Portada :: Argentina
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-06-2019

La izquierda y la crisis

Ariel Petruccelli
Ideas de Izquierda


Mientras el mundo de la realpolitik baila al comps de los golpes de efecto pergeados por los administradores polticos de la explotacin de las personas y de la naturaleza quin es el vicepresidente de quin, a qu tren se suben dirigentes que podran subirse a cualquier vehculo, y lindezas as, la economa, la sociedad y el sistema poltico de la Argentina parecen encaminarse hacia la tercera gran crisis desde el retorno de la democracia en 1983. La primera crisis de esta magnitud tuvo lugar en 1989 (antecedida, no lo olvidemos, por el Rodrigazo de 1975 y el golpe de estado de 1976), y se precipit con un proceso hiperinflacionario que provoc saqueos y llev a un traspaso acelerado del gobierno. Con Carlos Menem ya en el poder, tras algunas dudas y vaivenes, la estabilizacin econmica fue obtenida por medio del plan Cavallo, en el marco de la privatizacin desembozada de empresas pblicas, el desempleo acrecentado y la flexibilizacin laboral. La estabilidad monetaria (potenciada por el reciente y traumtico recuerdo de la hiperinflacin), la desarticulacin de la oposicin obrera y de las fuerzas de izquierda durante la dictadura, y la expansin del crdito al consumo, permitieron que la ms radical redistribucin del ingreso de los pobres hacia los ricos pudiera realizarse con apoyo electoral. El voto cuota apoyar al gobierno que estableci la estabilidad para poder pagar los bienes adquiridos a crdito y gozar de las posibilidades de un cambio favorable en relacin a los pases vecinos permiti que un segmento considerable de los asalariados apoyaran al neoliberalismo criollo, mientras otra parte se hunda en la ms espantosa miseria. Hacia finales de los 90, sin embargo, el modelo implementado por Cavallo haca agua. La crisis estall poco despus, en 2001, cuando el gobierno de la Alianza gobernaba cuestionando la corrupcin menemista, pero no su legado econmico. Cacerolazos, piquetes, corralito, estado de sitio, un presidente que debe irse en helicptero, varios presidentes en pocos das caos econmico, caos poltico.

En medio de esta crtica situacin, la devaluacin decretada por el presidente provisorio Eduardo Duhalde permiti relanzar el ciclo econmico por medio de una fenomenal cada de los salarios reales, y con el empujn no menor de una elevacin significativa del precio de los bienes agrcolas exportados por Argentina. All estn las bases econmicas de la dcada ganada kirchnerista. Sin embargo como ocurre recurrentemente con la economa argentina debido a sus caractersticas estructurales, que jams los polticos y economistas del establishment se atreven a discutir abiertamente el ciclo comenzaba a mostrar signos de agotamiento. Una nueva crisis se avecinaba. En ella estamos. Llegar a estallar polticamente, como en 1989 y 2001? Quiz s, quiz no. Pero las condiciones estn dadas, aunque todos los actores polticos de verdadero peso, desde las cmaras empresariales a la CGT, desde Macri a Cristina, desde el PJ al PRO harn todo lo que puedan por amortiguar los efectos y evitar el estallido. Pero no ser sencillo ni seguro que lo logren.

...

Cmo tomaron las crisis precedentes a la izquierda argentina?

En 1989 aniquiladas las izquierdas armadas setentistas antes y durante la dictadura otras fuerzas revolucionarias que haban sido menos relevantes en las dcadas pasadas lograron tomar cierto relevo, con alguna incidencia en la esfera sindical (aunque no tanto a nivel de los estratos dirigentes). Sin embargo, su influencia alcanzaba un segmento muy minoritario no slo de la poblacin total, sino incluso de la clase trabajadora. En medio de la crisis, Izquierda Unida alianza entre el trotskista Movimiento al Socialismo (MAS) y el Partido Comunista (PC) tuvo electoralmente lo que podra ser considerado una buena perfomance, catapultando a Luis Zamora como el primer diputado trotskista de Amrica. Pero la izquierda operaba en los mrgenes de la vida poltica. Entre tanto, las medidas tomadas por Menem generaron grandes resistencias populares, y la izquierda, sobre todo el MAS y el Partido Obrero (PO) participaron fuertemente en las mismas. Pero antes o despus esas luchas fueron derrotadas. Por entonces la fuerza ms dinmica de aquellos aos, el MAS, atrapada en la disyuntiva (bien expuesta por Horacio Tarcus) entre ser una secta grande o un partido chico, se sumergi en una crisis vertiginosa que lo llev a un verdadero estallido. Mientras los ladrillos del muro de Berln golpeaban por igual a la izquierda stalinista y antistalinista, ninguna fuerza socialista, a nivel mundial, pudo capitalizar las revoluciones de Europa oriental. El neo-liberalismo se impuso sin atenuantes a escala mundial. La izquierda argentina no pudo escapar a la situacin general de retroceso. El impacto de la desacreditacin ignominiosa de la que era la nica experiencia de economa industrial no capitalista todava no ha sido debidamente calibrado.

Hacia finales de los noventa, con todo, el neoliberalismo mostraba que su capacidad para relanzar el crecimiento econmico y elevar la tasa de ganancias era limitada. Sus enormes costes sociales, adems, haban generado resistencias y protestas en todos lados. En Argentina la crisis estall en 2001. Por entonces, las dos fuerzas que integraron la alianza Izquierda Unida se haban reducido a su mnima expresin. El PC era una sombra de lo que haba sido, en tanto que el antiguo MAS se haba dividido en varios fragmentos, la suma de los cuales tena una cantidad de militantes y una influencia de masas menor que el antiguo tronco comn. Entre tanto, otras dos fuerzas de origen trotskista haban crecido significativamente: el PO y el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS, surgido de una escisin del MAS en 1988). Pero, en paralelo, una plyade de organizaciones sociales, fuertemente vinculadas al naciente movimiento piquetero, haba dado lugar a una pujante izquierda independiente que cuestionaba las estrategias trotskistas y el sectarismo imputado a esta tradicin, al tiempo que propiciaban una forma de construccin poltica menos vertical y ms autonomista. De todos modos, la suma de la izquierda trotskista y de la nueva izquierda no agrupaba ms que a un pequeo sector militante y una estrechsima franja electoral. La crisis del 2001 encontr a la sumamente dividida izquierda completamente incapaz no ya de ofrecer una alternativa de masas, sino incluso de experimentar una influencia creciente, notoria y sostenida en el tiempo. Como era de prever, de la crisis se sali corriendo en direccin de la cultura poltica ms fuerte del pas: el peronismo.

...

La estabilizacin alcanzada por el kirchnerismo impact de manera desigual en las fuerzas de izquierda. En condiciones objetivas en las que era y es muy dificultoso conciliar una poltica con influencia de masas capaz de inscribirse claramente en un horizonte revolucionario, la llamada izquierda independiente se escindi entre quienes continuaron reivindicando una fuerte autonoma respecto del estado, y quienes propugnaron un acercamiento a un gobierno progresista. El Frente Popular Daro Santilln (FPDS) posiblemente la fuerza ms dinmica de la izquierda independiente se escindi en medio de una fuerte crisis. La izquierda partidaria, acostumbrada a la minoridad poltica, pudo resistir mejor la cooptacin estatal y sostener las histricas banderas, sin perder peso e influencia. En 2011, la reforma de la ley electoral y la introduccin de las PASO llev a los partidos trotskistas ms grandes del momento (PTS, PO y una organizacin proveniente del viejo MAS: Izquierda Socialista) a constituir un frente electoral, el Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT), que, contra lo que muchos esperaban, ha logrado continuidad en el tiempo e incluso se ha ampliado, con la reciente incorporacin del Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST). La conformacin de una fuerza de izquierda unitaria consigui, desde el principio, sumar los votos de las diferentes fuerzas que la integraban y aglutinar a una parte de votantes ideolgicamente de izquierda que anteriormente, decepcionados por la fragmentacin del espacio, culminaban votando a alguna fuerza de centroizquierda con posibilidades electorales, votando en blanco o no yendo a votar como castigo a la falta de unidad. La conformacin del FIT permiti la concentracin del voto ideolgico y, a partir de este ncleo, influir en otros segmentos sociales e incluso incrementar su volumen electoral.

...

La coyuntura actual, pues, encuentra una izquierda con una unificacin electoral superior a la de cualquier momento pasado, y con mayor representacin parlamentaria. El peso de las fuerzas trotskistas es claramente dominante. Sin embargo, aunque el volumen de votos obtenidos por el FIT no es despreciable (ms de un milln en las pasadas elecciones), en trminos relativos apenas roza el cinco por ciento del total, aunque muy desigualmente repartido en trminos geogrficos. La unidad conseguida y mantenida en el plano electoral, por lo dems, no se ha trasladado a otros campos. Caractersticamente, el FIT casi nunca ha logrado frentes o listas unitarias en los sindicatos. Con un historial tan plagado de rupturas, que el FIT haya logrado una continuidad de ocho aos no es un dato menor, incluso cuando no siempre las razones de la unidad hayan sido las mejores.

De todos modos, la influencia electoral de la izquierda es todava demasiado minoritaria, en tanto que su influencia social y sindical (ms difcil de medir) puede ser considerable en el plano de las luchas y las movilizaciones, pero escueta en trminos numricos globales. Pero la volatilidad poltica que suele caracterizar a las crisis puede abrir un amplio espacio para el crecimiento de fuerzas antisistema. Con un elemento adicional no menor: en Argentina no existen fuerzas antisistema de derecha, como sucede en Europa. El descontento radical debera canalizarse hacia la izquierda, si la misma conserva su unidad y mantiene su perfil intransigente. Aunque el poder estatal se halla utpicamente lejano de la izquierda argentina, una poltica revolucionaria desarrollada con inteligencia podra crear, en los prximos aos, un escenario en el que la izquierda roja, antisistema, posea una presencia electoral, sindical y social minoritaria, pero ya no marginal; y, a partir de esas bases, comenzar a pensar seriamente en el asalto al poder y la revolucin social.

...

Aunque realista, este posible escenario futuro de la izquierda en argentina se halla rodeado de amenazas. Una de ellas son las ansias prematuras de poder, que se pueden manifestar de dos maneras diferentes: ya sea por medio de una moderacin del perfil poltico en pos de amplias coaliciones (lo que casi ineludiblemente disolvera los impulsos radicales, comprimiendo el horizonte de lo posible a lo factible sin alterar la naturaleza del sistema); ya sea (lo que es mucho ms probable) por excesos sectarios estableciendo lneas de demarcacin acaso justificables en los momentos decisivos, pero totalmente nocivas al confundir el momento de acumulacin de fuerzas con instancias insurreccionales o cosas as.

La importancia concedida al partido como sujeto de la revolucin ha permitido al trotskismo una prolongada y geogrficamente extendida presencia bien que en los mrgenes de la vida poltica en circunstancias muy adversas para las opciones revolucionarias. Mientras la socialdemocracia devena neoliberalismo puro y duro, los antiguos Partidos Comunistas y sus satlites tendan a ocupar el lugar del reformismo aguado y sistmico abandonado por la socialdemocracia, y mientras muchos antiguos guerrilleros (de los que no fueron masacrados en los 70) devenan burcratas; el trotskismo se mantuvo como una fuerza organizada (bien que fragmentada) con aspiracin revolucionaria. Su pervivencia merece alguna explicacin, dado que otras corrientes polticas coetneas, en modo alguno desprovistas de dirigentes reconocidos, slida elaboracin intelectual e influencia de masas no han corrido la misma suerte: hoy en da prcticamente no existen organizaciones polticas que se reivindiquen luxemburguistas, consejistas o austro-marxistas, por poner algunos ejemplos destacables. Todas estas tradiciones, slidamente afincadas en la clase obrera como sujeto de transformacin, tuvieron grandes dificultades cuando la clase trabajadora adopt posturas de acomodacin al sistema, abandon el espritu insurgente y redujo a un mnimo la participacin poltica. Cuando las masas obreras, sujeto imputado de la revolucin, se sumieron en un prolongado perodo de pasividad, todas estas corrientes mostraron dificultades para sostener la organizacin militante. El trotskismo, con su caracterstica acentuacin del partido (herencia leninista por antonomasia) logr sobrevivir como fuerza mnimamente organizada. Sin embargo, la propia preponderancia concedida al partido (baza fuerte en momentos en que las masas no son revolucionarias), muchas veces ha actuado como un obstculo para que las organizaciones trotskistas valoren adecuadamente la importancia de la construccin de organizaciones democrticas de masas: el peso concedido a la construccin partidaria ha tendido a la desvalorizacin de la construccin de organizaciones sociales reivindicativas amplias, al interior de las cuales los trotskistas suelen actuar de manera sectaria o puramente instrumental.

Es el sectarismo un elemento constitutivo e inerradicable de la tradicin trotskista, como sugiere el viejo chiste que reza que todo trosko es divisible por dos? O ha sido ms bien el precio a pagar por no ceder a los encantos del reformismo y la acomodacin? Consolidado como fuerza dominante dentro de la izquierda, el trotskismo en Argentina enfrenta el desafo de dar una respuesta en favor de la segunda opcin. En la medida en que el FIT logre trasladar su unidad electoral a la accin conjunta y coordinada al interior de las organizaciones de masas (sindicatos, etc.), la izquierda argentina podra estar a las puertas de un salto poltico, consolidando un segmento social minoritario pero numeroso relativamente inmune a los cantos de las sirenas reformistas del sistema, que mantiene en alto las banderas de la revolucin socialista combinando accin y representacin parlamentaria con acciones callejeras y organizacin popular. Una plataforma social sobre la que puedan retomarse y desarrollarse los viejos debates estratgicos ante una audiencia participativa y relativamente numerosa. Porque una masiva politizacin terica y prctica es un prerrequisito ineludible de cualquier revolucin deseable y posible. Pero, todo hay que decirlo, el panorama en este terreno se presenta sombro: las organizaciones sindicales agrupan apenas una minora de los trabajadores activos, y en casi todos los casos poseen estructuras y conducciones burocrticas deleznables. El movimiento feminista posee ms bro y gran capacidad de movilizacin, pero sus estructuras militantes son todava dbiles y fragmentarias. Los estudiantes son una incgnita. Los encantos de la poltica va redes sociales no deberan obliterar que no es posible una transformacin poltica radical sin slidos compromisos personales y extensas y perdurables organizaciones.

La imposibilidad hasta el momento de trasladar los acuerdos electorales a los frentes sindicales habla a las claras de la precariedad y el carcter limitado de la unidad conseguida por el FIT: nada puede darse por seguro. En la hora actual, mientras el PTS ha hecho un atendible llamado a conformar un partido unificado de la izquierda, el PO se halla a ojos vista en una dura crisis interna, e incluso la ampliacin del FIT como frente electoral se topa con obstculos (en concreto, ni Autodeterminacin y Libertad ni el Nuevo MAS se han incorporado al frente, como hubiera sido de desear).

Un partido revolucionario unificado es, ciertamente, un horizonte deseable. Pero sera un error forzar los tiempos. La crisis en curso ampla las posibilidades polticas, pero la izquierda argentina tiene todava un largo camino por recorrer, antes de aspirar a ser una fuerza con capacidad para ejercer algn liderazgo. Quiz el mejor remedio contra las tentaciones sectarias, en el camino de una necesaria unificacin poltica, sea el compromiso con la construccin de organizaciones o frentes de masas que funcionen por medio de asambleas de base, al interior de las cuales las diferentes fuerzas polticas podrn pujar democrticamente por convencer a la mayora. Sera una buena idea apostar a la construccin por abajo, antes que a los acuerdos de cpula (como ha sido norma en la trayectoria del FIT), atrayendo a la actividad poltica cotidiana a amplios sectores sociales que no forman parte de la militancia orgnica de cada partido. Si hubiera voluntad, seria factible constituir frentes u organizaciones de base en los diferentes sectores sociales (sindicales, estudiantiles, etc.) y tener tambin expresin electoral (por ejemplo por medio de comits de base del FIT). Quien conozca los viejos debates podra catalogarlo como un frente nico desde las bases. Si frentes de este tenor tuvieran existencia real y sostenida, entonces, muy probablemente, en un futuro no tan lejano el loable sueo de un partido unificado sea la consumacin institucional de una prctica poltica revolucionaria de base preexistente.

...

Entre tanto, una izquierda con pretensiones, en el siglo XXI, debe tener el coraje y la capacidad de extraer todas la enseanzas posibles (sin caer en simplificaciones bienpensantes) del inapelable fracaso de los intentos socialistas del siglo XX, as como la responsabilidad de elaborar proyectos viables de sistemas polticos y econmicos socialistas. Aunque la izquierda intelectual ha producido al respecto una bibliografa en modo alguno despreciable (pero casi siempre sin mayor vinculacin con organizaciones polticas o acciones de masas), la izquierda polticamente organizada ha permanecido ms bien muda, e incluso sorda. Para revertir esta situacin resulta indispensable un mayor compromiso militante de parte de los intelectuales, y un mayor respeto por la especificidad de la elaboracin intelectual de parte de las organizaciones polticas. Luego de lustros en los que la produccin intelectual partidaria era de muy baja calidad (falta de actualizacin bibliogrfica, recurso sistemtico al criterio de autoridad, poca voluntad de dilogo, incapacidad para comprender en sus propios trminos las teoras rivales o ajenas, etc.), en los ltimos aos han aparecido obras de calidad como Estrategia socialista y arte militar, de Emilio Albamonte y Matias Maiello, o Hegemona y lucha de clases, de Juan Dal Maso. Se comparta o no sus anlisis, son textos de una categora muy superior a la de anteriores producciones de militantes de la misma organizacin o de otras fuerzas partidarias locales. Por lo dems, en los ltimos aos se puede apreciar en Argentina una significativa produccin acadmica marxista: libros como Marxismo inquieto, de Julia Espsito; Alguien dijo crisis del marxismo?, de Santiago Roggerone; Marxistas y liberales, de Fernando Lizrraga; o los estudios econmicos (con diferente perspectiva) de Rolando Astarita y Claudio Katz, entre otros, nutren esta plyade. La posibilidad de restablecer un crculo virtuoso entre produccin intelectual y praxis militante luego de dcadas de desencuentros, est planteada. Queda por ver si se hace realidad.

Ariel Petruccelli, historiador de la Universidad Nacional del Comahue

Fuente: http://www.laizquierdadiario.com/Debate-La-izquierda-y-la-crisis


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter