidad frustrante de cambiar la realidad.

La conciencia de los revolucionarios v/s la conciencia de la sociedad.

Mientras la conciencia social en Chile avanza aceleradamente a una derechizacin ideolgica y un exacerbado individualismo, impulsado por el exitoso manejo de los medios que posee la burguesa que no solo confunden y tergiversan la realidad, sino que tambin crean sentido comn. Nuestras consignas, en un desesperado intento de desmarcarse del reformismo y hacernos parecer ms rebeldes, van aislando a la izquierda revolucionaria del cuerpo social hacindonos parecer una caricatura de un pasado utpico, adems de un triste fracaso histrico.

En que estamos fallando entonces? Ser que nuestras propuestas son ajenas a las reales necesidades de nuestro pueblo y solo responden a una necesidad de autosatisfaccin de quienes componen la izquierda revolucionaria que constantemente compite entre sus grupitos por el trofeo al ms radical o a quien se parece ms al MIR? O que el estado ignorante e infantil de nuestro cuerpo social se traduce en una incapacidad para comprender sus propias necesidades e incluso no ver al verdugo que amenaza con su destruccin fsica y moral? O que ante nuestra impotencia y frustracin al no poder atacar a un reconocible enemigo, nos contentamos ciegamente en encerrarnos en nuestros crculos cercanos donde todos estamos de acuerdo en la revolucin y su necesidad urgente quedndonos solos con el tiempo social, incluso tildando de fachos pobres, ignorantes y retrgrados a esas mismas masas que sufren la explotacin ms descarnada a la cual juramos liberar?

La respuesta general a estas preguntas es una triste afirmacin. Efectivamente, hay un enorme grado de autosatisfaccin en nuestras propuestas, marcadas por una gigantesca competencia inter-izquierdas que nos ha alejado de la sociedad, que nos ha aislado en pequeos grupos, contados con los dedos, que adems de pocos, trabajamos preferentemente solos, dndole prioridad nicamente a los espacios que estn bajo nuestro control, incluso con malas prcticas como la denigracin, burlas y mentiras que no solo atomizan a los revolucionarios, sino tambin son un punto de friccin constante en cada intento de unidad, o peor an, son la piedra de tope que merma las confianzas para acciones futuras en aspectos ms delicados para el desarrollo de la lucha de clases. Y as, mientras el reformismo construye alianzas electorales para transformarse en el recambio de las dos derechas imperantes, nosotros miramos atnitos el proceso, incapaces de hacer alianzas, sin insercin en el mundo social, vagando en el purgatorio del mundo poltico sin una estrella polar que nos guie.

El estado infantil del cuerpo social de nuestra patria es algo evidente y planificado, partiendo por una educacin servicial, sumisa, patriarcal y nula en sentido crtico; tenemos una poblacin con constante miedo, ignorante de sus derechos, y que producto de una gran fractura en su historia se siente incapaz de impulsar un cambio social que altere las estructuras de dominacin existentes, para as no despertar al gran Leviatn que restablecer el orden y la institucionalidad con sus evidentes daos colaterales. Esta masa ignorante, amorfa y falta de modales, es tierra de rapia donde se posan los cuervos de la derecha ms recalcitrante como la UDI en las poblaciones, las hienas de la nueva mayora en los sindicatos y sus representaciones como la CUT y el Colegio de profesores, y algunas nuevas alimaas que con fuerza renovadora pretenden darle ms vida y color a esta cinaga para nutrir de nueva carne el campo de disputa parlamentario: el FA.

Y as, nos quedamos de nuevo mirando cmo cada par de aos, el tiempo poltico institucional se vuelve a tomar la movilizacin social. El empuje popular se pone en pausa y las izquierdas se vuelven a sacar los ojos sobre si votar o no votar, y algunos con calculadora en mano miran en el mundo electoral al mejor postor para difundir su programa, las dirigencias se desarticulan, las federaciones se convierten en clulas de propaganda, los sindicatos en sloganes y las juntas de vecinos, en fiestas con alcaldes bailando la cancin de moda. Y as volvemos a ver a esa vecina que a diario reclam contra las AFP, el transantiago y la mala salud en el policlnico. Ir de nuevo a votar por los mismos del ao anterior. La esperanza triunfa sobre la frustracin.

