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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-06-2019

Manuel Sacristn en el debate cristiano-marxista y ante la militancia de los cristianos en partidos comunistas

Jaume Botey
El Viejo Topo


Nota de edicin: Tal da como hoy de 1940 [19/06] naca en Barcelona Jaume Botey. Lo recordamos mediante el texto de su contribucin al Homenaje a Manuel Sacristn con motivo de los 20 aos de su fallecimiento, realizado en 2005 en la Universidad de Barcelona.

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Dividir esta corta intervencin en tres ms cortos apartados, exponiendo: I. Los textos de Manuel Sacristn (MS) que se refieren a esta temtica. II. El contexto ideolgico y poltico que condujo al desbloqueo del partido y de la iglesia, y III. Las verdaderas razones crticas subyacentes en el debate.

I. TEXTOS DE MANUEL SACRISTN QUE SE REFIEREN A ESTA TEMTICA

Recordemos las declaraciones del PCE (febrero 75, Comit Ejecutivo), del PCEuskadi (enero 76, Comit Ejecutivo) y del PSUC (septiembre 76, Comit Central), acerca de la Militancia de cristianos en el Partido Comunista. MS responde a estas declaraciones en Materiales 1, de enero 77 en un escrito, sin firma y con este mismo ttulo. Fue el escrito ms completo, aunque no el nico, que MS public sobre el tema. Alfonso Carlos Comn le responde en Materiales 3, de mayo 77.

MS considera que la incorporacin de colectivos cristianos en el partido es un hecho positivo. El partido puede aceptar a cualquiera porque es laico y en consecuencia no presupone ninguna creencia particular. Y es laico precisamente porque es marxista, no laico al estilo liberal (donde se considera que la esfera de las creencias es estrictamente privada y separada de la vida social). La consideracin de la laicidad del partido es importante hacia fuera, para que lo conozca la sociedad y especialmente la iglesia, pero tambin lo es hacia dentro, porque dentro del partido ya no es posible excomulgar a nadie por sus creencias o discrepancias filosficas o polticas. Por otra parte no es algo nuevo o reciente sino que ha existido siempre. La novedad ahora reside en las caractersticas del colectivo procedente de Bandera Roja que como grupo ha pedido el ingreso. El problema especial que plantea este hecho tiene sus races en la relacin entre Partido y el marxismo, y se agudiza por la voluntad de presencia ideolgica de estos cristianos en el partido. Adems hay que reconocer cierta incompatibilidad entre las ideas cristianas y las de Marx. Ocultar esta diferencia es empezar el juego del confusionismo al que se refera la declaracin del PCE de febrero de 1975.

A continuacin el documento aborda la cuestin del atesmo en el pensamiento marxista, que MS haba ya tratado en otras ocasiones. Por ejemplo, en 1964, en el memorable prlogo del Anti-Dhring, acerca de lo trascendente en general y Dios en particular, afirmaba que las inexistencias no se demuestran:

Una vulgarizacin demasiado frecuente del marxismo insiste en usar laxa y anacrnicamente los trminos demostrar, probar, refutar para las argumentaciones de plausibilidad propias de la concepcin del mundo. As, se repite, por ejemplo, la inepta frase de que la marcha de la historia ha demostrado la inexistencia de Dios. Esto es literalmente un sinsentido. La ciencia emprica no puede probar, por ejemplo, que no exista un ser llamado abracadabra () Por lo dems, la frase vulgar de la demostracin de la inexistencia de Dios es una ingenua torpeza que carga al materialismo con la absurda tarea de demostrar o probar inexistencia. Y las inexistencias no se prueban; se prueban las existencias. La carga de la prueba compete al que afirma la existencia, no al que no la afirma

(La tarea de Engels en el Anti-Dhring, ed. cit. pp. XII-XIII).

