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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-06-2019

Sartre, lector del "Cordobazo"

Jean Baptiste Thomas
Ideas de Izquierda


Sartre es una de las figuras tutelares de los aos 68, ciclo global de contestacin e insurgencia. Nunca escribi sobre las puebladas argentinas que estallaron a partir del ao 1969, pero s puede considerarse que fue ledo en clave cordobesa.

El inters por Amrica latina de Jean-Paul surge fundamentalmente de la Revolucin cubana con la cual el filsofo se solidariza. Viaja a la isla a principios de 1960, junto con Simone de Beauvoir, y luego no dejar de denunciar, en sus escritos, la poltica exterior estadounidense en su patio trasero, tomando posicin a favor de los presos polticos, participando, por ejemplo, en la campaa internacional por la liberacin del peruano Hugo Blanco. Posteriormente, en los setenta, integrar el Tribunal Russell contra los crmenes de las dictaduras en Brasil y en el Cono Sur. Sin embargo, a fines de los sesenta, nada escribe sobre la Argentina y menos an sobre el mayo argentino. De ah lo extravagante, al menos a primera vista, del propsito de esta nota: considerar a un Sartre intrprete o lector de un Cordobazo que nunca lleg, realmente, a comentar [1].

No obstante, s que es muy conocido Sartre en la Argentina: por una parte, el Sartre de El existencialismo es un humanismo, publicado en lengua espaola por la editorial Sur el mismsimo ao de su estreno en Francia, en 1946; por la otra, el Sartre argelino, que prologa Los condenados de la tierra de Frantz Fanon, publicado por Era, en Mxico, en 1965, y muy difundido en la Argentina y de central importancia para toda una nueva generacin militante; y, por ltimo, el Sartre poltico y sesentayochesco, el del mayo francs y de sus repercusiones. Nos centraremos en aquella tercera dimensin del filsofo a partir de una entrevista publicada originalmente en el cuarto nmero de Il Manifesto la homnima revista del grupo encabezado por Rossana Rossanda y Luigi Pintor, expulsados del Partido Comunista en noviembre de 1968 y smbolo por antonomasia de la nueva izquierda italiana, con el ttulo Partito e classe. Formar parte de la seleccin de textos titulada alrededor de 1968 que traducir Losada en 1973 a partir de Situations VIII. Sin embargo, antes de que aparezca en esta antologa, Nuevos Aires, revista trimestral de literatura y poltica de izquierda dirigida por Vicente Battista, Mario Goloboff y Edgardo Trilnik, publica una primera traduccin de aquella entrevista. Aquel tercer nmero de Nuevos Aires, publicado a principios de 1971, es el ms francs (o franco-argelino) de los once que sacar la revista [2]. Basta con fijarse en la tapa: Cortzar y la fundacin mitolgica de Pars, de David Vias, El judo y la revolucin, de Albert Memmi, Los ltimos das de Fanon, de Dan Georgakas, y Clase y partido, de Sartre, larga entrevista realizada por Rossanda en que el filsofo se detiene en un anlisis personal del alcance y de los lmites de los acontecimientos de mayo y junio de 1968 en Francia.

Si consideramos que, en relacin al mayo francs, el Cordobazo es una suerte de 68 con un ao de atraso, podemos decir que Sartre no escribe sobre el mayo argentino pero s es ledo desde el Cordobazo, los distintos azos y su posteridad [3]. Para decirlo con Borges, si consideramos que el lector es autor, y viceversa, Sartre lector del 68 argentino no es pura ficcin. No lo es por dos motivos. La Revolucin, para retomar a Lenin, es ante todo una cuestin de imaginacin. Acaso no termina el Qu hacer? con aquel llamativo imperativo categrico, hay que soar!? Desde un ngulo metodolgico, intentaremos pensar cmo aquel texto de Sartre sobre el mayo francs fue ledo e interpretado a partir del contexto argentino, por cierto absolutamente distinto aunque con llamativos paralelismos respecto al posmayo francs [4] por toda una nueva generacin de activistas que tenan en mente o hasta haban vivido en primera persona el Cordobazo y las distintas puebladas, revueltas urbanas y semiinsurrecciones que dejan herido a muerte el rgimen militar argentino de Juan Carlos Ongana a partir del ao 1969.

El Cordobazo y la nuit des barricades

Aunque sea un error reducir el mayo francs a lo que ocurre en la capital, qu es el Cordobazo en relacin al mayo parisino y respecto a sus momentos icnicos? Sintticamente, lo podramos definir como una suerte de combinacin de noche de las barricadas y de huelga de Renault Billancourt, la fortaleza obrera ubicada en el Oeste de Pars.

De noche de las barricadas, es decir aquella noche particularmente violenta de enfrentamientos entre estudiantes, jvenes y polica del 10 al 11 de mayo de 1968 y en que se erigen unas sesenta barricadas por el Barrio latino, el Cordobazo tiene mucho. La diferencia, en trminos de intensidad y duracin de los enfrentamientos, es que si los choques, en Pars, empiezan al anochecer, arrancan tempransimo en Crdoba, ni bien se difunde la noticia del asesinato de Mximo Mena, y se extienden durante todo el da. En realidad, ni siquiera pueden considerarse terminados luego de la reduccin de los ltimos focos de resistencia en el barrio Clnicas por parte de los paracaidistas de la IV Brigada, el 30 de mayo por la madrugada, ya que se registran choques espordicos hasta el sbado 31 en varios puntos de la ciudad.

Con la huelga que comienza el 13 de mayo de 1968, en el marco de la gran jornada de protesta llamada por los sindicatos contra la represin que se desat en la noche del 10 al 11 de mayo, el Cordobazo comparte otra caracterstica, la obrera. En ambos casos, el paro est convocado por las direcciones tradicionales del movimiento obrero las dos fracciones de la CGT peronista, en la Argentina, la comunista CGT, la socialcristiana CFDT y Force Ouvrire y la federacin docente (FEN), en el caso francs, sin embargo los sectores movilizados van a sacar provecho de esta situacin de frente nico en los hechos para desbordar y superar holgadamente las intenciones originales de los convocantes. En el caso cordobs, las columnas que convergen hacia el centro el da 29 son numricamente mucho ms reducidas que las de la marcha parisina, de ms de un milln de personas. Es de notar sin embargo en ambas manifestaciones la participacin de los mecnicos. Si, en el caso parisino, vienen de las distintas fbricas automotrices del cinturn industrial de la capital, un grupo nutrido se moviliza desde Renault Billancourt. En Crdoba la principal columna que desempear un papel destacado en los enfrentamientos de la tarde es la de los 3 a 4.000 mecnicos que desfilan detrs del SMATA y proceden, en su gran mayora, de la planta IKA-Renault de Santa Isabel.

El otro punto en comn radica en la indita en trminos de magnitud unidad entre estudiantes y obreros que caracteriza la marcha del 13 de mayo de 1968 y la del 29 de mayo de 1969. A contramano de las interpretaciones ms tercermundistas para las cuales el sujeto poltico de la poca ha de ser los condenados de la tierra lectura llevada a su pice en La hora de los hornos de Octavio Getino y Pino Solanas estrenada, en Europa, precisamente, en 1968, y luego difundida clandestinamente en la Argentina en crculos militantes en Crdoba se movilizan los estudiantes de la ms clsicamente liberal y gorila universidad de la Argentina, la UNC, tanto como de la recin fundada Catlica, junto a los obreros mejor remunerados del pas [5], para retomar la expresin del ministro de economa de la poca, Adalbert Krieger Vasena. En sendos casos, sin embargo, a imagen y semejanza de lo que plantea Sartre en relacin al mayo francs, son los estudiantes los que [son] el detonador del gran movimiento [6].

El Cordobazo y las otras puebladas del perodo tendrn duraderas repercusiones que exceden, en trminos de alcance poltico, los lmites de cada provincia y dejan herido a muerte al rgimen militar. En el caso francs tambin [7]. Los primeros brotes parisinos, cuyas races se encuentran en acciones estudiantiles en la universidad de Nanterre, en marzo de 1968, rpidamente se difunden al resto del pas, tanto geogrfica como socialmente. En palabras de Ernesto Laclau, en un artculo sobre la Argentina publicado por Les Temps Modernes, la revista dirigida por Sartre y Beauvoir lo ms argentino que se publica en mbito sartriano en aquel perodo:

la crisis de mayo no fue un evento aislado, sino el primer acto de nacimiento de un polo de atraccin de las masas capaz de unificar las luchas venideras en la Argentina. Una alianza entre la clase obrera y la pequea burguesa, con toda su potencialidad explosiva, se cristaliz en las barricadas de Crdoba, Tucumn y Rosario; [una unidad entre] el democratismo pequeo burgus y el populismo nacionalista de la clase obrera [] por primera vez en la historia de la Argentina a pesar de los orgenes muy distintos de ambas tradiciones [8].

Recalcando tambin las hondas repercusiones del mayo francs y la forma en que la movilizacin marcar un punto de inflexin en la situacin, destacar Sartre a dos aos de distancia de los acontecimientos que el mayo del 68 no fue una hoguera sin continuidad; aquella insurreccin, traicionada aunque no vencida, dej profundas huellas entre los trabajadores, y particularmente entre los ms jvenes [9]. Un anlisis que podra valer tambin para la Argentina del poscordobazo.

El Cordobazo y la France sennuie

Cmo explicar el estallido en el marco de la aparente solidez del rgimen de facto instaurado por Ongana tres aos antes, en 1966? O, para decirlo de otra forma cmo explicar el Cordobazo a la luz de la France sennuie que podramos traducir por Francia se aburre, aqu no pasa nada famosa editorial publicada por Le Monde el 15 de marzo de 1968, una semana antes del inicio de los disturbios en Nanterre?

A contramano de cualquier lectura de los resortes del mayo francs basados en un mero rechazo ideolgico y espontneo a la sociedad de consumo, Sartre evoca una arqueologa inmediata del 68, anclada inclusive en reivindicaciones sociales concretas de la clase trabajadora. El filsofo recuerda, en particular, la cuestin de los decretos de reforma del Seguro social, presentados algunos meses antes, medidas reaccionarias [que] conmovieron a la poblacin trabajadora [por ms que] los sindicatos [] no quisieron ir demasiado lejos [y] no llegaron a oponerse. [Hubo si] me recuerdo bien, un da de huelga general y las cosas quedaron ah [10]. Independientemente de la cuestin de los decretos Jeanneney, hubo otros antecedentes al joli mai [11]. Basta con pensar en varias huelgas que estallan en los meses precedentes en el interior, demostrando que el lindo mes de mayo dista mucho de ser un relmpago izquierdista en el sereno cielo de los treinta gloriosos, supuestamente marcados por una democratizacin del acceso al consumo y al bienestar material. En el caso argentino, independientemente de las particularidades cordobesas cuestin de las quitas zonales y la del sbado ingls, sobre todo, tambin existen antecedentes al estallido del 69 por ms que muchas veces hayan quedado en segundo plano, como carcomidos tanto por la fuerza disruptiva que expresa objetivamente el Cordobazo como por lecturas interesadas en resaltar el elemento espontneo del acontecimiento. Basta con hojear las ltimas pginas de Los pasos previos de Paco Urondo en que el autor, en aquel momento activo en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, evoca los prolegmenos de la explosin cordobesa [12].

Otra causa que es menester tomar en cuenta tiene que ver, tanto en Francia como en la Argentina, con el factor que acta de caja de resonancia de las contradicciones y desempea un papel detonante: el elemento generacional. Desde ya, dice con cierta dosis de irona el ensayista y poeta italiano comunista heterodoxo Franco Fortini a los que quieren convertir los aos 68 en un mero movimiento juvenil, ocultando el papel disruptivo de la insurgencia proletaria, la juventud no es una clase [13]. Sin embargo, el ser joven marca un estado de nimo y est caracterizado por cierta permeabilidad a una politizacin alternativa a las sociabilidades tradicionales que tambin explica los nuevos vnculos que empiezan a saldarse entre estudiantes y trabajadores. Al salir de la Segunda Guerra mundial Sartre destacaba en 1946, en Matrialisme et rvolution, que los jvenes, hoy en da, no se sienten a gusto. No se reconocen a ellos mismos el derecho a ser jvenes [14]. Dos dcadas ms tarde es como si la situacin se hubiera revertido: son los regmenes de los generales De Gaulle y general Ongana, independientemente de sus diferencias, los que no reconocen a los jvenes el derecho a ser jvenes. La represin al mundo acadmico y al movimiento estudiantil, preparada, en forma dantesca, en la Argentina, con la llamada Noche de los bastones largos, en 1966, cuando se intervienen las universidades y se viola la autonoma universitaria, tanto como, a otro nivel, la represin a los estudiantes de Nanterre en marzo de 1968 y la violacin de las franchises universitaires, abren el paso, con temporalidades y ritmos diversos, a la revuelta juvenil que se propaga a partir del ao 1968 e interviene como factor dinamizador de aquel convulsivo perodo que inicia.