El tiempo poltico institucional reafirma el miedo histrico a cambiar la realidad prolongando el acomodo servil al status quo. Para ellos, el problema no es el capital y sus expresiones nefastas en Chile y el mundo, no es una AFP o la falta de polticas pblicas para mejorar la calidad de vida, la vivienda y la educacin. Son las personas que administran el Estado quienes lo tienen as, por ende cambiamos las caras y los partidos pero la estructura sigue igual. Las mscaras griegas se imponen treatralmente sobre la penuria latina, con sus fantasmas ciudadanos y su bajtiana opresin. Desde las butacas vemos como esa sonrisa ilustre encanta con alegres promesas al sujeto popular y nosotros esperando el momento para entrar en escena sin el ropaje adecuado, sin un maquillaje acorde y lo que es peor con un guin incapaz de conmover a ese pblico ansioso de drama. Ese pblico que durante decenas de aos ha sido alimentado de la mas cnica stira.

La izquierda revolucionaria o la crisis de una izquierda sin pueblo.

Donde est la izquierda revolucionaria en Chile? En qu espacios esta construyendo su programa y su base social? Si entendemos la necesidad que tiene nuestra izquierda de desmarcarse del reformismo levantando una consigna ms radical. Cul es su programa de cambio, su tctica y estrategia para llegar al poder? O peor aun Tiene alguna posibilidad de insertarse en las masas y llevar la buena nueva de las tareas inmediatas y los cambios pendientes?

Por ahora busquemos alguna respuesta. Concuerdo enormemente con varios autores (incluyendo tristemente algunos son de derecha) que plantean que en Chile no hay una izquierda. Abiertamente abren el desanimo de las masas populares con esta afirmacin que intenta desarticular la conciencia social, silenciando todo proyecto de cambio que emane desde nosotros. En teora, pero slo en teora, existe una izquierda y no una, sino muchas, todas ellas con militantes preparados, cuadros potentes que impulsan brillantes consignas llenas de esperanzas de cambio en las redes sociales, los podemos ver en cada universidad organizando apetitosos foros y conversatorios sobre poltica contingente, debatiendo apasionadamente sobre las tareas inmediatas de la clase obrera, escribiendo numerosos panfletos haciendo el llamado a la insurreccin popular, la guerra prolongada, la huelga general o la construccin del poder popular para derrocar la tirana del capital que encadena nuestras vidas, transformando en mercanca cada parte de nuestra existencia.

En trminos tericos, esto suena excelente, y solo aquellos sinvergenzas reformistas, con sus mezquinos intereses de por medio, son capaces de negar que esta es la solucin al calvario que recorre la humanidad. Sin embargo, nuestra inmadurez poltica y falta de comprensin de la realidad material nos ha hecho claudicar ante el avance del reformismo en la sociedad y peligrosamente, la mano astuta y oportunista del fascismo est irrumpiendo nuestros hogares, nuestros barrios y sindicatos con argumentos simples, lejos de las grandes teoras y metarrelatos, apelando a sentimientos nobles de solidaridad patritica y una guerra declarada a una corrupta clase poltica que tanto ha mancillado el honor de nuestra nacin. Un Cancerbero que rene en sus cabezas los tres pilares del conservadurismo (Dios, Familia y Propiedad), comienza a ganar espacio en lugares que antao eran propiedad exclusiva de la izquierda: me refiero al Movimiento Social Patriota y las distintas expresiones del neofascismo que mantienen un crecimiento sostenido en este ltimo tiempo, usando nuestros miedos cotidianos como punta de lanza para insertar un programa que nada har por cambiar realmente las cosas y que probablemente aumentar la tensin social existente en nuestra sociedad con expresiones brutales de violencia callejera que apunta a ser institucional. 2

Qu hacer como izquierda revolucionaria? La tarea no es fcil para las fuerzas de cambio. Y ser imposible construir la sociedad que queremos sino somos capaces de conciliar los mas mnimos puntos en comn o las ms bsicas normas y formas de insercin de nuestros militantes en las bases sociales a quienes queremos representar, conducir y sobre todo, educar en comunidad. No slo para superar el capitalismo y sus formas de produccin y valoracin, sino tambin la potente hegemona cultural que tiene sobre nosotros, una hegemona que tambin ha influido a nuestras filas y que es el factor principal de nuestra dispersin terica y prctica.

El Frente Amplio slo es una ms de las expresiones que impulsa la burguesa para frenar el avance popular y confundir a los explotados. Y seguir enfocndonos en ellos es buscar un chivo expiatorio a nuestros fracasos, es un acto de completo cinismo, de nula autocrtica y una falta de comprensin histrica de nuestras falencias terico-prcticas.