En el texto de Materiales de 1977 lo aborda a partir de las consideraciones de la teora marxista de la religin:

La crtica de Marx a la Religin es un elemento central a su visin del mundo, a su manera de entender el comunismo y en consecuencia a su nocin de libertad. Seria confusionismo afirmar que el materialismo dialctico no es esencial al marxismo, o no hacer ninguna separacin entre la ciencia marxista de la sociedad y la ciencia marxista de la naturaleza y el conocimiento, entre materialismo histrico y materialismo dialctico (Histamat y Diamat).

Su descripcin de la religin (de Marx) por ejemplo la que acaba con la conocida metfora la religin es el suspiro de la criatura oprimida, el nimo de un mundo sin corazn, el alma de una situacin desalmada, es el opio del pueblo no se refiere a ningn asunto de fsica ni de filosofa, sino a un hecho histrico, la lucha de clases.

Aade, adems, que en Marx el atesmo no es una connotacin (o sea, significacin indirecta, oblicua), sino algo plenamente denotado (es decir, significado centralmente, directamente). En la misma direccin defiende el uso de la palabra ateo en lugar de agnstico. El uso de la palabra agnstico en lugar de la de ateo parece que pretenda erosionar la conviccin atea del contrincante.

Y contina:

El comunista cristiano que est en desacuerdo con esta idea de religin debe reconocer que est en desacuerdo con un elemento central del marxismo cosa perfectamente compatible con su militancia en un partido comunista laico pero no crear confusin diciendo que su discrepancia lo es slo con los acadmicos del Diamat.

Desde el campo cristiano se abundaba en esta misma idea. As Jos M. Gonzlez Ruiz o Jos I. Gonzlez Faus. Giulio Girardi, telogo y fundador de Cristianos por el socialismo (CPS), deca

El marxismo, incluso en sus formas ms abiertas, implica una cierta ruptura con el cristianismo, incluso con el revolucionario. Tanto los cristianos marxistas como los telogos de la liberacin pueden asumir el marxismo en tanto que teora de la revolucin pero tendrn mayores dificultades para aceptar su inmanentismo.

Sin embargo MS insiste en que debemos preguntarnos si la crtica de Marx a la religin es tan definitiva como el propio Marx crea, o si es algo abierto de la teora marxista o de la Crtica Marxista de la Religin de acuerdo con el desarrollo del marxismo. En esto, como veremos, el mismo Engels fue ms dialctico o marxista que el propio Marx, ms dctil, aceptando incluso que la religin pudiera ser un factor de transformacin social. Cabe decir, como veremos ms adelante, que en el proceso de convergencia entre marxismo y cristianismo cada vez la concepcin filosfica del materialismo dialctico ha sido menos piedra de toque de confrontacin.

En su respuesta en Materiales n 3, Comn observa que el documento de Manolo permite una lectura rgida la que, dice, se ha hecho en muchos sectores del PSUC y del PCE y en no pocos sectores de la Iglesia y una lectura flexible, la que, supone, corresponde al propsito de los autores, es decir, de MS como autor.

Posteriormente MS confirm que, efectivamente, ste era su verdadero sentido. En la crnica de un coloquio en la Facultad de Teologa de Comillas de Madrid Comn precisa Estuvimos plenamente de acuerdo en evitar la delicuescencia intelectual que pueden darse en un debate mal planteado. Comparto el nfasis que Sacristn puso en el encuentro tico que podra resumirse diciendo en el origen del encuentro entre marxismo y cristianismo fue el encuentro tico. A cierta pregunta que se le formul frontalmente si un cristiano poda ser marxista, Sacristn contest pues naturalmente. Para lograr una autntica interpretacin de marxismo y cristianismo sin delicuescencias intelectuales, Sacristn insisti en la necesidad de desideologizar tanto el marxismo como el cristianismo. Criterio que, naturalmente, comparto, acaba Comn.

En la segunda y la tercera parte del artculo MS trata sobre todo de las implicaciones polticas, acerca de la utilidad de la polmica de los comunistas cristianos y en la consideracin que se trata de una lucha de ideas pero que tiene inmediatas consecuencias prcticas.

MS plantea serias objeciones a la manera cmo se ha desarrollado el debate: considera que no ha habido verdadero debate ni formulaciones intelectuales suficientes, que enmarcado este proceso en las sucesivas y precipitadas propuestas de apertura de la direccin del PCE (proceso de reconciliacin nacional, eurocomunismo etc..) puede desnaturalizarse el perfil de la izquierda.

La conclusin de MS es que existe una coincidencia terica bsica, pero es necesario tener presente el momento de Espaa, la transicin pactada, la necesidad de aperturael momento de la Iglesia despus del Vaticano II y el aggiornamento y las tensiones internas entre la Jerarqua y los movimientos de base; el momento del partido: necesidad de abrirse a capas medias aunque haba dos corrientes, que para simplificar podran llamarse dogmticos y posibilistas: los dogmticos acentuaron su dogmatismo prosovitico y los posibilitas pusieron en evidencia su incapacidad de renovacin ideolgica y poltica; el momento de Sacristn en el partido, ya slo militante de base desde el 69, el momento de Comn y del grupo que pidi entrar, que vienen de Bandera Roja y pasan a la direccin, etc.

II. LA HISTORIA LENTA DE UN DESBLOQUEO

1. Cien aos de desencuentro duro y excomulgados mutuamente.

Desde el punto de vista terico, en la mutua y larga excomunin entre marxismo y cristianismo pervivi la confusin en el punto de partida entre lo real y lo filosfico, entre fsica y metafsica, que no ayudaba a deslindar el anlisis de la realidad de los mutuos prejuicios. Ambos prisioneros de las respectivas escolsticas, abstractas y ajenas a los procesos histricos, muy poco marxista una y muy poco bblica la otra, con interpretaciones mecanicistas de la realidad, vctimas de sus errores alimentados adems con una larga historia de atropellos y sangre.

Desgraciadamente, en la URSS se haba impuesto la concepcin leninista acerca de la presencia pblica de la religin, segn la cual la fe puede vivirse en el mbito privado pero debe prohibirse en sus manifestaciones pblicas (a pesar de que el mismo Engels, a la vez que denuncia el carcter alienante de la religin, reconoce su potencial revolucionario). Era la respuesta a la larga lista de anatemas que, desde la Revolucin Francesa y especialmente desde 1848, una Jerarqua vinculada a la burguesa y a sus formas polticas, las monarquas o el imperio, condenaba cualquier propuesta de cambio social.

Pronto sin embargo tanto las Jerarquas de la Iglesia como las de los partidos van a tener que enfrentarse a crecientes contradicciones con sus bases. En la Iglesia lo protagonizan las nacientes comunidades de base y en los partidos la crtica al dogmatismo de las cpulas a partir del 68 (incomprensin del PCF del mayo de Pars, invasin de Checoslovaquia por las tropas del Pacto de Varsovia, etc). Los procesos de descolonizacin, la guerra del Vietnam, la aparicin del mundo rabe, Cuba, etc. abrieron entre los cristianos un intenso debate acerca del marxismo y sus concreciones histricas. Hubo un momento en el que pareca, sobre todo a partir de Latinoamrica, que el deshielo haba empezado. La muerte de Camilo Torres abri una viva controversia acerca del compromiso de los cristianos por la liberacin de los pobres. Lderes como Torrijos en Panam, Arbenz en Guatemala, Goulart en Brasil, Estensoro en Bolivia y otros, pero sobre todo el impacto de la revolucin cubana y el Che fueron tambin seales de esperanza.

En Europa el partido comunista italiano y el pensamiento de Gramsci fueron un referente poltico y cultural para muchos partidos comunistas. Con los nuevos conceptos de partido de masas, hegemona, cultura, dilogo etc. haba comenzado la revisin crtica de la interpretacin ms dogmtica del marxismo que continuaran Togliati, Lombardo Radice o Berlinguer en el mismo PCI, y fuera del mismo Bloch, Labriola, Lukcs, Garaudy, Adam Schaff, Thorez

Algunas manifestaciones polticas de este deshielo fueron (refirindome slo al PCI):

. Relacin de Gramsci con Pguy y los Cahiers de la Quinzaine de 1917.

. La inflexin propiciada por Togliatti en Italia, pidiendo en 1954 en Brgamo, a propsito del peligro que representaban las armas nucleares, un acercamiento entre catlicos y comunistas, del que habla Fernndez Buey en mientras tanto n 23 de junio de 1985.

. La carta de Berlinguer a Monsenyor Bettazzi significa la afirmacin vigorosa de la laicidad del partido. Oficializaba una evolucin ya existente en la conciencia de los militantes y en la prctica del partido.

MS se sita en la corriente de este marxismo vivo, contra la interpretacin mecanicista y dogmtica que conduce al sectarismo. Pero se sita igualmente contra los que desnaturalizan la ideologa para hacerla ms simptica a la naciente sociedad del consumo. contra el inmediatismo en la accin poltica, contra el tacticismo, contra los acuerdos de cpulas en el partido al margen de la democracia interna, A nivel internacional tuvieron una enorme influencia los debates cristiano-marxistas entre intelectuales (Lyon 1964, Salzburgo 1965, Baviera 1966, Friburgo 1967, Marienbad 1968), que en un primer momento tienen un marcado carcter filosfico-teolgico pero poco a poco se orientan ms hacia la confluencia prctica.

2. El desbloqueo. Nuevos planteamientos metodolgicos a partir del Concilio.

La teologa que dio sus frutos en el Concilio supuso un cambio de ciento ochenta grados en relacin con la teologa anterior. El cambio supone prescindir de las categoras filosficas y jurdicas greco-romanas que el cristianismo haba hecho suyas en los primeros siglos y el redescubrimiento de la Biblia y de la historia como sujeto ontolgico.

Los grandes centros de elaboracin teolgica en la Europa de posguerra fueron en Francia el de los dominicos en Le Saulchoir, con Congar y Chenu como figuras ms conocidas y el de los jesuitas con Teilhard de Chardin, de Lubac y Danilou tambin como figuras ms conocidas.

En Alemania Karl Ranher de Innsbruck, Urs von Balthasar, Semmelroth, Schillebeeckx, Bernard Hring, Hans Kng, Jean Baptista Metz, Ratzinger etc. La novedad de esta teologa est tanto en el mtodo escogido como en el contenido. Se iniciaba un mtodo de construccin teolgica de abajo a arriba, a partir de la lectura e interpretacin de la historia en lugar de una teologa deductiva. Tambin la manera de acercarse a la escritura cambia, en lugar de utilizarla como argumento de dogmas previamente establecidos se lee al revs, como fuente de iluminacin y de espiritualidad. Y por primera vez, para elaborar teologa y reflexin acerca de Dios se utilizan las ciencias, y en particular las ciencias sociales (sociologa, economa, antropologa). Casi todos haban sufrido amonestaciones o condenas de la Santa Sede antes del Concilio.

En Amrica Latina surge la Teologa de la liberacin con planteamientos metodolgicos parecidos a los de la naciente teologa europea y que fueron asumidos por la conferencia episcopal de Medelln en el 68. Adems de la dimensin individual, la fe debe significar tambin el combate contra el mal estructural: el hambre, la emigracin, el aumento indebido de los precios, la prdida de valor de las cosechas etc. sabiendo que es el resultado de las estructuras de pecado contra las que el creyente debe luchar codo a codo y sin privilegios con la humanidad entera.

3. En Espaa el desbloqueo empieza por la prctica.

En Espaa para valorar la presencia de cristianos en colectivos populares y de izquierda es necesario remontarse al nacimiento de los movimientos especializados de Accin Catlica (HOAC, JOC, JEC) nacidos en Europa despus de la segunda guerra mundial y que pronto hacen su aparicin en Espaa. Significaba la asuncin de una nueva cultura obrera por parte de la iglesia que tena, asimismo, otras manifestaciones como el nacimiento de los curas obreros o la presencia de sacerdotes en suburbios o barrios obreros.

La principal preocupacin de JOC y HOAC fue la formacin de militantes con conciencia de clase. Desde un punto de vista social y filosfico tuvo una gran influencia en ellas el pensamiento libertario a travs de la editorial ZYX y posteriormente el personalismo de Emmanuel Mounier.

En Espaa la JOC cre los Centros de Cultura Popular, las Escuelas Sociales y publicaciones de difusin como T, Juventud Obrera, Noticias Obreras, An. T naci en 1946 con 5.000 ejemplares y cerr en 1951 con 50.000. Guillermo Rovirosa, de la direccin de la HOAC escribe en 1951 el opsculo Comunistas y Cristianos, publicado en 1966 por ZYX y Fernndez de Castro escribe en 1959 Teora de la Revolucin, editado por Taurus. Eran las primeras formulaciones de un acercamiento que se daba de hecho.

Porque sin duda lo que ms contribuy a quitar prejuicios fue la coincidencia prctica de marxistas y anarquistas con militantes cristianos en las luchas obreras y estudiantiles, en ocasiones con la experiencia de haber vivido conjuntamente la crcel o la represin.

Este acercamiento de las bases contrastaba con las desconfianzas existentes entre los ncleos dirigentes tanto del partido comunista como de la Jerarqua de la Iglesia. En 1957 Rovirosa es expulsado de la direccin de la HOAC y Toms Malagn, el consiliario, es destituido en 1962.

Desde el espacio comunista es muy importante sealar que en Espaa el deshielo y la apertura del dilogo con los sectores cristianos debe situarse en el marco de la poltica de Reconciliacin Nacional impulsada por el PCE, entre otras cosas, porque esta poltica de Reconciliacin Nacional no pone en primer trmino la confrontacin acerca de la cuestin religiosa. Dicho de otra forma, sin esta poltica probablemente las declaraciones del PCE, PCEuskadi y PSUC hubieran seguido un camino ms difcil.

Sin embargo el terreno estaba abonado y eran ya muchas las seales de acercamiento:

En sus orgenes el mismo Guerra Campos ayud a tener una actitud crtica en relacin al antimarxismo. Su tesis doctoral no difiere mucho de lo afirmado por el P. Yves Calvez en El pensamiento de Carlos Marx de 1958 en Taurus. En esta lnea interviene en la I. sesin del Concilio (octubre del 64). Despus va por otros derroteros.

Informe de Miguel Nez desde la crcel de Burgos sugiriendo dilogo a la Jerarqua.

4. La transicin. Interrogantes y esperanzas.

Desde el comienzo de los setenta se vive en Espaa un clima de desintegracin del rgimen y comienzan a aparecer, aunque clandestinamente, las alternativas. Hoy vamos ya sabiendo que aquel modelo de transicin se haba pactado con anterioridad y que en aqul pacto la izquierda real pudo decir muy poco. Consecuencia de esto fue la llamada poltica de reconciliacin nacional diseada por el PCE, como gran propuesta de alianzas econmicas y sociales.

En el desierto cultural del franquismo las traducciones, prlogos y estudios que MS hizo de los clsicos citados anteriormente fueron durante el franquismo la nica ventana abierta que el militante tena hacia el marxismo y las corrientes revisionistas del mismo y a la vez fueron el puente que conect la preocupacin de los militantes cristianos crticos al nacionalcatolicismo con un marxismo renovado, laico, no-dogmtico.

Esto facilit un dilogo fecundo en el que participaron por una parte Aranguren, Jos Mara Gonzlez Ruiz, Jos I. Gonzlez Faus, Jos M. Llanos, Dez Alegra, lvarez Bolado y el Instituto Fe y Secularidad y Alfonso Carlos Comn, entre otros y por otra, desde la visin de un marxismo no-dogmtico, Azcrate, Ballesteros, Tun de Lara, Enrique Tierno Galvn y Manuel Sacristn tambin, entre otros, y editoriales como Nova Terra, Crtica, Grijalbo y publicaciones como El Ciervo, Cuadernos para el Dilogo o Realidad.

5. Superacin de la concepcin leninista de la religin.

El reconocimiento del potencial revolucionario del cristianismo exiga una revisin en su conjunto de la teora marxista de la religin y del leninismo como propuesta poltica, o por lo menos que se intentara tender puentes y dilogo.

Hasta la aplicacin de la poltica de reconciliacin nacional el PCE daba por buena la crtica marxista a la religin y por lo tanto se daba por supuesto que era imposible que hubiera grupos cristianos de liberacin. Al cristiano que quera ingresar en el partido se le peda el doloroso proceso o de abandonar su fe o de mantenerla en la ms estricta intimidad.

En parte esto impuls la creacin de un nuevo partido, el Frente de Liberacin Popular, el FLP. Se trataba de un proyecto revolucionario no confesional aunque de inspiracin cristiana en su origen. Sus principales promotores fueron Julio Cern, lvarez de Castro, J. A.Gonzlez Casanova, Manolo Vzquez Montalbn, Joan Gomis, Alfonso Comn, Jaime Pastor o Pascual Maragall. De gran influencia en sus comienzos desde la clandestinidad, poco a poco se fue diluyendo al pasar sus militantes a las nuevas formaciones polticas emergentes y cuando el PCE acept la militancia de cristianos y abandon la poltica leninista acerca de la religin.

Sin duda fueron Alfonso Carlos Comn y Juan N. Garca Nieto quienes ms influyeron en el desbloqueo de la interpretacin no dialogante de la fe con el marxismo. Para ello uno de los instrumentos mas eficaces fue la introduccin en Espaa en 1973 de Cristianos por el Socialismo recientemente fundado en Chile. En su aspecto terico el debate se centraba acerca de si el atesmo es algo esencial en el materialismo marxista.

Manolo Sacristn fundamentalmente pidi rigor terico ante lo que consideraba las banalizaciones del eurocomunismo o la incorrecta y precipitada aplicacin de la poltica de reconciliacin nacional. Por ello precisaba en Marx el atesmo no es una connotacin (o sea, significacin indirecta, oblicua), sino algo plenamente denotado (es decir, significado centralmente, directamente), en consecuencia el comunista cristiano que est en desacuerdo con esta idea de religin debe reconocer que est en desacuerdo con un elemento central del marxismo cosa perfectamente compatible con su militancia en un partido comunista laico pero no crear confusin. Sin embargo continuaba Comn es el argumento vivo y andante de su propia tesis, que es posible ser a la vez cristiano y marxista.

Tambin desde el espacio cristiano se alzaban voces que llamaban a la prudencia. Jos M. Gonzlez Ruiz, Jos I. Gonzlez Faus e incluso Giulio Girardi fundador de CPS, consideraban que el atesmo era parte esencial del materialismo El marxismo, incluso en sus formas ms abiertas, implica una cierta ruptura con el cristianismo, incluso con el revolucionario. Tanto los cristianos marxistas como los telogos de la liberacin pueden asumir el marxismo en tanto que teora de la revolucin pero tendrn mayores dificultades para aceptar su inmanentismo, deca Girardi.

Pronto se vio de todas formas que en el debate acababan teniendo ms importancia los elementos estratgicos o de oportunidad poltica que los ideolgicos, simplemente porque ante la afirmacin de alguien que con sinceridad se confesaba cristiano y marxista a la vez haba poco que decir desde la filosofa, era un argumento de hecho, por evidencia.

Como seala Francisco Fernndez Buey ya en 1965 las organizaciones universitarias del PCE-PSUC vivan al margen del marxismo del diamat y eran numricamente ms prochinas o togliattianas que prosoviticas.

Esto es importante para entender las reacciones acerca del mayo del 68 y la invasin de Checoslovaquia, pero sobre todo para entender las reacciones en 1974 ante la incorporacin del grupo de Bandera Roja formado mayoritariamente por cristianos.

En el centro de la polmica estaba el tema de la apertura del partido y la poltica de reconciliacin nacional.

III. CRTICAS AL PROCESO DE LA INCORPORACIN DE CRISTIANOS EN EL PARTIDO

Por eso, las prevenciones que MS manifestaba en Materiales acerca de la incorporacin de los cristianos en el partido no provenan de consideraciones ideolgicas o de ortodoxia en el diamat por parte de los sectores cristianos que se incorporaban, sino de consideraciones polticas que diriga a la direccin del Partido. No eran crticas asimilables a las que en aquel mismo momento y por los mismos sectores se hacan contra el eurocomunismo, en tanto que ste, segn l, representaba la perversin de las ideas y la renuncia a los principios bsicos del comunismo. Pero coincida con ellos en la crtica al procedimiento seguido, sobre todo en la falta de debate en el interior del partido.

MS afirma que La actitud de la direccin del partido es slo un paso en la degradacin derechista del partido, habla de entreguismo de las tomas de posicin del ncleo dirigente del Partido y que no se ha abierto ninguna lucha marxista de ideas y argumentaba

Que se hace una barata y falsa apologtica del cristianismo en el interior del PCE: malas argumentaciones o deformaciones de la realidad, por ejemplo considerando al cristianismo como el primer movimiento de liberacin, o con razonamientos falsos llamando al atesmo algo trasnochado, propio del siglo pasado.

Que con ello en el partido haba habido un rechazo algunos de los pensamientos claros del comunismo.

Que no se haba hecho ninguna crtica seria de la Iglesia como potencia econmica, cultural e imperial.

Que el ingreso de cristianos se haba hecho sin democracia interna y que su voluntad de presencia ideolgica puede irritar o reforzar el sectarismo de algunos.

La credibilidad y autoridad moral de quien diriga estas crticas estaba fuera de toda duda ante un importante sector de la militancia. Desde 1956 cuando asume tareas de direccin en el PSUC hasta 1969 cuando presenta, con Giulia, su carta de dimisin, no ces de denunciar la falta de democracia interna y lo que consideraba la prdida de perfil poltico e ideolgico de la izquierda.

El caso Claudn en 1965 fue uno ms, pero muy emblemtico, en la lista de desencuentros. MS no poda estar de acuerdo con la propuesta de Claudn, pero tampoco con la falsa forma de resolver el debate mediante la expulsin. Sobre todo porque inmediatamente despus la direccin asume de hecho las tesis prohibidas, que se concretaran en la poltica de reconciliacin nacional o en el modelo de transicin pactada.

Las crticas de MS van contra de la ductilidad tacticista, del crecimiento del activismo en detrimento de la creacin de conciencia, del inmediatismo de la accin de corto alcance, del pragmatismo de corte estalinista. Se trataba de la poltica de las grandes renuncias de la izquierda en el momento de la transicin (por ejemplo aceptacin de Juan Carlos sucesor a ttulo de rey o los pactos de la Moncloa). Coincida en esto con otro Manolo, Vzquez Montalbn, en su rechazo a la poltica llevada a cabo con prepotencia y falsedad por polticos posibilistas hacedores de derrotas (Nuestra Bandera 131).

Haba quien aceptaba esto con resignacin. MS, al contrario, deca que esto era tanto como romper la espina dorsal del Partido. Aparentemente el partido era fuerte, pero con la columna vertebral partida y con la necesidad de incorporar nuevos sectores sociales, rpidamente, acrticamente y sin el suficiente debate clarificador en las bases. Es en este contexto, plagado de confusiones, donde MS sita las Declaraciones de los Comits Ejecutivos y Centrales acerca de la militancia de cristianos en el Partido y advierte que, segn esto se lleve a cabo, generar ms confusin todava.

Ya antes, en 1968-1969, haba habido quienes haban criticado la orientacin que hasta entonces haba tenido el Dilogo cristiano-marxista, con la intencin de evitar el autoengao y con la voluntad de priorizar en estos mismos debates el mbito de la tica o del orden moral.

Aranguren no hablaba de un dilogo entre cristianismo y marxismo sino entre algunos cristianos y algunos marxistas, ambos autocrticos con sus tradiciones.

Y Sacristn propone que el objeto fundamental de dilogo sea la construccin de una nueva tica social acerca del ejercicio del poder, del modelo laico de sociedad, de la lucha por la justicia, etc.

Por eso no le preocupaban tanto los temas ideolgicos atesmo, existencia de Dios etc. como los temas polticos. Su punto de partida era la anttesis de la postura leninista de la religin: deba de aceptarse al cristiano con sus creencias, pero con la prudencia necesaria para no producir el efecto contrario al deseado, un boomerang, el rechazo por irritacin.

Vea tambin el posible campo abierto a la derechizacin del partido en funcin de la aceptacin acrtica de la Iglesia como institucin. Primero porque a lo largo de este proceso de la aceptacin de los cristianos no se haba hecho mencin crtica alguna de la Iglesia. Ciertamente el laicismo de un partido revolucionario le impide adoptar juicios sobre la fe, pero de ninguna manera puede impedirle hacer anlisis de clase de la institucin religiosa.

Pero sobre todo por el temor a posibles pactos. La superacin de las diferencias ideolgicas entre cristianos y comunistas es posible aceptando la ptica de clase como referente comn.

Pero la colaboracin, pactos o alianzas con instituciones eclesisticas, que en principio son interclasistas, slo pueden hacerse haciendo abstraccin de la ptica de clase. En consecuencia, en la medida que el partido priorice la relacin con las instituciones y no con las bases se corre el riesgo de un desplazamiento de la problemtica: los temas referentes a clase, igualdad y justicia son desplazados por los de libertad, pluralismo y democracia.

EPLOGO

Termino con unas palabras de MS en el acto de presentacin del libro Cristianos en el partido, comunistas en la Iglesia de Alfonso Carlos Comn. Se trata del testimonio de lealtad a las ideas y a la organizacin y sobre todo de amistad a un amigo, a pesar de las discrepancias, Alfonso Comn demuestra andando el movimiento cristiano comunista. Es una prueba por el ejemplo de que hay cristianos en el partido comunista y comunistas en las iglesias cristianas.

l mismo es un argumento de su libro. Tengo que pasar por encima de reparos y reservas para reconocer tanta importancia al libro de Alfonso, cuyo estilo sanguneo de pensar, poco interesado por distingos y bizantinismos irrenunciables para el amante de la caja lgica de herramientas, dista mucho del mo. Sealar encarecidamente las pginas sobre lo que marxistas y cristianos pueden ensearse mutuamente. Para m las argumentaciones de Alfonso son con frecuencia demasiado parablicas (). En la parbola poltica la boca del can mira al cielo de las ideas, pero el artillero est apuntando a la costra de la tierra.

Lo deca en relacin a sus dudas con Alfonso acerca de cul de los dos haca de can apuntando hacia el cielo de las ideas y cul de los dos de artillero apuntando a la costra de la tierra.

Texto de la intervencin de Jaume Botey en el Homenaje a Manuel Sacristn celebrado en la Universidad de Barcelona en 2005, a los 20 aos de su fallecimiento. Recogido en el libro El legado de un maestro, editado por Salvador Lpez Arnal e Iaki Vzquez lvarez.

 

Fuente: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/manuel-sacristan-en-el-debate-cristiano-marxista/



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