Poscordobazo, serie y fusin

Sin embargo, si nos atenemos a las categoras sartrianas, cmo llega el pueblo de Crdoba a movilizarse, a pesar del despliegue represivo, a incendiar edificios, derrotar la polica y hasta resistir al ejrcito? El elemento decisivo, si seguimos a Sartre, es el pasaje de la serialidad a la fusin: genera lo que el filsofo llama libertad salvaje y aporta a los trabajadores una conciencia precisa de su ser de clase. Esta transformacin genera un estado de nimo que deja huellas y sigue actuando duraderamente tanto despus del mayo francs como luego del Cordobazo. Habitualmente, dice Sartre, los obreros son

incapaces de espontaneidad [concepto que tiene escasa pertinencia, dicho sea de paso, para el filsofo], en cuanto es verdad que, por s mismos, son aquellos que son, pero a los otros no estn ligados sino en una relacin de reificacin una relacin de serie. Estn constantemente ajenos de s porque estn designados nicamente a travs de una relacin con otro, que a su vez es designado a travs de una relacin con otro, y as sigue [15].

Para trasladar aquel concepto a Crdoba, basta con pensar en algunas descripciones del estado de nimo imperante en fbricas importantes del tejido manufacturero local. En el sector del caucho, de central importancia para la industria automotriz, relata Rafael Flores Montenegro [16] cmo, entre los trabajadores, haba que partir casi de cero, tomando en cuenta la dbil conciencia de clase y la desorganizacin sindical [17], estando el sector en manos de la burocracia vandorista de FOCAYA. Aunque no tan catastrfica, la situacin en Fiat Concord es bastante similar. Carlos Masera, que habr de convertirse en uno de los principales dirigentes del combativo SITRAC, recuerda cmo entre 1965 y 1970 [] Fiat era la empresa que menos pagaba en la industria automotriz argentina. [En 1970], cuando se elabor el convenio, la conquista ms grande fue un pan de jabn y un rollo de papel higinico [18].

Al estado de pasividad inicial, sin embargo, puede oponerse el de grupo en fusin, vinculado a la capacidad de constituirse en bloque a travs de situaciones de horizontalidad o de lucha. En el primer caso, a raz de la intervencin de varios activistas, entre ellos Flores Montenegro, la implementacin de un mtodo asambleario por arriba de cualquier verticalismo dirigista no solo desemboca, para los trabajadores del caucho, en la fundacin de un nuevo sindicato, el clasista SITRACAAF, sino que a los seis meses de prctica en que la voz de cada uno pesaba lo mismo, termina dirigiendo la base, compacta [19], no solo en Rubber S.A sino en Armando Lpez y Ca y en otras empresas menores del rubro. Ya por el ao 1975, antes de que estalle el Rodrigazo, el SITRACAAF es una de las puntas de lanza de la Mesa de Gremios en lucha, versin cordobesa y mucho ms avanzada de las Coordinadoras porteas y del Gran Buenos Aires.

Las luchas tambin son el terreno predilecto a partir del cual nace la fusin. En sta o aqulla fbrica donde tiene lugar una lucha en el transcurso de la cual los obreros individualmente establecen relaciones recprocas [], disfrutan de aquello que he llamado libertad salvaje y toman una determinada conciencia de su ser de clase [20]. Para ilustrar este tipo de punto de inflexin basta con rememorar el conflicto que estalla el 14 de mayo de 1970 en Concord. En aquella fbrica tumba del grupo Fiat en que todo est estrechamente controlado por la patronal con la ayuda del sindicato oficialista, recuerda Gregorio Flores cmo, aquel da, en una masiva e indita asamblea que no hubiera podido ocurrir sin el Cordobazo, un trabajador de base, el Gato Saravia, se atreve a desafiar la autoridad de la conduccin burocrtica del sindicato, exige su destitucin y eleccin libres. Plantea, con cierta libertad salvaje, para decirlo sartrianamente, los dos momentos de una genuina democracia, a la vez destituyente y constituyente: Compaeros [dice Saravia, a pesar de la presencia de matones sindicales armados], yo soy medio caballo para hablar, pero creo que estos cosos se tienen que ir a la mierda porque no sirven [21]. A partir de aquel momento, recuerda Antonio Marimn, futuro responsable del sector prensa del SMATA y militante maosta, los obreros ocupan la planta, la rodean con tanques de naftas, toman rehenes y, para recibir a los periodistas y las autoridades que llegan, decenas de obreros golpean con herramientas el portn [produciendo] un rumor ensordecedor [que atestigua] de algo salvaje, una rebelin interiorizada durante demasiado tiempo [22]. Una rebelin que ha de extenderse al resto del pas y que no cesar sino con el golpe de estado de marzo de 1976.
Le falt una direccin poltica

En la entrevista a Sartre que nos sirve de hilo rojo sostiene Rossanda que, a la luz de la forma en que acaba la movilizacin huelgustica en Francia con la vuelta al trabajo, pocas conquistas arrancadas en comparacin con la intensidad del paro, y, sobre todo, con la victoria de los gaullistas en las elecciones anticipadas de junio la revuelta de mayo termina con un fracaso y con la victoria de la reaccin segn la comunista italiana [23]. En realidad la victoria tctica de De Gaulle en los comicios no cierra la crisis que recin se est abriendo. Lo mismo puede decirse del Cordobazo ya que hiere a muerte la dictadura de Ongana aunque, a primera vista y para la poca, la derrota parece ser la del campo obrero y popular: una cantidad indeterminada de muertos, centenas de heridos, varias decenas de procesados entre los activistas y, sobre todo, los dirigentes del sindicalismo cordobs condenados por tribunales militares.

Sartre responde a esta lectura pesimista y truncada desde un ngulo ms estratgico, recalcando lo que le hizo falta a la movilizacin para desembocar en una inversin clara y decisiva de la relacin de fuerzas: le falt, dice Sartre refirindose a Francia, una direccin poltica [pero absolutamente distinta] a un partido comunista [ya que] el Partido comunista francs actu como elemento de freno de cualquier tentativa revolucionaria [24]. En profundo desacuerdo con las tesis luxemburguistas y espontanestas de Rossanda y del Manifesto en relacin a la cuestin del partido, Sartre admite a pesar de todo no tener ninguna clave para construir una direccin comunista que no termine reproduciendo los problemas que cualquier estructura estabilizada lleva consigo [25], por ms que est convencido de la necesidad de construirla.

Sin embargo, si seguimos nuestras pautas sartrianas, tanto el mayo francs como el Cordobazo permiten avanzar en el terreno de la necesaria construccin de una expresin poltica marxista de sendas movilizaciones. Ambas zanjan varios debates marcando una vuelta a los cnones clsicos del marxismo:

el arma de los trabajadores, recuerda el filsofo en otra entrevista en que vuelve sobre los acontecimientos de mayo y junio, la nica, pero es un arma absoluta, consiste en negarse a librar su producto a la sociedad. Entonces todo el sistema se detiene []. Decir que la clase obrera, la nica clase productora, est liquidada como fuerza revolucionaria en las sociedades de consumo consiste en decir que nunca habr revoluciones en aquellas sociedades. Es la conclusin a la cual llega Marcuse. Pero, precisamente, creo que estuvo desmentida por lo que acaba de ocurrir en Francia [26].

Una vuelta al clasicismo al cual llega tambin Nahuel Moreno en su debate post 68 y poscordobazo con el trotsko-guevarismo de un Roberto Santucho o de un Livio Maitan [27]: normales [son las] revoluciones [como el Cordobazo] que tienen por centro de gravedad al proletariado industrial, las ciudades como marco geogrfico y la insurreccin urbana como eje de la lucha armada [28]. Estas son las coordenadas, confirmadas tanto por el mayo francs como por el Cordobazo, que servirn, en aquellos aos, para reactualizar el debate sobre partido y direccin y la construccin de una expresin poltica de los trabajadores que, segn Sartre, ha de luchar contra dos fuerzas, el capitalismo y los partidos socialistas y comunistas que sostienen aquel capitalismo [29]. Si Sartre hubiera sido, de verdad, lector del Cordobazo, habra completado, seguramente, con las corrientes o partidos nacionalistas burgueses, como el peronismo, que sostienen aquel capitalismo. De hecho, a travs del GAN, el general Lanusse volver a llamar a su viejo adversario de su exilio madrileo para encontrar una va de fuga que permita, con la salida electoral, contrarrestar las tendencias ms abiertas a la insurgencia obrera y social que se haban plasmado en el Cordobazo.

NOTAS AL PIE

[1] Agradezco la lectura y los comentarios de la primera versin de este trabajo realizados por Facundo Aguirre, Ariane Daz, Juan Dal Maso y Matas Maiello.

[2] Segn el mismo Goloboff, Nuevos Aires tiene un carcter ms marcadamente marxista que otras revistas culturales de izquierda, y tiene una tirada de alrededor de 3000 ejemplares: una difusin modesta, pero lo suficientemente importante como para tener influencia o al menos participar de algunos debates.

[3] No pretendemos limitar el ciclo de insurgencia obrera, de contestacin juvenil y de movilizaciones contra el imperialismo que caracterizan los aos 68 al mayo francs. Se trata de un ciclo global que abarca los cuatro puntos cardenales del planeta. Ver JB THOMAS, Ce nest quun dbut, continuons le combat!, en D. BENARD, J. KERGOAT, JB THOMAS et X. VIGNA, Cuando obreros y estudiantes desafiaron el poder. 50 aniversario del Mayo francs, Buenos Aires, IPS Ediciones, 2018.

[4] Con esto no queremos decir que no existan profundas diferencias entre la Francia de las postrimeras de los 60 y la Argentina del Cordobazo, tanto a nivel de rgimen poltico (una democracia con fuertes rasgos bonapartistas en el caso de la V Repblica gaullista, un rgimen de facto encabezado por los militares, en el caso argentino) como, sobre todo, a nivel de insercin en el tablero mundial (siendo Francia un pas imperialista ah donde Argentina est en el patio trasero del imperialismo estadounidense).

[5] Citado en L. DE RIZ, La poltica en suspenso 1966-1976, Buenos Aires, Paids, 2000, p. 65.

[6] J.P. SARTRE, Lide neuve de mai 68, publicado originalmente en Le Nouvel Observateur [26/06/1968], en Situations VIII, Pars, Gallimard, 1972, p. 194.

[7] Los paralelos, desde ya, tienen su contrapartida en las diferencias en el sentido del acontecimiento y de sus implicancias. En Francia el 68 es desviado por el PC y la CGT y, aunque perdura, al menos hasta los aos 1978-1981 con las ltimas huelgas siderrgicas duras en Lorena y la llegada al poder de Mitterrand, no volver a cuestionar el rgimen y el poder patronal tan claramente. En el caso argentino, el Cordobazo no es sino una etapa, que prosigue con altibajos pero con tendencias al enfrentamiento y que, a pesar de la vuelta de Pern, desembocar en el Rodrigazo y en el Mondellazo, siendo el golpe una respuesta definitiva a aquel ciclo caracterizado por una insurgencia obrera creciente.

[8] E. LACLAU, Argentine: Stratgie imprialiste et crise de mai 1969, en Les Temps Modernes N. 291, Pars, octubre 1970, p. 661-662 y 646. En este artculo, publicado primero en ingls en la New Left Review, Laclau, que reside en aquel momento como becario en Inglaterra, retoma varios elementos del anlisis en que se basa la izquierda nacional de Jorge Abelardo Ramos, con la cual milita, caracterizados, en particular, en la renuncia a luchar por cualquier independencia poltica de clase y adaptarse al peronismo considerado como nico instrumento capaz de articular las reivindicaciones sociales de la clase trabajadora y de las clases populares.

[9] J.P. SARTRE, Toute la vrit, publicado originalmente en Le Monde, [27/05/1970], en Situations VIII, op. cit., p. 312.

[10] J.P. SARTRE, Clase y partido, in Nuevos Aires N. 3, dic-en-feb 1970/1971, p. 41.

[11] La expresin lindo mes de mayo est sacada del ttulo de uno de los documentales del icnico cineasta Chris Marker. Se refiere a mayo primaveril (boreal), el de 1962, el primero en tiempos de paz desde 1954 y el inicio de la guerra de Argelia, otra secuencia clave para entender las races del mayo francs. Llamativamente, si seguimos el mtodo de las correspondencias levantiscas, se hace eco al cielo lindo del 69 del famoso poema de Mario Benedetti que se refiere al mayo uruguayo, caracterizado por un arriba nervioso [el gobierno de Pacheco Areco] y el abajo que se mueve.

[12] Ver F. Paco URONDO, Los pasos previos [1972], Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 1999, p. 333.

[13] F. FORTINI, Let non una classe [1976], en Disobbedienze. Gli anni dei movimenti (1972-1985) (vol.1), Roma, Manifestolibri, 1997, p. 107.

[14] J.P. SARTRE, Matrialisme et Rvolution [1946], in Situations philosophiques, Pars, Gallimard, 1998, p. 153.

[15] J.P. SARTRE, Clase y partido, op. cit., p. 37.

[16] Joven activista libertario que entra a trabajar en Rubber Argentina SA despus del segundo Cordobazo, a los 22 aos, Flores se transformar posteriormente en una figura clave del segundo clasismo cordobs a travs del SITRACAAF.

[17] R. FLORES MONTENEGRO, Pasin y cada. Memoria de la Mesa de Gremios en Lucha. Argentina, 1973-1976, Stuttgart, Editorial Abrazos, 2008, p. 36.

[18] Queramos participar y entender la poltica, entrevista a C. MASERA, Los 70 N. 8, Buenos Aires, 1997, p. 17.

[19] R. FLORES MONTENEGRO, entrevista con el autor, Pars, 14/04/2019. Si seguimos con nuestra clave de lectura podemos decir tambin que la prctica del SITRACAAF es eminentemente sartriana. En la misma poca en que se funda el nuevo sindicato del caucho, en Crdoba, plantea Sartre en una entrevista que da en 1973 que solo concib[e] la democracia como democracia directa: asambleas en que se vota a mano alzada y que delegan a uno de sus miembros poderes estrictamente limitado. Citado en F. JEANSON, Sartre dans sa vie, Pars, Seuil, 1974, p. 258.

[20] J.P. SARTRE, Clase y partido, op. cit., p. 36.

[21] G. FLORES, SITRAC-SITRAM. La lucha del clasismo contra la burocracia sindical, Crdoba, Espartaco, 2004, p. 144.

[22] A. MARIMN, El antiguo alimento de los hroes, Buenos Aires, Puntosur, 1988, p. 108.

[23] J.P. SARTRE, Clase y partido, op. cit., p. 42.

[24] Ibd.

[25] J.P. SARTRE, Clase y partido, op. cit., p. 46.

[26] J.P. SARTRE, Les communistes ont peur de la rvolution: entretiens avec les rdacteurs de Der Spiegel et avec Lonce Peillard, Pars, Didier, 1969, p. 18.

[27] Para profundizar este punto, ver J.B. THOMAS, Quand Sud Aviation se rapproche de Nanterre. Lextrme gauche trotskyste argentine face Mai 68, en Ideas. Ides dAmriques N. 11, Pars, 2018.

[28] N. MORENO Partido leninista o partido mandelista [1973], en Nahuel MORENO, El partido y la revolucin, Antdoto, Buenos Aires, 1989, p. 308.

[29] Entrevista de febrero de 1973 a Der Spiegel citada en F. JEANSON, Sartre dans sa vie, op. cit., p. 258.


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