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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-06-2019

Elecciones en tiempos de grieta

Jos Natanson
Nueva Sociedad


Argentina ingres en el ao electoral sumida en una profunda crisis econmica y social, y con el Fondo Monetario Internacional (FMI) monitoreando las cuentas pblicas. Y a las cuestiones econmicas se suma un escenario poltico alterado por la sorpresiva decisin de Cristina Fernndez de Kirchner de girar al centro, colocar a la cabeza de la frmula de su espacio a Alberto Fernndez y reservarse para s la Vicepresidencia. Servir esta estrategia para combatir el esfuerzo de Mauricio Macri de polarizar contra el regreso al pasado y el populismo kirchnerista?

Tras su doble victoria en las elecciones presidenciales de 2015 y en las legislativas de 2017, el gobierno de Mauricio Macri haba logrado consolidar un nivel de fortaleza poltica y legitimidad popular que ningn lder no peronista haba conseguido desde los lejanos tiempos de Ral Alfonsn, tres dcadas y media atrs. La alianza Cambiemos logr incluso imponerse en distritos histricamente controlados por el peronismo y consigui que un candidato anodino como el ex-ministro de Educacin Esteban Bullrich derrotara a la ex-presidenta Cristina Fernndez de Kirchner en la crucial provincia de Buenos Aires. Pero ese apoyo dur poco y hoy, apenas un ao ms tarde, el macrismo rueda por el plano inclinado de la crisis a una velocidad que se acelera. Cada del pib , aumento del desempleo y la pobreza, inflacin y, marcando el pulso de todo esto, el signo de todas las crisis argentinas: el termmetro enloquecido del dlar. En este panorama, las chances de una reeleccin de Macri en octubre de 2019, que hasta hace un ao parecan aseguradas, se van disipando, a pesar de lo cual el gobierno an mantiene el control de la calle y la gobernabilidad.

Declive

Revisemos rpidamente la secuencia de acontecimientos que, de tan rpida, resulta difcil de recordar. En octubre de 2017, a dos aos de su llegada al poder, el oficialismo obtuvo su segunda victoria electoral. En diciembre logr la aprobacin en el Congreso de la reforma previsional1, una demostracin de su potencia poltica (al no contar con los votos suficientes, tuvo que negociar el apoyo de parte de la oposicin) que sin embargo produjo un fuerte rechazo en la opinin pblica. En marzo de 2018 ocurri lo que muchos analistas venan anticipando y los funcionarios escondiendo: la Reserva Federal de Estados Unidos anunci un aumento de la tasa de inters, lo que afect a los bonos de los pases emergentes y puso en cuestin la capacidad del gobierno argentino de seguir financiando el gasto con deuda. El banco de inversin jp Morgan se deshizo de sus bonos argentinos y compr dlares. Asustado, el Banco Central argentino quiso frenar la corrida vendiendo reservas, pero el mercado le torci rpidamente el brazo. Si a partir del cambio de contexto internacional la posibilidad de que Argentina accediera a los mercados voluntarios de crdito se haba alejado, con los ltimos acontecimientos quedaba definitivamente cerrada. Entonces Macri, que ya haba cambiado el ministro de Economa, desplaz al titular del Banco Central (ms tarde volvera a reemplazarlo) y finalmente el 8 de mayo anunci su decisin de buscar un apoyo del Fondo Monetario Internacional ( fmi ), que consigui un mes despus y que ya ha sido renegociado tres veces.

La impericia econmica demostrada durante este periodo fue notable: mientras modificaba la poltica monetaria una y otra vez, el gobierno vio cmo el dlar ms que duplicaba su valor (pas de 20 pesos antes de la corrida a 47 pesos al momento de escribir este artculo). La economa, que en 2017 haba logrado un tibio crecimiento empujado por algunas decisiones heterodoxas adoptadas de cara al ao electoral los brotes verdes, se fren en seco. La inflacin, que en una economa semidolarizada como la argentina est muy atada a las variaciones del dlar, recuper su curva de crecimiento: cerr en 47,6% en 2018; la pobreza se dispar a 33,8% y el desempleo a 9,1% (casi 12% en el conurbano de Buenos Aires)2. En suma, el macrismo, que haba llegado al poder con el objetivo de normalizar, ordenar y relanzar la economa tras una dcada de populismo kirchnerista, observaba pasmado cmo las principales variables enloquecan.

Como sealamos en otra oportunidad3, detrs de estas dificultades se ocultaba la mala lectura econmica del gobierno, derivada a su vez de una interpretacin extempornea del escenario internacional: en efecto, todo el programa econmico descansaba en la idea de que la mera toma de posesin de un gobierno market-friendly y la normalizacin de la situacin financiera del pas (acuerdo con los fondos buitre, fin de las restricciones a la compra de dlares, liberacin de los movimientos de capital) generaran una lluvia de inversiones (tal fue la metfora meteorolgica utilizada) que impulsara el crculo virtuoso de inversin-crecimiento-empleo. La deuda financiara esta transicin. Pero esto no se verific en la prctica: a diferencia de la otra experiencia neoliberal argentina, la de los tempranos aos 90, el contexto global, marcado por la ralentizacin del comercio internacional y las decisiones proteccionistas adoptadas por varios pases, desalent la llegada de inversiones extranjeras, salvo las financieras y solo durante un tiempo.

El gobierno se encuentra hoy en el peor de los mundos. Con una economa deprimida que mes tras mes le regala malas noticias, sus pronsticos de que en poco tiempo se sentirn el rebote y los efectos positivos de la devaluacin han ido perdiendo credibilidad, tal como demuestran las encuestas de expectativas y confianza4. El acuerdo con el fmi , adems de una sensacin de dj vu que revive los peores recuerdos de la crisis de 2001, incluy una serie de condicionalidades dursimas que obligaron a Macri a dejar de lado la utopa gradualista, como defini el ajuste en cmara lenta implementado en los primeros dos aos, y pasar a un rstico programa de ajuste monetario y recortes fiscales que solo contribuy a profundizar la recesin y el deterioro social. La obra pblica, una de las pocas polticas valoradas por la sociedad, se redujo hasta casi desaparecer, y cualquier posibilidad de desplegar una poltica expansiva fue sencillamente anulada.

Pese a ello, el macrismo ha logrado renegociar con el fmi una ampliacin de los recursos para programas sociales e incluso, en una direccin contraria a lo que establece el estatuto del organismo y a lo que piensa su staff, consigui el aval para utilizar las reservas reforzadas por el prstamo para intervenir en el mercado cambiario y evitar aumentos bruscos del dlar: sucede que el organismo tom nota de la fragilidad de un gobierno al que considera la ltima barrera contra el regreso del populismo kirchnerista y parece decidido a hacer lo posible por sostenerlo. Fue decisiva en este aspecto la posicin del gobierno estadounidense que, ms all de las cuestiones financieras, ha encontrado en Macri un aliado importante en una regin en la que aumenta la influencia de China y Rusia. En todo caso, el acuerdo de asistencia financiera con Argentina es el ms importante de la historia del fmi y supera todos los dems acuerdos vigentes sumados. Si una persona le debe 100 dlares a un banco el problema es del deudor, pero si le debe 100 millones el problema es del banco: bajo este apotegma, el gobierno de Macri confa en que el organismo no le soltar la mano, al menos hasta las elecciones.

La relacin con el fmi es la ltima cuerda que sostiene al gobierno, cuya debilidad poltica resulta inocultable. Frente a la dificultad para mostrar avances socioeconmicos concretos, frente a la imposibilidad de ofrecer a la sociedad una sola conquista material, el macrismo que se present como un grupo de gerentes llamados a refundar el Estado con parmetros de eficiencia y transparencia se vio obligado a recalcular. Con las elecciones cada vez ms cerca, dej de lado el discurso econmico para exhibir sus supuestos logros en materia de lucha contra la inseguridad y el narcotrfico, al tiempo que enfatizaba temas y seales relacionados con las instituciones y la corrupcin. La perspectiva en que se inscribe este discurso es un clsico de la poltica argentina: el antiperonismo tradicional, enfatizado por el gobierno con su llamado a recuperar las instituciones de una decadencia cuyo inicio coincide con el da en que Juan Pern irrumpi en la vida pblica nacional. En este marco, el discurso oficial pas de los programas, las medidas y los datos a una serie de vaporosas alusiones al cambio cultural y los valores profundos. Macri sostiene por estos das que la economa est mal pero que estamos mejor parados que antes. Pero la sociedad no parece dispuesta a comprar sin ms este monorriel de Los Simpson, tal como vienen mostrando las encuestas.

La estrategia oficial enfrenta hoy un escenario imprevisto. La decisin de Cristina Fernndez de elegir como candidato a presidente a Alberto Fernndez una figura dialoguista, ms cercana al establishment y a la estructura del peronismo tradicional, y asociada al gobierno de Nstor Kirchner y reservarse para ella la Vicepresidencia alter el paisaje poltico nacional. Nadie anticip este paso. Hay que esperar ahora para ver el resultado de la sorpresiva decisin de la ex-presidenta, que apunta a ofrecer a la sociedad una frmula encabeszada por un dirigente moderado y aperturista y, a la vez, retener el caudal de votantes kirchneristas. Este giro al centro de Cristina Fernndez apunta a vaciar cualquier posibilidad de construccin de un espacio peronista alternativo, y aunque al cierre de esta nota todava no se conocan encuestas, tiene chances de fortalecer la oposicin al macrismo. En caso de resultar elegido, Alberto Fernndez podra encabezar un gobierno de dilogo y concertacin, que construya un acuerdo social amplio que permita enfrentar desde una base ms slida los enormes problemas socioeconmicos que heredara de la gestin actual.

Gobernabilidad

A pesar del declive econmico y la debilidad poltica, el gobierno ha logrado hasta el momento sostener la gobernabilidad. Por qu la sociedad no estalla, como ocurri otras veces en el pasado? Por qu la crisis no se traduce en un movimiento de protesta a la altura del sufrimiento social? La primera explicacin radica en el legado del kirchnerismo, que dej como herencia una economa que haba crecido poco en los ltimos aos pero que an mostraba cierto dinamismo, un mercado laboral estancado pero con bajos niveles de desempleo y una reduccin importante de la informalidad, junto con una historia reciente de bienestar y consumo que les haba permitido a muchas familias capitalizarse (comprando autos, electrodomsticos, vivienda, etc.).

El segundo motivo es territorial. Argentina es un pas con una enorme heterogeneidad regional y productiva. As, en el marco de una recesin general, con cadas especialmente graves en las periferias ms dependientes de la actividad industrial, ciertas zonas y unas pocas actividades logran mantenerse a flote: la zona ncleo, una vasta extensin que abarca varias provincias y donde se afinca la ultracompetitiva economa de la soja; las provincias cordilleranas que se benefician del auge de la minera; algunas regiones con cultivos reimpulsados por la devaluacin (arndanos y limones en el Norte, por ejemplo); y el boom hidrocarburfero en el yacimiento no convencional de Vaca Muerta, que ha convertido la zona que lo rodea en un mini Kuwait patagnico. Ninguno de estos sectores, que por otra parte son intensivos en capital y generan poca demanda de mano de obra, alcanza a compensar el deterioro general, pero s ayudan a explicar por qu la crisis no se distribuye del mismo modo en todo el territorio.

La tercera explicacin son las polticas sociales. El gobierno de Macri decidi sostener el entramado social construido por el kirchnerismo. Aunque algunos programas fueron desmantelados y las prestaciones sufrieron una reduccin en trminos reales, el Estado pagaba todos los meses 8,4 millones de jubilaciones, 5,1 millones de asignaciones familiares y 3 millones de subsidios en el marco de la Asignacin Universal por Hijo. Al mismo tiempo, la alianza tctica con los movimientos sociales aquellos que, en palabras de uno de sus lderes, tienen como una nica mercanca para vender la paz social le provee al gobierno antenas hacia los sectores ms desprotegidos, un sistema de alerta temprana que hasta ahora viene funcionando, lo cual garantiza una relativa calma en los barrios ms castigados por la inflacin, la recesin y el achique de la economa informal. El macrismo aprendi de la crisis de 2001 que parte de su trabajo consiste en garantizar una proteccin mnima para los sectores ms vulnerables y mantener un dilogo fluido con las organizaciones sociales.

De manera complementaria, se viene produciendo un fenmeno que podramos definir como una individuacin de la bronca. El malestar social que produce la crisis se desplaza del espacio pblico. No se expresa abiertamente ni logra articularse polticamente; cada vez ms se tramita, silenciosa pero dolorosamente, en privado. Esto se comprueba en el aumento de la violencia intrafamiliar y en la escalada de pequeos conflictos callejeros sin sentido que rpidamente terminan en pelea violenta, lo que resulta especialmente grave en un contexto en el que abundan las armas de fuego. El consumo de drogas, psicofrmacos y alcohol se ha disparado. El Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Catlica Argentina ( uca ) viene advirtiendo sobre la profundizacin de lo que llama la pobreza invisible, aquellos aspectos de la miseria que las estadsticas no logran capturar: el malestar subjetivo, materializado en sntomas frecuentes de ansiedad y depresin, que afecta a una mayora 63,9% de los pobres5. Esta crisis de los estados de nimo, que no es solo psicolgica sino tambin social, se refleja no ya en el estrs tpico de la clase media sino en lo que el mismo estudio llama el sentimiento de afrontamiento negativo, definido como el predominio de conductas destinadas a evadir ocasiones para pensar en la situacin problemtica sin realizar intentos activos por tratar de resolverla. En otras palabras, una posicin de agotada impotencia, de brazos cados, que se completa con otro sntoma extendido: la creencia de control externo, en referencia a personas que sienten que su vida y su destino estn ms all de lo que hagan (o no hagan).

Cundo una crisis econmica y social se traduce en un estallido y eventualmente en una crisis poltica? Los criterios objetivos para definir una crisis econmica (tanta inflacin, tanta recesin), social (tanto desempleo, tanta pobreza) y poltica (tanta legitimidad) deben combinarse con una mirada ms cultural, que d cuenta de la percepcin social de lo que est ocurriendo. Niveles de inflacin que en Alemania se consideraran una catstrofe pueden resultar normales en un pas como Argentina. La cada de un presidente puede ser leda como un trauma gravsimo o como parte del juego normal de una democracia vibrante. Cundo una sociedad percibe la crisis? Cundo comienza a interpretar su realidad cotidiana en trminos de crisis? Con tres antecedentes dramticos en menos de 35 aos (la crisis de la deuda de 1982, la hiperinflacin de 1989 y el estallido de 2001), la sociedad argentina parece dispuesta a esperar un repunte de la economa o al menos que las elecciones abran nuevas expectativas. Las elecciones no son solo un mecanismo para elegir gobernantes, sino tambin una va para moderar y canalizar las angustias sociales.

La herencia positiva del kirchnerismo, la heterogeneidad productiva de Argentina y la poltica social han logrado evitar que la crisis ponga en juego la gobernabilidad. A esto se suma el hecho de que ningn actor poltico relevante, ni siquiera los sectores ms fuertemente opositores al gobierno de Macri, buscan de manera premeditada producir una situacin de caos, conscientes de las consecuencias brutales que esto tuvo cuando ocurri en el pasado: los alcaldes kirchneristas de los distritos ms castigados del conurbano bonaerense, por ejemplo, cooperan de manera permanente con los gobiernos provincial y nacional en la distribucin de la ayuda social y la prevencin de eventuales situaciones de conflicto social.

La grieta

El panorama poltico argentino se encuentra congelado desde hace aproximadamente una dcada, cuando el feroz conflicto entre el gobierno de Cristina Fernndez y los productores agropecuarios en 2008 dio forma a una configuracin de poder que, ms all de victorias y derrotas electorales, mayoras ocasionales y cambios en el humor de la sociedad, se prolonga hasta hoy. Bsicamente, en Argentina conviven dos minoras intensas, ambas dotadas de un liderazgo, un conjunto de dirigentes que lo siguen, el apoyo de un sector de los medios de comunicacin y un ncleo duro irreductible de adhesin social de alrededor de 30%. El problema es que ambas fuerzas encuentran serias dificultades para trascender su primer anillo de apoyos y construir coaliciones ms amplias y permanentes. Eso es justamente lo que en Argentina se denomina la grieta: la capacidad de un gobierno de sostenerse a partir del apoyo de una minora intensa, lo que le permite retener el poder, e incluso ganar elecciones, pero no emprender reformas profundas y sostenibles, sean de izquierda o de derecha. Las dificultades de Cristina Fernndez para concretar sus ltimas iniciativas (democratizacin de la justicia, implementacin de la Ley de Medios) y del macrismo para las suyas (reforma laboral, tributaria, previsional) as lo demuestran.

