Portada :: Amrica Latina y Caribe :: Las venas abiertas de Nicaragua
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-06-2019

Nicaragua: entre la amnista y el descontento

Jose Luis Rocha Gmez
Nueva Sociedad


Daniel Ortega puso en marcha una Ley de Amnista que liber a centenares de presos polticos. Sin embargo, la amnista no nace de los dilogos con la oposicin, sino que es fruto de una decisin unilateral que otorga impunidad a quienes reprimieron las masivas manifestaciones sociales en 2018. Ortega espera dividir a la oposicin y evitar sanciones externas. Mientras tanto, la liberacin de los presos polticos ha abierto una nueva etapa en la que los sectores contestatarios estn volviendo a las calles con renovados bros.

Despus de ms de cinco intentos abortados de dilogo entre las delegaciones de la oposicin y el gobierno sandinista, Daniel Ortega dio cumplimiento unilateral a la ms urgente demanda de quienes protagonizaron la rebelin que estall en abril de 2018: la liberacin de la mayora de los presos polticos. Sin embargo, los centenares de personas que salieron de las crceles, no obtuvieron su libertad como resultado de uno de los acuerdos del dilogo -que estableci su liberacin en un plazo mximo de 90 das que vence el 18 de junio-, sino como implementacin de una intempestiva Ley de Amnista, presentada el viernes 7 de junio y aprobada con rapidez inusitada al da siguiente, cuando tuvo lugar la ltima excarcelacin de prisioneros polticos.

Los activistas liberados brindaron declaraciones en los medios de comunicacin. Narraron espeluznantes historias de torturas y maltrato, que incluyen quemaduras de genitales, envenenamiento, abuso sexual, amenazas de cortar en trozos a sus hijos y el asesinato a sangre fra de Eddy Montes, vctima aleatoria de las rfagas de plomo que uno de los custodios lanz a los reclusos. Tambin aprovecharon para repudiar una Ley de Amnista que implica la ratificacin indirecta de la legitimidad de sus condenas algunas, como las de tres miembros del Movimiento Campesino, de ms de 200 aos- y la preparacin de una ruta hacia la impunidad para los grupos de paramilitares y policas que asesinaron a ms de 300 personas durante las marchas cvicas y el desmantelamiento de las barricadas que pusieron al pas en vilo por ms de tres meses.

La amnista lleg tras varias semanas de impasse en el dilogo. La Alianza Cvica, cuya delegacin representa a varios sectores de la oposicin, haba abandonado las negociaciones alegando que el gobierno no estaba honrando los acuerdos. No es la misma Alianza Cvica que el 16 de mayo de 2018 se sent a dialogar bajo la coordinacin de la Conferencia Episcopal de Nicaragua. Es una Alianza Cvica cuya composicin corresponde ms a la estrategia de Ortega: sin la tutela de la Conferencia Episcopal, con la retirada delMovimiento Campesino, con dbil presencia de las organizaciones estudiantiles -la mayora de los lderes estaban en prisin o en el exilio- y con una redoblada presencia del empresariado, a quien Ortega juzg dcil y maleable, habida cuenta de que la recuperacin de la economa es un rea sensible en la que sus intereses y los del gran capital se superponen. Pero ninguna Alianza Cvica que no quisiera enfrentar el repudio de un amplio sector de la ciudadana iba a calzar en el plan de Ortega como el zapato a la Cenicienta.

El estilo recalcitrante de los negociadores orteguistas termin desplazando a los elementos ms tibios de la Alianza Cvica hacia una mayor firmeza en sus coincidencias con los sectores ms antiorteguistas, generando una confluencia si bien frgil y quizs efmera entre opositores radicales y conciliadores bien avenidos a aceptar componendas. La izquierda opuesta al rgimen, sea o no de races sandinistas, se ubica entre los radicales que aspiran a que la remocin de Ortega incluya un cambio de sistema poltico e inaugure una nueva era en el pas.

Las razones que motivaron la amnista son bastante claras. Destaca la necesidad imperiosa de sacudirse las sanciones ya aprobadas por el Congreso de Estados Unidos y las sanciones potenciales de la Unin Europea. Esas sanciones incluyen el veto de prstamos de los organismos multilaterales y la multiplicacin de castigos individuales a altos jerarcas del rgimen: anulacin de visas, congelamiento de activos en Estados Unidos y la imposibilidad de hacer transferencias mediante bancos estadounidenses.

Ortega supone que al librarse de las sanciones conseguir dar un golpe de timn en el rumbo de una economa que, a raz de la represin, registra una cada cercana al 10% del PIB, un creciente desempleo, la reduccin de ms de la quinta parte de los cotizantes a la seguridad social y una fuga de ms de la cuarta parte de los depsitos en el sistema financiero. Esta situacin est teniendo un efecto devastador sobre las finanzas estatales y puede afectar la capacidad de sustentar el aparato represivo sobre cuyos fusiles se asienta el rgimen.

La amnista tambin busca recomponer el tablero poltico. Liberar a los presos arrebata a la oposicin una bandera de lucha unificadora. Ortega necesita acallar una demanda nacional e internacional, pero quizs tambin calcula la posibilidad de dividir a una oposicin a la que la represin dot de un mximo comn denominador. Desea sentar a la oposicin nuevamente a la mesa del dilogo, esta vez sin uno de los mayores cohesionadores: la exigencia de la liberacin de presos. La demanda de justicia y democracia persistir. Pero es posible que Ortega suponga que la satisfaccin de esa demanda puede tener muchas traducciones y que lograr desgastar a la oposicin explotando el hecho de que segmentos ligados al Partido Liberal no tragan a segmentos de races sandinistas, profundizando las fisuras al interior del Movimiento Campesino y potenciando a la oposicin que es funcional al rgimen, la que no tuvo papel alguno en la rebelin ni quiso tenerlo.

Los significados de la amnista son menos unidireccionales. En ese terreno se multiplican las preguntas y las seales ambivalentes. Ortega se prepara para dejar el poder? La imposicin de un autoperdn para los crmenes cometidos durante la sangrienta represin solo tiene sentido hacia el futuro. Por el momento, el control sobre la polica y el Poder Judicial son la mejor garanta de impunidad. Es posible que en este momento considere la posibilidad de perder el poder y tome medidas? Tomar en serio esta posibilidad requiere piezas que faltan: un ultimtum de Estados Unidos, el estado de las finanzas estatales, el deterioro de los negocios de la cpula del rgimen, el crecimiento del pnico al interior de El Carmen la residencia de los Ortega y su abultada prole de tres generaciones-, la percepcin del repudio del que los hacen objeto incluso miembros de las lites con quienes antes se codeaban, los consejos procedentes de Cuba, la merma de la ayuda venezolana y un largo etctera de incgnitas.

El motivo para aferrarse al poder sigue siendo vlido: Ortega no puede dejarlo. No hay sitio ms seguro para Ortega que Nicaragua ni situacin ms conveniente que seguir sosteniendo la batuta. Todos sus colegas del ALBA tienen regmenes inestables. Y otros gobernantes no lo pondran a resguardo de un juicio por crmenes de lesa humanidad. Por otro lado, su salida implica el desmontaje de todo un sistema donde hay muchos implicados dentro y fuera del pas. Tras las matanzas ocurridas entre abril y octubre de 2018, hay una especie de pacto tribal de sangre que comprometi a funcionarios estatales de todos los niveles. Son militantes sandinistas que no pueden dejar que el Comandante se vaya porque su salida los hundira econmicamente y los enfrentara a la justicia. Todas esas voces claman que el Comandante se quede.

Sin embargo, la Ley de Amnista apunta tambin en otra direccin: el destino de Nicaragua aparece ahora menos vinculado al del rgimen de Maduro en Venezuela. Hasta poco antes de declarar la amnista, Ortega estaba confiado en la ayuda venezolana y, sobre esa base, mantena una posicin de fuerza inflexible. La amnista fue una seal de que cedi ante la presin internacional y as lo interpretaron miembros de su base social, que recibieron la noticia con amargura y reaccionaron con declaraciones furibundas y enorme profusin de memes que ofrecen balas a los excarcelados.

Tal vez para complacer a los fieros descontentos y enviar una seal de signo contrario la polica ha emprendido nuevas capturas y otro tipo de castigos, menos numerosos y ejecutados con ms discrecin. Irlanda Jerez lideresa del mercado informal ms grande del pas y encarcelada por hacer un llamado a la desobediencia fiscal no pudo ir a su casa al salir de la crcel. Su vivienda fue invadida por paramilitares que la saquearon, robaron su pasaporte y golpearon a su esposo el da en que la amnista entr en vigencia. Esa vivienda tiene una semana de estar ocupada y lo mismo ha ocurrido con otros negocios de la clebre activista. Un matrimonio amigo la fue a buscar a las puertas de La Esperanza, la crcel de mujeres. Una semana despus, orden judicial en mano, la polica decomis el vehculo de esa pareja solidaria. Es posible que el tratamiento a Irlanda Jerez sea una especie de proyecto piloto, una muestra de cmo ser la nueva etapa de la represin: ms puntual, menos masiva, menos meditica, menos llamativa y aparatosa que acumular 700 presos polticos confinados en dos centros penales.

Ortega tiene que dar pasos ms consistentes y sustanciales si quiere vender la idea de que, como reza la ley de amnista y el discurso oficial, busca la paz y la reconciliacin. La nueva ola represiva es una mala seal. Y an quedan muchas tareas pendientes. No todas ni todos los presos fueron liberados. Las instalaciones y equipos de los medios de comunicacin confiscados no han sido devueltos. La polica niega permisos a manifestaciones de la oposicin y sigue intimidando y reprimiendo. Los grupos paramilitares siguen operando. La Direccin General de Aduanas sigue reteniendo en sus bodegas los insumos que medios escritos y otras empresas importan y son imprescindibles para su funcionamiento. Las condiciones restrictivas persisten y tambin la voluntad de someter.

No obstante, la liberacin de los presos polticos ha abierto una nueva etapa en la que los sectores contestatarios estn volviendo a las calles con renovados bros. Los estudiosos de las pandillas solamos decir: si la calle es la escuela, la crcel es la universidad. Un semestre en prisin dio a los excarcelados una fortaleza y unas redes que los graduaron como rebeldes con causa. En ese contexto surgen las preguntas: Es la Ley de Amnista slo un autoperdn? O encubre un giro del rgimen, muy a su pesar y el de sus bases? Los recin graduados de rebeldes podrn explotar las oportunidades de este punto de inflexin? No podemos tomar la amnista simplemente en su valor cosmtico. Cabe sospechar que significa ms que un autoperdn y puede tener ms consecuencias de las que hasta el momento se visualizan.

Fuente: http://nuso.org/articulo/nicaragua-amnistia-descontento-oposicion/



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter