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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-06-2019

Uruguay
La repblica del centro: lucha electoral, debates estriles

Eduardo Camn
Rebelin


El poder, su justificacin y ejercicio constituyen un tema clsico y fundamental de quienes han abordado el anlisis de la actividad poltica. Es lgico, pues la actividad poltica est siempre proyectada hacia el poder, bien como desarrollo o creacin del mismo o como oposicin o lmite de su ejercicio.

El marco preelectoral uruguayo se ha ido caracterizando en torno a la democracia pluralista de tres gobiernos progresistas, en tanto forma especfica del orden poltico. Sin duda que esta situacin ha marcado profundamente la forma de hacer poltica: poco a poco vemos como los debates o acusaciones resaltan la instauracin de una distincin entre las categoras de enemigo y de adversario.

Esto significa que, en el interior del nosotros ciudadanos que constituimos la comunidad poltica, no se ver en el oponente un enemigo a abatir, sino un adversario de legtima existencia y al que se debe tolerar. Eso si se combatirn con vigor sus ideas pero jams se cuestionar su derecho a defenderlas.

Fina retrica de la hipocresa, que nos caracteriza, ya que la categora de enemigo no desaparece del todo, pues sigue pertinente en relacin con quienes, al cuestionar las bases mismas del orden democrtico burgus, no pueden entrar en el crculo de los iguales.

Una vez que hemos distinguido de esta manera la relacin entre antagonismo (relacin con el enemigo) y agonismo (relacin con el adversario), podemos comprender por qu el enfrentamiento agonal, lejos de representar un peligro para la democracia, es en realidad su condicin misma de existencia.

Por cierto, reconocemos que la democracia no puede sobrevivir sin ciertas formas de consenso que han de apoyarse en la adhesin a los valores ticos-polticos que constituyen sus principios de legitimidad y en las instituciones en que se inscriben pero tambin entendemos que sta debe permitir que el conflicto se exprese, y eso requiere la constitucin de identidades colectivas en torno a posiciones bien diferenciadas.

Por lo tanto, es menester que los ciudadanos tengan verdaderamente la posibilidad de escoger entre alternativas reales. La progresiva difuminacin de las diferencias entre las nociones de derecha y de izquierda que se comprueba desde hace ya bastantes aos se opone precisamente a esta exigencia. Desafortunadamente, el abandono de la visin de la lucha poltica en trminos de posiciones antagnicas entre la derecha y la izquierda se ha visto acompaado de la desaparicin de toda referencia a apuestas diferenciadas.

As las cosas, ha habido un desplazamiento hacia una repblica del centro que no permite emerger la figura necesaria, por lo dems del adversario; el antagonista de otrora se ha convertido en un competidor cuyo lugar se trata simplemente de ocupar, sin un verdadero enfrentamiento de proyectos.

Esta situacin es peligrosa para la democracia, pues crea un terreno favorable para los movimientos polticos de extrema derecha o los que apuntan a la articulacin de fuerzas polticas en torno a identidades nacionales, religiosas, etc. Por eso no nos debe sorprender, el resultado de una reciente encuesta donde se destacaba un pronunciado giro a la derecha de los uruguayos.

Cuando no hay apuestas democrticas en torno a los cuales puedan cristalizarle las identificaciones colectivas, su lugar es ocupado por otras formas de identificacin de ndole tnica, nacionalista o religiosa. Se debe estar muy atento a esta realidad porque forma parte de la prevaricacin de los estados pretendidos modernos, el no reconocer la dimensin que concierne el debate poltico, en lugar de negar su existencia.

Por eso, en este marco de repblica del centro las transformaciones sociales, econmicas o polticas, navegan siempre en las agitadas aguas de la tradicin y el futuro. Y es entre la tradicin y el futuro que se establece el punto de la exactitud y el realismo, en cuyo equilibrio cuenta la ideologa y la sociedad.

Desde dicho punto el pasado nos ofrece una incuestionable vigencia, un peso que unas veces gravita a favor y otras en contra de determinadas manifestaciones polticas, porque, obviamente, la tradicin no es solo un conjunto de aportaciones histricas positivas, sino tambin de experiencias negativas, de evidencias de fracaso y deficiencias en el empeo de conseguir una convivencia social justa y armoniosa.

No obstante, el nuevo orden mundial de la globalizacin arrasa con toda nocin que recurra a la identidad y a la tradicin de una nacin, ya que aparentemente oponerse a la globalizacin es oponerse al progreso, haciendo pasar aquellos partidos, organizaciones o intelectuales que reivindican la lucha anticapitalista y de explotacin del colonialismo global como elementos radicales o marginales que sufren una crisis de identidad.

La idea de aldea global ha subyugado a muchos intelectuales de la izquierda caviar la izquierda acomodada, hurfanos de ideas y carente de propuestas, sin un proyecto propio de cambio social. Pacto social y consenso poltico, transformado en el comodn de la gobernabilidad, de reformas polticas y transicin pactada, es desde donde se continuarn articulando las polticas de ajuste econmico, de flexibilidad laboral, de privatizacin y desnacionalizacin de la economa.

Los pactos sociales desde el ejercicio del poder y las fuerzas de oposicin se transforman rpidamente en las excusas que esconden las reformas en los procesos de desincorporacin y desregulacin de la actividad pblica-estatal, promoviendo los cambios precisos que tratan de legitimar el conjunto de transformaciones en la relacin pblico-privado nacidas de la aplicacin del Estado de un gobierno de corte neoliberal.

Pero el poder ya no est en el guardin rutinario de las instituciones polticas, sino que han sido desplazados por los sustitutos de la mundializacin: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o la Organizacin Mundial del Comercio, pese a quien le pese y digan lo que digan los dirigentes polticos.

Ante esta necesidad insatisfecha la sola respuesta se encubre detrs de una fra lgica de frmulas abstractas y generales a la que luego se presta valor de ley, desvirtuando el debate de fondo.

Algunos ejemplos pueden facilitarnos la compresin de este fenmeno de reformas que abarca la privatizacin o asociaciones de empresas pblicas consideradas estratgicas como las telecomunicaciones, transporte, hidrocarburos y electricidad. Bajo estos postulados, la accin de las fuerzas progresistas comprometidas con estos proyectos muta hacia una accin tcnica, identificada con la buena gestin y administracin de lo pblico-estatal.

En estas circunstancias es lgico que aquellos crticos de la globalizacin se transformen en un estorbo para todos aquellos intelectuales sociales reconvertidos en pensadores que juegan sobre los lmites del conformismo, la complacencia, y la cobarda intelectual.

Frente al alejamiento de la realidad hay un vicio que acecha a toda configuracin de la eficacia en el terreno poltico. Dicho alejamiento perjudica la posibilidad de la accin positiva y origina una contracarga de negatividad amargura, desilusin, escepticismo como inevitables caminos de vuelta tras los fracasos promovidos por la inadecuacin de la realidad poltica y social.

La conciencia colectiva tiene sus exigencias, que acaso a la luz del inters particular no se comprendan, pero slo a travs del calor social de la entraa misma de los pueblos podremos tener la dimensin de la posibilidad autntica de toda empresa comn. Hay modas en poltica como las hay en otras actividades. Por el hecho de serlo, no son malas; pero tambin por el hecho de serlo, tampoco son buenas.

Eduardo Camn. Analista uruguayo asociado al Centro Latinoamericano de Anlisis Estratgico (CLAE, www.estrategia.la)

http://estrategia.la/2019/06/20/uruguay-la-republica-del-centro-lucha-electoral-debates-esteriles/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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