Tareas inmediatas, esbozo temporal.

 

Solo a modo de esbozo me atrever a enumerar elementos que a mi parecer estn siendo absolutamente perjudiciales para el desarrollo y la construccin de un proyecto desde la izquierda en Chile, no quiero con esto generalizar a todas las orgnicas que da a da intentan como viejos topos salir a la superficie del pantano en que nos encontramos. Y no es slo el reformismo quien acecha nuestros viejos nichos de construccin, sino que un antiguo fantasma recorre el mundo, el fantasma del fascismo. Sus trompetas de guerra estn tronando en las puertas de toda Latinoamrica y las izquierdas, desde hace rato que se encuentran sin un camino fijo de accin, un camino que el exceso de teora no ha sido capaz de darles y que yo tampoco me creo en la posibilidad de hacerlo. Slo pongo en estas pginas, mi espritu observador y mi experiencia como militante que se debe a su pueblo por sobre cualquier organizacin a la que pertenec.

 

- En primer lugar se hace imprescindible y urgente ser capaces de superar diferencias entre las izquierdas revolucionarias. Que las diferencias sean de carcter poltico, ideolgico y prctico y se afinen frente a frente en los espacios de convergencia o las plataformas coyunturales que se levanten en base al trabajo REAL. Superar las diferencias es la principal garanta que tenemos para salir airosos de la crisis que nos aqueja, recordemos que como revolucionarios, creamos organizaciones polticas y frentes de masas no por nuestras necesidades vanidosas, sino porque es nuestro pueblo quien requiere de estas herramientas para tomar el cielo por asalto y construir ese mundo otro que tanto anhelamos. Y en honor a ese principio debemos actuar.

- Dejar el academicismo y el elitismo vanguardista: estamos demasiado acostumbrados a la poltica de cafetn, esa que se discute en las universidades, en los peridicos ultra ideologizados, en los foros slo para nuestros militantes y amigos de nuestros militantes (siempre con la intencin de reclutarlos), o peor an, en el barrio Lastarria, el Caf Providencia o la Plaza uoa. Acerqumonos a esa chusma ignorante, metamos las manos al barro con nuestro pueblo, slo ellos son los llamados al cambio social, con sus organizaciones populares, espontneas, incultas, de lenguaje obsceno y rabia contenida. Slo en el pueblo confiamos, dice la consigna que repetimos constantemente, pero jams salimos a abrazar a ese pueblo. Por lo menos los partidos institucionales salen a turistear al barrio cada ciertos aos para captar sus votos. Si no somos capaces de ser partcipes del sentir de nuestro pueblo, de construir no para nuestras orgnicas sino para las masas, para los nadie, los nunca, los sin. Es que no entendimos nada de lo que significa ser revolucionarios y el pauelo rojinegro nos queda grandes.

- Entender acertivamente la diferencia y aplicacin del programa mnimo y su relacin con el programa mximo: esto quiere decir que existe una urgente necesidad de aterrizar el tenor de nuestras luchas y acercarlas a las necesidades inmediatas de nuestro pueblo ms all de nuestra visin partidista, insertarse en el pueblo no necesariamente significa dirigirlo, sino comprenderlo. Y para esto debemos ser capaces de abrir nuestros ojos y odos a lo que sucede a nuestro alrededor. Las calles gritan consignas que debemos recoger para convertirlas en propuestas reales. Si nuestro programa mximo es la revolucin social, el programa mnimo deben ser los pasos inmediatos a seguir como el salario mnimo, la jornada laboral, la educacin de mercado, la salud y vivienda dignas, las AFP, la seguridad social, el transporte etc. no basta con difundir la necesidad del cambio social sino generar la relacin inquebrantable entre partido y frente de masas. Esta relacin solo ser posible si atendemos las tareas inmediatas pendientes con miras a un fin superior, por muy reformistas que estas puedan sonar para nosotros. Nuestro pueblo pide a gritos una direccin poltica coherente con sus pesares y nosotros no estamos comportndonos a la altura del momento histrico.

- Estudiar al enemigo: la burguesa y al derecha lleva decenas de aos estudiando a la izquierda, leyendo su teora, su historia y buceando en las mentes de sus grandes pensadores. Todo esto para saber como desarticularnos, dividirnos y reprimirnos. Por ejemplo, el ejrcito francs despus de la Segunda Guerra Mundial ante el crecimiento orgnico y militar del Partido Comunista en Francia y su fracaso en la guerra de Indochina, asumi su derrota con una mirada a futuro que hasta hoy nos pesa: se sumergi en las lecturas de Mao, Ho Chi Min y la teora militar y organizacional de las revoluciones, para crear su escuela contrasubversiva, la que ms tarde export a Argentina, Chile y EEUU con las consecuencias que ya sabemos en la segunda mitad del siglo XX. Esto nos hace falta, mirar su teora con fines estratgicos para vencer. No puede ser que ante el auge del fascismo en Chile an no hemos sido capaces de darle forma a una lectura dialctica de su origen y alcance estructural, no puede ser que desde la izquierda se le dice fascista a todo lo que parezca extrao, desde Kast hasta Bachelet y Pinochet sin profundizar en su verdadera esencia. Si no nos hacemos cargo cuanto antes de esto, ser demasiado tarde, si es que ya no lo es, ya que movimientos como el MSP (Movimiento Social Patriota) y Accin Identitaria estn golpeando nuestra puerta mientras nosotros aun no somos capaces de definirlos ni enfrentarlos.

- En esto tambin se hace urgente entender el origen y la significacin simblica y poltica de lo que es un facho pobre. Qu es un facho pobre? De donde viene su ideologa y en que estratos vive? El facho pobre no es nada ms ni nada menos que el poblador enajenado, ese poblador que ha sido capaz de tragarse todo el discurso de la televisin y los medios, es ese que cree que Bachelet y la Concertacin son gobiernos de izquierda, es ese que reclama cuando los estudiantes luchan pero debe pagar la universidad de su hijo, el que paga la micro y se llena de rabia contra este sistema todos los das sin saber hacia donde apuntar. El facho pobre es un sujeto creado por la derecha y la izquierda. La primera lo crea a su imagen y semejanza para tener su reserva moral y electoral; la segunda por su abandono. Es un sujeto creado y criado por nuestra indisciplina y poco apego a nuestro pueblo, producto de nuestro academicismo, de ser una izquierda elitista sin conexin con las masas. En fin, su existencia es culpa nuestra, porque all donde antes estaban las organizaciones polticas haciendo cultura y organizacin hoy esta la televisin el y tiempo institucional. Es tambin la cara triste de la desilusin con la poltica imperante y sus formas de actuar, es ese que dice: ni izquierda ni derecha y nada mas conveniente para el fascismo que esta postura. En palabras de Zizek: para la derecha, despolitizar es un gesto poltico por excelencia.

- Develar el reformismo y el progresismo que daa profundamente a los sectores clasistas. Con esto no quiero decir que nuestra lucha deba ser principalmente apuntada hacia ellos, ms bien hay que ser capaces de identificarlos, y con claridad poltica, saber hasta que punto es til o no al movimiento social, no es ms revolucionario el que est ms a la izquierda, es revolucionario aquel que sabe usar de forma inteligente los conceptos reforma y revolucin dejando de lado el infantilismo, tan nocivo para la construccin actual. En trminos generales, una poltica acorde a las necesidades de nuestro pueblo. Muchas veces se han perdido posibilidades de avances reformistas, slo porque no hemos sido capaces de apoyar esta o aquella reforma y al final el ms perjudicado de esto es el pueblo pobre.  Recordemos que el reformismo sirve para entender y educar al pueblo sobre los lmites de la legalidad y la democracia burguesa que deben ser superados por las organizaciones de clase por medio de sus propios rganos de poder.

- Dejar de satanizar la institucin: parte importante del infantilismo imperante se debe principalmente a una mala lectura del marxismo y del momento actual de la lucha de clases. Esto quiere decir que la institucin no es necesariamente el enemigo directo al que debemos enfrentarnos, es el Capital y la legalizacin institucional de la esclavitud, y para eso debemos tener altura de miras al respecto. El poder popular no es un discurso ni una teora, es ms bien una prctica de ejercicio cotidiano de control sobre los recursos y el espacio social en el que nos desenvolvemos. Este manoseado concepto, vociferado a todo pulmn en cada marcha por una izquierda que poco ha aprendido de l, est lejos de realizarse en boca de quienes lo sostienen. Este poder, tiene distintas expresiones en el mundo real y por lo mismo depende de cada grupo social y de cada tiempo y espacio la forma en que se lleva a cabo. En mi estada en Venezuela he podido ver mltiples expresiones de este poder en pleno ejercicio, un poder legalizado por el Estado y reglamentado por la Ley Orgnica del Poder Popular. Sin embargo el nivel de autonoma propositiva y programtica de cada asamblea y comuna est lejos de ser un aparato institucional controlado por el Estado, sino ms bien reconocido y amparado por l. Como deca un viejo poeta amigo: la izquierda quiere tomarse el poder para hacer la revolucin y aun no controlan ni las juntas de vecinos donde viven sus militantes. La construccin desde abajo en los espacios cotidianos es nuestra nica garanta para presionar a los de arriba.

- Renunciar con urgencia al idealismo radical: no estamos en un periodo prerrevolucionario, las masas no estn en las calles exigiendo libertad e igualdad. Mas bien se les ve bastante cmodas en sus casas, conformes con la sociedad de consumo, con sus deudas, sus pensiones y la contaminacin inminente de este sistema de produccin. Esto no quiere decir que el proyecto socialista esta fuera del marco temporal presente. Slo demuestra el gran triunfo ideolgico de la sociedad de mercado, que a pesar de la miseria material en que ha transformado nuestras vidas, ha sido capaz de hegemonizar y derechizar la mente de los oprimidos que ante cualquier amenaza al status quo, levantan la bandera del orden y la autoridad como valores infranqueables de la estabilidad social. Debemos ser capaces de entender el estado de nimo de nuestro pueblo y de ser necesario aterrizar nuestro discurso y hacerlo acorde a su nivel de radicalidad, no olvidemos a Lenin que planteaba que Para cada proceso histrico, una consigna adecuada! Esto no quiere decir que demos un paso al reformismo, ms bien nos dice, que podemos flexibilizar nuestro discurso para llegar a nuestro pueblo, sin perder el norte que es la revolucin social.

- Renunciar a la demagogia: cuanto soportan las redes sociales? Se hace imperioso ponerle freno al radicalismo virtual ya que no aporta en nada al movimiento, slo es una plataforma para captar a un par de ingenuos que viven con el idealismo romanticista de la lucha armada. Seamos realistas cuantos de los que llenan sus redes estn realmente dispuestos a dar una lucha armada? cuantos de ellos poseen armas o un leve entrenamiento acorde para sustentar una lucha de este tipo? Siendo realistas, nuestras izquierdas est a aos luz de impulsar un proceso en Chile que sea capaz de enfrentar al ejrcito y sumar a las masas en la realizacin violenta de la victoria final. Dejemos de subir fotos de nuestra organizacin con la capucha y la bengala si a la primera arremetida policial escapamos dispersos y despavoridos. Hagamos una lectura real de nuestras fuerzas y nuestra insercin en las bases antes de presumir de nuestra capacidad militar que hasta ahora, esa tctica, si es que puede llamar as, slo ha servido para dar insumos a los agentes de la represin, ms preocupados que nuestro propio pueblo de buscar y caracterizar a los agentes del cambio social.

- Por ltimo, practicar la pedagoga revolucionaria: ensear al pueblo, ser parte de l, de sus dolores y alegras. Slo as podremos asegurar una revolucin duradera y emancipadora. Dejar de soar con la toma del poder por una insurreccin popular y comenzar a construir el poder en nuestra vida cotidiana, en nuestros espacios. No esperemos conducir una revolucin, creemos las condiciones para que esta tome forma y cuerpo de pueblo. Despertemos del panten a nuestros grandes prceres, no para intentar ser como ellos, sino para aprender de ellos, de su prctica y su discurso. Seamos capaces de sentir en nuestros msculos los apremios que sufre nuestro pueblo desde sus propias verdades. Ya que ensear es tambin un acto de aprendizaje. Para esto es importante bajar desde el Olimpo nuestra teora en un lenguaje de barrio. No para ser voceros de un pueblo que slo siente, sino para devolverle el verbo robado por las vanguardias a nuestros oprimidos.



[i] Lenin. El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo. Editorial Progreso, Mosc, 1989.

[i] Para una estudio ms detallado de este fenmeno, recomiendo las excelentes columnas de Felipe Ramrez Snchez publicadas en El Desconcierto tituladas: Descifrando el fascismo chileno (I), El fascismo criollo original (II) y Socialpatriotas e identitarios: el fascismo chileno remasterizado (III).

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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