Portada :: frica
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-06-2019

Sudn
Masacre y resistencia: La revolucin silenciada

Shireen-Akram Boshar/Brian Bean
Brecha


Asediado por el rgimen militar, el movimiento popular que en abril derroc al dictador islamista Omar al Bashir se enfrenta a una represin atroz. Como respuesta al impulso revolucionario, las fuerzas estatales mataron a ms de cien manifestantes pacficos en Jartum a comienzos de mes, con el beneplcito de Arabia Saudita, Egipto y Rusia. No son las nicas potencias con intereses all.

Al amanecer del lunes 3 de junio, fuerzas paramilitares atacaron la acampada frente a la sede del Comando General del Ejrcito en Jartum, Sudn, abriendo fuego sobre los manifestantes y poniendo fin a seis meses de levantamiento pacfico. Los soldados se abrieron paso entre las barricadas de los manifestantes, quemaron sus carpas, y les dispararon y los golpearon. Los testigos hablan de soldados disparando de forma indiscriminada, tirando cuerpos de manifestantes asesinados al Nilo y violando a dos de las mdicas del campamento de protesta. En 48 horas, el nmero de muertes creci a ms de un centenar, mientras decenas de cuerpos eran recuperados del Nilo. Quinientas personas fueron heridas en lo que slo puede ser descripto como una masacre premeditada.

La concentracin afuera del cuartel general se haba vuelto el centro neurlgico de la revolucin sudanesa en marcha, con estudiantes y profesionales acampados all para protestar contra el rgimen militar desde comienzos de abril. Liderado por la Asociacin de Profesionales Sudaneses, una plataforma de sindicatos que haba sido prohibida por el rgimen, el levantamiento mantuvo un carcter no violento y altamente organizado que culmin en una huelga general de dos das a fines de mayo.

Pero dos meses despus de las protestas iniciales que derrocaron al dictador Omar al Bashir, los revolucionarios todava hacan or el mismo reclamo: el fin del gobierno militar en Sudn y la instauracin de un gobierno civil de transicin que pudiera liderar el camino a elecciones justas y democrticas. Semanas de negociaciones con los militares haban llegado a un impasse, y los militares se rehusaban a ceder el control.

El objetivo de la masacre del 3 de junio y la subsiguiente represin es clara: dispersar a los revolucionarios, terminar con la acampada central y aplastar la demanda popular de arrancar el poder de manos militares.

Historia criminal

La brutal represin ocurre seis aos despus de la masacre de Rabaa, en El Cairo llevada adelante por el entonces general y ahora presidente Abdel Fatah al Sisi, donde ms de mil manifestantes de los Hermanos Musulmanes fueron asesinados como coronacin del golpe de Estado dado por las fuerzas armadas egipcias, lo que marc un acentuado giro contrarrevolucionario en el pas. Hoy, la masacre de Jartum marca un punto de quiebre en Sudn, aunque all es el rgimen asociado con los Hermanos Musulmanes el que perpetr la matanza.

Las fuerzas de la contrarrevolucin en Sudn son una extensin de la historia reciente de guerra genocida en ese pas. Como muchos comentaristas han dicho sobre la represin brutal del 3 de junio, Darfur ha llegado a Jartum. Justamente, [el ataque del 3 de junio estuvo comandado por] la Fuerza de Apoyo Rpido (Far), [que] tiene una historia de casi dos dcadas de represin racista en Darfur, en el oeste de Sudn, as como de colusin con la campaa de la Unin Europea para eliminar la migracin ilegal a lo largo de sus fronteras.

En 2003, Omar al Bashir cre al predecesor de la Far, los yanyauid, a los que reclut como la principal herramienta del gobierno en su guerra en Darfur. Los dos aos transcurridos luego de la creacin de los yanyauid fueron testigos de los niveles ms altos de violencia en esa regin, con ms de 100 mil asesinados y ms de 2 millones de vctimas de limpieza tnica. La tctica represiva de tierra quemada seguida por Al Bashir en Darfur llev al llamamiento internacional en pos de su arresto por crmenes de guerra y crmenes contra la humanidad.

Una dcada ms tarde, en 2013, Al Bashir reconoci formalmente la Far y nombr a Mohammed Hamdan Dagalo (general Hemedti), quien haba escalado posiciones dentro de los yanyauid, como su lder. La milicia haba evolucionado de fuerza paramilitar fundamentalmente sectaria a milicia oficial, formalmente subordinada al rgimen militar. Esto es hoy ms claro que nunca, dado que Hemedti, al frente de la Far, es tambin vicepresidente del llamado Consejo Militar de Transicin (Cmt) por lo que ejerce, quizs, ms poder que nadie dentro del pas.

En 2014, la milicia asumi la tarea de supervisar la migracin en connivencia con la fortaleza Europa, mientras esta comenzaba a apretar el nudo sobre los migrantes y refugiados que se dirigen hacia Europa desde frica y Oriente Medio. El ao anterior a que Europa pusiera su foco en Turqua para contener la migracin desde Siria e Irak, busc detener el movimiento de migrantes a travs de Sudn, y lanz lo que se conoce como el proceso de Jartum. El objetivo de esta iniciativa era detener a los inmigrantes africanos para que no entraran a Europa. As, la Far fue desplegada para prevenir que migrantes de varios pases cruzaran los lmites de Sudn. Con la tarea de arrestar y deportar a cientos de ellos, la Far recibi un cuarto de milln de dlares para criminalizar migrantes en respuesta a las rdenes europeas. As, el racismo antinmigrante de Europa ayud a profesionalizar el terror que se aplic sobre los manifestantes a comienzos de mes.

Intereses ajenos

La masacre del 3 de junio ocurri slo das despus de que los lderes del Cmt, el general Abdel Fatah Abdelrahman al Burhan y su vice, el general Hemedti, participaran de una serie de reuniones convocadas en La Meca por los saudes, junto con la Liga rabe y el Consejo de Cooperacin del Golfo. Burhan y Hemedti tienen vnculos de larga data con Arabia Saudita, gracias a su participacin en la guerra que los saudes dirigen en Yemen y que ha hundido a ese pas en una crisis humanitaria. La coalicin saud-emirat ha usado soldados sudaneses para tercerizar la guerra, disminuir la prdida de vidas saudes y calmar as la disidencia interna. Se ha informado que, entre las decenas de miles de soldados sudaneses enviados a pelear en Yemen, se incluyen numerosos nios soldados de la regin de Darfur.

Como motivo de la guerra en Yemen, est la rivalidad imperial entre Arabia Saudita (con apoyo absoluto de Estados Unidos) e Irn por la dominacin regional. Esta competencia, en parte a instancias de Estados Unidos, alimenta el apoyo activo al Cmt de las fuerzas regionales de la contrarrevolucin y a sus esfuerzos por aplastar las aspiraciones del pueblo sudans. El domingo 2 de junio, Arabia Saudita y Emiratos rabes Unidos prometieron enviar 3.000 millones de dlares en ayuda a Sudn. El prncipe heredero emirat, Mohammed ibn Zayed, llam a preservar la seguridad y la estabilidad en ese pas. El presidente egipcio Al Sisi ha usado su posicin al frente de la Unin Africana para bloquear los intentos de la organizacin de condenar al Cmt, aunque la masacre del 3 de junio finalmente llev a la Unin a suspender a Sudn. La planificacin de ese bao de sangre fue indudablemente revisada y aprobada por estas potencias regionales.

Entretanto, las declaraciones de Estados Unidos, condenando los recientes excesos de violencia, no deben ser identificadas con un apoyo al levantamiento popular y son slo una toma de distancia cosmtica. Las acciones saudes se llevan a cabo al unsono con su estrategia como aliado de Estados Unidos para aislar a Irn. Los planes de Trump de pasar por encima del Congreso para mantener el flujo de armas hacia Yemen constituyen un ejemplo de esto.

Rusia ha tomado una posicin ms beligerante y se ha hecho eco de las tempranas declaraciones de la Far que justifican la masacre y sostienen que la violencia del 3 de junio necesitaba llevarse adelante para imponer el orden y luchar contra los extremistas el mismo lenguaje que Rusia us para expresar su apoyo a la carnicera de Bashar al Asad contra la revolucin en Siria.

A todo o nada

Al principio, la respuesta del Cmt fue justificar la matanza; desde entonces, ha preferido minimizarla y relativizar el nmero de muertos. En una clsica maniobra de golpe bueno, ha dicho tambin que ahora luego de haber desmantelado uno de los centros simblicos de la resistencia y de haber sembrado terror y muerte est de vuelta abierto a negociar, aunque impone un apagn en Internet para encubrir sus crmenes.

Desde la ruptura de las negociaciones, el Cmt ha anunciado nuevamente que habr elecciones en no ms de nueve meses, lo que rompe con el perodo de transicin de tres aos previamente acordado con los manifestantes. Se exigi este plazo antes de realizar elecciones para brindar la oportunidad de que se organicen fuerzas polticas independientes del rgimen. Varias zonas del pas (Darfur, Nilo Azul y Kordofn del Sur) an se recuperan de guerras civiles que han durado ms de una dcada. Unas elecciones anticipadas slo garantizaran que los elementos prorrgimen estn mejor posicionados para aprovechar el carcter antidemocrtico de una arena poltica que las protestas recin comienzan a abrir.

La Asociacin de Profesionales Sudaneses ha declarado que no habr ms negociaciones con el Cmt y convoc a la huelga general por tiempo indeterminado y a la desobediencia civil masiva en pos de derribar al rgimen militar, la nica medida que queda para salvar la revolucin. Mientras es escrito este artculo, llegan los primeros informes de las campaas de desobediencia civil y se han vaciado las calles en respuesta al llamado a quedarse en casa. Tambin han emprendido la huelga secciones de los trabajadores petroleros. El paro y la desobediencia civil tambin significaran un boicot organizado a las elecciones si los militares continan con su intento unilateral de convocarlas.

Esta revolucin no naci de los partidos de la oposicin, sino de las masas del pueblo sudans y de nuevas formaciones, como la Asociacin de Profesionales Sudaneses, creada a lo largo de la lucha. Ahora es un momento crucial para ver cmo, despus de la masacre del lunes 3, puede mantenerse la lucha contra el rgimen militar.

Aunque la revolucin sudanesa ya demostr ser una de las revoluciones ms organizadas y polticamente avanzadas en la regin, estos desafos an son enormes. Nuestra atencin y solidaridad deben estar con el pueblo sudans, que ha entrado en la escena de la historia y est luchando, y muriendo, por la libertad.

* Publicado originalmente en la revista Jacobin como Massacre and Uprising in Sudan, Brecha reproduce fragmentos con autorizacin. https://brecha.com.uy/


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter