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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-06-2019

Masacre y levantamiento en Sudn

Shireen Akram-Boshar y Brian Bean
Jacobin

La revolucin que est teniendo lugar en Sudn, aunque acorralada, es quizs la ms organizada y polticamente avanzada de la regin. Por ello Estados Unidos y Arabia Saud estn decididos a aplastarla.


En la madrugada del lunes 3 de junio las fuerzas paramilitares irrumpieron en la sentada frente al Comando General del Ejrcito en Jartum, Sudn, disparando contra los manifestantes y poniendo fin a seis meses de un levantamiento en gran medida pacfico. Los soldados se abrieron camino entre las barricadas de los manifestantes, quemaron sus tiendas de campaa y mientras les disparaban y golpeaban. Los testigos contaron que los soldados abrieron fuego indiscriminadamente, mientras arrojaban los cuerpos de los manifestantes asesinados al Nilo y violaban a dos de los mdicos presentes en la sentada.

En cuarenta y ocho horas el nmero de muertos ascendi a ms de cien, mientras decenas de cadveres se recogan de las aguas del Nilo. Quinientos ms resultaron heridos en lo que solo podra describirse como una masacre premeditada.

La sentada fuera del cuartel general militar se ha convertido en el epicentro de la actual Revolucin sudanesa, con estudiantes y profesionales acampando para protestar contra el rgimen militar que gobierna desde principios de abril. Liderados por la Asociacin de Profesionales Sudaneses, un grupo de sindicatos prohibidos previamente por el rgimen, el levantamiento ha mantenido un carcter no violento y altamente organizado y culmin en una huelga general de dos das a finales de mayo.

Dos meses despus de las protestas iniciales que derrocaron al dictador Omar al-Bashir los revolucionarios siguieron expresando su misma exigencia principal: el fin del rgimen militar en Sudn y un gobierno de transicin dirigido por la poblacin civil que pueda abrir camino hacia unas elecciones justas y democrticas. Semanas de negociaciones con los militares se estancaron y los militares se negaron a renunciar al control.

El ataque del lunes pasado fue encabezado por las Fuerzas de Apoyo Rpido (FAR), una filial estatal controlada por los Yanyauid, una milicia responsable de crmenes de guerra en Darfur. Despus de asaltar y masacrar brutalmente a los manifestantes en la sentada de Jartum, la FAR se traslad a los vecindarios circundantes -que tambin se haban jactado de las protestas contra el rgimen y de las congregaciones de manifestantes en curso- para seguir dispersando, golpeando y disparando a los activistas.

Mohammed Elnaiem, residente en uno de los barrios aledaos, as como activista sudans y estudiante de doctorado, nos cont la represin vivida de primera mano. Describi la escena que presenci esa maana temprano y la continua represin de la siguiente manera:

Las FAR llegaron primero en un pequeo grupo de tres o cuatro camiones y comenzaron a hablar con el ejrcito. Pensamos que tal vez el ejrcito, compuesto por soldados de menor rango, estara de nuestro lado. Sin embargo, las FAR atravesaron las barricadas que habamos construido y el ejrcito no hizo nada. Poco despus, los vehculos del ejrcito que estaban en nuestro barrio se marcharon. En ese momento, la mayora de la gente comprendi lo que iba a suceder y comenz a irse. Nos dimos cuenta de que el ejrcito y las FAR estaban coordinados entre s, y que las FAR estaban completamente en control de la situacin. Empezaron a dispararnos y huimos de las barricadas corriendo hacia las casas para escondernos. No he tenido la valenta de salir a reconstruir las barricadas como lo han hecho otras personas desde entonces. Es aterrador. Hay disparos por todas partes. En mi barrio hay un francotirador en un edificio abandonado. No se sabe dnde especficamente, as que es muy arriesgado. Quieren aterrorizarnos en casa.

LAS FAR tambin irrumpieron en tres hospitales de Jartum disparando contra los manifestantes heridos que haban sido llevados para recibir tratamiento. El martes pasado, en el Hospital Royal Care de Sudn, los soldados obligaron a evacuar a cincuenta manifestantes heridos tras disparar y detener a uno de los mdicos que haba formado parte del equipo mdico durante la sentada. Otras sentadas revolucionarias en varias ciudades del pas, incluso en el norte de Puerto Sudn y en el este de Gadarif y Sinja, tambin fueron atacadas por las FAR.

En una nueva demostracin de fuerza y bloqueo los militares impusieron un apagn de Internet que paraliz la mayora de los servicios telefnicos y de Internet en todo el pas. El apagn de Internet todava contina. Y Jartum, como han explicado los activistas, est prcticamente bajo ocupacin militar.

El objetivo de la masacre de la madrugada de la semana pasada y la posterior represin est claro: dispersar a los revolucionarios, poner fin a la sentada central y aplastar la demanda popular de arrebatarle el poder a los militares.

La brutal represin se produce seis aos despus de la masacre de Rabaa en El Cairo llevada a cabo por el entonces general y actual presidente Abdel Fattah el-Sisi, donde ms de mil manifestantes de los Hermanos Musulmanes fueron masacrados, con lo que culmin el golpe de Estado llevado a cabo por el ejrcito egipcio y marc un giro ms agudo de la contrarrevolucin en el pas. Hoy la masacre de la sentada en Jartum marca un punto de inflexin contrarrevolucionario en Sudn, aunque en Sudn es el rgimen, asociado con la Hermandad Musulmana, el que ha perpetrado los asesinatos.

Las fuerzas de la contrarrevolucin en Sudn son consecuencia de la historia reciente de guerra genocida del pas. Como muchos comentaristas han dicho de la brutal represin de las FAR, Darfur ha llegado a Jartum esta semana. De hecho, las Fuerzas de Apoyo Rpido tienen una historia de casi dos dcadas de represin racista en Darfur, en el oeste de Sudn, as como de connivencia con la campaa de la Unin Europea para para la migracin a travs de sus fronteras.

En 2003 Omar al-Bashir cre el predecesor de las FAR, los Yanyauid, reclutndolos como la principal herramienta del gobierno en su guerra contra Darfur. Los dos aos siguientes a la fundacin de las milicias Yanyauid fueron testigos de los niveles ms altos de violencia en Darfur, con ms de cien mil muertos y hasta dos millones de personas asesinadas en una suerte de limpieza tnica. La poltica de tierra arrasada de Al-Bashir en Darfur condujo al llamamiento a su detencin por crmenes de guerra y crmenes de lesa humanidad.

Casi una dcada despus, en 2013, al-Bashir reconoci formalmente a las Fuerzas de Apoyo Rpido y nombr a Mohammed Hamdan Dagalo (General Hemedti), que haba ascendido en las filas de los Yanyauid, como su lder. La milicia evolucion y pas de ser principalmente sectaria y paramiltar a convertirse en una milicia oficial, formalmente subordinada al rgimen militar. Hoy este giro est ms claro que nunca ya que Hemedti, jefe de las FAR, es tambin subdirector del llamado Consejo Militar de Transicin, que ostenta quizs ms poder que nadie en el pas.

En 2014 las milicias de las FAR se hicieron cargo de la tarea de controlar la migracin en connivencia con Europa que comenz a estrechar la soga sobre los migrantes y refugiados que iban desde frica y Oriente Medio. El ao antes de que Europa volcara su atencin en Turqua para frenar la migracin proveniente de Siria e Irak intent detener la ruta migratoria a travs de Sudn y lanz lo que se conoci como el Proceso de Jartum.

El objetivo del Proceso de Jarum es detener a los migrantes africanos en su objetivo de llegar a Europa. Las propias Fuerzas de Apoyo Rpido se desplegaron para impedir que los migrantes de diversos pases cruzaran las fronteras de Sudn. Con la misin de detener y deportar a cientos de migrantes las FAR recibieron un cuarto de milln de dlares para que criminalizara a los migrantes en respuesta a la oferta de Europa. As, el racismo europeo contra los inmigrantes ha sido el que ha alimentado y ayudado a profesionalizar el terror que vivieron los manifestantes esta semana.

La masacre del 3 de junio se produjo pocos das despus de que los lderes del Consejo Militar de Transicin, el General Abdel Fattah Abdelrahman al Burhan y su adjunto, el General Hemedti, asistieran a una serie de reuniones convocadas por los saudes en La Meca con la Liga rabe y el Consejo de Cooperacin para los Estados del Golfo. Burhan y Hemedti tienen vnculos de larga data con Arabia Saud por su participacin en la guerra liderada por el reino saud en Yemen que ha sumido al pas a una crisis humanitaria sin precedentes. La coalicin de los EAU saudes ha utilizado soldados sudaneses para externalizar la guerra contra Yemen, disminuir el nmero de vidas saudes perdidas en combate y atenuar as la disidencia interna.

Se ha informado de que entre las decenas de miles de soldados sudaneses enviados a combatir en el Yemen hay numerosos nios soldados de la regin de Darfur. El motivo de la guerra contra Yemen es la continua rivalidad imperial de Arabia Saud (con el apoyo absoluto de EE.UU) con Irn por el dominio regional. Tambin hay que sealar que este posicionamiento antiiran ha llevado a los pases del Golfo a una cooperacin ms estrecha con Israel, una de cuyas consecuencias es la prxima conferencia de Bahrein en la que el gobierno de Trump tiene previsto dar a conocer su llamado "Acuerdo del Siglo" de venta del pueblo palestino.

El rifirrafe con Irn, en parte a instancias de Estados Unidos, impulsa el apoyo activo al Consejo Militar de Transicin (CMT) por parte de las fuerzas regionales de la contrarrevolucin y sus esfuerzos reprimen las aspiraciones del pueblo sudans. El domingo 2 de junio Arabia Saud y los Emiratos rabes Unidos se comprometieron a enviar 3.000 millones de dlares de ayuda a Sudn. El prncipe heredero de los Emiratos rabes Unidos, Mohammed bin Zayed, se comprometi a "preservar la seguridad y la estabilidad de Sudn". El presidente egipcio -y estandarte de la contrarrevolucin- Sisi, ha utilizado su posicin a la cabeza de la Unin Africana (UA) para apoyar a la CMT y bloquear los intentos de la UA de condenarla, aunque la masacre del pasado lunes finalmente llev a la UA a expulsar a Sudn. Sin duda el bao de sangre vivido a principios de junio fue estudiado minuciosamente y aprobado por estas potencias regionales.

Aunque Estados Unidos hizo declaraciones condenando los excesos de la reciente violencia, no se puede equiparar en modo alguno con el apoyo al levantamiento ya que el distanciamiento es slo una fachada. Las acciones saudes se llevan a cabo en paralelo con la estrategia su aliado estadounidense en sus intentos de aislar a Irn. Los planes de Trump de pasar por alto al Congreso para mantener el flujo de armas hacia Yemen representa slo un pequeo ejemplo de esta tendencia.

Rusia ha adoptado una postura ms beligerante hacindose eco de las anteriores declaraciones de las FAR de justificar la masacre y afirmando que la violencia del 3 de junio "era necesaria para imponer el orden y luchar contra los extremistas" - el mismo lenguaje que us para expresar su apoyo a la carnicera de Bashar al-Assad en la propia revolucin siria.

Hay que decir que la revolucin en Sudn tiene que lidiar con el hecho de que las fuerzas del capitalismo global, aunque a veces en rivalidad entre s, no toleran movimientos democrticos como el que ha florecido en las calles del pas desde enero. Los revolucionarios de Jartum lo saben y cantan consignas como "No queremos tu dinero" cuando anunciaron la ayuda econmica emirat-saud en abril. La forma en que la lucha revolucionaria encare este desafo y se conecte con la solidaridad internacional a medida que se intensifica la contrarrevolucin ser crtica para su evolucin y desarrollo. La revolucin no tiene amigos en los pasillos del gobierno, sino en las calles.

Al principio, la respuesta de la CMT fue justificar los asesinatos; desde entonces ha pasado a minimizarlos y a minimizar el nmero de muertos. En una maniobra clsica de "buen polica" tambin ha afirmado que ahora -tras haber desmantelado uno de los centros simblicos de la resistencia sembrando el terror y la muerte- est abierto a negociar de nuevo, incluso mientras contina el apagn de Internet para encubrir sus crmenes.

Desde el fin de las negociaciones el CMT ha vuelto a anunciar que las elecciones se celebrarn en no ms de nueve meses, lo que rompe el perodo de transicin de tres aos previamente acordado que la oposicin haba solicitado. La oposicin exigi este plazo antes de las elecciones a fin de proporcionar una oportunidad adecuada para organizar fuerzas polticas independientes del rgimen. Secciones del pas (Darfur, Nilo Azul y Kordofn del Sur) todava estn tambalendose por las guerras civiles que duran ms de una dcada. La celebracin de elecciones anticipadas slo garantizara que los elementos favorables al rgimen estuvieran en mejores condiciones de cosechar los frutos de la votacin debido al carcter antidemocrtico del escenario poltico que apenas comienza a abrirse a causa de las protestas.

La Asociacin de Profesionales Sudaneses (el ncleo de las Fuerzas de la Declaracin de Libertad y Cambio) ha declarado que no mantendr ms negociaciones con CMT y ha llamado a una huelga general de duracin indefinida y a la desobediencia civil masiva con el fin de derrocar al rgimen militar como la "nica medida que queda" para salvar la revolucin. Mientras se escribe este artculo llegan los primeros informes de las campaas de desobediencia civil, y un "cierre social" ha despejado las calles en respuesta al llamado a quedarse en casa. Secciones de trabajadores petroleros tambin se han sumado a la huelga. La huelga y la desobediencia civil tambin significara un boicot organizado de las elecciones en caso de que los militares continen unilateralmente con ellas.

Esto pondr a prueba algunas de las divisiones internas de la revolucin. Algunos de los partidos de oposicin ms tradicionales, como el Partido de la Nacin Umma de Sadiq al-Madhi (el primer ministro depuesto por Omar al-Bashir en el golpe de Estado de 1989), el Partido del Congreso sudans y algunos de los movimientos armados en torno a Yassir Arman y Malik Agar, se organizan bajo el paraguas de la agrupacin Sudan Call.

Estos partidos junto al Partido Comunista sudans, que es una agrupacin de algunos pequeos partidos baazistas y naseristas en la Alianza de Consenso Nacional durante aos han jugado un papel de una oposicin institucionalizada contra el gobierno de Bashir y su Partido del Congreso Nacional. Muchos de ellos, como al-Mahdi y el Partido del Congreso Popular (PCP) del difunto Hassan al Turabi, han desempeado papeles en gobiernos anteriores (el PCP se uni a un gobierno de Unidad Nacional en 2017, que las fuerzas revolucionarias no han olvidado). Sus hbitos polticos de negociacin con el antiguo rgimen y de oposicin parlamentaria al mismo seguirn adelante y les forzarn a llegar a un acuerdo con el rgimen militar y la contrarrevolucin.

Sin embargo, cabe sealar que los comunistas han mantenido hasta ahora una oposicin de principios a los acuerdos sobre un gobierno civil. La poltica de aquellos elementos que claramente ven los peligros de estos acuerdos ha marcado los xitos de la revolucin hasta ahora. Como los manifestantes reconocieron inmediatamente despus de derrocar a al-Bashir, a pesar de los cambios de gobierno, el aparato estatal sigue en gran medida intacto y esta contienda con el poder estatal sigue siendo el mayor obstculo para el levantamiento.

De hecho, a pesar de la "transicin" que supuestamente llevan a cabo en su nombre, el Consejo Militar de Transicin representa la misma lgica que el antiguo rgimen. El ejrcito ha demostrado ser el constante poder en la sombra de la poltica sudanesa y fue el que lider los golpes de Estado de 1969 y 1989. Las huelgas generales y la lucha de masas se presentan como los nico caminos que hay que seguir para lograr una alternativa poltica en el pas.

La revolucin estall no desde los partidos de oposicin sino desde la poblacin sudanesa y de nuevas formaciones como el SPA que, a su vez, se cre a travs de la lucha. Ahora es un momento crucial para ver cmo, despus de la masacre del lunes pasado, se puede mantener la lucha contra el rgimen militar.

Mohammed describe la situacin actual en Jartum:

A pesar de todo el terror vivido todava hay gente construyendo barricadas. Ponen en riesgo sus vidas y los aterrorizan. Van a casa durante unas horas y luego vuelven a seguir construyendo las barricadas.

La determinacin y la voluntad poltica expresadas por la actual ola de huelgas generales y desobediencia civil son esenciales. Adems, aunque no se informa bien, el prometedor desarrollo de los consejos revolucionarios de los barrios ofrece esperanza, y su crecimiento y reagrupamiento son fundamentales.

Venga lo que venga tras la masacre, explica Mohammed:

El CMT ha perdido legitimidad y por eso podemos tener un programa revolucionario ms definido y exigir que el consejo soberano no tenga cinco [representantes] del ejrcito y cinco del gobierno civil, [pero] debemos decir "no, cero al CMT".

Aunque la revolucin sudanesa ha demostrado ser hasta ahora una de las revoluciones ms organizadas y polticamente avanzadas de la regin, los desafos a los que se enfrentan siguen siendo enormes. Nuestra atencin y solidaridad debe estar con el pueblo sudans, que ha entrado en una nueva etapa de la historia, y est luchando y muriendo por la libertad.


Fuente: https://jacobinmag.com/2019/06/sudan-revolution-khartoum-protests massacre? fbclid=IwAR11MT_rWZRbDLCZ5NGjVf4neaQD3eYsY0U8X5Q4dSX54KfNbBTPp1-Q8Xo

Traduccin de Laura Galin.


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