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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-06-2019

Aciertos estratgicos, errores y lmites en el espacio del cambio

Antonio Antn
Rebelin


La experiencia popular de exigencia democrtica y de justicia social, con una crtica a la anterior clase poltica, ha sido la base de la conformacin de un electorado indignado y diferenciado de esa socialdemocracia o esa izquierda no despegada entonces de la tercera va socioliberal y las polticas neoliberales de austeridad. Su perfil de desconfianza a esa clase gobernante y su ideario estaban definidos desde el comienzo del proceso de indignacin progresista: ms justicia social y ms democracia; otra representacin poltica alternativa. Ha constituido la base social y electoral de las fuerzas del cambio. Es el nuevo espacio poltico configurado en torno a Podemos, Izquierda Unida y su convergencias, aliados y candidaturas municipalistas que toc techo en los aos 2015/16.

Frente a algunas ilusiones, una parte de ese electorado de progreso estaba sin consolidar en su compromiso por la nueva poltica y representacin institucional, que ha estado sometida durante estos cuatro aos a un fuerte desgaste poltico y meditico. Sus aciertos estratgicos, incluida la conformacin de una nueva representacin poltica e institucional, fueron insuficientes para hacer frente a las dificultades externas. Sus errores polticos, discursivos y organizativos, con la amplificacin meditica, aumentaron su impacto destructivo. Los lmites de la inmadurez poltica, en particular para la construccin y unidad de todo el conglomerado sociopoltico con suficiente arraigo social, en unas condiciones extremadamente adversas, han desbordado las capacidades colectivas de esta nueva lite poltica representativa del espacio del cambio. No se han arbitrado mecanismos convincentes para su superacin, mientras se mantena la creencia de poseer credenciales propias suficientes y se pronosticaba errneamente la incapacidad renovadora del Partido Socialista.

No valen algunos anlisis simplistas y los discursos que le acompaan. Arrogarse la representacin de los de abajo, de la gente, frente a los de arriba no es suficiente. Se ha complicado, al menos, desde el ao 2015, en que hubo que realizar algunos acuerdos con el PSOE en Ayuntamientos del cambio y Comunidades Autnomas. Dnde est la direccin socialista, con los de arriba o con los de abajo? Todava se complica ms la respuesta tras el acuerdo de la mocin de censura, el apoyo a la investidura de Snchez y el acuerdo poltico y presupuestario posterior.

Pues bien, la respuesta es que est en los dos sitios a la vez y segn qu circunstancia y momento tiene mayor relevancia una vinculacin u otra y, por tanto, la actitud normativa a adoptar. Hoy parece que hay un consenso amplio en que, al menos, el Gobierno socialista cuenta con una amplia representatividad de los de abajo, defiende un planteamiento reformador progresista (limitado y en algunos mbitos) y hay margen para establecer una colaboracin poltica y gubernamental.

Pero, entonces, es ms obligado clarificar el carcter de ese proyecto y esa nueva-vieja estrategia y evaluar el perfil y el discurso especficos de las fuerzas del cambio. Hay que empezar por la constatacin no de un bloque progresista homogneo y conjunto que tiende a absorber a la fuerza minoritaria sino de dos fuerzas con puntos comunes, un relativo estatus quo diferenciado y capaces de acordar un proyecto de cambio.

Por ejemplo, est clara, a nivel popular y meditico, que sin la presencia y la presin de Unidas Podemos y el conjunto de grupos y movimientos sociales, el Partido Socialista solo y sin ese condicionamiento no implementara tantas medidas favorables para la gente ni utilizara tanta retrica progresista, feminista o ecologista. Hay una pugna sociocultural y poltica por ampliar, reconducir o apropiarse aspiraciones legtimas de significativos sectores sociales. La cuestin evidente es que esa experiencia de exigencia reivindicativa, por un lado, y gestin gubernamental reformadora, por otro lado, ha sido insuficiente para frenar el desplazamiento de dos millones de votos de Unidas Podemos hacia el Partido Socialista. Pero, lo que tambin est claro es que es una experiencia que ha contribuido a mantener a cerca de cuatro millones afines a ese espacio.

Por otro lado, considero que fue un acierto estratgico la controvertida posicin mayoritaria de la direccin y las bases de Podemos e Izquierda Unida contra la subordinacin al pacto gubernamental del PSOE-Cs con un proyecto continuista y neoliberal en lo socioeconmico y lo territorial. Representaba una dinmica de normalizacin poltica con el aislamiento de la tendencia de cambio sustantivo. El coste de semejante actitud de no doblegarse ante un continuismo estructural, con un simple recambio parcial de la representacin poltica y algunas reformas secundarias y abundante retrica, ha sido enorme.

Las ofensivas polticas y mediticas de los poderes establecidos, incluido las ms siniestras cloacas del estado, fueron sistemticas para conseguir su destruccin como fuerza institucional operativa. Pero haberlo aceptado, con una adaptacin a ese marco hegemnico, hubiera causado un desconcierto, subordinacin y fragmentacin de todo el campo sociopoltico que apostaba por un cambio real de progreso.

Ese acierto en mantener abierta la presin por el cambio sustantivo es la causa de tanta animadversin de los poderes establecidos y los partidos polticos dominantes hacia Unidas Podemos y sus confluencias. Supona una situacin defensiva que ha persistido durante tres aos de aislamiento institucional, meditico y poltico. No obstante, hay que recordar que, precisamente, junto con la resistencia del segundo Snchez y la mayora de la militancia socialista y la configuracin del sanchismo como opcin diferenciada frente a las derechas y el susanismo, ha permitido abrir el mbito institucional hacia un cambio progresista en Espaa (incluido Catalua).

En este espacio se han cometido muchos errores polticos. El principal por su relevancia para el momento actual, quiz sea la infravaloracin de esa estrategia socialista de acorralamiento y la cobertura del conjunto del poder, ya perfilada en diciembre de 2015, junto con la respuesta, en forma de emplazamiento pblico, a travs de una propuesta supuestamente a la ofensiva de un Gobierno paritario, pero irreal respecto del equilibrio de fuerzas y las formas, los recursos y la falta de disponibilidad socialista. Supona cierto subjetivismo analtico y una inclinacin institucionalista y voluntarista respecto del poder real y los efectos comunicativos del discurso, fcilmente catalogados de pretenciosos o prepotentes.

Se ha ganado en realismo y menor arrogancia, pero esa experiencia de la mayor trascendencia estratgica, aparte de la crtica externa sistemtica y el acoso meditico, ha sido fuente de la divisin interna, en particular con el errejonismo, y de incomprensin entre algunos sectores. No se debati de forma serena y unitaria en el proceso de Vistalegre II, demuestra falta de cohesin poltica y estratgica y es una demostracin de incapacidad para afrontar el anlisis de las causas del debilitamiento del espacio del cambio y articular la renovacin correspondiente.

En el fondo se ha producido una polarizacin entre las estrategias de adaptacin a una dinmica dominante normalizadora (vestida de flexibilidad poltica, talante amable o de pretendido ensanchamiento a la influencia de las mayoras sociales) o, bien, de reafirmacin poltica y firmeza por un cambio real de progreso, con un campo sociopoltico significativo, aunque con algunas tendencias sectarias.

Estamos en otra etapa. Ese marco estratgico ha cambiado con la nueva situacin, precisamente por el xito de las dos dinmicas resistentes y alternativas a la vez, la del sanchismo y la de la mayora de Unidas Podemos y sus confluencias. Ahora existe relativo consenso en la colaboracin con el Partido Socialista, justificada por un contexto diferente, la necesidad mutua y un proyecto de cambio ms definido y compartido. Pero la reflexin estratgica todava es pertinente, condiciona los argumentos y la posicin final ante el Gobierno de cooperacin y, especialmente, debe clarificar las tareas polticas a medio plazo.

Antonio Antn. Profesor de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid.

@antonioantonUAM

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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