Dado que ambas fuerzas son minoritarias, la posibilidad de que emerja una opcin ni kirchnerista ni macrista, capaz de terciar en este escenario de polarizacin, morder las partes blandas de ambos espacios y consolidarse como alternativa de cara a las elecciones parecera, en una primera mirada, posible. De hecho, es el camino que en el pasado intent el titular del Frente Renovador, Sergio Massa, y que hoy ensayan otros dirigentes provenientes del peronismo no kirchnerista, incluyendo a algunos de los gobernadores ms importantes y a buena parte del sindicalismo, en torno de la candidatura del ex-ministro de Economa Roberto Lavagna, un dirigente moderado, que cuenta con el antecedente de haber gestionado exitosamente la economa en los meses calientes posteriores a la crisis de 2001 y que ha manifestado su intencin de encabezar una coalicin post-grieta que rena el apoyo de parte del peronismo, de sectores de centroizquierda de la Unin Cvica Radical disconformes con mantener la alianza Cambiemos, de expresiones provinciales importantes como el Partido Socialista y de ciudadanos independientes. El problema es que las encuestas coinciden en que la figura de Lavagna al igual que las del resto de los posibles candidatos de esta tercera va todava se mantiene lejos de las de Macri y Fernndez de Kirchner.

La carrera electoral argentina es una maratn que comenz en abril, cuando empezaron a disputarse las elecciones provinciales, y tiene sucesivos hitos en los comicios distritales, la inscripcin de listas en junio, las Primarias Abiertas, Simultneas y Obligatorias ( paso ) de agosto, la primera vuelta del 27 de octubre y, eventualmente, el balotaje de noviembre. Aunque las cosas pueden cambiar, las encuestas coinciden en que el macrismo y el kirchnerismo sern los protagonistas de este proceso. Sucede que la configuracin poltica en torno de estos dos ncleos duros no es una monstruosidad ni un invento, sino la expresin de sectores importantes de la sociedad. El macrismo, heredero de la tradicin liberal-republicana, representa a las capas medias antiperonistas, las sensibilidades conservadoras y el espritu antiestatista de los ncleos ms dinmicos de la economa agropecuaria y de servicios. El kirchnerismo, reedicin en clave del siglo xxi del peronismo de izquierda y versin argentina del giro a la izquierda latinoamericano, expresa a sectores populares y a ciertas franjas de la clase media, conecta con la tradicin progresista y respira sobre todo en las periferias empobrecidas de las grandes ciudades y en las provincias castigadas del Norte. Ambos representan algo, y todo indica que uno de ellos terminar imponindose al final de este ao extenuante.

Notas:

1. La reforma cambi la forma de actualizacin de las jubilaciones establecida bajo el gobierno de Cristina Fernndez.

2. Datos oficiales del Instituto Nacional de Estadstica y Censos (Indec).

3. Ver J. Natanson: Mauricio Macri en su ratonera. El fin de la utopa gradualista en Nueva Sociedad N 276, 7-8/2018, disponible en www.nuso.org

4. Centro de Investigacin en Finanzas, Universidad Torcuato Di Tella: ndice de confianza del consumidor en www.utdt.edu/ver_contenido.php?id_contenido=2573&id_item_menu=4985

5. Agustn Salvia y Solange Rodrguez Espndola: Malestar subjetivo (2010-2018). Asimetras sociales en los recursos emocionales, afectivos y cognitivos, Observatorio de la Deuda Social Argentina, UCA , 3/2019.

Fuente: http://nuso.org/articulo/argentina-elecciones-grieta-macrismo-kirchnerismo/


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